Campo Mayor, chalés y cafés

Si alguna vez tengo dinero para hacerme un chalé, contrataré a un arquitecto, lo llevaré en mi coche hasta la carretera que une Campo Mayor con Ouguela, lo dejaré en el arcén y le diré: “Dé una vuelta, observe y constrúyame una casa como cualquiera de las que flanquean esta carretera. Me da lo mismo cuál, la que usted prefiera, todas son igual de bonitas”.

Campomaior, capital europea del café, es una bella ciudad alentejana fronteriza con Badajoz

Campo Mayor, capital europea del café, es una bella ciudad alentejana fronteriza con Badajoz

De Campo Mayor se escribe siempre para hablar de su café. Pero hoy quiero escribir sobre sus chalés y sobre otras curiosidades de esta villa, que se visita para comprarle Delta al señor Nabeiro, visitar su museo o comer marisco en su restaurante. Sin embargo, Campo Mayor es algo más que café.
¿No se han fijado ustedes en las casas de campo portuguesas? Son las más bellas que conozco, las más acogedoras, las únicas en las que no me importaría vivir. De blanco y albero o de blanco y azul pastel, se levantan siempre sobre un ligero promontorio y tienen un porche grande y acogedor que invita a leer, dormitar, merendar o, sí, también, a tomar café.
En Campo Mayor hay muchas casas de ese estilo. Aunque todo el pueblo parece participar de esa distribución singular: un lugar sombreado para disfrutar del aire libre y un interior blanco y sencillo para recogerse. Así es Campo Mayor: sus casas y su parque grande y céntrico lleno de terrazas… y cafés.

Alrededor del parque de Campomaior discurre la vida comercial y el ocio de la villa

Alrededor del parque de Campo Mayor discurre la vida comercial y el ocio de la villa

Casi todos los pueblos extremeños y alentejanos han padecido una misma evolución demográfica: en 1960 tenían el doble de habitantes que en 2014. En Campo Mayor no se ha dado una sangría tan tremenda. En 1960 eran 10.000 y hoy son 8.000. Y todo gracias al café.
Está visto que no hay manera de explicar este pueblo (villa desde 1255) sin hablar del café. Resumiendo: Nabeiro y sus tíos decidieron vender a los españoles algo de lo que carecieran tras la Guerra Civil. Pensaron en el café y empezaron a tostarlo en un cobertizo y a distribuirlo con cuadrillas de contrabandistas. Eso fue en los 40. Hoy, los cobertizos se han convertido en las más importantes fábricas cafeteras de Europa.

Cobertizo situado junto a la muralla campomaiorense

Cobertizo situado junto a la muralla de Campo Mayor

Badajoz y Campo Mayor están unidos desde siempre. Un detalle: los libros de historia cuentan que la villa fue reconquistada a los moros en 1219 por unos caballeros cristianos: los Pérez, de Badajoz. En 1297, corrió la misma suerte que Olivenza y la vecina Ouguela y pasó al reino de Portugal, donde mandaba el poderoso rey don Dinís. Después, anduvo bailando de un lado para otro: castellana entre 1383 y 1385, portuguesa después.
Fue refugio de forajidos antes de convertirse en plaza militar, donde uno de cada cuatro habitantes era soldado, y cuartel de mercenarios holandeses. Sufrió asedios y conquistas de ejércitos ingleses, franceses, portugueses y españoles. En fin, nada que no sea común a cualquier plaza fronteriza europea. Y padeció grandes desgracias como la explosión de su polvorín por culpa de un rayo el 16 de septiembre de 1732 (murieron dos tercios de la población) y la epidemia de cólera de 1865: duró 75 días y murieron dos personas cada día. En 1867, quisieron unir Campo Mayor a Elvas y lo impidió una huelga general. Sin embargo, no hubo protestas cuando 50 años después absorbieron Degolados y Ouguela.

Típica calle de Campomaior, estrecha, laberíntica y llena de coches aparcados

Típica calle de Campo Mayor, estrecha, laberíntica y llena de coches aparcados

Hoy, Campo Mayor merece una visita, aunque no es pueblo que piense en los turistas: sus calles son un laberinto, los autos aparcan por doquier, si quieres llegar al castillo en coche, te pierdes seguro. Conclusión: aparquen en la plaza principal, a la sombra, y caminen buscando la capilla de los huesos (o mejor, de las calaveras), que impresiona tanto como la de Évora. Suban después hasta el castillo, que se puede visitar. Aunque lo más interesante son las casas del entorno: humildes, sencillas, adosadas a la muralla, con la ropa tendida, los apaños para hacer chapuzas en plena calle y unos perros muy fieros para que no des mucho la murga. No son el chalé soñado, pero también son trasunto de Campo Mayor: una villa que aprovecha cualquier resquicio para sobrevivir.

Sencilla vivienda adosada a la muralla, muy típica en Campomaior

Sencilla vivienda adosada a la muralla, muy típica en Campo Mayor

Castelo Branco: un viaje entretenido

En Castelo Branco hay un centro comercial muy entretenido. Si esto no les convence para viajar, les diré que en Castelo Branco han abierto un museo de arte contemporáneo muy interesante de espectacular arquitectura e imprescindible contenido. Si siguen mostrándose remisos a esta excursión, pongo sobre la mesa el dato definitivo: en Castelo Branco abundan los restaurantes de comida buena y barata y algunos, hasta son bonitos.

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Con estas tres razones de peso, la comercial, la cultural y la gastronómica, viajar hasta Castelo Branco se convierte en una entretenida excursión, pero entonces aparecen las sorpresas que depara el camino, que ya sabemos desde Cervantes que es mucho más interesante que la posada.

Porque ir a Castelo Branco no es circular por cualquier carretera, sino recorrer la antigua ruta romana que llevaba desde Mérida hasta Coimbra y Braga, una calzada que saltaba y salta ríos mediante puentes magníficos y pasaba y pasa por ciudades romanas, que se conservan en buen estado de revista, como Idanha a Velha.

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

A Castelo Branco se va por la carretera que une Cáceres con Alcántara y el pueblo fronterizo de Piedras Albas, famosa aduana por estar alejada de casi todo y ser la escogida por los periodistas españoles que, con Manu Leguineche al frente, se adentraron en Portugal sin demasiados problemas para contar sobre el terreno la revolución del 25 de abril. Hace de eso 40 años, pero no ha cambiado lo fundamental: aunque la aduana es un edificio abandonado, la soledad sigue presidiendo esta frontera por donde pasa un coche cada mucho.

Segura, pueblo fronterizo portugués visto desde el rayano río Erjas

Segura, pueblo fronterizo portugués, visto desde el rayano río Erjas

Dejando a un lado las bellezas conocidas (retablo de Arroyo de la Luz, iglesia de Brozas, villa y puente de Alcántara), nos detendremos unos metros después de cruzar el puente fronterizo de Segura sobre el río Erjas, ya en Portugal, y nos asomaremos al paisaje. Al fondo, descubriremos un espectacular desfiladero fluvial. El Erjas baja por aquí encajonado y sus aguas traen una fuerza descomunal, sobre todo en invierno. Se puede bajar hasta el lecho del río y entretenerse paseando por la orilla y curioseando los molinos.

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Castelo Branco es una de las ciudades que más crece de Portugal. Este verano inauguraron un moderno aeródromo (en Castelo Branco está instalado un importante laboratorio de ensayos aeronáuticos). En la plaza principal está el centro de arte contemporáneo y un cómodo párking subterráneo. Podemos dejar el coche aquí para callejear buscando un lugar donde comer.

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Otra sala del CCCCB

Otra sala del CCCCB

El mejor restaurante de Casteo Branco nos sigue pareciendo Praça Velha, situado en el Largo Luis de Camoens, en la parte vieja. Es uno de los grandes de la Raya. Ambiente, servicio, cocina y precio se conjugan para conseguir que el placer de comer se convierta en una fiesta donde nada rechine. Los platos tradicionales son cocinados con un punto de aventura y sirven desde un aterciopelado de zanahoria y coco con mini pinchos de gambas marinadas, hasta una posta de bacalao en cama de puré garbanzos cubierto con tomate seco y aceite de trufa blanca.

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Pero el Praça Velha ya está consagrado y hoy buscamos un restaurante popular y barato para experimentar. Se llama Retiro do Caçador y está a un paso de la Catedral. La calle se llama Ruivo Godinho y en ella hay cuatro restaurantes sencillos. El Retiro es el más concurrido. Tiene mesas corridas. Por 1.50 euros tomamos una tonificante canja de galinha: sopa espesa de estrellitas de pasta, sabrosa de sustancia y llena de higadillos de pollo y carne. Sigue un bacalao al estilo del Retiro: bárbara fuente de bacalao con salsa y patatas fritas (10 euros). De postre: natillas, gelatina o flan.

Por la mañana, puentes y paisajes. A mediodía, arte. Tras la comida, algún libro y algún detalle en el centro comercial, situado camino de la autopista. Un viaje entretenido.

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

Monforte, el país de los Moura

En medio de la llanura alentejana, se yergue Monforte. Es una villa estratégica, situada sobre un promontorio en el que confluyen siete carreteras, que vienen de Elvas, Borba, Estremoz, Fronteira, Alter do Chão, Portalegre y Arronches, convirtiendo Monforte en capital de esta comarca alentejana marcada por las dehesas, las planicies, los toros bravos y los caballos lusitanos.

Aunque lo que hace de Monforte una referencia de españoles y portugueses no es ser un cruce de caminos, sino su carácter de capital del rejoneo portugués por haber nacido en ella la dinastía de los Moura.

Una mujer pasa por una calle de Monforte, junto a una fachada plagada de carteles de rejoneo

Una mujer pasa por una calle de Monforte, junto a una fachada plagada de carteles de rejoneo

De esas siete carreteras que empatan en Monforte, hay una especialmente simbólica. Va al municipio de Alter do Chão y une, en fin, la capital de los rejoneadores portugueses con la capital de los caballos lusitanos. Justo en esa carretera, a pocos kilómetros de Monforte y tomando una senda a la derecha, se llega a la Quinta de Santo António, donde la familia Moura reside, entrena y cría su ganado y sus caballos.

La dinastía de los Moura es larga y variada. João, el patriarca, nació en Monforte en 1960. Con 14 años debutaba con caballos y público en la legendaria plaza lisboeta de Campo Pequenho. Dos años después, en 1976, se estrenaba en la plaza de toros de Las Ventas, para tomar la alternativa en Santarem, otra de las más importantes plazas de Portugal, el 11 de junio de 1978. Su hijo Miguel nació en 1996, también en Monforte y también se dedica al rejoneo. Con 17 años, su padre le daba la alternativa en Las Ventas al tiempo que se retiraba.

Además del padre y el hijo rejoneadores, está el pequeño Miguel Moura, que es torero. La familia no acaba aquí. Hay un primo rejoneador: Paulo Queitano, que a su vez, tiene un hijo torero: João Moura Queitano. A ellos hay que añadir otro sobrino con el que no contábamos y que nos apunta un caballero en una terraza de la plaza principal de Monforte: Antonio Benito Moura.

En Monforte, los Moura son el orgullo local. La población está plagada de carteles anunciando la presencia de los toreros y rejoneadores de la familia en las diferentes plazas de España y Portugal. La plaza de toros de la localidad se llama João Moura Pai y se levanta en el pueblo un Centro de Interpretación de la Tauromaquia.

El año pasado, João Moura hijo subió a Facebook unas imágenes en las que se veían varios perros de presa atacando a una vaquilla. Las fotos causaron una gran indignación en Portugal y el joven rejoneador fue denunciado a las autoridades. Facebook retiró las imágenes, pero las fotos han quedado como un baldón que en Monforte han tomado casi como un ataque a las esencias del pueblo y se irritan y defienden si se les menciona el caso.

En la oficina de Turismo, informan detalladamente de cuantas vicisitudes rodean a la saga local de rejoneadores y detallan cómo llegar hasta su finca. En el restaurante O Caçador, famoso por su arroz y sus alubias con liebre, se podían contar 50 carteles de corridas en las que han intervenido los Moura.

Hay otros restaurantes más elegantes y modernos, pero también con platos tradicionales como el porco preto.

Monforte tiene 3.200 habitantes y, como cualquier otro municipio alentejano o extremeño, en 1960, tenía más del doble: 7.300. Más allá del rejoneo, paseando por su casco antiguo, se puede visitar el museo municipal, la torre del reloj, los restos del castillo, el palacio municipal del XVII o la capilla de los huesos, adosada a la iglesia parroquial, con decenas de cráneos y huesos incrustados en sus paredes y tan inquietante como otras capillas semejantes de Campo Maior y Évora.

Las plazas de toros más antiguas están en la Raya

La Raya es el epicentro histórico de la arquitectura taurina peninsular. A uno y a otro lado de la frontera, entre Extremadura y el Alentejo, se sitúan las plazas de toros más antiguas de la Península: Puebla de Sancho Pérez, datada a mediados del siglo XIV, y Sousel, que fue construida en 1725.

Grada y albero de la plaza de toros de Sousel, la más antigua de Portugal

Grada y arena de la plaza de toros de Sousel, la más antigua de Portugal

Sousel es un pueblecito que cumple con todo lo que se espera de un enclave alentejano: está sobre un cerro, sus casas son blancas, sus iglesias, más blancas aún, pero con el añadido cromático de algún azulejo, abundan los cafés y arriba, en lo alto, a falta de castillo, hay una pousada y una plaza de toros.

La plaza de toros de Sousel fue construida en 1725

La plaza de toros de Sousel fue construida en 1725

Como el coso queda tan a trasmano y tan al final de una cuesta interminable, allí solo se celebra una corrida al año, la de la romería de la Virgen el lunes de Pascua. En las demás fiestas del año, traen una plaza portátil y la colocan en el centro del pueblo, que nadie pueda decir que no va a los toros porque se cansa.

El Alentejo es la región más taurina de Portugal, donde pastan las mejores ganaderías, nacen los grandes rejoneadores y se levantan la mitad de las plazas de toros del país. En todo Portugal hay 70 cosos. Solo en el Alentejo contamos 36.

En la plaza de Sousel, alejada del casco urbano,l solo se celebran corridas el día de la Virgen, el resto del año, instalan una portátil en el pueblo

En la plaza de Sousel, alejada del casco urbano, solo se celebran corridas el día de la Virgen, el resto del año, instalan una portátil en el pueblo

Si en el lado extremeño encontramos plazas con tanta solera como las de La Parra, del siglo XVI, Fuente del Maestre (1828), Almendralejo (1843), Zafra (1844) o Cáceres (1846) y otras levantadas antes de que acabara el XIX, caso de las de Barcarrota, Olivenza, Jerez, Plasencia, Alburquerque y Azuaga (1892). En el lado alentejano, y justo al lado de la frontera, no nos van a la zaga en cuanto a plazas históricas: Arronches (1894), Assumar (1861) o Santa Eulalia (1895).

Dos turistas portuguesas visitan las cuadras de la plaza de Sousel

Dos turistas portuguesas visitan las cuadras de la plaza de Sousel

En Extremadura hay 57 plazas de toros. Si sumamos las alentejanas, nos salen 93 plazas situadas en el entorno de La Raya, a las que se podrían sumar algunas de las seis que alberga la Beira, fronteriza con el norte extremeño.

Para visitar la plaza de Sousel, hay que pedir la llave en la Pousada, que queda enfrente. Es un coso muy sencillo y rural, encalado y con algunos dibujos de toque naif como el que anuncia la cuadra de mulillas. Tiene la ventaja de que, si la corrida aburre, desde las 1.400 localidades se disfruta de unas vistas impresionantes de la llanura alentejana.

En el graderío de Sousel caben 1.400 espectadores

En el graderío de Sousel caben 1.400 espectadores

En esto de las plazas de toros peninsulares, también hay círculos elitistas y polémicas históricas. El otro día estuvimos en la plaza de toros de Almadén, que con su arquitectura hexagonal, sus viviendas y su hotel es una de las más interesantes del país. La plaza de Almadén, levantada en 1765, forma parte de la Unión de Plazas Históricas de España, un coto cerrado, aunque últimamente parece empezar a abrirse, formado, además, por las plazas de Almagro, Zalamea la Real, Toro, Tarazona, Santa Cruz de Mudela, Aranjuez, Campofrío, Béjar, Lima, Puerto de Santa María, Rasines (Cantabria) y Azuaga. Llama la atención que plazas históricas como las de Miranda del Castañar, Tembleque o Riaza, además de muchas extremeñas y portuguesas, no formen parte de esta asociación.

Puerta de cuadrillas de la plaza de Sousel

Puerta de cuadrillas de la plaza de Sousel

En sus estatutos incluyen estas condiciones para ser considerada plaza histórica: que no sea una plaza mayor y que no se construyera junto a una ermita. Lo curioso es que estas condiciones no las cumplen algunas de las admitidas en la asociación: Almagro, plaza pública, o Santa Cruz de Mudela, situada junto a un santuario.

Fachada del centro de Sousel

Fachada del centro de Sousel

Pero dejemos a un lado estas polémicas engorrosas y, mientras recorremos las calles de Sousel, quedémonos con el dato cierto: las plazas rayanas de Extremadura y el Alentejo son las más antiguas de España y de Portugal y constituyen un patrimonio arquitectónico único.

Puerta de las cuadras de la plaza de toros de Sousel

Puerta de las cuadras de la plaza de toros de Sousel

Castelo Branco tiene arte

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

En Castelo Branco, todos los caminos llevan a la plaza principal. La plaza albicastrense era un desangelado contenedor de coches con dos gracias: el Teatro Cine Avenida, a un lado y el restaurante Kalifa, al otro. Pero en 1986, un incendio acabó con el teatro y la megaplaza pareció morir. Sin embargo, se trataba de una crisis necesaria para renacer.

La gran plaza se convirtió en trasunto de la ciudad y, al tiempo que a Castelo Branco llegaban los centros comerciales, las industrias y hasta un aeródromo, su plaza referencial vivía una transformación impensable de la mano del arquitecto catalán Josep Lluís Mateo y se convertía en un espacio peatonal rabiosamente moderno con cafés, tiendas y restaurantes luminosos y un párking subterráneo.

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Btranco

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Al tiempo que la plaza se reformaba, el Teatro Cine Avenida renacía de las cenizas en el año 2002 y marcaba la nueva vocación cultural de la ciudad con una programación de primera categoría. En Castelo Branco se puede visitar el museo Cargaleiro con sus tapices y sus pinturas. El Tavares Proença Junior muestra bordados y arqueología. Las salas de Correos y de Nora (en el Teatro Cine) acogen exposiciones temporales. Y la guinda suprema, que ha coronado tres lustros de proyectos, es el Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco, el CCCCB, cuyas iniciales son un lío al confundirse con el CCCB de Barcelona y el CCB de Belem en Lisboa.

El CCCB de Castelo Branco

El CCCCB de Castelo Branco

Hoy, la inmensa plaza de Castelo Branco está presidida por un edificio fascinante que parece que va a echar a volar. Es este CCCCB, este museo de arte contemporáneo levantado por el mismo arquitecto que triunfó con la plaza: Josep Lluís Mateo.

El edificio se ha hecho a la portuguesa: lento, pero seguro. Pasaron diez años desde que encargaron el proyecto a Mateo hasta que comenzaron las obras. Este contenedor de arte fascinante merece por sí solo una visita. Pero también la merece su contenido: la colección de arte hispanoamericano de José Berardo, que tiene también obras de su propiedad en Lisboa, en el Centro Cultural de Belem, y en Bombarral.

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

El CCCCB fue inaugurado el 13 de octubre del pasado año y desde entonces ha recibido más de 5.000 visitantes de taquilla. Cierra los lunes. El resto de la semana abre de 10 a 13 y de 14 a 18 horas. Bajo el edificio, hay una pista de patinaje sobre hielo. La entrada cuesta dos euros y cuenta con cafetería, tienda y un auditorio con capacidad para 275 personas y una acústica formidable, que fue concebido para que en él trabajara la pianista María João Pires antes de escapar del vecino Belgais al exilio cultural brasileño.

Arte latinoamericano en el CCCCB

Arte surrealista  latinoamericano en el CCCCB

Las obras expuestas en el CCCCB son una completa muestra del último arte latinoamericano. Están representados todos los países del área. Destacan las creaciones de los mejicanos Diego Rivera y Rufino Tamayo, del ecuatoriano Oswaldo Guayasamín o de la principal referencia del Modernismo uruguayo: Joaquín Torres García.

Esculturas y cuadros en el CCCB

Esculturas y cuadros en el CCCB

Paseando, ascendiendo por rampas que emocionan, admirando, salen al paso las obras del hiperrealista chileno Guillermo Muñoz o de otro hiperrealista interesante: Guillerme Muñoz Vera, retratista de la Casa Real española, cuyo cuadro “Semana Santa en Sevilla” atrapa la mirada de los visitantes españoles. Llaman la atención los contemporáneos brasileños: Adriana Varejão, Ernesto Neto, Vick Muniz o Walter Goldfarb. Culminan la colección las esculturas del colombiano Botero y un cuadro emocionante del surrealista chileno Roberto Matta.

Una de las salas de pintura del CCCCB

Una de las salas de pintura del CCCCB

Será la apuesta cultural de sus últimos alcaldes, Joaquín Morão y Luis Correia, será el empuje emprendedor de la ciudad, lo cierto es que Castelo Branco es la única población de la Beira que no ha perdido población en el último censo (39.000 habitantes, la ciudad y 56.000, el municipio). Desde octubre, es una visita cultural ineludible.

Mértola, puerto del reino de Badajoz

Mértola es un villa museo, pero a mis compañeros de bar no les debe de importar demasiado. Mientras escribo, justo encima del Guadiana, ellos beben Sagres helada y aventuran el resultado del Sporting-Oporto de la Copa de la Liga, que va a disputarse por la noche. Es la hora de la siesta en este balcón sobre el río y en esta ciudad, una de las más bellas de Portugal. Estoy en el café del mercado de abastos, cuya singularidad es que su terraza para fumadores pende sobre un paraje fluvial espectacular protagonizado por un Guadiana plenamente portugués: en este tramo, después de Cheles, el río se aparta del territorio español para retomarlo unos kilómetros más abajo, cuando busque, ya definitivamente, el mar en Ayamonte.

El río Guadiana a su paso por la ciudad de Mértola

El río Guadiana a su paso por la ciudad de Mértola

Mértola es un pueblo bellísimo, de los que te obligan a detener el coche, contemplar el panorama y soltar adjetivos del tipo increíble y alucinante o lanzar exclamaciones adolescentes como qué pasada, qué flipe y cómo mola. Hay que reconocerlo, Mértola es una pasada que mola. Aunque para alucinar en colores, hay que llegar desde el sur del río: la sorpresa será increíble de verdad cuando descubramos esta villa de 8.000 habitantes descendiendo, parsimoniosa y elegante, desde la torre del homenaje de su castillo, levantada en 1292, hacia el Guadiana, que discurre, ya sin embalses ni obstáculos, por su lecho natural, bien hundido y espectacularmente encajonado.

Alucinar ante Mértola no es nada raro: lo vienen haciendo todas las civilizaciones. Un espacio museístico de excavaciones permite conocer vestigios romanos, árabes, cristiano-medievales… Se puede visitar una iglesia que fue mezquita en el siglo XII y ha conservado los arcos y la traza musulmana. El visitante puede conocer el taller de tejidos, la torre romana del río, una basílica paleocristiana, el museo de la villa… Pero más allá de esas visitas, lo que no se olvida es el deambular demorado por sus calles blancas, que giran de pronto y te dejan ante un mirador inesperado que parece volar sobre el Guadiana.

Calle de Mértola descendiendo hacia el río

Calle de Mértola descendiendo hacia el río

En ese río y en este lugar, hicieron los fenicios un puerto y con los árabes, las naves partían desde aquí, Guadiana abajo, hasta los puertos del norte de África. Tras ser reconquistada la ciudad por Sancho II de Portugal en 1238, el puerto perdió importancia para recobrarla con la aventura portuguesa en el norte de África a partir del siglo XV.

Cae la tarde sobre esta terraza mirador del Café del Mercado. Se apagan las voces de los futboleros, que se marchan a jalear al Sporting. No soy capaz de apartar la vista del río. Es un Guadiana extraño para mí y para la mayoría de los extremeños, que lo conocemos expandido, ancho, ya sea en embalses de la Serena, ya sea cruzando nuestras vegas o nuestras ciudades. Aquí es distinto, parece más salvaje, menos domado, como si fuera un un río de verdad, de los que se sublevan contra los designios de las confederaciones y los ingenieros. Recuerda un poco al Duero en Peso de Regua, con el agua abajo y la tierra dispuesta en peldaños: viñedos ascendentes de bancal en bancal.

Anochece en las calles de Mértola

Anochece en las calles de Mértola

Mértola queda a 50 kilómetros al sur de Beja y no es excursión de un día si se quiere disfrutar despacio. Es Alentejo extremo, transición hacia el Algarve, pero perteneció a la Extremadura histórica, a aquel país casi mítico que primero se llamó Lusitania y luego,  emirato de Batalyaws. También fue taifa independiente y sede de la Orden de Santiago en Portugal.

En su tiempo, era una de las ciudades más bellas administradas por la Mérida romana, por la Mérida visigoda y por la Badajoz musulmana. Por eso es algo nuestra y uno no se siente extraño cuando la recorre. Ya no tiene puerto, ni es reino taifa ni sede de la Orden de Santiago y ha perdido 18.000 habitantes desde 1930, pero los arqueólogos la han convertido en una villa museo donde los futboleros beben cerveza y los extremeños recordamos los tiempos gloriosos en que éramos reino independiente con puerto y todo.

Café Guadiana, en la plaza principal de Mértola

Café Guadiana, en la plaza principal de Mértola

Mercadillos de la frontera

Fuentes de Oñoro. Años 70. La cantinera de la estación de ferrocarril estrena coche cada año. Se lo regala la empresa Viuda de Solano en agradecimiento a las cantidades ingentes de pastillas de café con leche que vende a los viajeros. El carnicero del pueblo también marcha viento en popa: vende pies de cerdo a toneladas. Se los traen de Corea congelados en trailers para que los portugueses puedan preparar sus pezinhos con coentrada, uno de los platos nacionales lusos, que cocinan especialmente bien en el restaurante Sao Rosas de Estremoz. Otro comerciante de Fuentes de Oñoro que hace su agosto todo el año es el farmacéutico. Su producto estrella: el Ceregumil, un revitalizador que le llega en vagones de tren repletos del milagroso producto.

portalegre1 copia

Mercadillo de Portalegre

A los portugueses, les gustan mucho los caramelos, los reconstituyentes, los pies de cerdo y los mercadillos. Los tres primeros productos los han comprado mucho en España. En cuestión de mercadillos, ellos son los maestros.

Fuentes de Oñoro está en la raya de Salamanca con el distrito de Guarda. Al otro lado de la frontera queda el pueblo hermano de Vilar Formoso. A los extremeños del sur, estas dos localidades les dicen más bien poco. Para los del norte son la referencia de sus compras fundamentales: de allí traían el ajuar de las bodas, la vajilla de los días de fiesta y el café de cada mañana. Ahora equipan allí a sus hijos para el cole.

Desde hace muchos años, en la última semana de cada mes aparecen en las farolas y en las panaderías de los pueblos y ciudades de Cáceres folios escritos anunciando el viaje obligatorio al mercadillo del primer sábado de mes en Fuentes de Oñoro. El autocar sale a las seis de la mañana de Cáceres y regresa bien entrada la noche. Pero el esfuerzo merece la pena: tres kilómetros de puestos esperan al viajero extremeño para tentarlo con marcas falsas, capas recias, botas a medida y todo tipo de embutidos, quesos, semillas, gorros y gallinas de raza.

sousel 039 copia

Churrera en el mercadillo de Sousel

Fuentes de Oñoro y Vilar Formoso son dos pueblos paralelos que han corrido suerte dispar tras la eliminación de las fronteras. A principios de los 80, ambas localidades vivían un tiempo de esplendor económico gracias al comercio, el contrabando y las aduanas. Hoy, Fuentes de Oñoro languidece agonizante y Vilar Formoso crece espléndida y vital con sus calles llenas de hoteles, comercios y pastelerías.

Resulta llamativo lo que sucede con la autovía que une Lisboa y Oporto con Europa sin interrupción excepto en Fuentes de Oñoro. Al llegar a esta localidad, los cuatro carriles desaparecen y hay que recorrer el pueblo para volver a coger la autovía ya en Portugal. Es una sinrazón basada en esa creencia de que si los coches pasan por el centro de las ciudades, los viajeros paran a comprar. Fuentes de Oñoro es un ejemplo evidente de lo contrario: la villa languidece y los conductores sufren la mentecata decisión de no enlazar las autovías en la frontera. El pasado mes de junio se dieron por fin los últimos pasos para construir los cinco kilómetros que faltan en el tramo español.

portalegre6 copia

Puesto de lencería en el mercadillo de Portalegre

Lo que no ha decaído en este tiempo es el mercadillo portugués, un paraíso de las marcas falsas similar al que se celebra en Portalegre. El de Vilar Formoso es famoso por las zapatillas deportivas de primeras marcas a un precio que oscila entre los 20 y los 40 euros. En estas fechas de principio de curso, lo que más preocupa al consumidor en Extremadura es el equipamiento escolar. Los extremeños del sur se acercarán a Portalegre el tercer domingo de septiembre. Los del norte irán el primer sábado de octubre a Vilar Formoso. Si en los años 70, eran los españoles de Fuentes de Oñoro quienes se hacían de oro vendiendo caramelos, reconstituyentes y pies de cerdo de verdad, ahora son los portugueses de Vilar Formoso y Portalegre quienes se forran a base de vender Nike, Adidas y Puma… de mentira.