Extretejo, el país maltratado

San Cucufate es una villa agraria romana que se conserva junto al pueblo alentejano de Vidigueira. Se distinguen aún sus graneros, sus bodegas y sus lagares del siglo I, cuando el Alentejo abastecía de aceite, vino y trigo a Roma desde el puerto de Setúbal. En realidad, el Alentejo ha sido la gran despensa de Portugal a lo largo de la historia. En ese punto, es una región emparentada con Extremadura.

San

San Cucufate, villa romana situada en el Alentejo, cercana al pueblo de Vidigueira

Más al sur, Serpa, un municipio de 16.000 habitantes emplazado junto al Guadiana, en la calzada de Sevilla a Lisboa por Beja. Como cualquier pueblo extremeño o alentejano, en 1960, Serpa tenía el doble de habitantes: 32.000. También allí la emigración acabó con la buena salud demográfica.

Plaza principal de la localidad alentejana de Serpa

Plaza principal de la localidad alentejana de Serpa

En el siglo XVI, cuando la política y la economía del reino de Castilla pasaban por Extremadura, el Alentejo portugués concentraba el mayor número de centros urbanos del reino de Portugal. Su actividad agrícola, artesanal e industrial, sobre todo en el sector textil, era tan importante que el Alentejo contribuía con el 27% de los impuestos del Estado portugués. En ese tiempo, Serpa era una villa muy importante por su agricultura, su ganadería, su artesanía y su comercio. Hoy, destaca por sus monumentos, sus pensionistas y sus servicios.

Calle típica de  Serpa, con restos de su muralla.

Calle típica de Serpa, con restos de su muralla.

En “Historia económica de Portugal”, un tratado escrito por tres profesores universitarios lisboetas, los mapas permiten entender la fuerza económica y demográfica alentejana hasta las guerras de Restauración (1640-68) y de Sucesión(1703-13) contra España y napoleónicas (1801-1814) contra Francia.

Si comparamos, es lo mismo que sucedió en Extremadura, donde estas contiendas también hipotecaron de raíz el futuro de la región: las guerras se declaraban en Madrid, París, Londres o Lisboa, pero el campo de batalla estaba siempre en Extremadura y el Alentejo.

Esta calle de Serpa fue elegida la más bella de Portugal

Esta calle de Serpa fue elegida la más blanca de Portugal en 1987

Un dato para entender la situación demográfica: al empezar estas guerras, entre 1640 y 1649, hubo en la iglesia Matriz de Olivenza (Santa María del Castillo) 1.157 bautismos. Avanzada las guerras, entre 1660 y 1669, solo se bautizaron 286 niños. La puntilla la dieron las desamortizaciones del siglo XIX en Extremadura y en el Alentejo.

En la región de Évora, el 50% de la propiedad estaba en manos de la nobleza y el 38%, en manos eclesiásticas. La nobleza fue la gran beneficiada de la desamortización, como en Extremadura, y, también como aquí, eran terratenientes absentistas que vivían en Lisboa. El escritor portugués Nemesio Vitorino apunta que el Alentejo no era una provincia, sino una heredad, una gran finca que mandaba a Lisboa a su población aristocrática.

La llanura alentejana vista desde las inmediaciones de Viana do Alentejo

La llanura alentejana vista desde las inmediaciones de Viana do Alentejo

Con estos agravios, una región con burguesía ávida de poder habría organizado un movimiento nacionalista reivindicativo. Pero en el Alentejo ni tan siquiera son autonomistas. No cuentan con un relato regional.

Portugal, en general, es un país que llora lo que pudo haber sido y achaca su impotencia más a razones míticas que económicas. Hace unas semanas, en la librería Bertrand de Castelo Branco, los libros de historia más vendidos eran: “Portugal en la historia y en el mundo”, “Héroes en la historia de Portugal”, “Los reyes de la Reconquista portuguesa”, “Heroínas portuguesas”, “Un imperio a la deriva”, “El imperio colonial cuestionado” e historias de reyes, de reinas, de naufragios y de Viriato.

Interesante publicación sobre la "Historia económica de Portugal"

Interesante publicación sobre la “Historia económica de Portugal”

Se quejan en el Alentejo de que los fondos comunitarios, sin gobiernos autonómicos que los administren, solo han servido para financiar una vacía autovía de peaje entre Lisboa y la frontera por donde únicamente circulan grandes berlinas. Se lamentan de que la región se esté convirtiendo en un gran parque temático y turístico donde los extranjeros compran casas y tierras sin parar.

Extremadura y Alentejo, tan semejantes. Extretejo, la frontera más pobre de la antigua Unión Europea, una región con identidad propia que solo prosperó cuando estuvo unida: la Lusitania romana, el reino taifa de Badajoz o con Felipe II. Un país maltratado y resignado que quiere escribir su relato.

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La frontera de la Champions

Fantoche acomodado en una curva de la carretera que lleva desde Alburquerque hasta La Codosera y Ouguela

Fantoche acomodado en una curva de la carretera que lleva desde Alburquerque hasta La Codosera y Ouguela

Si no fuera por el muñeco de la fotografía, nadie hubiera sabido que por esa carretera se podía ir tranquilamente a Lisboa a ver la final de la Champions la pasada primavera, sin agobios ni esperas. El muñeco da miedo, es un susto que te encuentras en una curva entre Alburquerque y la Codosera, justo a la entrada del puente que cruza el Gévora, unos metros antes del acceso a la ermita de Carrión. Vas conduciendo tranquilamente y de pronto pegas un respingo. Crees que es un zombi o la mítica aparición de la curva, pero en realidad es la primera señal que nos indica que por esa carretera se llega al paso fronterizo más tranquilo de Extremadura.

Fin de semana del 24 de mayo. Final de la Champions. Colas en las gasolineras. Embotellamientos en la frontera de Caia. Hoteles por las nubes. 40.000 madrileños viajando a Lisboa en mil autobuses. El panorama se antojaba complicado. Pero había una solución para que el viaje a Lisboa se convirtiera en un placer sosegado y cruzar la frontera fuera plácido, histórico y reconfortante.

Paso fronterizo solitario y tranquilo entre Alburquerque y Ouguela

Paso fronterizo solitario y tranquilo entre Alburquerque y Ouguela

Entre Badajoz y Alburquerque, hay un punto de la Raya por donde no pasa nadie. En la gasolinera más cercana no hay colas y en la carretera no hay atascos. Por no haber, ni hay ni coches. Es la frontera más silenciosa y desconocida de la Raya, tanto que ni tan siquiera está indicada. Vas por la EX-110 hacia Alburquerque y ni te enteras de que a la izquierda sale una carretera que lleva a Portugal: la señal indica La Codosera, pero no te dice que por ahí se llega al país vecino. Ha de ser el monstruo de la curva, cómodamente sentado en un sillón, quien nos avise de que ese es el camino más lírico y raro para ir a Lisboa a ver al Atleti, que parece ser el equipo favorito de nuestro zombi.

Unos kilómetros más adelante, por sorpresa, una señal oficial nos anuncia que por ahí se va a un paso fronterizo. La carretera española es ancha y no te encuentras ningún coche. Al entrar en Portugal, se estrecha y tampoco pasan vehículos. Al fondo, una fortaleza preside la comarca: es Ouguela, un pueblo promiscuo, que fue castellano primero y portugués, después. Hoy, es una “fregresía” de Campo Mayor.

Mojón fronterizo en la frontera más tranquila entre Extremadura y el Alentejo

Mojón fronterizo en la frontera más tranquila entre Extremadura y el Alentejo

La frontera más tranquila para ir a la Champions, si hay Champions, o a Lisboa, siempre, está en tierras de contienda o de reyerta (hay un pueblo llamado Contenda y una Atalaia da Contenda), es decir, en un espacio fronterizo con unos límites tan inciertos que los vecinos de Ouguela y Alburquerque se aprovechaban de la coyuntura: llevaban sus ganados a pastar donde les parecía sin saber bien si estaban en España o en Portugal y sin que nadie impidiera el aprovechamiento conjunto.

No siempre fue la convivencia tan pacífica. En 1475, en plena guerra entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja por el trono de Castilla, los alcaldes de Alburquerque y Ouguela, que, por cierto, se llamaban los dos João y tenían ambos apellido portugués (Da Silva el uno, Fernandes, el otro) se enfrentaron a palos y murieron ambos.

Pero salvo estos incidentes esporádicos, todo era tan tranquilo como ahora. A veces, se calentaban las cosas por un pozo cuya nacionalidad no estaba clara. Pero se juntaban los procuradores de Badajoz y Campo Mayor y la cuestión se zanjaba declarándolo pozo internacional.

En las tierras de la antiguas Contienda o Reyerta está prohibido coger espárragos y setas

En las tierras de la antiguas Contienda o Reyerta está prohibido coger espárragos y setas

También se planteaban discusiones porque los españoles eran un poco tramposos, quitaban los mojones verdaderos y clavaban unos falsos, invadiendo así Portugal para ampliar sus tierras (en La Fontañera han hecho algo parecido hace nada para ampliar una cocina fronteriza).

En 1864, la indefinición se acabó: la reyerta o contienda de Ouguela se dividió salomónicamente: la parte norte, para España y la sur, para Portugal. Prevaleció la manía de los estados por establecer fronteras en contra del parecer de los lugareños, que sacaban más tajada de la confusión. Hoy, solo la anchura de la carretera indica que cambias de país y solo el cartel del zombi de la curva avisa de que por ahí se va a Lisboa y a la Champions.

Isabel del Alentejo, una heroína de Ouguela

En Ouguela, hoy, viven señoras mayores que a mediodía escuchan a toda pastilla una emisora religiosa donde hablan del Papa Francisco. Hace 600 años, quienes andaban por aquí eran delincuentes perdonados por el rey de Portugal siempre que se vinieran a vivir a esta villa fortaleza que defendía la frontera de los españoles.

España vista desde las murallas de Ouguela. Al fondo, a la izquierda, se distingue la silueta del castillo de Alburquerque

España vista desde las murallas de Ouguela. Al fondo, a la izquierda, se distingue la silueta del castillo de Alburquerque

Ouguela queda a un paso de Aburquerque por una carretera transfronteriza que cruza la Raya Seca y soporta muy poco tráfico. Está a cinco minutos de Campo Mayor y es una visita obligada para los amantes de la historia, de los castillos, de los paisajes, de la fotografía, de la tranquilidad, de la frontera, de las leyendas… Ouguela es un precioso pueblo metido en un castillo medieval, levantado por el rey don Dinís, uno de los más poderosos de la historia de Portugal, y protegido por una posterior muralla, construida en el siglo XV por el rey Don Juan I, el mismo que concedió a la villa el privilegio de ser “couto de homiziados” o espacio franco para determinados delincuentes.

Singular motocarro estacionado en la plaza de armas de la fortaleza de Ouguela

Singular motocarro estacionado en la plaza de armas de la fortaleza de Ouguela

Para rematar su poderío fronterizo, el rey Juan IV, durante la guerra de independencia de Castilla, dotó a Ouguela de unos baluartes y un sistema defensivo de puertas esquinadas que acabaron de convertirla en pieza fundamental del entramado defensivo portugués. Y ahí comenzaron las hazañas bélicas legendarias, que han convertido Ouguela en un símbolo del heroísmo portugués frente al enemigo de siempre, es decir, España, al igual que nosotros hemos fraguado nuestras leyendas épicas frente al vecino francés.

Puerta esquinada de la fortaleza de Ouguela

Puerta esquinada de la fortaleza de Ouguela

Para entender la importancia de Ouguela en el imaginario colectivo y legendario portugués, hay que decir que de aquí es y aquí demostró su valor la Agustina de Aragón del país vecino, aunque en este caso se llamaría Isabel del Alentejo (su nombre real era Isabel Pereira). Todo comenzó la noche del 9 de abril del año 1644. Una fuerza de 1.000 caballeros y 1.500 infantes españoles llegados desde Badajoz había invadido el Alentejo al mando del marqués de Torrecusa.

Entre las plazas a conquistar para someter la región, destacaba Ouguela con sus flamantes baluartes recién levantados. Para guiar a los españoles en el ataque, se ofreció un traidor portugués llamado João Rodrigues de Oliveira, que a cambio de pasarse a los españoles, había recibido el cargo de gobernador de Villar del Rey. Como ven, esta historia tiene los ingredientes fundamentales para levantar el ánimo de un país: un traidor malvado, una heroína del pueblo y, naturalmente, un final feliz.

Una señora arregla las macetas de su casa en el patio de armas de la fortaleza de Ouguela

Una señora arregla las macetas de su casa en el patio de armas de la fortaleza de Ouguela

Porque resultó que, mientras Rodrigues el Traicionero marchaba sobre la plaza al frente de 1.200 soldados escogidos de entre la tropa de Torrecusa, cuatro soldados portugueses, que andaban robando ganado por la noche para alimentar a sus correligionarios, se percataron del movimiento de infantes y caballeros y se mezclaron con la retaguardia de la columna, a sabiendas de que de noche todos los gatos son pardos. En cuanto se enteraron de los planes del ataque, salieron corriendo hacia Ouguela por atajos y avisaron al gobernador, que preparó con tiempo la defensa de la villa.

Otra puerta de acceso a la fortaleza fronteriza de Ouguela

Otra puerta de acceso, también esquinada, a la fortaleza fronteriza de Ouguela

El capitán Pascoal, que así se llamaba el gobernador, contaba con 45 soldados más los vecinos del pueblo. Pero entre ellos estaba Isabel del Alentejo, que peleó en las trincheras, repartió pólvora y balas y fue herida por un disparo, pero se repuso en un instante, arengó a los defensores, luchó aún con más brío y consiguió levantar el ánimo de los sitiados, que impidieron que el traidor Rodrigues dinamitara las puertas de la fortaleza y entre Isabel y los 45 soldados acabaron rechazando a los 1.200 españoles. De aquel tiempo, quedan en pie la fortaleza y la casa del gobernador, recientemente restaurada. Y aquellas guerras se han convertido en proyectos conjuntos entre Alburquerque y Ouguela para crear un área museológica que ligue los dos castillos con senderos, investigaciones y actividades.

La Raya portuguesa en el norte de África (II): La venganza desembarca en Asilah.

 

Tánger queda a cinco horas de Extremadura. Tras un cómodo viaje por autovía hasta Tarifa, hay que embarcar en un ferry, que, en 35 minutos de travesía, más unos 20 minutos para zarpar y atracar, te deja en el puerto de Tánger. El billete, si no se lleva el coche, cuesta 65.70 euros ida y vuelta. El cruce del Estrecho es rápido y agradable. El barco tiene cómodos sillones, dos cafeterías, tienda y el único engorro de que hay que sellar el pasaporte en el viaje de ida a Marruecos y eso obliga a guardar largas colas.

Puerto y playa de Tánger

Puerto y playa de Tánger

Tánger es una ciudad de un millón de habitantes que se ha desarrollado formidablemente en los últimos años. Este antiguo enclave portugués fue despreciado durante años por la monarquía alauita por haber sido un protectorado internacional y por su multiculturalismo, más occidental que africano. Esto la convertía en una ciudad poco magrebí. La subida al trono de Mohamed VI ha cambiado sustancialmente la situación. El nuevo rey de Marruecos parece más práctico y menos lleno de prejuicios. Ha entendido el enorme potencial de la ciudad marroquí más cercana a Europa y, en pocos años, la inversión en la zona se ha multiplicado.
En la última década, se ha inaugurado el puerto franco Tánger Med, se han construido modernas autopistas, se ha levantado una fantástica estación de ferrocarril, al tiempo que comenzaban las obras del tren de gran velocidad LGV que unirá Tánger con Casablanca y Rabat. El aeropuerto se ha convertido en una base de vuelos low cost y el turismo se ha multiplicado considerablemente.

La medina de Tánger, a vista de pájaro

La medina de Tánger, a vista de pájaro

Cuando en 1471 Tánger fue, por fin, portugués, la ciudad ya gozaba de una envidiable situación como puerto fundamental del Mediterráneo y puerta de entrada en África. La derrota portuguesa ante sus muros, que contábamos en una entrega anterior en este blog, había convertido Tánger en una obsesión de la corona portuguesa. El sucesor de Eduardo, el rey Alfonso V de Portugal, no paró hasta vengar la derrota sufrida por sus tíos ante las murallas de Tánger. Durante años, preparó la nueva expedición contra el norte de África con una cautela, un sigilo y una dedicación cuya ausencia había propiciado el anterior fracaso. Al igual que sucediera antes de la conquista de Ceuta, Alfonso V envió a la ciudad de Asilah o Arcila, situada unos 25 kilómetros al sur de Tánger, a dos espías.Estos se hicieron pasar por mercaderes en busca de negocio, pero, en realidad, se dedicaron a estudiar la defensa amurallada de Asilah y a fijar los mejores puntos para fondear las naves portuguesas durante el necesario desembarco de las tropas en el norte de África.

Vista desde la muralla de la playa y fondeadero de Asilah

Vista desde la muralla de la playa y fondeadero de Asilah

Por fin, el 20 de agosto de de 1471, una flota formada por 500 navíos y 30.000 hombres zarpaba de Lisboa. Tras fondear en Lagos, la ciudad de Asilah era conquistada el 24 de agosto de 1471 por las tropas del rey Alfonso V, que iba con el ejército en compañía de su hijo Juan. El caíd de Asilah intentó rendirse, pero los soldados prefirieron vengar la humillación de Tánger y escogieron antes la sangre que el tratado de rendición. Entraron a cuchillo en la ciudad, mataron a 2.000 personas y apresaron a 5.000. Después, Asilah fue fortificada con torres y murallas, que aún se conservan. También se construyó una empalizada para evitar la sorpresa ocurrida en Tánger, donde fueron atacados desde el interior por las guerrillas de las cabilas.

Muralla portuguesa de Asilah

Muralla portuguesa de Asilah

El siguiente paso era conquistar Tánger y convertirla en la capital de la raya fronteriza de Portugal en África. El empeño fue sencillo. Ante las noticias que traían los refugiados, que huían de la masacre de Asilah, los tangerinos abandonaron en masa la población temiendo lo que se les venía encima. Cuatro días después, las tropas portuguesas ocupaban Tánger sin encontrar prácticamente resistencia.

Calleja de la medina de Tánger

Calleja de la medina de Tánger

La ciudad fue portuguesa hasta 1661, cuando fue entregada al futuro rey de Inglaterra, Carlos II, como dote por su boda con la infanta portuguesa Catalina de Braganza. Aquella raya africana de Portugal desaparecería finalmente cuando Asilah fue reconquistada por el sultán Moulay Ismael en 1691. Ceuta había dejado de ser portuguesa al decidir seguir perteneciendo a la corona española tras la guerra de restauración e independencia de Portugal contra España.
Hoy, Asilah es una bonita ciudad turística muy visitada por españoles, que son su principal clientela. De hecho, muchas de sus casas antiguas, ya restauradas, han sido compradas por ciudadanos del otro lado del Estrecho. La huella portuguesa solo se mantiene en las murallas y en la historia.

Adarve e interior de la fortaleza de Asilah

Adarve e interior de la fortaleza de Asilah

La medina, blanca y azul y tan cuidada que parece una impostada postal turística, está llena de bonitos comercios y galerías de arte. En las afueras de la muralla, una larga calle está llena de terrazas y restaurantes. Escogemos uno de ellos, típico y barato y muy local, aunque no resulte atractivo por su aspecto: es el restaurante Al Manar. El jefe es un viejecito simpático con los clientes, pero muy cascarrabias con los cazaclientes de los otros restaurantes de la zona, que intentan llevarse a los turistas en la misma puerta del Al Manar. En este restaurante sirven una abundante bandeja de fritura de pescado fresco por 120 dirhams (11 euros).

Típico plato de pescado, con su punto de sofisticación, de la zona de Asilah y Tánger

Típico plato de pescado, con su punto de sofisticación, de la zona de Asilah y Tánger

Esta zona de África siguió cambiando de manos con el paso de los años. Asilah fue ocupada por España entre 1911 y 1956. Mientras tanto, los ingleses abandonaban Tánger en 1684 al constatar que no eran capaces de sacarle rendimiento comercial: pretendían establecer negocios con el interior del país, pero el hostigamiento de los muyaidines del sultán Moulay Ismael lo impedía y dejaron la ciudad, que pasó a formar parte del impero del sultán marroquí hasta 1906. Ese año, en la Conferencia de Algeciras, los 12 países europeos con intereses en Marruecos deciden convertir Tánger en un protectorado internacional. La ciudad se convierte en un nido de espías, escritores y artistas… Pero eso se lo contaremos en la siguiente entrega de este viaje histórico y turístico por la Raya portuguesa del norte de África.

La Raya portuguesa en el norte de África: La conquista de Ceuta

La medina de Asilah o Arcila es blanca y azul. Parece una medina de postal. Una medina de colores pastel para que los turistas la fotografíen. No ves puestos cutres ni tienes encuentros inquietantes. Todo parece tan de película o de anuncio de colonia que de pronto, en una esquina, te encuentras con Andreu Buenafuente y su familia y aquello parece el rodaje de un spot sobre Maroclandia, el país de la felicidad dulzona.

La medina de Asilah está llena de estudios de pintores

La medina de Asilah está llena de estudios de artistas

El popular presentador español de televisión Andreu Buenafuente paseando con su familia por la medina de Asilah

El popular presentador español de televisión Andreu Buenafuente paseando con su familia por la medina de Asilah

El encanto de Marruecos son precisamente las medinas abigarradas y poco pasteleras, esos comerciantes y personajes que parecen salidos de una película de espías o de criminales y te hacen sospechar que en cualquier esquina te van a acuchillar, cuando lo único que hacen es saludarte con cariño, llamarte Antonio o María, independientemente de cuál sea tu nombre verdadero, e indicarte el camino hacia la parte más bella del zoco o la kasbah.

Las casas de la medina de Asilah están reformadas y muchas han sido compradas por españoles

Las casas de la medina de Asilah están reformadas y muchas han sido compradas por españoles

Pero Asilah es diferente. Y la razón, como casi siempre, estriba en una mezcla de caciquismo y política que le ha venido muy bien a esta pequeña ciudad marítima del norte de Marruecos para convertirse en un pueblo de turistas y fotografías. Resulta que un ministro de Cultura marroquí era de Asilah y dedicó una parte de sus presupuestos a poner su pueblo como los chorros del oro. Así que llegas a Asilah en tren desde Tánger (32 dirhams el billete de ida y vuelta en Segunda y 40 minutos de viaje en trenes cómodos, aunque no absolutamente limpios), coges un taxi por 20 dirhams hasta la medina y ya puedes preparar tarjetas para tu cámara o gigas libres para tu teléfono porque te vas a hartar de hacer fotos. ¡Ah, un dirham equivale a 0’11 euros! O sea, que pueden redondear para conseguir una equivalencia sencilla: diez dirhams, un euro.

La medina de Asilah es azul y blanca y los puestos callejeros tienen gusto estético

La medina de Asilah es azul y blanca y abundan los grafitis estéticos

Hoy hemos venido a Asilah porque esta pequeña ciudad marroquí también es Raya. Concretamente, aquí estuvo la Raya portuguesa en África. Esta es una historia no muy conocida en España, donde solemos creer que el norte de África siempre fue español y que Ceuta, Tánger y demás nos han pertenecido desde antiguo. Pero los europeos que primero se fijaron en esta zona del mundo fueron los portugueses.

Puesto de babuchas en la medina de Asilah, donde el comercio también es selecto y delicado

Puesto de babuchas en la medina de Asilah, donde el comercio también es selecto y delicado

Asilah fue la última ciudad portuguesa de la Raya africana. Pasó a manos del sultán Mulay Ismael en 1691, ocupándola luego España entre 1911 y 1956. De Portugal, conserva las murallas y algunas fortificaciones. De España, los turistas innumerables y la facilidad de los nativos para expresarse en castellano.

Los carritos de venta de zumo de naranjas recién exprimidas son comunes en Marruecos, también en Asilah

Los carritos de venta de zumo de naranjas recién exprimidas son comunes en Marruecos, también en Asilah

Pero las ciudades que realmente atrajeron a Portugal hacia el norte de Marruecos fueron Tánger y Ceuta. Estos dos enclaves tenían una importancia fundamental en el comercio a finales de la Edad Media. Tánger era con Marsella, Barcelona, Génova y Venecia uno de los cinco puertos más importantes del Mediterráneo y Ceuta era un enclave comercial de primer orden desde el que se controlaba el mercado de oro procedente de Sudán.

Vista del puerto de Tánger desde la terraza del hotel Dar Chams Tanja

Vista del puerto de Tánger desde la terraza del hotel Dar Chams Tanja

Portugal, el reino más antiguo de la Península, ya había acabado su guerra de Reconquista y deseaba seguir extendiéndose. Por esta razón, el rey Juan I decidió iniciar una aventura africana de la que esperaba conseguir beneficios interesantes.

Preparó en primer lugar la conquista de Ceuta. Y lo hizo de manera rigurosa, pormenorizada y sin prisas. Envió a la ciudad a dos espías disfrazados de mercaderes. Estuvo años preparando la expedición en secreto. Decidió ir él en persona y esto atrajo a toda la nobleza portuguesa, que se embarcó personalmente en la empresa.

Puerta de entrada desde el Atlántico a la muralla de Tánger

Puerta de entrada desde el Atlántico a la muralla de Tánger

El 21 de agosto de 1415, el rey Juan I, acompañado de sus cuatro hijos, los infantes Eduardo, Pedro, Enrique y Fernando, al mando de 200 embarcaciones y 50.000 soldados, conquistó Ceuta con cierta facilidad. Pero faltaba dominar la otra perla norteafricana, la del lado occidental del Estrecho de Gibraltar: Tánger. Hubo que esperar al sucesor de Juan, su hijo Eduardo I, que decidió continuar la empresa africana del padre. Pero la facilidad de la conquista de Ceuta lo llevó a confiarse. Esta vez no preparó la expedición con tiempo, tampoco envió espías que informaran de las defensas de la ciudad. Es más, él decidió no ir y con ello, la nobleza también se retrajo y enviaron menos tropas y menos pertrechadas.

Vista de la muralla de Tánger en su flanco marítimo

Vista de la muralla de Tánger en su flanco marítimo

Al mando de la expedición estuvieron sus hermanos. El infante Enrique atacó Tánger desde Ceuta y el infante don Fernando atacó desde el mar, desembarcando frente a las murallas tangerinas. Pero esta vez, la empresa se complicó. Desde la fortaleza de Tánger la resistencia fue muy dura y las tropas que llegaron de Ceuta fueron atacadas desde el interior del país por partidas de guerreros magrebíes de las cabilas.

Vista de la muralla de Tánger en el flanco que da al puerto

Vista de la muralla de Tánger en el flanco que da al puerto

Los portugueses se vieron conminados a firmar un tratado de rendición o a ser destrozados por los soldados del Magreb. Firmaron y el pacto consistió en que devolverían Ceuta a cambio de poder regresar sanos y salvos a Portugal. Como prenda y garantía, los portugueses dejaron en Tánger al infante don Fernando y los portugueses se llevaron al hijo del gobernador de Tánger. No se sabe qué sucedió con el hijo del gobernador, pero sí se sabe que don Fernando murió en Fez en 1443 desesperado porque Portugal no devolvió Ceuta: el rey quería, pero ni el Papa Eugenio IV ni la nobleza lusa lo permitieron.

Portugal quedaba marcada por aquella primera aventura africana y la monarquía portuguesa quedaba emplazada para vengar la derrota de Tánger y la muerte de don Fernando. En ese punto es cuando entra en liza la ciudad de Asilah y el rey Alfonso V de Portugal, que ampliará la Raya portuguesa en el norte de África. Pero eso se lo contaremos en el siguiente capítulo.

Tangerinos sentados en lo alto de la Kasbah, con las murallas a sus espaldas,, contemplando la Peninsula, desde donde llegaban sus conquistadores

Tangerinos sentados en lo alto de la Kasbah, con las murallas a sus espaldas,, contemplando la Península, desde donde llegaban sus conquistadores

Las bragas verdes de Viriato

La gamberrada más estúpida que he hecho en mi vida ha sido colgarle unas bragas verdes en la mano a Viriato. Sucedió en Zamora, enfrente de la Diputación, yo tenía 15 años, estudiaba interno y reaccionaba contra la ciudad donde me internaban atacando su símbolo más querido: el caudillo lusitano Viriato. En Zamora había otro héroe local, Vellido Dolfos, el que mató al rey Sancho clavándole un venablo por la espalda, pero claro, Vellido era un traidor, Viriato, un traicionado y, entre uno y otro, los zamoranos lo tuvieron claro a la hora de escoger icono local y erigirle una estatua hace 110 años.

Para los niños españoles de los tiempos de Franco, el traidor por antonomasia no era el de siempre, o sea, Judas Iscariote, sino tres fascinerosos llamados Audax, Ditalkón y Minuro, lugartenientes de Viriato a los que Roma convenció para que le cortaran la cabeza en el año 139 antes de Cristo. ¿Pero dónde le cortaron la cabeza, dónde se fraguó la traición, es más: tienen los zamoranos alguna razón de peso para apropiarse de Viriato?

En España, hay tres personajes cuya nacencia se disputan unos y otros: Cristóbal Colón, Valle Inclán, que era un cachondo y añadió leña al fuego apuntando que nació en un barco, en medio de la ría de Arousa, y Viriato. Para los eruditos de Zamora, nació en Torrefresneda, comarca de Sayago. Para el erudito alemán Schulte, vino al mundo en la Sierra de la Estrella. Para los eruditos portugueses, pudiera ser de Viseu. En Santa Cruz de la Sierra le han puesto una lápida. Para la serie Hispania, nació en Coria. Para el programa Un país en la mochila, es de Guijo de Santa Bárbara. Y no faltan estudiosos que lo hacen turolense, valenciano, alentejano atlántico, medio de Huelva medio de Badajoz, de Verín o del mismísimo Grimaldo, junto a Cañaveral.

Si para crear un nacionalismo de la nada es preciso buscarse un héroe, Extremadura y el Alentejo lo tienen y es más importante que el gallego Breogán y el catalán Wilfred el Pilós juntos: ¡Viriato!

La culpa de tanta pasión lusitana la tienen Franco y Salazar, que convirtieron a Viriato en símbolo patriótico de las dictaduras de España y Portugal consiguiendo que para los niños de entonces Viriato significara lo que Cristiano y Messi significan para los niños de hoy. Y lo que se cree en la infancia ya se cree para siempre, aunque en Portugal, a partir de 1968, con las guerras coloniales, Viriato desapareciera de los libros de texto no fuera a dar alas a los independentistas de Angola y Mozambique.

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Las ciudades que más se creen lo de Viriato son la portuguesa Viseu y la castellana Zamora. En ambas hay estatuas en su honor, colegios con su nombre, clubes de fútbol y frentes futboleros ultras llamados Viriato… En Viseu, hay farmacia Viriato, teatro Viriato y un pastel llamado Viriato. En Zamora, el caudillo lusitano aparece incluso en el escudo de la ciudad.

Hace nada, en Viseu, desapareció la estatua de Viriato y Portugal entero se movilizó al entender que se trataba de un atentado terrible contra las esencias de la patria. Y es que con Viriato no se juega salvo si eres del pueblo cacereño de Guijo de Santa Bárbara. Por allí llegó Labordeta con su país en la mochila y le dijeron que Viriato era de allí, que había estudiado en la Academia Militar de Toledo, que les había dado para el pelo a los romanos y que estos se lo cargaron prometiendo dinero a unos traidores que fueron a buscarlo a una chabola, le cortaron la cabeza y se la llevaron a los romanos en una bolsa de plástico.

Con plástico o sin plástico, lo cierto es que en Guijo llevan siete años montando unas fiestas viriatas de aquí te espero, defienden ante quien sea que el caudillo lusitano nació en el campamento celta de Pimesaíllo y no le han levantado una estatua, así ni se la roban ni le cuelgan bragas, pero le han puesto una calle y son quienes más partido le sacan a un guerrero legendario que es de todas partes y de ninguna.

“Amo-te como uma louca”

Hoy, nos hemos venido hasta Beja, una de las capitales del Alentejo, para contarles una historia de pasión loca y prohibida, un enamoramiento imposible entre una monja y un militar.

El mentidero de Beja, donde pasa casi todo, está cerca de la Pousada. Alrededor de la cafetería Luis da Rocha, fundada en 1893 y famosa por sus cerditos de chocolate, están las tiendas, las pastelerías y muchos hombres maduros y estáticos contemplando el devenir… Y ya se sabe que el epicentro de cualquier localidad portuguesa es esa plaza, esa calle o esa esquina donde se colocan los hombres maduros a verlas venir.

Museo de Beja

Una plaza de Beja

A un paso de aquí, está el moderno Núcleo Museológico de Beja, donde se explica la historia de la ciudad, el teatro local, el museo Jorge Vieira, escultor de renombre fallecido en 1998, que vivió mucho tiempo tiempo en Estremoz, y el Museo Regional, donde se sitúa la historia de amor que hoy nos inspira.

Calle típica de Beja

Calle típica de Beja

Beja tiene 36.000 habitantes. La ciudad se yergue sobre un promontorio de 280 metros de altitud que no merece ni llamarse colina, pero que basta para presidir la llanura y atrae desde antiguo a todo el que pasa por aquí. La fundaron los celtas hacia el 400 antes de Cristo y en ella estuvieron los cartagineses. En Conistorgis (así la llamaron los celtas conios), se firmó la paz entre Julio César y los lusitanos. Por esta razón, recibió el nombre de Pax Julia. Con Augusto, fue capital de una de las tres divisiones de la Lusitania romana, las otras eran Mérida y Santarem.

En su escudo hay un castillo y un toro. La fortaleza se ve en cuanto te acercas a la ciudad. La levantaron los árabes y fue reconstruida en 1253 por los cristianos. Se pueden recorrer sus murallas y subir los 200 escalones en forma de caracol que llevan hasta su torre del homenaje, uno de los mejores miradores del Alentejo.

Sentado al sol en una plaza de Beja

Sentado al sol en una plaza de Beja

En cuanto al toro heráldico, tiene un origen legendario y un tanto cruel: homenajea a un pobre ternero envenenado, que los bejenses soltaron por los campos que habitaba una serpiente asesina que atemorizaba al pueblo. El reptil se zampó el bóvido y murió, salvándose así la población de la malvada serpiente.

Pero la historia más emocionante de la capital más calurosa de Portugal es la de su monjita enamorada. Se llamaba Mariana Alcoforado y vivió entre 1640 y 1723. Era una mujer bella y apasionada, coinciden los guías, que se enamoró del famoso conde o marqués de Chantilly o Chamilly, en ese punto no se ponen de acuerdo las crónicas ni los guías. El noble con nombre de nata merengada llegó a Beja en 1661  para defender la ciudad del ataque de las tropas españolas (los malos, ya saben). Conoció a Mariana y se enamoraron.

Moderno Núcleo Museológico de Beja

Moderno Núcleo Museológico de Beja

Se conserva la ventana del convento donde, según la leyenda, pelaban la pava la sor y el marqués. De hecho es lo más fotografiado de Beja. El caso es que la historia acaba regular. El marqués tuvo que regresar a su país y el amor tomó forma de erotismo epistolar: cinco cartas apasionadas de Mariana que fueron publicadas en vida de la Alcoforado. Se titularon “Cartas de amor de una monja portuguesa” y se han convertido en un clásico de la literatura universal.

Para recordar esta historia de perdición, nada mejor que cenar en la casa donde nació la monja, que hoy es el restaurante Alcoforado. Allí, comiendo unas ‘febras’ de ‘porco’ con gambas, bajo esta frase de una de las cartas escrita en la pared: “Amo-te como uma louca”, se puede evocar un amor imposible, el único que nunca se acaba.

Detalle de una calle bejense

Detalle de una calle bejense

Persiguiendo al diablo en Veracruz de Marmelar

En Vidigueira, nadie quiere hablar del tema. Hemos entrado en Portugal por la frontera de Villanueva del Fresno y preguntamos por Veracruz de Marmelar, el pueblo de los prodigios, pero la gente no suelta palabra y nos rehúye hasta que una mujer se apiada, nos indica el camino y nos avisa en portuñol: “Cada vez que veo esa cruz, fico arrepiada”. Nos explica que los prodigios que buscamos son exorcismos provocados por una reliquia, por un fragmento de la cruz de Cristo.

Iglesia de Veracruz de Marmelar: imponente, sólida y fundada por la orden de Malta

Iglesia de Veracruz de Marmelar: imponente, sólida y fundada por la orden de Malta

El pueblo de los prodigios está en un alto, pero cuesta tanto dar con él que también estamos al borde del arrepío. Al fin, tras mil vueltas por los contornos, una aldea blanca y sencilla se yergue ante nosotros y en lo alto, la iglesia: imponente, sólida y con la cruz de Malta sobre la puerta.

El monasterio se construyó en el siglo XIII sobre una iglesia visigótica del siglo VII y fue donado a la Orden de San Juan de Jerusalén, de Malta o del Hospital. En su interior, atesora pinturas, esculturas, orfebrería y mobiliario de gran valor. Y, sobre todo, guarda un fragmento de la santa cruz en un cofre-relicario medieval único en Europa. Pero, ¡maldita sea!, con tantas vueltas y revueltas, hemos llegado tarde y la iglesia está cerrada.

Un anciano que pasa y escucha nuestro ¡maldita sea! se acerca, se persigna y menea la cabeza afeándonos el juramento. Le contamos nuestro problema y nos da la solución: “Vaya por esta calle y en la tercera puerta vive la señora que tiene la llave de la iglesia”.

Tras golpear varias veces en el llamador, se escuchan ruidos, corren unos cerrojos y aparece una viejecita desconfiada con pañoleta y ropa oscura. Dice que está cansada, que no tiene ganas de abrirnos la iglesia, pero se va y vuelve con un gran cuadro. Es una reproducción fotográfica de la reliquia del lignum crucis, que el rey luso Alfonso IV y el prior de la orden de Malta, Álvaro Gonçalves Pereira, llevaron a la batalla del Salado, atribuyéndosele gran influencia en la victoria sobre las tropas musulmanas.

Teresa muestra una foto del lignum crucis de Veracruz a la puerta de su casa

Teresa muestra una foto del lignum crucis de Veracruz a la puerta de su casa

La señora se llama Teresa y hace tres veces la señal de la cruz mientras nos explica que esa reliquia, e incluso ese cuadro, cura a quien tiene el diablo dentro. Narra después prodigios como el de un ladrón de Vidigueira, que se ahorcó al enterarse de que habían culpado y encerrado a otro por su fechoría, pero la cruz, que también es algo así como una máquina de la verdad, descubrió que el preso era inocente. Teresa describe emocionada a los endemoniados que venían a Veracruz de Marmelar con camisa de fuerza para que la cruz los curara de su locura.

Fue en los años 80 cuando Veracruz se convirtió en un pueblo famoso. Era una celebridad secreta, que iba de boca en oído, una recomendación clandestina para que los endemoniados o desquiciados de los contornos curaran sus males. Según Teresa, la fama de la cruz llegaba hasta la zona de Valencia de Mombuey, Oliva de la Frontera y Villanueva del Fresno, desde donde llegaban algunos poseídos con sus familias por ver si expulsaban al demonio.

La clave del asunto, más que la cruz, era un cura párroco: el padre Antonio Sequeira, más conocido como Silveiro y nacido en Sousel, el pueblo con la plaza de toros más antigua de Portugal.

Teresa explica los detalles de los prodigios y exorcismos sucedidos en Veracruz de Marmelar

Teresa explica los detalles de los prodigios y exorcismos sucedidos en Veracruz de Marmelar

Un estudio realizado por la Universidad de Évora en 2009 sobre la relación entre religión y medicina, contiene relatos de dos cocineras, una limpiadora, un jubilado y un electricista que ladraban y comían como perros hasta ser exorcizados en Veracruz. También analiza los casos de Ilidio Pombo, de Amieira, y Joao Caeiro, de Alqueva, que tenían el diablo en el cuerpo y se lo quitaron en Veracruz.

El padre Sequeira murió, los exorcismos perdieron fama y la iglesia ha dado instrucciones para esconder los milagros, pero Teresa asegura que por Veracruz siguen apareciendo de vez en cuando extraños personajes que “fican arrepiados” ante la cruz. Son exorcismos clandestinos en una aldea perdida en Portugal, pero cercana a Extremadura.

Devotos de Cunhal y de María

Devota de la Virgen y de Cunhal, Viana do Alentejo es una de esas villas portuguesas donde las contradicciones se muestran a flor de piel. De los 34 alcaldes comunistas de Portugal, 16 lo son de municipios del Alentejo. Pero la pasión izquierdista por el fallecido líder comunista Álvaro Cunhal (en Viana no hay ni un concejal de centro derecha y gobierna el PSP) no impide una emoción profunda ante todo lo relacionado con Nuestra Señora.

Viana do Alentejo es un municipio cercano a Évora que participa de esa constante demográfica que aqueja a los pueblos alentejanos y extremeños: en 1960 tenía el doble de habitantes que hoy. En el caso de Viana, ha bajado de casi 10.000 a poco más de 5.000. La emigración, el comunismo y la Virgen convertidos en señas de identidad del Alentejo profundo.

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Viana do Alentejo es un pueblo marcado por dos monumentos: un castillo muy raro y un santuario muy particular. Ambos impresionan y te dejan un tanto descolocado. El castillo gótico, levantado en 1313, porque es pentagonal y tiene cinco torres de cuento de hadas, porque está en medio del pueblo, imponiendo su presencia poderosa, porque encierra en su interior la iglesia parroquial, edificada en el siglo XVI, con una portada manuelina que quita el hipo, y porque se puede ascender a las torres y jugar desde ella a ser un diablo cojuelo que se mete en cada uno de los patios con naranjos, en cada una de las casas blancas y acogedoras de este pueblo singular.

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Desde el castillo, se distingue a lo lejos, en medio de una inmensa pradera, una iglesia enorme. Es el santuario de Nossa Senhora de Aires, visita inexcusable para cualquier extremeño que quiera conocer de verdad el Alentejo y destino diario de cientos de romeros portugueses.

El santuario, blanco y albero, data del siglo XVIII. Pero lo importante, lo verdaderamente espectacular, lo que impresiona y, confesémoslo, acongoja bastante y te deja trastocado para el resto del día, no está en la parte principal de la iglesia, sino en los pasillos que rodean la nave y el altar.

Pasillo que rodea el altar lleno de exvotos y ofrendas a María

Pasillo que rodea el altar, lleno de exvotos y ofrendas a María

Hay que entrar en el santuario, dirigirse hacia su cabecera y entrar por una puerta, que parece dar a la sacristía. Inmediatamente, se encuentra uno inmerso en un espacio asombroso e imprevisto. De las paredes de varias salas y pasillos circulares, cuelgan miles de fotos, literalmente miles, con sus marcos de alpaca, plata o madera, fotos de militares, de niños, de parejas, de familias, de matrimonios, de abuelas, de enamorados, de universitarios, de bebés, de rejoneadores, de forcados, de soldados de las guerras coloniales…

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires en Villa Ruiva

Son retratos que van desde principios del siglo XX hasta nuestros días, fotos cuyos protagonistas se encomiendan a la Virgen en busca de protección. En vitrinas y mesas, se ofrendan a la Señora trenzas de pelo, trajes de bautismo, de comunión y de boda, uniformes militares completos, zapatos, bandas de licenciatura, capas de tuno, muñecos de cera, extremidades de cera, vísceras de cera…

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Es una de las mayores colecciones de exvotos que se pueden contemplar. Pero recorrer las estancias y los pasillos asfixiado por tanta necesidad, tanto lamento, tanto miedo al futuro y también tanta confianza en lo sobrenatural, no te deja indemne. ¿Qué sería de ese solado de bigote que se fue a la guerra de Angola, y de aquel enfermo que se iba a operar en 1918, y de aquel matrimonio que se casó y se marchó a Brasil?

Tercer milagro de la Virgen

Tercer milagro de la Virgen

Nossa Senhora dos Aires parece demasiado pequeña para tanto trabajo: no mide más de 20 centímetros. En el exterior de la iglesia, se encuentra un cobertizo donde cientos de velas chisporrotean en ofrenda. Las hay hasta de dos metros de altura. Una tienda, abierta todos los días, parece más una lección de anatomía que una boutique de objetos religiosos: en varios estantes, se ofertan al afligido riñones, hígados, corazones e intestinos de cera para que cada uno ofrezca a la Virgen una reproducción de su víscera dañada.

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Al dejar atrás Viana, uno se va con la sensación de haber entendido definitivamente el Alentejo o con la seguridad de que no lo entenderá jamás.

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos

Colón nació en el Alentejo

Cristóbal Colón no era genovés ni catalán, ni tampoco hijo de una familia de judíos conversos de Plasencia. Cristóbal Colón era de Cuba. Pero no de la Cuba de Fidel, sino de otra que queda ahí cerca, de un pueblecito de 3.300 habitantes llamado Cuba y situado al otro lado de la frontera extremeña, en el Alentejo más profundo y sorprendente.

Dos jubilados descansan bajo un naranjo en el pueblo alentejano de Cuba

Dos jubilados descansan bajo un naranjo en el pueblo alentejano de Cuba

Llegamos a Cuba desde Beja por una pista parcheada y estrecha, que invita a preguntarse qué demonios ha hecho Portugal con los fondos europeos. Cuando le planteamos esta cuestión a los cubanos, nos piden dos cosas: que no indaguemos mucho sobre la carretera, no vaya a ser que los de la troika comunitaria aprieten aún más las tuercas.

La otra petición tiene que ver con el demonio. “Aquí, ni se menciona”, nos avisan. Resulta que en el Terreiro da Fonte cubano, se abría el Pozo de los Demonios. Actualmente está cegado, pero su maldición persiste. Durante siglos, los cubanos se santiguaban (y se santiguan) al pasar junto a él para que no se los llevaran los diablos y los malos espíritus. A finales del siglo XIX, el ayuntamiento de Beja mandó excavar el pozo y se encontraron varios cadáveres. Pertenecían a ciudadanos de la zona desaparecidos en extrañas circunstancias.

Un ciclista deja su bicicleta en la puerta del mercado de abastos de Cuba

Un ciclista deja su bicicleta en la puerta del mercado de abastos de Cuba

Así que dejamos en paz al demonio y nos centramos en investigar el origen cubano de Cristóbal Colón. Primera pista: hamburguesería del pueblo. En lugar de anunciar la súper búrguer con bacon y queso, tiene un cartel sobre la puerta con un dibujo del descubridor y la siguiente leyenda: “O portugués Cristovão Colombo, agente secreto do Rei Dom João II, nasceu na vila de Cuba”.

Hamburguesería colombina en Cuba

Hamburguesería colombina en Cuba

Segunda pista: restaurante Casa de Monte Pedral, el más lujoso de la villa. En el patio, una estatua de Colón con una indígena a sus pies y en la pared del jardín, una placa anunciando la buena nueva por partida doble: “Cristovão Colombo nasceu aquí, nasceu en Cuba”. En otro cartel, más ortodoxo, la lista de platos: “Açorda de alho de bacalhau, feijoada de secretos, arroz de lebre, migas de azeitonas…”.

Restaurante de Cuba con su patio colombino

Restaurante de Cuba con su patio colombino

Llama la atención tanta iconografía colombina si se tiene en cuenta que ningún pintor ni escultor vio en vida al descubridor de América. Pero eso no es óbice para que una solemne estatua de Colón presida el puerto de Barcelona o la plaza principal de Cuba. En este pueblo alentejano hay un centro de interpretación sobre don Cristóbal y la guinda simbólica del movimiento reivindicativo fue el estreno en el pueblo, en el año 2007, de la película “Cristóbal Colón, el enigma”, del gran cineasta portugués Manoel de Oliveira.

Cuba se llama así por el santuario sagrado de Caaba, en La Meca, o por unas grandes cubas que se encontraron  en el pueblo los soldados de Sancho II al reconquistárselo a los moros. En portugués antiguo, coba significa torre. El caso es que esta palabra solo existía en portugués, ya sea como sustantivo o como topónimo, antes de que Colón llegase a América y bautizase la isla más grande de su descubrimiento con el nombre de su hipotético pueblo natal: Cuba.

Estatua de Colón en el patio del restaurante más lujoso de Cuba

Estatua de Colón en el patio del restaurante más lujoso de Cuba

El origen alentejano de Colón se basa en las investigaciones del historiador Mascarenhas Barreto, que, a partir de diferentes documentos, sostiene que Colón nació en Cuba en 1448, siendo hijo ilegítimo del infante Don Fernando, duque de Beja y Viseu, y de Isabel Zarco, hija del navegante João Gonçalves Zarco. Su nombre verdadero habría sido Salvador Fernandes Zarco. Lo de Cristóbal Colón sería un seudónimo o código de guerra, CC, que significaría espía al servicio de Juan II.

Estatua de Cristóbal Colón en la plaza principal de Cuba

Estatua de Cristóbal Colón en la plaza principal de Cuba

Finalmente, están los topónimos. No solo el de la isla de Cuba, sino los de otros pueblos alentejanos, que el descubridor fue dejando en los nuevos territorios: Guadiana, Mourão (junto a Villanueva del Fresno), Santa Luzia (Elvas), Vera Cruz (el pueblo de los exorcismos), São Bartolomeu (famoso por su mirador).

Cubano o no, Colón se ha convertido en el principal atractivo turístico de este pueblo alentejano, que antes era famoso por sus demonios y ahora lo es por su espía-almirante.