La Raya portuguesa en el norte de África: La conquista de Ceuta

La medina de Asilah o Arcila es blanca y azul. Parece una medina de postal. Una medina de colores pastel para que los turistas la fotografíen. No ves puestos cutres ni tienes encuentros inquietantes. Todo parece tan de película o de anuncio de colonia que de pronto, en una esquina, te encuentras con Andreu Buenafuente y su familia y aquello parece el rodaje de un spot sobre Maroclandia, el país de la felicidad dulzona.

La medina de Asilah está llena de estudios de pintores

La medina de Asilah está llena de estudios de artistas

El popular presentador español de televisión Andreu Buenafuente paseando con su familia por la medina de Asilah

El popular presentador español de televisión Andreu Buenafuente paseando con su familia por la medina de Asilah

El encanto de Marruecos son precisamente las medinas abigarradas y poco pasteleras, esos comerciantes y personajes que parecen salidos de una película de espías o de criminales y te hacen sospechar que en cualquier esquina te van a acuchillar, cuando lo único que hacen es saludarte con cariño, llamarte Antonio o María, independientemente de cuál sea tu nombre verdadero, e indicarte el camino hacia la parte más bella del zoco o la kasbah.

Las casas de la medina de Asilah están reformadas y muchas han sido compradas por españoles

Las casas de la medina de Asilah están reformadas y muchas han sido compradas por españoles

Pero Asilah es diferente. Y la razón, como casi siempre, estriba en una mezcla de caciquismo y política que le ha venido muy bien a esta pequeña ciudad marítima del norte de Marruecos para convertirse en un pueblo de turistas y fotografías. Resulta que un ministro de Cultura marroquí era de Asilah y dedicó una parte de sus presupuestos a poner su pueblo como los chorros del oro. Así que llegas a Asilah en tren desde Tánger (32 dirhams el billete de ida y vuelta en Segunda y 40 minutos de viaje en trenes cómodos, aunque no absolutamente limpios), coges un taxi por 20 dirhams hasta la medina y ya puedes preparar tarjetas para tu cámara o gigas libres para tu teléfono porque te vas a hartar de hacer fotos. ¡Ah, un dirham equivale a 0’11 euros! O sea, que pueden redondear para conseguir una equivalencia sencilla: diez dirhams, un euro.

La medina de Asilah es azul y blanca y los puestos callejeros tienen gusto estético

La medina de Asilah es azul y blanca y abundan los grafitis estéticos

Hoy hemos venido a Asilah porque esta pequeña ciudad marroquí también es Raya. Concretamente, aquí estuvo la Raya portuguesa en África. Esta es una historia no muy conocida en España, donde solemos creer que el norte de África siempre fue español y que Ceuta, Tánger y demás nos han pertenecido desde antiguo. Pero los europeos que primero se fijaron en esta zona del mundo fueron los portugueses.

Puesto de babuchas en la medina de Asilah, donde el comercio también es selecto y delicado

Puesto de babuchas en la medina de Asilah, donde el comercio también es selecto y delicado

Asilah fue la última ciudad portuguesa de la Raya africana. Pasó a manos del sultán Mulay Ismael en 1691, ocupándola luego España entre 1911 y 1956. De Portugal, conserva las murallas y algunas fortificaciones. De España, los turistas innumerables y la facilidad de los nativos para expresarse en castellano.

Los carritos de venta de zumo de naranjas recién exprimidas son comunes en Marruecos, también en Asilah

Los carritos de venta de zumo de naranjas recién exprimidas son comunes en Marruecos, también en Asilah

Pero las ciudades que realmente atrajeron a Portugal hacia el norte de Marruecos fueron Tánger y Ceuta. Estos dos enclaves tenían una importancia fundamental en el comercio a finales de la Edad Media. Tánger era con Marsella, Barcelona, Génova y Venecia uno de los cinco puertos más importantes del Mediterráneo y Ceuta era un enclave comercial de primer orden desde el que se controlaba el mercado de oro procedente de Sudán.

Vista del puerto de Tánger desde la terraza del hotel Dar Chams Tanja

Vista del puerto de Tánger desde la terraza del hotel Dar Chams Tanja

Portugal, el reino más antiguo de la Península, ya había acabado su guerra de Reconquista y deseaba seguir extendiéndose. Por esta razón, el rey Juan I decidió iniciar una aventura africana de la que esperaba conseguir beneficios interesantes.

Preparó en primer lugar la conquista de Ceuta. Y lo hizo de manera rigurosa, pormenorizada y sin prisas. Envió a la ciudad a dos espías disfrazados de mercaderes. Estuvo años preparando la expedición en secreto. Decidió ir él en persona y esto atrajo a toda la nobleza portuguesa, que se embarcó personalmente en la empresa.

Puerta de entrada desde el Atlántico a la muralla de Tánger

Puerta de entrada desde el Atlántico a la muralla de Tánger

El 21 de agosto de 1415, el rey Juan I, acompañado de sus cuatro hijos, los infantes Eduardo, Pedro, Enrique y Fernando, al mando de 200 embarcaciones y 50.000 soldados, conquistó Ceuta con cierta facilidad. Pero faltaba dominar la otra perla norteafricana, la del lado occidental del Estrecho de Gibraltar: Tánger. Hubo que esperar al sucesor de Juan, su hijo Eduardo I, que decidió continuar la empresa africana del padre. Pero la facilidad de la conquista de Ceuta lo llevó a confiarse. Esta vez no preparó la expedición con tiempo, tampoco envió espías que informaran de las defensas de la ciudad. Es más, él decidió no ir y con ello, la nobleza también se retrajo y enviaron menos tropas y menos pertrechadas.

Vista de la muralla de Tánger en su flanco marítimo

Vista de la muralla de Tánger en su flanco marítimo

Al mando de la expedición estuvieron sus hermanos. El infante Enrique atacó Tánger desde Ceuta y el infante don Fernando atacó desde el mar, desembarcando frente a las murallas tangerinas. Pero esta vez, la empresa se complicó. Desde la fortaleza de Tánger la resistencia fue muy dura y las tropas que llegaron de Ceuta fueron atacadas desde el interior del país por partidas de guerreros magrebíes de las cabilas.

Vista de la muralla de Tánger en el flanco que da al puerto

Vista de la muralla de Tánger en el flanco que da al puerto

Los portugueses se vieron conminados a firmar un tratado de rendición o a ser destrozados por los soldados del Magreb. Firmaron y el pacto consistió en que devolverían Ceuta a cambio de poder regresar sanos y salvos a Portugal. Como prenda y garantía, los portugueses dejaron en Tánger al infante don Fernando y los portugueses se llevaron al hijo del gobernador de Tánger. No se sabe qué sucedió con el hijo del gobernador, pero sí se sabe que don Fernando murió en Fez en 1443 desesperado porque Portugal no devolvió Ceuta: el rey quería, pero ni el Papa Eugenio IV ni la nobleza lusa lo permitieron.

Portugal quedaba marcada por aquella primera aventura africana y la monarquía portuguesa quedaba emplazada para vengar la derrota de Tánger y la muerte de don Fernando. En ese punto es cuando entra en liza la ciudad de Asilah y el rey Alfonso V de Portugal, que ampliará la Raya portuguesa en el norte de África. Pero eso se lo contaremos en el siguiente capítulo.

Tangerinos sentados en lo alto de la Kasbah, con las murallas a sus espaldas,, contemplando la Peninsula, desde donde llegaban sus conquistadores

Tangerinos sentados en lo alto de la Kasbah, con las murallas a sus espaldas,, contemplando la Península, desde donde llegaban sus conquistadores

Las plazas de toros más antiguas están en la Raya

La Raya es el epicentro histórico de la arquitectura taurina peninsular. A uno y a otro lado de la frontera, entre Extremadura y el Alentejo, se sitúan las plazas de toros más antiguas de la Península: Puebla de Sancho Pérez, datada a mediados del siglo XIV, y Sousel, que fue construida en 1725.

Grada y albero de la plaza de toros de Sousel, la más antigua de Portugal

Grada y arena de la plaza de toros de Sousel, la más antigua de Portugal

Sousel es un pueblecito que cumple con todo lo que se espera de un enclave alentejano: está sobre un cerro, sus casas son blancas, sus iglesias, más blancas aún, pero con el añadido cromático de algún azulejo, abundan los cafés y arriba, en lo alto, a falta de castillo, hay una pousada y una plaza de toros.

La plaza de toros de Sousel fue construida en 1725

La plaza de toros de Sousel fue construida en 1725

Como el coso queda tan a trasmano y tan al final de una cuesta interminable, allí solo se celebra una corrida al año, la de la romería de la Virgen el lunes de Pascua. En las demás fiestas del año, traen una plaza portátil y la colocan en el centro del pueblo, que nadie pueda decir que no va a los toros porque se cansa.

El Alentejo es la región más taurina de Portugal, donde pastan las mejores ganaderías, nacen los grandes rejoneadores y se levantan la mitad de las plazas de toros del país. En todo Portugal hay 70 cosos. Solo en el Alentejo contamos 36.

En la plaza de Sousel, alejada del casco urbano,l solo se celebran corridas el día de la Virgen, el resto del año, instalan una portátil en el pueblo

En la plaza de Sousel, alejada del casco urbano, solo se celebran corridas el día de la Virgen, el resto del año, instalan una portátil en el pueblo

Si en el lado extremeño encontramos plazas con tanta solera como las de La Parra, del siglo XVI, Fuente del Maestre (1828), Almendralejo (1843), Zafra (1844) o Cáceres (1846) y otras levantadas antes de que acabara el XIX, caso de las de Barcarrota, Olivenza, Jerez, Plasencia, Alburquerque y Azuaga (1892). En el lado alentejano, y justo al lado de la frontera, no nos van a la zaga en cuanto a plazas históricas: Arronches (1894), Assumar (1861) o Santa Eulalia (1895).

Dos turistas portuguesas visitan las cuadras de la plaza de Sousel

Dos turistas portuguesas visitan las cuadras de la plaza de Sousel

En Extremadura hay 57 plazas de toros. Si sumamos las alentejanas, nos salen 93 plazas situadas en el entorno de La Raya, a las que se podrían sumar algunas de las seis que alberga la Beira, fronteriza con el norte extremeño.

Para visitar la plaza de Sousel, hay que pedir la llave en la Pousada, que queda enfrente. Es un coso muy sencillo y rural, encalado y con algunos dibujos de toque naif como el que anuncia la cuadra de mulillas. Tiene la ventaja de que, si la corrida aburre, desde las 1.400 localidades se disfruta de unas vistas impresionantes de la llanura alentejana.

En el graderío de Sousel caben 1.400 espectadores

En el graderío de Sousel caben 1.400 espectadores

En esto de las plazas de toros peninsulares, también hay círculos elitistas y polémicas históricas. El otro día estuvimos en la plaza de toros de Almadén, que con su arquitectura hexagonal, sus viviendas y su hotel es una de las más interesantes del país. La plaza de Almadén, levantada en 1765, forma parte de la Unión de Plazas Históricas de España, un coto cerrado, aunque últimamente parece empezar a abrirse, formado, además, por las plazas de Almagro, Zalamea la Real, Toro, Tarazona, Santa Cruz de Mudela, Aranjuez, Campofrío, Béjar, Lima, Puerto de Santa María, Rasines (Cantabria) y Azuaga. Llama la atención que plazas históricas como las de Miranda del Castañar, Tembleque o Riaza, además de muchas extremeñas y portuguesas, no formen parte de esta asociación.

Puerta de cuadrillas de la plaza de Sousel

Puerta de cuadrillas de la plaza de Sousel

En sus estatutos incluyen estas condiciones para ser considerada plaza histórica: que no sea una plaza mayor y que no se construyera junto a una ermita. Lo curioso es que estas condiciones no las cumplen algunas de las admitidas en la asociación: Almagro, plaza pública, o Santa Cruz de Mudela, situada junto a un santuario.

Fachada del centro de Sousel

Fachada del centro de Sousel

Pero dejemos a un lado estas polémicas engorrosas y, mientras recorremos las calles de Sousel, quedémonos con el dato cierto: las plazas rayanas de Extremadura y el Alentejo son las más antiguas de España y de Portugal y constituyen un patrimonio arquitectónico único.

Puerta de las cuadras de la plaza de toros de Sousel

Puerta de las cuadras de la plaza de toros de Sousel

“El Cristo” de los portugueses

Hace 15 años, mi periódico de entonces, La Voz de Galicia, me envió a Extremadura para hacer un reportaje sobre una comarca que allí llamaba mucho la atención. Se trataba de tres pueblecitos, pegados a Portugal y Salamanca, situados en la esquina noroeste de la provincia de Cáceres.

En Galicia, aquellos pueblos estaban de moda porque, según había contado la Telegaita, que es como allí llaman a la tele autonómica, en los tres se hablaba gallego. Las facultades de Filología de las tres universidades de la región organizaban frecuentes excursiones a la zona y los nacionalistas del BNG estaban como locos con aquel enclave galaico de Extremadura.

Aunque mi madre es del cercano Ceclavín y yo era de Cáceres, la verdad es que no había visitado nunca los tres pueblos en cuestión, o sea, Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo.

Así que aquel viaje fue toda una sorpresa y estuvo lleno de emociones. Lo que más me sorprendió fue el orgullo con que los habitantes del Val do Xálima hablaban su fala, frente a cierta vergüenza que aún embargaba a los gallegos cuando hablaban su lengua, que, generalmente, consideraban como menos fina que el castellano.

Recuerdo que, en la escuela de Valverde del Fresno, hice una foto a una maestra que, ante sus alumnos, escribía en la pizarra: “A nosa lingua é a nosa fala”. Aunque a fala no es en absoluto gallego, por mucho que se empeñaran en Galicia, lo cierto es que esa frase es completamente gallega, la fotografía se archivó digitalmente en el periódico y, aún hoy, en La Voz de Galicia, cuando tienen que ilustrar un tema de polémica lingüística con una fotografía, echan mano del archivo y publican la de la maestra valverdeira con sus alumnos como si la escuela estuviera enclavada en A Mariña lucense o en el Barbanza coruñés.

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

En aquel viaje, me llevaron a comer a un bar que me dejó boquiabierto por lo barata y lo rica que estaba la comida. Me llamó la atención que, siendo un día de diario, estuviera lleno de portugueses. El bar se llamaba Inocencio y, hace unos días, pasé por Valverde del Fresno y lo busqué.

No es fácil dar con él. Está escondido detrás de la iglesia de Valverde, en una zona silenciosa, sin gente ni tráfico. Pero acabas encontrándolo, al igual que lo encuentran cada día decenas de portugueses. Para ellos, el Inocencio de Valverde es lo mismo que El Cristo de Elvas para los españoles.

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Vayas el día que vayas, en el Inocencio hay mayoría de comensales lusos. Se trata de un ejemplo de cómo triunfar y mantenerse en hostelería sin hacer aspavientos ni complicarse la vida. En la carta, los platos son básicos, pero seguros, sencillos, pero apetitosos: bacalao al horno, asado, con tomate o dorado, calamares fritos o a la plancha, chipirones en su tinta o en brocheta, ensaladas, carrillera, magro, albóndigas, ragut, tortilla…

Hay concesiones marisqueras a los portugueses (gambas y langostinos a la plancha), unos surtidos muy apañados de croquetas de varios rellenos (bacalao, atún, boletus), platitos de casquería variada (callos, oreja, lengua, riñones) y de sartenes de huevos con migas, con patatas y patatera o con patatas y gulas, a cada cual más rica.

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

¿Los precios? Entre los 3.25 euros de los platos de casquería y los 8.50 de las gambas a la plancha. ¿Los postres? Brocheta de fruta con chocolate caliente, chantilly y helado, crepes de chocolate y nata o de melocotón y queso, tarta de queso, helados Häagen Dazs…

Que nadie espere lujos. Es un bar correcto, de servicio atento y rápido, un bar español ruidoso y con la tele puesta para dar más marcha. Las raciones son españolas, que nadie espere un plato portugués de posta gigante de bacalao y guarniciones varias, pero está buenísimo. De aperitivo, unas aceitunas verdes, radiantes y sabrosas.

En 1998, había cola para comer. Quince años después, las colas siguen porque para los portugueses de Sabugal, Penamacor o Castelo Branco, decir Inocencio es decir placer y, además, los entienden con su medio gallego, medio portugués, medio leonés antiguo.

Las bragas verdes de Viriato

La gamberrada más estúpida que he hecho en mi vida ha sido colgarle unas bragas verdes en la mano a Viriato. Sucedió en Zamora, enfrente de la Diputación, yo tenía 15 años, estudiaba interno y reaccionaba contra la ciudad donde me internaban atacando su símbolo más querido: el caudillo lusitano Viriato. En Zamora había otro héroe local, Vellido Dolfos, el que mató al rey Sancho clavándole un venablo por la espalda, pero claro, Vellido era un traidor, Viriato, un traicionado y, entre uno y otro, los zamoranos lo tuvieron claro a la hora de escoger icono local y erigirle una estatua hace 110 años.

Para los niños españoles de los tiempos de Franco, el traidor por antonomasia no era el de siempre, o sea, Judas Iscariote, sino tres fascinerosos llamados Audax, Ditalkón y Minuro, lugartenientes de Viriato a los que Roma convenció para que le cortaran la cabeza en el año 139 antes de Cristo. ¿Pero dónde le cortaron la cabeza, dónde se fraguó la traición, es más: tienen los zamoranos alguna razón de peso para apropiarse de Viriato?

En España, hay tres personajes cuya nacencia se disputan unos y otros: Cristóbal Colón, Valle Inclán, que era un cachondo y añadió leña al fuego apuntando que nació en un barco, en medio de la ría de Arousa, y Viriato. Para los eruditos de Zamora, nació en Torrefresneda, comarca de Sayago. Para el erudito alemán Schulte, vino al mundo en la Sierra de la Estrella. Para los eruditos portugueses, pudiera ser de Viseu. En Santa Cruz de la Sierra le han puesto una lápida. Para la serie Hispania, nació en Coria. Para el programa Un país en la mochila, es de Guijo de Santa Bárbara. Y no faltan estudiosos que lo hacen turolense, valenciano, alentejano atlántico, medio de Huelva medio de Badajoz, de Verín o del mismísimo Grimaldo, junto a Cañaveral.

Si para crear un nacionalismo de la nada es preciso buscarse un héroe, Extremadura y el Alentejo lo tienen y es más importante que el gallego Breogán y el catalán Wilfred el Pilós juntos: ¡Viriato!

La culpa de tanta pasión lusitana la tienen Franco y Salazar, que convirtieron a Viriato en símbolo patriótico de las dictaduras de España y Portugal consiguiendo que para los niños de entonces Viriato significara lo que Cristiano y Messi significan para los niños de hoy. Y lo que se cree en la infancia ya se cree para siempre, aunque en Portugal, a partir de 1968, con las guerras coloniales, Viriato desapareciera de los libros de texto no fuera a dar alas a los independentistas de Angola y Mozambique.

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Las ciudades que más se creen lo de Viriato son la portuguesa Viseu y la castellana Zamora. En ambas hay estatuas en su honor, colegios con su nombre, clubes de fútbol y frentes futboleros ultras llamados Viriato… En Viseu, hay farmacia Viriato, teatro Viriato y un pastel llamado Viriato. En Zamora, el caudillo lusitano aparece incluso en el escudo de la ciudad.

Hace nada, en Viseu, desapareció la estatua de Viriato y Portugal entero se movilizó al entender que se trataba de un atentado terrible contra las esencias de la patria. Y es que con Viriato no se juega salvo si eres del pueblo cacereño de Guijo de Santa Bárbara. Por allí llegó Labordeta con su país en la mochila y le dijeron que Viriato era de allí, que había estudiado en la Academia Militar de Toledo, que les había dado para el pelo a los romanos y que estos se lo cargaron prometiendo dinero a unos traidores que fueron a buscarlo a una chabola, le cortaron la cabeza y se la llevaron a los romanos en una bolsa de plástico.

Con plástico o sin plástico, lo cierto es que en Guijo llevan siete años montando unas fiestas viriatas de aquí te espero, defienden ante quien sea que el caudillo lusitano nació en el campamento celta de Pimesaíllo y no le han levantado una estatua, así ni se la roban ni le cuelgan bragas, pero le han puesto una calle y son quienes más partido le sacan a un guerrero legendario que es de todas partes y de ninguna.

“Amo-te como uma louca”

Hoy, nos hemos venido hasta Beja, una de las capitales del Alentejo, para contarles una historia de pasión loca y prohibida, un enamoramiento imposible entre una monja y un militar.

El mentidero de Beja, donde pasa casi todo, está cerca de la Pousada. Alrededor de la cafetería Luis da Rocha, fundada en 1893 y famosa por sus cerditos de chocolate, están las tiendas, las pastelerías y muchos hombres maduros y estáticos contemplando el devenir… Y ya se sabe que el epicentro de cualquier localidad portuguesa es esa plaza, esa calle o esa esquina donde se colocan los hombres maduros a verlas venir.

Museo de Beja

Una plaza de Beja

A un paso de aquí, está el moderno Núcleo Museológico de Beja, donde se explica la historia de la ciudad, el teatro local, el museo Jorge Vieira, escultor de renombre fallecido en 1998, que vivió mucho tiempo tiempo en Estremoz, y el Museo Regional, donde se sitúa la historia de amor que hoy nos inspira.

Calle típica de Beja

Calle típica de Beja

Beja tiene 36.000 habitantes. La ciudad se yergue sobre un promontorio de 280 metros de altitud que no merece ni llamarse colina, pero que basta para presidir la llanura y atrae desde antiguo a todo el que pasa por aquí. La fundaron los celtas hacia el 400 antes de Cristo y en ella estuvieron los cartagineses. En Conistorgis (así la llamaron los celtas conios), se firmó la paz entre Julio César y los lusitanos. Por esta razón, recibió el nombre de Pax Julia. Con Augusto, fue capital de una de las tres divisiones de la Lusitania romana, las otras eran Mérida y Santarem.

En su escudo hay un castillo y un toro. La fortaleza se ve en cuanto te acercas a la ciudad. La levantaron los árabes y fue reconstruida en 1253 por los cristianos. Se pueden recorrer sus murallas y subir los 200 escalones en forma de caracol que llevan hasta su torre del homenaje, uno de los mejores miradores del Alentejo.

Sentado al sol en una plaza de Beja

Sentado al sol en una plaza de Beja

En cuanto al toro heráldico, tiene un origen legendario y un tanto cruel: homenajea a un pobre ternero envenenado, que los bejenses soltaron por los campos que habitaba una serpiente asesina que atemorizaba al pueblo. El reptil se zampó el bóvido y murió, salvándose así la población de la malvada serpiente.

Pero la historia más emocionante de la capital más calurosa de Portugal es la de su monjita enamorada. Se llamaba Mariana Alcoforado y vivió entre 1640 y 1723. Era una mujer bella y apasionada, coinciden los guías, que se enamoró del famoso conde o marqués de Chantilly o Chamilly, en ese punto no se ponen de acuerdo las crónicas ni los guías. El noble con nombre de nata merengada llegó a Beja en 1661  para defender la ciudad del ataque de las tropas españolas (los malos, ya saben). Conoció a Mariana y se enamoraron.

Moderno Núcleo Museológico de Beja

Moderno Núcleo Museológico de Beja

Se conserva la ventana del convento donde, según la leyenda, pelaban la pava la sor y el marqués. De hecho es lo más fotografiado de Beja. El caso es que la historia acaba regular. El marqués tuvo que regresar a su país y el amor tomó forma de erotismo epistolar: cinco cartas apasionadas de Mariana que fueron publicadas en vida de la Alcoforado. Se titularon “Cartas de amor de una monja portuguesa” y se han convertido en un clásico de la literatura universal.

Para recordar esta historia de perdición, nada mejor que cenar en la casa donde nació la monja, que hoy es el restaurante Alcoforado. Allí, comiendo unas ‘febras’ de ‘porco’ con gambas, bajo esta frase de una de las cartas escrita en la pared: “Amo-te como uma louca”, se puede evocar un amor imposible, el único que nunca se acaba.

Detalle de una calle bejense

Detalle de una calle bejense

Persiguiendo al diablo en Veracruz de Marmelar

En Vidigueira, nadie quiere hablar del tema. Hemos entrado en Portugal por la frontera de Villanueva del Fresno y preguntamos por Veracruz de Marmelar, el pueblo de los prodigios, pero la gente no suelta palabra y nos rehúye hasta que una mujer se apiada, nos indica el camino y nos avisa en portuñol: “Cada vez que veo esa cruz, fico arrepiada”. Nos explica que los prodigios que buscamos son exorcismos provocados por una reliquia, por un fragmento de la cruz de Cristo.

Iglesia de Veracruz de Marmelar: imponente, sólida y fundada por la orden de Malta

Iglesia de Veracruz de Marmelar: imponente, sólida y fundada por la orden de Malta

El pueblo de los prodigios está en un alto, pero cuesta tanto dar con él que también estamos al borde del arrepío. Al fin, tras mil vueltas por los contornos, una aldea blanca y sencilla se yergue ante nosotros y en lo alto, la iglesia: imponente, sólida y con la cruz de Malta sobre la puerta.

El monasterio se construyó en el siglo XIII sobre una iglesia visigótica del siglo VII y fue donado a la Orden de San Juan de Jerusalén, de Malta o del Hospital. En su interior, atesora pinturas, esculturas, orfebrería y mobiliario de gran valor. Y, sobre todo, guarda un fragmento de la santa cruz en un cofre-relicario medieval único en Europa. Pero, ¡maldita sea!, con tantas vueltas y revueltas, hemos llegado tarde y la iglesia está cerrada.

Un anciano que pasa y escucha nuestro ¡maldita sea! se acerca, se persigna y menea la cabeza afeándonos el juramento. Le contamos nuestro problema y nos da la solución: “Vaya por esta calle y en la tercera puerta vive la señora que tiene la llave de la iglesia”.

Tras golpear varias veces en el llamador, se escuchan ruidos, corren unos cerrojos y aparece una viejecita desconfiada con pañoleta y ropa oscura. Dice que está cansada, que no tiene ganas de abrirnos la iglesia, pero se va y vuelve con un gran cuadro. Es una reproducción fotográfica de la reliquia del lignum crucis, que el rey luso Alfonso IV y el prior de la orden de Malta, Álvaro Gonçalves Pereira, llevaron a la batalla del Salado, atribuyéndosele gran influencia en la victoria sobre las tropas musulmanas.

Teresa muestra una foto del lignum crucis de Veracruz a la puerta de su casa

Teresa muestra una foto del lignum crucis de Veracruz a la puerta de su casa

La señora se llama Teresa y hace tres veces la señal de la cruz mientras nos explica que esa reliquia, e incluso ese cuadro, cura a quien tiene el diablo dentro. Narra después prodigios como el de un ladrón de Vidigueira, que se ahorcó al enterarse de que habían culpado y encerrado a otro por su fechoría, pero la cruz, que también es algo así como una máquina de la verdad, descubrió que el preso era inocente. Teresa describe emocionada a los endemoniados que venían a Veracruz de Marmelar con camisa de fuerza para que la cruz los curara de su locura.

Fue en los años 80 cuando Veracruz se convirtió en un pueblo famoso. Era una celebridad secreta, que iba de boca en oído, una recomendación clandestina para que los endemoniados o desquiciados de los contornos curaran sus males. Según Teresa, la fama de la cruz llegaba hasta la zona de Valencia de Mombuey, Oliva de la Frontera y Villanueva del Fresno, desde donde llegaban algunos poseídos con sus familias por ver si expulsaban al demonio.

La clave del asunto, más que la cruz, era un cura párroco: el padre Antonio Sequeira, más conocido como Silveiro y nacido en Sousel, el pueblo con la plaza de toros más antigua de Portugal.

Teresa explica los detalles de los prodigios y exorcismos sucedidos en Veracruz de Marmelar

Teresa explica los detalles de los prodigios y exorcismos sucedidos en Veracruz de Marmelar

Un estudio realizado por la Universidad de Évora en 2009 sobre la relación entre religión y medicina, contiene relatos de dos cocineras, una limpiadora, un jubilado y un electricista que ladraban y comían como perros hasta ser exorcizados en Veracruz. También analiza los casos de Ilidio Pombo, de Amieira, y Joao Caeiro, de Alqueva, que tenían el diablo en el cuerpo y se lo quitaron en Veracruz.

El padre Sequeira murió, los exorcismos perdieron fama y la iglesia ha dado instrucciones para esconder los milagros, pero Teresa asegura que por Veracruz siguen apareciendo de vez en cuando extraños personajes que “fican arrepiados” ante la cruz. Son exorcismos clandestinos en una aldea perdida en Portugal, pero cercana a Extremadura.

Devotos de Cunhal y de María

Devota de la Virgen y de Cunhal, Viana do Alentejo es una de esas villas portuguesas donde las contradicciones se muestran a flor de piel. De los 34 alcaldes comunistas de Portugal, 16 lo son de municipios del Alentejo. Pero la pasión izquierdista por el fallecido líder comunista Álvaro Cunhal (en Viana no hay ni un concejal de centro derecha y gobierna el PSP) no impide una emoción profunda ante todo lo relacionado con Nuestra Señora.

Viana do Alentejo es un municipio cercano a Évora que participa de esa constante demográfica que aqueja a los pueblos alentejanos y extremeños: en 1960 tenía el doble de habitantes que hoy. En el caso de Viana, ha bajado de casi 10.000 a poco más de 5.000. La emigración, el comunismo y la Virgen convertidos en señas de identidad del Alentejo profundo.

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Viana do Alentejo es un pueblo marcado por dos monumentos: un castillo muy raro y un santuario muy particular. Ambos impresionan y te dejan un tanto descolocado. El castillo gótico, levantado en 1313, porque es pentagonal y tiene cinco torres de cuento de hadas, porque está en medio del pueblo, imponiendo su presencia poderosa, porque encierra en su interior la iglesia parroquial, edificada en el siglo XVI, con una portada manuelina que quita el hipo, y porque se puede ascender a las torres y jugar desde ella a ser un diablo cojuelo que se mete en cada uno de los patios con naranjos, en cada una de las casas blancas y acogedoras de este pueblo singular.

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Desde el castillo, se distingue a lo lejos, en medio de una inmensa pradera, una iglesia enorme. Es el santuario de Nossa Senhora de Aires, visita inexcusable para cualquier extremeño que quiera conocer de verdad el Alentejo y destino diario de cientos de romeros portugueses.

El santuario, blanco y albero, data del siglo XVIII. Pero lo importante, lo verdaderamente espectacular, lo que impresiona y, confesémoslo, acongoja bastante y te deja trastocado para el resto del día, no está en la parte principal de la iglesia, sino en los pasillos que rodean la nave y el altar.

Pasillo que rodea el altar lleno de exvotos y ofrendas a María

Pasillo que rodea el altar, lleno de exvotos y ofrendas a María

Hay que entrar en el santuario, dirigirse hacia su cabecera y entrar por una puerta, que parece dar a la sacristía. Inmediatamente, se encuentra uno inmerso en un espacio asombroso e imprevisto. De las paredes de varias salas y pasillos circulares, cuelgan miles de fotos, literalmente miles, con sus marcos de alpaca, plata o madera, fotos de militares, de niños, de parejas, de familias, de matrimonios, de abuelas, de enamorados, de universitarios, de bebés, de rejoneadores, de forcados, de soldados de las guerras coloniales…

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires en Villa Ruiva

Son retratos que van desde principios del siglo XX hasta nuestros días, fotos cuyos protagonistas se encomiendan a la Virgen en busca de protección. En vitrinas y mesas, se ofrendan a la Señora trenzas de pelo, trajes de bautismo, de comunión y de boda, uniformes militares completos, zapatos, bandas de licenciatura, capas de tuno, muñecos de cera, extremidades de cera, vísceras de cera…

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Es una de las mayores colecciones de exvotos que se pueden contemplar. Pero recorrer las estancias y los pasillos asfixiado por tanta necesidad, tanto lamento, tanto miedo al futuro y también tanta confianza en lo sobrenatural, no te deja indemne. ¿Qué sería de ese solado de bigote que se fue a la guerra de Angola, y de aquel enfermo que se iba a operar en 1918, y de aquel matrimonio que se casó y se marchó a Brasil?

Tercer milagro de la Virgen

Tercer milagro de la Virgen

Nossa Senhora dos Aires parece demasiado pequeña para tanto trabajo: no mide más de 20 centímetros. En el exterior de la iglesia, se encuentra un cobertizo donde cientos de velas chisporrotean en ofrenda. Las hay hasta de dos metros de altura. Una tienda, abierta todos los días, parece más una lección de anatomía que una boutique de objetos religiosos: en varios estantes, se ofertan al afligido riñones, hígados, corazones e intestinos de cera para que cada uno ofrezca a la Virgen una reproducción de su víscera dañada.

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Al dejar atrás Viana, uno se va con la sensación de haber entendido definitivamente el Alentejo o con la seguridad de que no lo entenderá jamás.

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos

Colón nació en el Alentejo

Cristóbal Colón no era genovés ni catalán, ni tampoco hijo de una familia de judíos conversos de Plasencia. Cristóbal Colón era de Cuba. Pero no de la Cuba de Fidel, sino de otra que queda ahí cerca, de un pueblecito de 3.300 habitantes llamado Cuba y situado al otro lado de la frontera extremeña, en el Alentejo más profundo y sorprendente.

Dos jubilados descansan bajo un naranjo en el pueblo alentejano de Cuba

Dos jubilados descansan bajo un naranjo en el pueblo alentejano de Cuba

Llegamos a Cuba desde Beja por una pista parcheada y estrecha, que invita a preguntarse qué demonios ha hecho Portugal con los fondos europeos. Cuando le planteamos esta cuestión a los cubanos, nos piden dos cosas: que no indaguemos mucho sobre la carretera, no vaya a ser que los de la troika comunitaria aprieten aún más las tuercas.

La otra petición tiene que ver con el demonio. “Aquí, ni se menciona”, nos avisan. Resulta que en el Terreiro da Fonte cubano, se abría el Pozo de los Demonios. Actualmente está cegado, pero su maldición persiste. Durante siglos, los cubanos se santiguaban (y se santiguan) al pasar junto a él para que no se los llevaran los diablos y los malos espíritus. A finales del siglo XIX, el ayuntamiento de Beja mandó excavar el pozo y se encontraron varios cadáveres. Pertenecían a ciudadanos de la zona desaparecidos en extrañas circunstancias.

Un ciclista deja su bicicleta en la puerta del mercado de abastos de Cuba

Un ciclista deja su bicicleta en la puerta del mercado de abastos de Cuba

Así que dejamos en paz al demonio y nos centramos en investigar el origen cubano de Cristóbal Colón. Primera pista: hamburguesería del pueblo. En lugar de anunciar la súper búrguer con bacon y queso, tiene un cartel sobre la puerta con un dibujo del descubridor y la siguiente leyenda: “O portugués Cristovão Colombo, agente secreto do Rei Dom João II, nasceu na vila de Cuba”.

Hamburguesería colombina en Cuba

Hamburguesería colombina en Cuba

Segunda pista: restaurante Casa de Monte Pedral, el más lujoso de la villa. En el patio, una estatua de Colón con una indígena a sus pies y en la pared del jardín, una placa anunciando la buena nueva por partida doble: “Cristovão Colombo nasceu aquí, nasceu en Cuba”. En otro cartel, más ortodoxo, la lista de platos: “Açorda de alho de bacalhau, feijoada de secretos, arroz de lebre, migas de azeitonas…”.

Restaurante de Cuba con su patio colombino

Restaurante de Cuba con su patio colombino

Llama la atención tanta iconografía colombina si se tiene en cuenta que ningún pintor ni escultor vio en vida al descubridor de América. Pero eso no es óbice para que una solemne estatua de Colón presida el puerto de Barcelona o la plaza principal de Cuba. En este pueblo alentejano hay un centro de interpretación sobre don Cristóbal y la guinda simbólica del movimiento reivindicativo fue el estreno en el pueblo, en el año 2007, de la película “Cristóbal Colón, el enigma”, del gran cineasta portugués Manoel de Oliveira.

Cuba se llama así por el santuario sagrado de Caaba, en La Meca, o por unas grandes cubas que se encontraron  en el pueblo los soldados de Sancho II al reconquistárselo a los moros. En portugués antiguo, coba significa torre. El caso es que esta palabra solo existía en portugués, ya sea como sustantivo o como topónimo, antes de que Colón llegase a América y bautizase la isla más grande de su descubrimiento con el nombre de su hipotético pueblo natal: Cuba.

Estatua de Colón en el patio del restaurante más lujoso de Cuba

Estatua de Colón en el patio del restaurante más lujoso de Cuba

El origen alentejano de Colón se basa en las investigaciones del historiador Mascarenhas Barreto, que, a partir de diferentes documentos, sostiene que Colón nació en Cuba en 1448, siendo hijo ilegítimo del infante Don Fernando, duque de Beja y Viseu, y de Isabel Zarco, hija del navegante João Gonçalves Zarco. Su nombre verdadero habría sido Salvador Fernandes Zarco. Lo de Cristóbal Colón sería un seudónimo o código de guerra, CC, que significaría espía al servicio de Juan II.

Estatua de Cristóbal Colón en la plaza principal de Cuba

Estatua de Cristóbal Colón en la plaza principal de Cuba

Finalmente, están los topónimos. No solo el de la isla de Cuba, sino los de otros pueblos alentejanos, que el descubridor fue dejando en los nuevos territorios: Guadiana, Mourão (junto a Villanueva del Fresno), Santa Luzia (Elvas), Vera Cruz (el pueblo de los exorcismos), São Bartolomeu (famoso por su mirador).

Cubano o no, Colón se ha convertido en el principal atractivo turístico de este pueblo alentejano, que antes era famoso por sus demonios y ahora lo es por su espía-almirante.

María João Pires: adiós a Belgais

En septiembre de 2003, viví uno de esos momentos que se suelen calificar de mágicos: la pianista María João Pires tocó una pieza de Chopin solo para mí y para un amigo fotógrafo. Lo hizo en Belgais, una quinta rodeada de olivos situada a media hora de la frontera española de Piedras Albas, en un majestuoso piano de cola Steinway Concert Grand Majestic. Once años después, la quinta de Belgais está en venta, el piano está en Brasil y la Pires vive en Salvador de Bahía.

Exterior de la quinta de Belgais

Exterior de la quinta de Belgais

La pianista María Joao Pires nació en Lisboa en 1944. A los cuatro años daba su primer concierto y a lo largo de su vida ha publicado 44 discos y tocado en los teatros, auditorios y festivales más importantes del mundo.

En 1999, la Pires decidió llevar adelante una utopía educativa y musical en la Raya, en la carretera que va de la frontera de Piedras Albas a Castelo Branco. Compró Belgais (80 hectáreas de terreno) reconstruyendo la quinta: 1.987 metros cuadrados, 23 habitaciones, varias con piano, una alberca, piscina, biblioteca, sala de grabación, auditorio…

Un grupo de visitantes, camino de un concierto en Belgais

Un grupo de visitantes, camino de un concierto en Belgais

Fundó una escuela para educar musicalmente a niños de la comarca, que, me contaba en 2003, “tienen una especial capacidad vocal desde siempre. No son voces inicialmente afinadas, sino voces con mucha potencia. Sucede algo parecido en el País Vasco, los vascos tienen voces semejantes a las de los habitantes de esta región”.

Alrededor de la alberca de Belgais se disponían las dependencias de la quinta

Alrededor de la alberca de Belgais se disponían las dependencias de la quinta

En aquellos años, María João pensaba extender su utopía al otro lado de la frontera: “Estamos en un momento de mudanza. Belgais necesita una solidificación y una consolidación antes de hablar de hacer algo en Extremadura”. Pero Belgais no se ha consolidado y el proyecto extremeño se ha olvidado.

María João Pires organizaba en Belgais unos conciertos únicos. Más que conciertos, eran fiestas musicales que costaban seis euros, empezaban el sábado en la sobremesa y acababan pasada la medianoche. Al llegar, tomabas café al fresco de la alberca, podías comprar artesanía de la zona y charlar con pianistas jóvenes y personajes venidos desde cualquier lugar del mundo. A media tarde comenzaba el concierto. Tocaban, por ejemplo, Josep Colom, ganador en 1978 del concurso de piano Paloma O’Shea y premio nacional de música en 1998, un grupo de cámara francés y la propia Pires.

La Pires, a punto de comenzar un concierto en Belgais

La Pires, a punto de comenzar un concierto en Belgais

Había descansos para beber gazpacho y comer bocadillos de carne. Después, con el público sentado en cojines o tumbado bajo la luna en una plataforma de madera que había en el jardín, María João acariciaba los nocturnos de Chopin…

Cuadros y objetos artísticos, a la venta junto a la alberca durante los descansos del concierto

Cuadros y objetos artísticos, a la venta junto a la alberca durante los descansos del concierto

Pero todo aquello se acabó. Ya no hay conciertos, ni coro de niños de la Beira Baixa, ni pianistas jóvenes formándose en Belgais. Harta de lo que ella llama coces y puntapiés del gobierno portugués, en 2006 la Pires se fue a Salvador de Bahía. “Me marcho para librarme de la decepción que he sufrido en Portugal. Me voy a Brasil para respirar tranquila”. Dicho y hecho.

Dos músicos, en Belgais preparando un concierto de música étnica

Dos músicos, en Belgais preparando un concierto de música étnica

El proyecto de Belgais siguió funcionando durante tres años dirigida por su hija. En 2009 cerró definitivamente y se convirtió en hotel rural. Aparecía en páginas hoteleras de Internet hasta hace nada. En noviembre del año pasado, Belgais era puesto a la venta en diferentes portales inmobiliarios. María João Pires pide por la quinta millón y medio de euros. Dicen que es barata y que hay muchos interesados.

En Brasil, la pianista  ha vuelto a poner en marcha su sueño de llevar la música a los más pobres. Recientemente, confesó a un periodista luso que iba a renunciar a la nacionalidad portuguesa para ser solo brasileña. La semana pasada, visitando Castelo Branco, Carlos Camoens, estudiante de Historia y responsable del centro de arte local, se quejaba amargamente: “No sé por qué nuestros artistas se enfadan con Portugal: primero Saramago y ahora, la Pires”.

Acabado su concierto, la Pires se aleja del piano aplaudida por el público

Acabado su concierto, la Pires se aleja del piano aplaudida por el público

Castelo Branco tiene arte

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

En Castelo Branco, todos los caminos llevan a la plaza principal. La plaza albicastrense era un desangelado contenedor de coches con dos gracias: el Teatro Cine Avenida, a un lado y el restaurante Kalifa, al otro. Pero en 1986, un incendio acabó con el teatro y la megaplaza pareció morir. Sin embargo, se trataba de una crisis necesaria para renacer.

La gran plaza se convirtió en trasunto de la ciudad y, al tiempo que a Castelo Branco llegaban los centros comerciales, las industrias y hasta un aeródromo, su plaza referencial vivía una transformación impensable de la mano del arquitecto catalán Josep Lluís Mateo y se convertía en un espacio peatonal rabiosamente moderno con cafés, tiendas y restaurantes luminosos y un párking subterráneo.

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Btranco

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Al tiempo que la plaza se reformaba, el Teatro Cine Avenida renacía de las cenizas en el año 2002 y marcaba la nueva vocación cultural de la ciudad con una programación de primera categoría. En Castelo Branco se puede visitar el museo Cargaleiro con sus tapices y sus pinturas. El Tavares Proença Junior muestra bordados y arqueología. Las salas de Correos y de Nora (en el Teatro Cine) acogen exposiciones temporales. Y la guinda suprema, que ha coronado tres lustros de proyectos, es el Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco, el CCCCB, cuyas iniciales son un lío al confundirse con el CCCB de Barcelona y el CCB de Belem en Lisboa.

El CCCB de Castelo Branco

El CCCCB de Castelo Branco

Hoy, la inmensa plaza de Castelo Branco está presidida por un edificio fascinante que parece que va a echar a volar. Es este CCCCB, este museo de arte contemporáneo levantado por el mismo arquitecto que triunfó con la plaza: Josep Lluís Mateo.

El edificio se ha hecho a la portuguesa: lento, pero seguro. Pasaron diez años desde que encargaron el proyecto a Mateo hasta que comenzaron las obras. Este contenedor de arte fascinante merece por sí solo una visita. Pero también la merece su contenido: la colección de arte hispanoamericano de José Berardo, que tiene también obras de su propiedad en Lisboa, en el Centro Cultural de Belem, y en Bombarral.

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

El CCCCB fue inaugurado el 13 de octubre del pasado año y desde entonces ha recibido más de 5.000 visitantes de taquilla. Cierra los lunes. El resto de la semana abre de 10 a 13 y de 14 a 18 horas. Bajo el edificio, hay una pista de patinaje sobre hielo. La entrada cuesta dos euros y cuenta con cafetería, tienda y un auditorio con capacidad para 275 personas y una acústica formidable, que fue concebido para que en él trabajara la pianista María João Pires antes de escapar del vecino Belgais al exilio cultural brasileño.

Arte latinoamericano en el CCCCB

Arte surrealista  latinoamericano en el CCCCB

Las obras expuestas en el CCCCB son una completa muestra del último arte latinoamericano. Están representados todos los países del área. Destacan las creaciones de los mejicanos Diego Rivera y Rufino Tamayo, del ecuatoriano Oswaldo Guayasamín o de la principal referencia del Modernismo uruguayo: Joaquín Torres García.

Esculturas y cuadros en el CCCB

Esculturas y cuadros en el CCCB

Paseando, ascendiendo por rampas que emocionan, admirando, salen al paso las obras del hiperrealista chileno Guillermo Muñoz o de otro hiperrealista interesante: Guillerme Muñoz Vera, retratista de la Casa Real española, cuyo cuadro “Semana Santa en Sevilla” atrapa la mirada de los visitantes españoles. Llaman la atención los contemporáneos brasileños: Adriana Varejão, Ernesto Neto, Vick Muniz o Walter Goldfarb. Culminan la colección las esculturas del colombiano Botero y un cuadro emocionante del surrealista chileno Roberto Matta.

Una de las salas de pintura del CCCCB

Una de las salas de pintura del CCCCB

Será la apuesta cultural de sus últimos alcaldes, Joaquín Morão y Luis Correia, será el empuje emprendedor de la ciudad, lo cierto es que Castelo Branco es la única población de la Beira que no ha perdido población en el último censo (39.000 habitantes, la ciudad y 56.000, el municipio). Desde octubre, es una visita cultural ineludible.