La Cristoteca de Aveiro

Cuando empezaba a ser adolescente, había un cura en Cáceres que organizaba guateques. Eran tiempos de confusión: por un lado, la caverna tronando contra los bailes por considerarlos un pecado nefando; por otro, don José Polo montando guateques.

Imagen de un canal en Aveiro

Imagen de un canal en Aveiro

Don José Polo era mi cura oficial, regentaba mi parroquia, la de San Pedro de Alcántara, donde hice la Primera Comunión, y organizaba actividades tan curiosas como la Cruzada de la Bondad, que consistía en grupos organizados de preadolescentes que asistíamos a charlas y realizábamos buenas acciones. Aquel movimiento culminó con una suelta de globos con helio. De cada uno colgaba un mensaje que llegaría a un chinito o a un negrito, lo cual nos parecía portentoso pues la mayoría de aquellos cruzados bondadosos jamás habíamos visto un negrito ni mucho menos un chinito.

Don José Polo era un cura polémico, que son los curas que gustan en provincias y los que verdaderamente movilizan a los feligreses. En eso tengo suerte: siempre me tocan parroquias modernas con curas poco comunes. Mi párroco de ahora se llama Tino y pone de los nervios al beaterío prudente cuando arremete contra el boato de las comuniones y las procesiones. A cambio, encandila a los jóvenes, a los inmigrantes y a los cristianos comprometidos, que acuden los fines de semana a mi parroquia desde los barrios más alejados.

Pero a lo que iba, que decía yo que don José Polo era un cura tan moderno que no se le ocurrió otra cosa, allá por el año 1970, que organizar guateques en los locales parroquiales de la calle Reyes Huertas, esquina Bella Vista. Yo tenía 12 años y pasaba de bailar y de ligar, pero mis padres me obligaban a ir a aquellos guateques parroquiales como si fueran la misa dominical. Y claro, mi reacción fue la lógica: le cogí manía a los bailes, renegué para siempre de los guateques y me convertí en un inadaptado de discoteca: en cuanto se hace la oscuridad, hay destellos y suena música, me amuermo sin remedio. De hecho, lo que más miedo me da de la Navidad no es el amigo invisible ni las cenas de empresa, sino que, lo quiera o no, nadie me librará de pasar un par de noches por el suplicio discotequero.

Aveiro es conocida como la Venecia portuguesa

Aveiro es conocida como la Venecia portuguesa

Para acabar con el botellón y las fiestas sin tasa, lo mejor es institucionalizarlas. Obligar a los hijos preadolescentes a acudir a guateques oficiales asegura que, cuando menos, serán unos tibios a la hora de divertirse bebiendo en grupo.

El problema es que, en Extremadura, desde que se fue don José Polo, se acabaron los santos saraos y hay que viajar a Portugal para encontrar festejos como Dios manda. No hace mucho, descubrí la existencia de una Cristoteca en la ciudad portuguesa de Aveiro, que ya saben que queda un poquito más abajo de Oporto, junto al mar, en una ría. La organiza la propia diócesis y el nombre, aunque parezca irreverente, se lo ha dado el obispo, Francisco dos Santos, para quien “organizar la Cristoteca es anunciar desde la vigilia de la noche la certeza de las mañanas de resurrección”.

Si es así, no hay problema: a resucitar a Aveiro tras una vigilia en la que actúa primero el grupo de rock One Time, viene después una sesión de karaoke y se anuncia la certeza de la mañana con el llamado God’s Party animado por DJ’s.

Barcas típicas navegando por los canales de Aveiro

Barcas típicas navegando por los canales de Aveiro

En tiempos de Juan Pablo II, fueron famosos los Cristo Drink, que organizaban en Fátima grupos de cristianos brasileños. Pero en los Cristo Drink había mucha danza y cero alcohol, mientras que en la Cristoteca de Aveiro se sirven bebidas alcohólicas y se anuncia que los asistentes recibirán, con cada vaso de cerveza, una frase alegre, positiva y optimista.

Si hubiera más guateques de instituto con los profes vigilando, más Cristotecas y más Cristo Drink, todos ellos obligatorios, seguro que, por reacción, acabábamos con el botellón.

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