El rey que robaba niños

Mes de noviembre del año 1582. Un correo llega al galope a Cáceres. Busca el palacio episcopal y se presenta ante el obispo Galarza. Dice venir de Lisboa y entrega al prelado una real carta. El obispo se percata de la importancia de la misiva: viene rubricada por el propio rey Felipe II. Lee su contenido sin pestañear, descubriendo renglón a renglón la importancia del mensaje.

El año de 1582 ha estado lleno de dificultades para la Corona en su empeño por pacificar Portugal, donde gobierna Felipe II desde hace dos años. Su rival en la lucha por el trono, D. Antonio, Prior de Crato, acaba de ser derrotado en la batalla naval de la Isla Terceira, el penúltimo intento del prior, esta vez apoyado por Francia, de conseguir el trono de Portugal.

Antiguo monasterio de Flor da Rosa, a 40 kilómetros de Valencia de Alcántara, sede central de la Orden de Malta portuguesa, cuyo máximo dignatario era D. Antonio, prior de Crato

Antiguo monasterio de Flor da Rosa, a 40 kilómetros de Valencia de Alcántara, sede central de la Orden de Malta portuguesa, cuyo máximo dignatario era D. Antonio, prior de Crato

Esta había sido la historia: al morir en 1578 el rey D. Sebastián, heredó el trono su tío abuelo el cardenal Enrique. El anciano purpurado duró poco e inmediatamente se disputaron la corona portuguesa cinco aspirantes. Pronto quedaron en liza el más poderoso, Felipe II, refrendado por la nobleza y el alto clero,  y D. Antonio, que se autoproclamó rey en Santarem, con el apoyo del pueblo llano y del clero bajo, en junio de 1580.

Ese mismo verano de 1580, el Duque de Alba derrotaba al ejército de D. Antonio, ocupaba Lisboa y Felipe II era proclamado rey. El prior de Crato acababa huyendo a Francia, pero mantenía sus adeptos en Portugal y desde París preparaba su vuelta.

En ese contexto, Felipe II decidió despejar el camino de posibles aspirantes a la corona portuguesa y para ello, además de derrotar a D. Antonio y a los franceses en la batalla de la Isla Terceira, se preocupó de encontrar al futuro líder de la oposición portuguesa a su reinado luso. Se trataba de un niño, pero no de cualquier niño, sino del hijo bastardo del prior de Crato.

Los agentes de Felipe II buscaron al pequeño por el norte de Portugal, adonde había huido con su padre tras la toma española de Lisboa. D. Antonio, antes de marchar a Francia, lo había dejado en Barcelos, entre Oporto y Galicia, bajo la tutela del cura de Belem. Allí lo hallaron los enviados del rey.

Escultura, alegóricamente reducida, de Felipe II de España y I de Portugal en el jardín del Palacio Episcopal de Castelo Branco, declarado monumento nacional

Escultura, alegóricamente reducida, de Felipe II de España y I de Portugal en el jardín del Palacio Episcopal de Castelo Branco, declarado monumento nacional

Felipe II dio órdenes tajantes: había que robar ese niño. Efectivamente, el hijo del prior fue secuestrado. ¿Pero qué hacer con él? El rey tenía magníficas relaciones con el poderoso obispo de Coria, Pedro García de Galarza, que era su amigo personal y consejero. Así que decidió encomendar al prelado la “desaparición” del pequeño, que acabaría convirtiéndose en el niño robado más famoso de la historia de Portugal.

En aquella carta, que Galarza leía en el palacio episcopal de Cáceres aquel día de otoño de 1582, estaba escrito el encargo real: Felipe II informaba al obispo de la llegada de un “menino” portugués a quien se debería acoger en el Seminario de Cáceres y educar y tratar como a los demás niños del centro diocesano, que Galarza acababa de edificar “en el ejido de la villa que llaman de las Parras”, siguiendo la doctrina del Concilio de Trento.

Felipe II ordenaba a Galarza que impidiera cualquier contacto del niño con ciudadanos portugueses y que jamás le revelara su ascendencia. Don Pedro actuó como pedía el monarca, que un año después pasó por Cáceres, tras pacificar completamente Portugal, y pernoctó en el palacio del obispo.

Quizás fuera durante esa estancia en Cáceres cuando decidieron que el obispado cediera al rey la villa de Villanueva de la Sierra. Este pueblo pasaría más adelante a manos de un hidalgo desconocido, que Miguel Iglesias Hernández, sacerdote e investigador cauriense, sospecha que pudiera ser aquel niño robado, el hijo bastardo de D. Antonio, Prior de Crato, un niño que pudo ser rey de Portugal y se quedó en señor de Villanueva de la Sierra.

Poblados ferroviarios de La Raya

En el año 1881, al tiempo que se establecía la línea del ferrocarril Madrid-Lisboa, se levantaba en una llanura situada entre Arroyo de la Luz y Malpartida de Cáceres un poblado ferroviario estratégico. La estación resultante, con su depósito de locomotoras, la charca Lancho, que la abastecía de agua, y toda la intendencia necesaria parara mantener la línea, se llamó Arroyo-Malpartida. Se había intentado instalar en tierras de Malpartida de Cáceres, pero se opusieron los propietarios de algunas tierras. El ayuntamiento de Arroyo de la Luz, que entonces se llamaba del Puerco, intentó sin éxito que la estación se levantara en su término municipal.

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

¿Pero por qué pasa el tren por Arroyo-Malpartida? Pues fue gracias a la influencia de don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, un ingeniero nacido en Valencia de Alcántara en 1817. Don Cipriano fue diputado en Cortes, Director General de Obras Públicas y director de varias compañías de ferrocarriles españoles. Se había casado con Eladia, sobrina de Espartero, que heredará los títulos y la fortuna del general. Compatibilizó la política con la enseñanza, la ciencia y el desarrollo de las obras públicas. Fue el representante español en la Comisión Internacional del Canal de Suez, fundador y presidente de la Academia de Ciencias, vicepresidente del Senado y accionista de la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1854 y 1856, ostentará el cargo de director de Obras Públicas. Será el autor de la Ley de Ferrocarriles y quien establezca definitivamente el ancho de vía español de 1.672 milímetros, los seis pies castellanos, aunque los estudios técnicos sobre la cuestión databan de 1844, cuando los anchos de vía en Europa oscilaban entre los 1.435 y los 2.134 milímetros.

Cuando se empezó a hablar de la unión entre Madrid y Lisboa por la cuenca del Tajo, se barajó en Madrid la posibilidad de que la línea ferroviaria fuera por Coria, Ceclavín y Zarza la Mayor, entrando en Portugal por Monfortinho, pero don Cipriano envió al ministro de Fomento, en 1874, una  carta de seis folios, incluyendo planos donde demostraba que el mejor trazado entre Palazuelo-Empalme (Malpartida de Plasencia) y Lisboa era a través de Valencia de Alcántara, Abrantes y Entroncamento. Tras enconadas polémicas en la prensa, ese fue el trazado aprobado.

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Se levantó así este enclave estratégico, la estación de Arroyo-Malpartida, que llegó a tener capilla, dos cines, 280 viviendas, silo, médico, escuela de mayores y de párvulos, taxidermista, carnicería, tienda de comestibles, cantina… Había un tren gratuito que salía temprano hacia Cáceres llevando a las amas de casa del poblado y a los estudiantes. Regresaba al mediodía.

Los ferroviarios causaban admiración en Arroyo y Malpartida porque tenían sueldo fijo, horario y vacaciones. En Malpartida había una canción popular que decía: “Hija, ¿quién es ese mozo?… Madre dicen que es del pueblo, pero yo no lo conozco…Tú, hija, pregúntalo porque a mí mucho me gustan los mozos de la estación”. Durante la Guerra Civil, aumentó el número de ferroviarios. No luchaban en el frente y eso provocó que muchos quisieran entrar a trabajar en la estación.

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

En los años 50, la estación de Arroyo-Malpartida llegó a tener asignadas 39 locomotoras por lo que necesitaba un gran número de trabajadores especializados. Había 900 empleados en 1960, época en que la estación llegó a tener 1.107 habitantes. Las antiguas locomotoras de vapor tenían muchas limitaciones y no podían hacer el trayecto Madrid-Frontera portuguesa sin un relevo. Las máquinas de Arroyo relevaban a las que llegaban de Madrid en Navalmoral de la Mata, llevando el tren hasta Valencia de Alcántara.

Cuando se introducen en 1967 las locomotoras diésel, que hacían grandes trayectos sin necesidad de relevos, Arroyo-Malpartida fue perdiendo actividad y personal. Los empleados se jubilaron o se formaron para atender las nuevas locomotoras, siendo trasladados a la estación de Atocha.

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

La puntilla fue la apertura el 22 de junio de 1971 de la variante de Casar de Cáceres a Cáceres. La estación de Arroyo-Malpartida perdía su importancia estratégica y el poblado  pasaba de tener 1.107 habitantes en 1960 a contar con tan solo 138 en 1975, no sobrepasando en la actualidad los 50. La variante costó 120 millones de pesetas y se construyeron 18 kilómetros de vía.

Caso muy contrario es el de Entroncamento, el otro poblado ferroviario con depósito de locomotoras situado en la línea Madrid-Lisboa, pero en el lado portugués. Entroncamento se levantó en 1864 en otra llanura donde no había absolutamente nada.

Entroncamento también creció rápidamente. En 1950, tenía 6.804 habitantes y en 2004, 20.065 . Hoy, sus casi 25.000 habitantes viven en 14 kms cuadrados, es el segundo municipio más pequeño del país y tiene más de 1.300 habitantes por kilómetro cuadrado. En 1926 fue elevado a la categoría de parroquia y en 1991 se le concedió el título de ciudad.

Entroncamento ha vivido desde su nacimiento por y para el tren. Es el punto donde coincide la línea Oporto-Lisboa con la del Tajo, que conduce hacia Castelo Branco y Covilhá. De allí parte la línea de Tomar y por Entroncamento pasan los trenes que van a Guarda, incluido el combinado Sur-Exprés-Lusitania. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

El autor del blog en la estación de Entroncamento

El autor del blog en la estación de Entroncamento

Entroncamento es una ciudad moderna que gira alrededor de la estación. Cuenta con un interesante museo ferroviario y con un cuartel militar importante. Su comercio es pujante y el mercadillo sabatino es de los principales de la región. Por la estación de Entroncamento pasan cada día decenas de trenes y miles de viajeros y el trajín ferroviario es formidable.

Al otro lado de la frontera, Arroyo-Malpartida se convirtió poco a poco en un poblado fantasma que solo despertaba de su letargo al cruzarlo cada noche el Lusitania Exprés. El Lusitania desapareció en agosto de 2012. Ahora, han puesto un tren diurno que circula entre Cáceres y Valencia de Alcántara y la ilusión ha vuelto a sus vecinos. Pero o mucho cambian las cosas o este será el último tren de Arroyo-Malpartida.

Un restaurante de postal

En Portugal, para comer carne, hay que ir al Alentejo y para comer pescado… también. Pero es recomendable adentrarse en el país y alejarse al menos 15 kilómetros de la frontera para comer de verdad a la portuguesa. Si se quiere pagar un poco más por la carne y el pescado, y también por la bebida y los postres, e incluso darse el gusto de comer marisco, entonces quédense cerca de la frontera y coman en un restaurante para españoles.

Ya puestos a recomendar, no olviden que no es obligatorio tomarse las porciones de mantequilla y de paté de sardinas que les pondrán nada más sentarse, rechácenlas amablemente si no les apetecen y no se las cobrarán. Claro está que hay mantequillas y mantequillas porque en el restaurante Helana de Idanha a Nova sirven de aperitivo una mantequilla casera de oveja que es cosa fina. Pueden traerles también aceitunas, queso, ensalada de pulpo…. Decidan sin avergonzarse lo que les apetezca tomar y rechacen lo que no le atraiga. Si lo dejan en la mesa, se lo cobrarán aunque no lo toquen y ya saben que en Portugal, muchas veces cuestan más los aperitivos que el plato principal.

Plato de carne en el restaurante A Ribeira de Fronteira

Plato de carne en el restaurante A Ribeira de Fronteira

Como siempre se agradece comer junto a un río y sobre una pradera, hemos escogido un restaurante de postal. Se llama A Ribeira y está en la localidad alentejana de Fronteira, que queda, simplificando mucho, entre Portalegre y Estremoz, a la altura de Villar Del Rey y a orillas del río Avis. Es un lugar ideal para pasar un día de finales de verano: agua para bañarse, césped para la siesta y hasta una entretenida cancha de waterpolo aéreo. Aunque también en invierno tiene su gracia melancólica. Lo habíamos visitado hace un par de años y nos había sorprendido gratamente: parecía desangelado en el exterior, pero entrabas y agradaba enseguida la decoración rústica y graciosa y una cocina de calidad con platos bastante originales.

Comedor del restaurante A Ribeira, en Fronteira

Comedor del restaurante A Ribeira, en Fronteira

La situación ha cambiado y ya no se puede considerar uno de los más recomendables restaurantes de la Raya, pero sí un lugar digno donde pasar un buen rato sin sorpresas desagradables. El pan sigue siendo magnífico, la decoración se mantiene y el entorno no ha perdido un ápice de encanto. Pero la carta se ha vulgarizado. Donde antes ofrecían chocos fritos con gambas y almejas ahora sirven unos simples chocos a la brasa (9.90 euros); si hace dos años te tentaban con caldeirada de bacalao o de tamboril y marisco, ahora te ponen bacalhão á braz (5.10 la media ración y 8.90 la ración completa) o pulpo a la brasa con aceite y ajo (6 y 9.90); y ya no hay sopa de tomate con carne frita y huevos ni açorda alentejana con bacalao y huevos, sino una más corriente sopa de cazón (5.10 y 8.90) o unas migas de espárragos con porco preto (9.90).

A Ribeira, un restaurante con vistas

A Ribeira, un restaurante con vistas

Ya saben que el tamboril es el rape, que la açorda es una especie de sopa espesa, que el bacalao á braz es parecido al dorado y que las migas no tienen nada que ver con las extremeñas, sino que consisten en una masa de pan con espárragos o con lo que sea. Por cierto, están muy buenas. Y siempre acompañadas con el porco preto, nuestro cerdo negro o ibérico.

Pero aunque la carta haya perdido gracia y variedad, también es verdad que han bajado los precios. Antes era barato, pero ahora lo es más. Valgan como ejemplo los postres: mousse de chocolate, pudim (flan) de huevo, molotoff y serradura a 2 euros, 50 céntimos menos que hace dos años. Y una recomendación: no se pierdan el flan y su siesta en la orilla del río Avis será más dulce.

El puente, el río, la pradera y el restaurante

El puente, el río, la pradera y el restaurante

El caballo de la Raya

Un portugués es un español que soporta mejor las desgracias y es capaz de resistir lo que le echen. El arma secreta de los portugueses para resistir es la resignación y el orgullo callado. Por lo tanto, un portugués es un español resignado, pero orgulloso. O sea, un extremeño… o un gallego.

Portugueses, extremeños y gallegos compartimos otra cualidad: la valentía en situaciones extremas. No presumimos ni somos valentones de boquilla, pero si el ambiente se torna hostil y extremo, reaccionamos con la valentía de quienes no tienen nada que perder y podemos conquistar Brasil, Méjico o Perú y aclimatarnos en Luxemburgo, en Dusseldorf, en Vitoria o en Australia sin haber salido nunca antes de Belmonte, Medellín o Viana do Bolo y sin saber inglés, vasco ni alemán.

Los portugueses, los gallegos y los extremeños estamos soportando mejor la crisis que el resto de los habitantes de la Península Ibérica. La razón podemos encontrarla en el título de un libro de Alegría Pereira: “¿Quién ganará la batalla, el yo de antes o el yo depresivo?”. En el resto de España, el yo de antes era optimista y sufre con la carestía. En Extremadura, en Galicia y en Portugal, el yo de antes ya era depresivo o, cuanto menos, resistente y no se da tanta batalla.

En Portugal, hay un caballo muy admirado, es el alter real, una raza ibérica que también se cría en algunas yeguadas de Extremadura. El alter real tiene un paso alto y una gran flexión de rodillas. Su poderoso corvejón le facilita los movimientos. Posee una grupa redondeada, un cuello arqueado, musculoso, corto y erguido y es el caballo más valiente enfrentándose al toro y el preferido por los rejoneadores.

En realidad, el caballo alter real es un trasunto de los extremeños, los gallegos y los portugueses: recio, resignado, valeroso si lo colocan ante el peligro y orgulloso solo si es preciso. Y desciende, en fin, de los famosos caballos lusitanos de las orillas del Tajo, que según las leyendas griegas, eran hijos del viento.

La alter real es una raza ibérica creada en 1748 por la casa real de Braganza, tras comprar 300 yeguas españolas. Su razón de ser era tirar de los carruajes de la Corte: un caballo resistente y resignado que, cuando se vio en el aprieto de enfrentarse a un toro en una plaza, sacó la valentía y el orgullo que llevaba dentro… Como un buen extremeño, como un buen gallego, como un buen portugués…

El año 1967, se recuperó oficialmente para esta raza el nombre de caballo lusitano. Bastante antes, en 1756, la yeguada real se había instalado en Alter do Chão, a un paso de la frontera española. En su coudelaria se crían y cuidan los mejores ejemplares de caballos lusitanos y del nombre del pueblo le viene también el nombre originario a la raza: alter real.

Veleta equina de la Coudelaria de Alter do Chão

Veleta equina de la Coudelaria de Alter do Chão

Lo sucedido con este caballo híbrido es muy significativo. Cuando en 1834 abdica el rey Miguel I, se clausura la yeguada de Alter do Chão. Años después, intenta revitalizarse mezclando la sangre lusitana del caballo con aportaciones de caballos hannoverianos, normandos, pura sangre ingleses y puros árabes. Todos esos intentos fracasaron y la raza no despegó de nuevo hasta que no llegaron aportaciones de caballos españoles.

Al desaparecer la monarquía portuguesa, la yeguada corrió serio peligro, pero la salvó Ruy d’Andrade, gran autoridad ecuestre portuguesa, que fue capaz de mantener la coudelaria de Alter do Chão. En 1932, la coudelaria pasó al Ministerio de Agricultura y hoy, tras una inversión de 20 millones de euros, es un emporio equino de visita obligada para los amantes de los caballos y para los interesados en conocer esta metáfora ecuestre del carácter rayano.

A la coudelaria se llega desde Badajoz o desde Valencia de Alcántara a través de la carretera N-245, que une Alpalhão con Estremoz. Se realizan visitas guiadas por las mañanas de 10.30 a 15.30, hora portuguesa, se puede montar a caballo en sus instalaciones y cuenta con un museo y con un agradable hospedaje rural dentro del recinto.

Pero lo verdaderamente interesante es acercarse a Alter do Chão para entender la Raya a lomos de un caballo lusitano, resignado en reposo y valiente en peligro, muy extremeño, muy gallego y muy portugués.

Los marranos clandestinos de Belmonte

A media hora de la frontera, Belmonte, el pueblo más hebreo de Portugal. No hemos venido buscando juderías encantadoras ni montajes más o menos históricos para entretener al turista. Venimos buscando judíos de verdad, judíos descendientes de los que huyeron de Extremadura en 1492, judíos que conservan sus costumbres, su tienda kosher y su sinagoga.

Encrucijada céntrica en Belmonte

Encrucijada céntrica, en Belmonte

Estamos en Belmonte, a un paso de la frontera extremeña de Valverde del Fresno, donde vive la segunda comunidad judía de Portugal tras la de Lisboa. Son 140 hebreos que se reúnen en una sinagoga, levantada en el año 1996, y que han conservado su fe y sus ritos en la clandestinidad desde hace más de 500 años.

Belmonte es un pueblo muy agradable que cuenta con varios museos dedicados al aceite, al descubridor de Brasil, Álvares Cabral, que nació aquí, o al ecosistema del río Zezere. Cuenta con varios restaurantes populares donde sirven por 9 euros un contundente arroz de pato con postre y bebida incluidos y tiene una iglesia románica del XIII y una villa romana.

Pero lo más interesante es la historia de sus judíos clandestinos, descendientes de los extremeños del norte de la región expulsado en 1492 por los Reyes Católicos y perseguidos también por la Corona portuguesa a partir de 1496.

En la región de la Beira, donde está enclavado Belmonte, la Inquisición ajustició a 1.175 judíos entre ellos alguno con el apellido Cáceres, que denotaba su origen. Sus nombres aparecen inscritos en un panel en el Museo Judaico de Belmonte. Murieron quemados por no renegar de su fe. La mayoría, sin embargo, se hicieron cristianos, aunque mantuvieron sus creencias en la clandestinidad y por ello recibieron el apelativo insultante de marranos, aunque modernamente se les llama criptojudíos.

Dos jóvenes contemplan un panel del Museo Judaico de Belmonte

Dos jóvenes contemplan un panel del Museo Judaico de Belmonte

La Inquisición los persiguió por todo Portugal. Pero no llegó a Belmonte por ser un pueblo alejado de casi todo y porque sus judíos eran humildes y no merecía la pena el esfuerzo para después apropiarse de tan pocos bienes.

Regina Pinto, responsable del Museo Judaico de Belmonte, explica que las familias hebreas del pueblo iban a misa, se casaban entre ellos por el rito católico y llevaban una vida semejante a la de los cristianos. Pero en los domicilios, las madres guardaban las tradiciones y al llegar a casa, todo cambiaba.

En la noche del viernes encendían una vela y cerraban ventanas y cortinas. Tras casarse en la iglesia, se casaban en sus casas por el rito judío. Muchos habitantes de Belmonte se definen como judíos de religión cristiana y no aciertan a entender por qué aún hoy, cada viernes, encienden velas y cierran las contraventanas de sus casas.

El caso de los judíos clandestinos de Belmonte estuvo escondido hasta que, en 1917, un ingeniero de minas judío y polaco llamado Samuel Schwartz descubrió las extrañas costumbres de los habitantes de este pueblo, investigó y descubrió que eran descendientes de criptojudíos extremeños y portugueses perseguidos por la primera Inquisición. Publicó un libro, “New Christians in Portugal in the 20th Century” que dio a conocer este singular caso al mundo entero.

Estrella de David con objetos hebreos en el Museo Judaico de Belmonte

Estrella de David con objetos hebreos, en el Museo Judaico de Belmonte

La comunidad judía de Londres, tras conocer el libro de Schwartz, envió un comisionado llamado Lucien Wolf para que llevara al judaísmo normativo a los criptojudíos de Belmonte, pero no lo consiguió. Ellos se sienten a veces judíos y a veces cristianos. Se saben diferentes. los curas de Belmonte los ven como unos judíos muy raros que a la vez son feligreses cristianos.

Funcionarios estatales de Israel han venido a verlos para promover en Belmonte la enseñanza judía e incluso animarlos a emigrar a Israel, pero se han negado. Prefieren seguir siendo lo que son: medio extremeños, medio portugueses, medio judíos, medio cristianos, gentes de frontera, habitantes de La Raya, un país que nunca se acaba.

 

Marvao: la cocina de Julieta

Desde 1968, hay un restaurante en Marvao que, al pasar por el puente de Portagem, te tienta con su parra refrescante a la orilla del río y sus comedores con dos ambientes: uno de moderno diseño y otro de decorado tradicional alentejano.

Terraza del restaurante Sever, junto al río del mismo nombre

Terraza del restaurante Sever, junto al río del mismo nombre

Julieta, dueña y alma de la cocina del restaurante Sever

Julieta, dueña y alma de la cocina del restaurante Sever

El restaurante se llama Sever, como el río, y lo fundó el padre de Julieta, la actual dueña. Su cocina es una de las más elaboradas de la Raya y, desde luego, escapa del sota, caballo y rey de las casas de comida de la región.

La clientela extremeña y alentejana ha bendecido este restaurante y los fines de semana son tradicionales las colas para comer.
Siempre que voy al Sever, pido alhada de caçao (9.70 euros), es decir, una sopa de cazón con aceite y cilantro que, para mí, es un paradigma de su cocina. Este plato es muy tradicional del Alentejo, pero suele resultar un tanto insulso. En el Sever es todo lo contrario: lo sirven en una fuente de barro, la mezcla de sabores del cilantro, la naranja y el pescado es deliciosa, las patatas son de calidad y están perfectamente perfumadas por los demás ingredientes y la salsa, espesa y delicada, entusiasma. Esa mezcla de la modernidad y la tradición, resumida en esta sopa de cazón, es la razón de ser de este restaurante.

Alhada de cazón preparada en el Sever

Alhada de cazón preparada en el Sever

Se puede comer en la terraza de verano si el día sale templado. Pero en el interior se está muy bien: temperatura adecuada, tele silenciada, aunque se pueden ver, que no oír, los partidos de fútbol, no hay olores ni humos, la iluminación es la precisa y, en el comedor moderno, se disfruta de cuadros conceptuales.

Comedor interior del restaurante Sever

Comedor interior del restaurante Sever

En el servicio, hay una mezcla de camareros jóvenes y veteranos, simpáticos, bilingües, atentos, campechanos y controlando los giros extremeños para que te sientas como en casa. La vajilla es inglesa, los manteles y las servilletas son de algodón blanco y la cristalería y la cubertería no desentonan.
La bodega del Sever es la segunda mejor de Portugal, según dictamen de un concurso nacional, con vinos españoles, franceses, argentinos, californianos y brasileños. Ofrece grandes whiskys de malta, oportos de categoría, coñacs franceses, viejos aguardientes y ron de siete años.

Piscina natural del río Sever, al fondo, el restaurante

Piscina natural del río Sever, al fondo, el restaurante

Un buen detalle del Sever es que el camarero se acerca con la bandeja de aperitivos, te la muestra y tú escoges lo que te apetece. No te colocan los platitos en la mesa a la fuerza, obligándote a pasar el mal trago de rechazarlos o a pagarlos aunque no los toques.
En esa bandeja vienen el pan y los aperitivos del día: ensalada de champiñones con hierbabuena y ajo (3.90), medio quesito de Nisa (2.60), patés y aceitunas.
La carta del Sever es extensa, varía para no cansar y siempre depara sorpresas. En este tiempo de otoño y caza, ofrece un arroz de liebre (10.75) en su punto y un jabalí del Alentejo estofado (10.80) que merece la pena.
Si se prefiere optar por lo socorrido, el bacalao dorado lo bordan (8.75) y el arroz de marisco para dos (32.90) tiene mucho éxito. En la cocina de Julieta hay platos especialmente conseguidos como la pierna de cordero lechal con castañas y cebollitas (17.80), las chuletas de cordero con aceite y cilantro (11.75) o el bacalao asado con aceite, ajo y patatas a murro (11.95).

La fortaleza de Marvao, vista desde el restaurante Sever

La fortaleza de Marvao, vista desde el restaurante Sever

En los postres, la tradición manda: sericaia (3.95), encharcada (3.95), pudin de castaña (3.90) o diversos dulces conventuales (3.95). Los precios mantienen el tipo. Si los comparamos con los del verano de 2009, la subida es soportable: 30 céntimos más la ración de pierna de cordero, 2.40 el arroz de marisco para dos, 10 céntimos el pudin de castaña y el queso del aperitivo. Comer en casa de Julieta merece la pena por el entorno fluvial, el servicio, el local y la cocina.

La piscina natural, vista desde el restaurante

La piscina natural, vista desde el restaurante

Españoles y portugueses: todos belloteros

Encina bellotera y solitaria, en Aldea del Cano

Encina bellotera y solitaria, en Aldea del Cano

De niño comía bellotas y estaban ricas. Desde luego, bastante más sabrosas que las almendras y las castañas. Comía bellotas y no tenía ningún complejo. Las tomaba crudas. Mi madre me enseñó que debía comerme la parte delantera porque estaba más dulce. La parte de atrás la tiraba, sabía amarga.
No sé cuándo dejé de tomar bellotas. Seguramente, cuando salí a estudiar fuera de Extremadura, a punto de ser adolescente, y empezaron a llamarme bellotero. De manera inconsciente, debí de pasarme a la avellana o a la nuez: no sabían tan intenso, pero tenían mejor imagen.

En Extremadura nos pasa mucho eso: de manera inconsciente, renunciamos a lo nuestro por la cosa de la imagen, como si tuviera menos valor por ser de aquí. A los de Oporto, por ejemplo, los llaman tripeiros porque durante un asedio empezaron a comer callos. Y no se acomplejan, han convertido las tripas a la moda de Oporto en plato nacional y disfrutan de lo lindo atiborrándose ellos y atiborrando a los turistas con un manjar tan humilde.

Encinas y vacas, en Ceclavín, junto a la frontera portuguesa

Encinas y vacas, en Ceclavín, junto a la frontera portuguesa

Una vez se me ocurrió llevar a Galicia una botella de Cremibellota y la serví en una fiesta. Triunfó. Desbancó al Baileys. Desde entonces, cada vez que voy llevo varias botellas de ese espectacular licor cremoso y bellotero.
El otro día, descubrí en un local de comida para llevar unos caracoles criados con bellota. El lugar se llama La Parrilla, está en la avenida que sube a la estación de ferrocarril de Badajoz y anuncian en la puerta sus caracoles ibéricos de pata negra, “como siempre, criados con bellota”.

Encinares alentejanos rodeando el embalse de Alvito

Encinares alentejanos rodeando el embalse de Alvito

En Mérida hacen unos exquisitos caramelos de bellota de la Abuela Paula. Además está la oferta abundante de licor de bellota, el exquisito y popular turrón de pobre, que se consigue emparedando una bellota entre higos pasos, o el dulce de bellotas cocidas con naranja y canela que propone Juan Mari Arzak: se rajan las bellotas en la punta, se cuecen durante 25 minutos con cáscara de naranja, rama de canela y miel, se escurren y se sirven espolvoreadas de canela.

El sol se pone en los encinares de Ceclavín

El sol se pone en los encinares de Ceclavín

El tiempo de la bellota es entre octubre y enero. Como pasamos de ellas y las despreciamos, aunque nos gusten, pues no nos percatamos de que las dehesas empiezan a llenarse de este dulce fruto de la encina que durante siglos fue la base de nuestro sustento. Y la base del sustento de catalanes, vascos madrileños, asturianos, manchegos, castellanos… En España y Portugal, todos tenemos un pasado bellotero, aunque solo nos tilden a los extremeños de bellotaris y belloteros y nos achantemos por ello en lugar de proclamarlo orgullosos.

Encinas en la dehesa boyal de Ceclavín

Encinas, en la dehesa boyal de Ceclavín

Estrabón caracterizaba a los hispanos como comedores de bellotas que se alimentaban de ellas y de sus derivados, harina y pan, durante tres partes del año. San Isidoro de Sevilla especifica que antes de que los romanos nos hicieran cerealistas, la bellota nos daba la vida. En el Quijote, se habla de la Edad Dorada como un tiempo lejano en que los hombres eran felices, se alimentaban de bellotas y de miel y no había propiedad privada ni opresión de la mujer ni angustia por cultivar la tierra.
En la Universidad de Vigo han patentado un turrón de bellota que lleva, además, trufa de chocolate, nata, huevo, limón y leche condensada. En Montijo, hacen unos sabrosos bombones de bellota. En Valencia, venden harina ecológica de bellota y también hay galletas de bellota.

Ceclavín: crepúsculo en la dehesa

Ceclavín: crepúsculo en la dehesa

Asumamos nuestro carácter de belloteros y de mangurrinos, que viene a significar lo mismo. En la bellota está la esencia de Iberia, que permanece intacta en Extremadura porque aquí aún mantenemos nuestro bosque ancestral, el que asombraba a Estrabón. Reivindiquemos la bellota: convirtámosla en seña de identidad y no en motivo de vergüenza. Hoy, decir “de bellota” es decir sublime. Todos los españoles somos de bellota. Los portugueses, también. Y los extremeños, más que nadie.

Encina seca en Ceclavín: ya no dará bellotas

Encina seca, en Ceclavín: ya no dará bellotas

Portugal: la ruta del bacalao

El bacalao dorado ha invadido Extremadura. En Badajoz, es casi una plaga… ¡Bendita plaga! Viví en Badajoz a finales de los 70 y recuerdo que solo lo servían en un par de bares. En 2013, no hay restaurante, venta ni taberna, del Marchivirito a Doña Purita, de las casonas Alta y Baja al Bigotes, que no ofrezca en su carta un rico bacalao dorado.

cartade bacalaos

Carta rústica del restaurante O Freixo de Penha Garcia

En Badajoz, lo portugués tiene mucha presencia en la hostelería. Es común que te sirvan una cerveza Sagres, un licor Beirao, un pastel de nata, un vino Mateus o un omnipresente y exquisito café Delta. En el resto de Extremadura, la cosa cambia y, salvo el café y algunos pasteles de nata, los demás productos tienen una presencia testimonial. No sucede lo mismo con el bacalao dorado, que poco a poco va extendiéndose hacia el interior de la región.

Resulta curioso que, cuanto más cerca de la Raya, más se usa su nombre portugués, bacalao dorado, mientras que a medida que nos alejamos hacia Cáceres, Mérida o Navalmoral, se va convirtiendo en bacalao a la dorada, una estilización que no tiene mucho sentido.

Aunque el propio apelativo de bacalhau dourado también es un tanto forzado. En Portugal, se utiliza sobre todo en la Raya alentejana pegada a Extremadura: entre Marvao y Alandroal. Más allá, se conoce con el nombre portugués de toda la vida: bacalhau á Braz, aunque sobre esta cuestión hay multitud de teorías.

El bacalao deshilachado con patatas fritas paja y huevo fue inventado, según la tradición portuguesa, en Macao por un señor llamado don Braz. De hecho, un refrán popular de Macao reza así: “En Macao, casinos, mulheres y bacalhau á Bras (en el refrán es con ese)”.

Así que en Portugal, en cuanto te alejas de la frontera, el bacalhau dourado desaparece y lo comeremos á Braz en el restaurante Álvaro de Urra o en el Casa do Forno de Monsaraz. Con el nombre de á dourada, más propio de nuestra Extremadura interior, solo lo hemos encontrado en O Miradouro de Barrancos, pero ya se sabe que Barrancos es tan de aquí como Barcarrota o Berrocalejo.

Bacalao Don Pipas, en el restaurante del mismo nombre de Mourao

Bacalao Don Pipas, en el restaurante del mismo nombre de Mourao

En la Raya Norte, sirven bacalao al estilo lagareiro, con patatas asadas con piel, en O Freixo de Penha Garcia, Helana de Idanha-a-

Bacalhau ó lagareiro en O Freixo de Penha Garcia

Bacalhau ó lagareiro, en O Freixo de Penha Garcia

Nova o Santos de Portalegre. Al estilo espiritual (desmigajado con patata, zanahoria y un gratinado final al horno), es lo típico en la Raya Sur: O Pipas de Mourao o Sabores da Estrela de Estrela (Moura).

Pueden desesperarse si buscan el bacalao con huevos y patatas fritas paja en los buenos restaurantes de Évora. Y en Estremoz, uno de los enclaves gastronómicos más interesantes del Alentejo, el dourado brilla por su ausencia, pero para compensar, están el suculento bacalao frito con salsa de langostinos de la Adega do Isaias y el espectacular lomo de bacalao al carbón de A Cadeia Quinhentista.

En las capitales situadas frente a la provincia de Cáceres, tampoco es común el bacalhau dourado, pero en el considerado como mejor restaurante de Castelo Branco, Praça Velha, sirven un plato típico de la comarca: bacalhau con boroa (pan de maíz); sin salir de la capital de la Beira Baixa, también es suculento, aunque a veces no lo desalan lo suficiente, el bacalhau da casa en el Retiro do

Bacalhau da casa en el Retiro do Caçador de Castelo Branco

Bacalhau da casa, en el Retiro do Caçador de Castelo Branco

Caçador albicastrense. En el restaurante más interesante de Portalegre, el Tomba Lobos de Reguengos, camino de la Serra de San Mamede, el bacalao gratinado con espárragos merece la pena.

Como ven, no solo de bacalhau dourado vive el portugués, pero si prefiere no arriesgarse con bacalaos “complicaos” y solo le gusta el “dorao”, les recomendamos el bacalhau dourado que, en general, es considerado el mejor de la Raya. Lo sirven en A Maria, un restaurante de Alandroal. María lo prepara con huevos de corral muy amarillos, patatas caseras muy bien fritas en el momento, para que no parezcan goma de mascar, y un bacalao de primera calidad que deshilacha con cuidado. El resultado es suave, sabroso

Bacalao dorao, en A Maria de Alandroal

Bacalao “dorao”, en A Maria de Alandroal

y meloso. ¡Que aproveche!

Saudade del Lusitania Exprés

Estación de Entroncamento. Son las 11 de la noche. El Lusitania Exprés, hoy llamado Talgo Lusitania, acaba de entrar en la vía principal. Viene de Lisboa, va camino de Madrid. Hasta el 15 de agosto de 2012, de Entroncamento iba hasta Cáceres por la línea del Tajo. Desde el 16 de agosto de ese mismo año, toma la dirección de Guarda y Salamanca.

Entre 1882 y 2012, los viajeros del tren entre Lisboa y Madrid realizaban los trámites aduaneros en Valencia de Alcántara. Desde hace año y medio, es Vilar Formoso la ciudad fronteriza donde el Lusitania se demora media hora para ajustar los detalles del cambio de país.

El 15 de agosto del año 2012 es otra fecha negra en la historia del ferrocarril cacereño. En 1985, desaparecía el mítico tren TER Ruta de la Plata. En 1995, dejaba de circular el épico talgo Luis de Camoens. Esa noche dijimos adiós al lírico Lusitania Exprés.

En el Alentejo, a la vía que une Lisboa con Madrid a través de Entroncamento, Torre das Vargens y Valencia de Alcántara siempre se la ha conocido como la línea de Cáceres. Por ella ha circulado desde 1882 el expreso de Madrid a Lisboa, el tren que utilizaba la familia real española para sus viajes desde el exilio en Estoril durante la dictadura de Franco, el tren que ha inspirado canciones a los grupos Coup de Soup y El Consorcio, el tren cuyo chacachá era el sonido que reafirmaba la armonía de lo doméstico: si lo escuchabas en las madrugadas de insomnio cacereñas, significaba que todo seguía en su sitio y te podías ir a dormir tranquilo.

Lo cierto es que Portugal siempre ha preferido relacionarse internacionalmente a través de Salamanca. La línea cacereña es históricamente deficitaria. En 1969, con la intención de promover los viajes entre Lisboa y Madrid en el TER que pasaba por Cáceres, Renfe y Comboios de Portugal decidieron dar la comida gratis a los viajeros, pero ni por esas. En la línea de Cáceres a la frontera de Valencia de Alcántara, desaparecieron el talgo diurno y el mixto vespertino, solo quedaba el Lusitania, que ya es historia.

Por Vilar Formoso pasan de madrugada dos trenes que “robaron” a los cacereños, el SurExprés de Lisboa a Hendaya, que circuló por Cáceres entre 1887 y 1895, año en que cambió las vías extremeñas por estas vías salmantinas, y ahora el Lusitania Exprés, que ya se había trasladado a Salamanca a raíz del descarrilamiento de 1998.

Pero no crean que entre Vilar Formoso, Fuentes de Oñoro y Salamanca la situación es muy boyante: en 1979 circulaban seis convoyes de viajeros, hoy solo quedan dos: el Sud Exprés y el Lusitania. Y ambos circulan a horas intempestivas.

Nos trasladamos unos kilómetros al norte de Vilar Formoso. Visitamos la estación abandonada de La Fregeneda. Por aquí pasaba la vieja línea ferroviaria que unía la localidad salmantina de Fuente de San Esteban con Oporto a través de la frontera portuguesa de Barca d’Alva. En 1986, esta línea cerró. Es la historia del ferrocarril del Oeste, repleta de cierres y supresiones.

¿Quién tiene la culpa de que por el bello puente internacional de Barca d’Alva no pase ya el ferrocarril y de la desaparición de tantos trenes? En el caso del Lusitania extremeño, se puede señalar al gobierno portugués, pero el fracaso tiene causas estructurales. Por un lado, la despoblación: en los 8 pueblos con estación que une la línea de Fuentes de Oñoro y Salamanca (126 kilómetros de vía) solo viven 19.000 personas. Entre Valencia de Alcántara y Cáceres, al lado de los 88 kilómetros de vía férrea se cuentan 15.000 posibles viajeros.

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Lo curioso es que el Estado había invertido 10 millones en mejorar la vía entre Cáceres y Valencia de Alcántara y cinco millones para eliminar los pasos a nivel. Al menos eso servirá para que a partir del 16 de septiembre circule un tren diurno entre Valencia de Alcántara y Madrid.

En la vía de La Fregeneda no hubo tanta suerte. No hace muchos años, el Surexprés se dividía en dos convoyes, uno iba hacia Oporto a través de La Fregeneda y Barca d’Alva, por una de las líneas ferroviarias, la del Duero, más bellas de Europa, el otro buscaba Lisboa a partir de Fuentes de Oñoro. Hoy, la conexión del norte ha desaparecido y sus vías podrían convertirse en una ruta verde.

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Noche cerrada en Entroncamento. El Lusitania Exprés  llega desde Lisboa. Se detiene cinco minutos. Montan un par de viajeros. El vagón restaurante está vacío. En un coche cama, alguien aparta la cortina y curiosea. Es una chica joven. Observa la inmensa playa de vías. El talgo arranca. La cortina se cierra. El convoy se aleja. En Extremadura, el Lusitania ya no es un tren, es saudade, memoria, melancolía…

O Mudo de Badajoz

Varios lectores me han pedido que suba al blog una historia que publiqué en la contra del diario HOY el 14 de agosto de 2006. Es una aventura muy fronteriza y uno de los episodios más curiosos que he conocido sobre la Guerra Civil. La subo tal y como se publicó cuando se cumplía el 70 aniversario de la toma de Badajoz por las tropas de Franco:
Esta historia comenzó hoy hace 70 años en Badajoz. La cuenta Francisco Pilo en su libro «Ellos lo vivieron». Es una de las peripecias más conmovedoras y novelescas de la Guerra Civil en La Frontera. El protagonista se llamaba José Merchán Luengo y vivió callado durante casi 40 años, haciéndose el mudo. Interesados por su aventura, hemos seguido su pista por Badajoz y Portugal.

14 de agosto de 1936. El día anterior, las tropas nacionales han llegado a Badajoz, han tomado posiciones en el barrio de San Roque y se han iniciado las escaramuzas. Esa mañana, a las nueve, la artillería abre fuego sobre la ciudad desde el Cerro Gordo. Media hora después, la aviación bombardea. A las 10,30 horas comienza el ataque por tierra.

Puerta de Palmas de Badajoz, donde vigilaba José Merchán el 14 de abril de 1936

Puerta de Palmas de Badajoz, donde vigilaba José Merchán el 14 de abril de 1936

Las maniobras envolventes han dejado abierto el sector Oeste, permitiendo la huida por la Puerta de Palmas: las tropas de Franco saben que si se deja una salida al enemigo, éste combate con menos desesperación. El mando republicano también conoce ese detalle psicológico y coloca en la Puerta de Palmas un piquete para que nadie escape. Contradictoriamente, varios gerifaltes huirán por ese lugar a las 10.30 horas. Entre los vigilantes está un joven de 26 años. Se llama José Merchán Luengo.

José es uno de los 6.000 defensores de Badajoz. Viste mono miliciano y pasadas las dos de la tarde, cuando los 2.500 efectivos del teniente coronel Yagüe entran por el baluarte de San Juan y la Puerta Pilar, entiende que la suerte está echada y huye por el Puente de Palmas. Por allí y por el vado de La Molineta escapan entre 2.500 y 3.000 pacenses buscando la seguridad de Portugal o subiendo hacia Alburquerque.

Puente de Palmas, por él huye José de Badajoz

Puente de Palmas, por él huye José de Badajoz

José emprende una vertiginosa carrera por los cerros de la finca Casa Blanca, de la familia Villalobos. Cruza a Portugal por las

inmediaciones de la frontera de Lopo. Va con otros compañeros, pero se queda atrás y tras unas peñas observa cómo la policía portuguesa los detiene y los devuelve a Badajoz. Se esconde. A la mañana siguiente intenta acercarse a Campo Mayor, donde tiene conocidos, pero la policía patrulla la zona y toma el camino de Ouguela.

Viejo contrabandista recordando en Ouguela los tiempos de O Mudo

Viejo contrabandista recordando en Ouguela los tiempos de O Mudo

Encuentra un hombre muerto y coge sus ropas. Según otras versiones, pudo haberlo matado, pero a Pilo siempre se lo negó. «Yo le decía que llevaría alguna navajina y él decía que no y se enfadaba», contaba el escritor. Se interna en Portugal. Trabaja en lo que puede. Llega a Oporto. Intenta escapar en barco, pero no lo consigue. Vagabundea por los muelles de Matosinhos, donde empieza a trabajar. En 1945 se casa con una portuguesa. En 1975, muerto Franco, se jubila y regresa a Badajoz.

El Duero, en Oporto, camino de su desembocadura

El Duero, en Oporto, camino de su desembocadura

Pero lo más sorprendente es que, durante todos esos años, se hace el mudo, no dice ni una palabra para que no se descubra su identidad española y no lo deporten. A Pilo le contó que cogía la bicicleta y se iba al campo a dar voces para no volverse loco.

Al volver a Badajoz en tren, nada más salir de la estación, entra en el bar Cárdenas, pide en voz alta un chato de vino y su mujer, anonadada, se desvanece. Cuando conocimos esta historia recorrimos los escenarios de la aventura. En la centenaria peluquería de Pepe el Nervio aún recordaban los hechos y se los habían oído narrar a Juan Cárdenas, hermano de Luis Cárdenas, dueño del bar, que contaba el momento en que José, conocido en Oporto como ‘O Mudo’, pidió el chato de vino y la sorpresa de su mujer.

Cais de Oporto, desde el puente Luis I

Cais de Oporto, desde el puente Luis I

José Merchán no tenía hijos. Volvió a Oporto, enviudó y regresó definitivamente a Badajoz. Los últimos años de su vida fue muy popular en la avenida Carolina Coronado, en el barrio de la Estación y en el bar Morales. Luis Morales, su dueño, lo rememoraba una mañana de febrero mientras paseaba frente a la estación: «Aquel hombre vestía pellica, visera y capa. Jugaba mucho a las máquinas y aquí lo llamaban El Portugués»… Pero era de Badajoz y vivió 40 años callado porque tenía miedo.