Marvao: la cocina de Julieta

Desde 1968, hay un restaurante en Marvao que, al pasar por el puente de Portagem, te tienta con su parra refrescante a la orilla del río y sus comedores con dos ambientes: uno de moderno diseño y otro de decorado tradicional alentejano.

Terraza del restaurante Sever, junto al río del mismo nombre

Terraza del restaurante Sever, junto al río del mismo nombre

Julieta, dueña y alma de la cocina del restaurante Sever

Julieta, dueña y alma de la cocina del restaurante Sever

El restaurante se llama Sever, como el río, y lo fundó el padre de Julieta, la actual dueña. Su cocina es una de las más elaboradas de la Raya y, desde luego, escapa del sota, caballo y rey de las casas de comida de la región.

La clientela extremeña y alentejana ha bendecido este restaurante y los fines de semana son tradicionales las colas para comer.
Siempre que voy al Sever, pido alhada de caçao (9.70 euros), es decir, una sopa de cazón con aceite y cilantro que, para mí, es un paradigma de su cocina. Este plato es muy tradicional del Alentejo, pero suele resultar un tanto insulso. En el Sever es todo lo contrario: lo sirven en una fuente de barro, la mezcla de sabores del cilantro, la naranja y el pescado es deliciosa, las patatas son de calidad y están perfectamente perfumadas por los demás ingredientes y la salsa, espesa y delicada, entusiasma. Esa mezcla de la modernidad y la tradición, resumida en esta sopa de cazón, es la razón de ser de este restaurante.

Alhada de cazón preparada en el Sever

Alhada de cazón preparada en el Sever

Se puede comer en la terraza de verano si el día sale templado. Pero en el interior se está muy bien: temperatura adecuada, tele silenciada, aunque se pueden ver, que no oír, los partidos de fútbol, no hay olores ni humos, la iluminación es la precisa y, en el comedor moderno, se disfruta de cuadros conceptuales.

Comedor interior del restaurante Sever

Comedor interior del restaurante Sever

En el servicio, hay una mezcla de camareros jóvenes y veteranos, simpáticos, bilingües, atentos, campechanos y controlando los giros extremeños para que te sientas como en casa. La vajilla es inglesa, los manteles y las servilletas son de algodón blanco y la cristalería y la cubertería no desentonan.
La bodega del Sever es la segunda mejor de Portugal, según dictamen de un concurso nacional, con vinos españoles, franceses, argentinos, californianos y brasileños. Ofrece grandes whiskys de malta, oportos de categoría, coñacs franceses, viejos aguardientes y ron de siete años.

Piscina natural del río Sever, al fondo, el restaurante

Piscina natural del río Sever, al fondo, el restaurante

Un buen detalle del Sever es que el camarero se acerca con la bandeja de aperitivos, te la muestra y tú escoges lo que te apetece. No te colocan los platitos en la mesa a la fuerza, obligándote a pasar el mal trago de rechazarlos o a pagarlos aunque no los toques.
En esa bandeja vienen el pan y los aperitivos del día: ensalada de champiñones con hierbabuena y ajo (3.90), medio quesito de Nisa (2.60), patés y aceitunas.
La carta del Sever es extensa, varía para no cansar y siempre depara sorpresas. En este tiempo de otoño y caza, ofrece un arroz de liebre (10.75) en su punto y un jabalí del Alentejo estofado (10.80) que merece la pena.
Si se prefiere optar por lo socorrido, el bacalao dorado lo bordan (8.75) y el arroz de marisco para dos (32.90) tiene mucho éxito. En la cocina de Julieta hay platos especialmente conseguidos como la pierna de cordero lechal con castañas y cebollitas (17.80), las chuletas de cordero con aceite y cilantro (11.75) o el bacalao asado con aceite, ajo y patatas a murro (11.95).

La fortaleza de Marvao, vista desde el restaurante Sever

La fortaleza de Marvao, vista desde el restaurante Sever

En los postres, la tradición manda: sericaia (3.95), encharcada (3.95), pudin de castaña (3.90) o diversos dulces conventuales (3.95). Los precios mantienen el tipo. Si los comparamos con los del verano de 2009, la subida es soportable: 30 céntimos más la ración de pierna de cordero, 2.40 el arroz de marisco para dos, 10 céntimos el pudin de castaña y el queso del aperitivo. Comer en casa de Julieta merece la pena por el entorno fluvial, el servicio, el local y la cocina.

La piscina natural, vista desde el restaurante

La piscina natural, vista desde el restaurante

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