Poblados ferroviarios de La Raya

En el año 1881, al tiempo que se establecía la línea del ferrocarril Madrid-Lisboa, se levantaba en una llanura situada entre Arroyo de la Luz y Malpartida de Cáceres un poblado ferroviario estratégico. La estación resultante, con su depósito de locomotoras, la charca Lancho, que la abastecía de agua, y toda la intendencia necesaria parara mantener la línea, se llamó Arroyo-Malpartida. Se había intentado instalar en tierras de Malpartida de Cáceres, pero se opusieron los propietarios de algunas tierras. El ayuntamiento de Arroyo de la Luz, que entonces se llamaba del Puerco, intentó sin éxito que la estación se levantara en su término municipal.

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

¿Pero por qué pasa el tren por Arroyo-Malpartida? Pues fue gracias a la influencia de don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, un ingeniero nacido en Valencia de Alcántara en 1817. Don Cipriano fue diputado en Cortes, Director General de Obras Públicas y director de varias compañías de ferrocarriles españoles. Se había casado con Eladia, sobrina de Espartero, que heredará los títulos y la fortuna del general. Compatibilizó la política con la enseñanza, la ciencia y el desarrollo de las obras públicas. Fue el representante español en la Comisión Internacional del Canal de Suez, fundador y presidente de la Academia de Ciencias, vicepresidente del Senado y accionista de la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1854 y 1856, ostentará el cargo de director de Obras Públicas. Será el autor de la Ley de Ferrocarriles y quien establezca definitivamente el ancho de vía español de 1.672 milímetros, los seis pies castellanos, aunque los estudios técnicos sobre la cuestión databan de 1844, cuando los anchos de vía en Europa oscilaban entre los 1.435 y los 2.134 milímetros.

Cuando se empezó a hablar de la unión entre Madrid y Lisboa por la cuenca del Tajo, se barajó en Madrid la posibilidad de que la línea ferroviaria fuera por Coria, Ceclavín y Zarza la Mayor, entrando en Portugal por Monfortinho, pero don Cipriano envió al ministro de Fomento, en 1874, una  carta de seis folios, incluyendo planos donde demostraba que el mejor trazado entre Palazuelo-Empalme (Malpartida de Plasencia) y Lisboa era a través de Valencia de Alcántara, Abrantes y Entroncamento. Tras enconadas polémicas en la prensa, ese fue el trazado aprobado.

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Se levantó así este enclave estratégico, la estación de Arroyo-Malpartida, que llegó a tener capilla, dos cines, 280 viviendas, silo, médico, escuela de mayores y de párvulos, taxidermista, carnicería, tienda de comestibles, cantina… Había un tren gratuito que salía temprano hacia Cáceres llevando a las amas de casa del poblado y a los estudiantes. Regresaba al mediodía.

Los ferroviarios causaban admiración en Arroyo y Malpartida porque tenían sueldo fijo, horario y vacaciones. En Malpartida había una canción popular que decía: “Hija, ¿quién es ese mozo?… Madre dicen que es del pueblo, pero yo no lo conozco…Tú, hija, pregúntalo porque a mí mucho me gustan los mozos de la estación”. Durante la Guerra Civil, aumentó el número de ferroviarios. No luchaban en el frente y eso provocó que muchos quisieran entrar a trabajar en la estación.

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

En los años 50, la estación de Arroyo-Malpartida llegó a tener asignadas 39 locomotoras por lo que necesitaba un gran número de trabajadores especializados. Había 900 empleados en 1960, época en que la estación llegó a tener 1.107 habitantes. Las antiguas locomotoras de vapor tenían muchas limitaciones y no podían hacer el trayecto Madrid-Frontera portuguesa sin un relevo. Las máquinas de Arroyo relevaban a las que llegaban de Madrid en Navalmoral de la Mata, llevando el tren hasta Valencia de Alcántara.

Cuando se introducen en 1967 las locomotoras diésel, que hacían grandes trayectos sin necesidad de relevos, Arroyo-Malpartida fue perdiendo actividad y personal. Los empleados se jubilaron o se formaron para atender las nuevas locomotoras, siendo trasladados a la estación de Atocha.

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

La puntilla fue la apertura el 22 de junio de 1971 de la variante de Casar de Cáceres a Cáceres. La estación de Arroyo-Malpartida perdía su importancia estratégica y el poblado  pasaba de tener 1.107 habitantes en 1960 a contar con tan solo 138 en 1975, no sobrepasando en la actualidad los 50. La variante costó 120 millones de pesetas y se construyeron 18 kilómetros de vía.

Caso muy contrario es el de Entroncamento, el otro poblado ferroviario con depósito de locomotoras situado en la línea Madrid-Lisboa, pero en el lado portugués. Entroncamento se levantó en 1864 en otra llanura donde no había absolutamente nada.

Entroncamento también creció rápidamente. En 1950, tenía 6.804 habitantes y en 2004, 20.065 . Hoy, sus casi 25.000 habitantes viven en 14 kms cuadrados, es el segundo municipio más pequeño del país y tiene más de 1.300 habitantes por kilómetro cuadrado. En 1926 fue elevado a la categoría de parroquia y en 1991 se le concedió el título de ciudad.

Entroncamento ha vivido desde su nacimiento por y para el tren. Es el punto donde coincide la línea Oporto-Lisboa con la del Tajo, que conduce hacia Castelo Branco y Covilhá. De allí parte la línea de Tomar y por Entroncamento pasan los trenes que van a Guarda, incluido el combinado Sur-Exprés-Lusitania. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

El autor del blog en la estación de Entroncamento

El autor del blog en la estación de Entroncamento

Entroncamento es una ciudad moderna que gira alrededor de la estación. Cuenta con un interesante museo ferroviario y con un cuartel militar importante. Su comercio es pujante y el mercadillo sabatino es de los principales de la región. Por la estación de Entroncamento pasan cada día decenas de trenes y miles de viajeros y el trajín ferroviario es formidable.

Al otro lado de la frontera, Arroyo-Malpartida se convirtió poco a poco en un poblado fantasma que solo despertaba de su letargo al cruzarlo cada noche el Lusitania Exprés. El Lusitania desapareció en agosto de 2012. Ahora, han puesto un tren diurno que circula entre Cáceres y Valencia de Alcántara y la ilusión ha vuelto a sus vecinos. Pero o mucho cambian las cosas o este será el último tren de Arroyo-Malpartida.

Un restaurante de postal

En Portugal, para comer carne, hay que ir al Alentejo y para comer pescado… también. Pero es recomendable adentrarse en el país y alejarse al menos 15 kilómetros de la frontera para comer de verdad a la portuguesa. Si se quiere pagar un poco más por la carne y el pescado, y también por la bebida y los postres, e incluso darse el gusto de comer marisco, entonces quédense cerca de la frontera y coman en un restaurante para españoles.

Ya puestos a recomendar, no olviden que no es obligatorio tomarse las porciones de mantequilla y de paté de sardinas que les pondrán nada más sentarse, rechácenlas amablemente si no les apetecen y no se las cobrarán. Claro está que hay mantequillas y mantequillas porque en el restaurante Helana de Idanha a Nova sirven de aperitivo una mantequilla casera de oveja que es cosa fina. Pueden traerles también aceitunas, queso, ensalada de pulpo…. Decidan sin avergonzarse lo que les apetezca tomar y rechacen lo que no le atraiga. Si lo dejan en la mesa, se lo cobrarán aunque no lo toquen y ya saben que en Portugal, muchas veces cuestan más los aperitivos que el plato principal.

Plato de carne en el restaurante A Ribeira de Fronteira

Plato de carne en el restaurante A Ribeira de Fronteira

Como siempre se agradece comer junto a un río y sobre una pradera, hemos escogido un restaurante de postal. Se llama A Ribeira y está en la localidad alentejana de Fronteira, que queda, simplificando mucho, entre Portalegre y Estremoz, a la altura de Villar Del Rey y a orillas del río Avis. Es un lugar ideal para pasar un día de finales de verano: agua para bañarse, césped para la siesta y hasta una entretenida cancha de waterpolo aéreo. Aunque también en invierno tiene su gracia melancólica. Lo habíamos visitado hace un par de años y nos había sorprendido gratamente: parecía desangelado en el exterior, pero entrabas y agradaba enseguida la decoración rústica y graciosa y una cocina de calidad con platos bastante originales.

Comedor del restaurante A Ribeira, en Fronteira

Comedor del restaurante A Ribeira, en Fronteira

La situación ha cambiado y ya no se puede considerar uno de los más recomendables restaurantes de la Raya, pero sí un lugar digno donde pasar un buen rato sin sorpresas desagradables. El pan sigue siendo magnífico, la decoración se mantiene y el entorno no ha perdido un ápice de encanto. Pero la carta se ha vulgarizado. Donde antes ofrecían chocos fritos con gambas y almejas ahora sirven unos simples chocos a la brasa (9.90 euros); si hace dos años te tentaban con caldeirada de bacalao o de tamboril y marisco, ahora te ponen bacalhão á braz (5.10 la media ración y 8.90 la ración completa) o pulpo a la brasa con aceite y ajo (6 y 9.90); y ya no hay sopa de tomate con carne frita y huevos ni açorda alentejana con bacalao y huevos, sino una más corriente sopa de cazón (5.10 y 8.90) o unas migas de espárragos con porco preto (9.90).

A Ribeira, un restaurante con vistas

A Ribeira, un restaurante con vistas

Ya saben que el tamboril es el rape, que la açorda es una especie de sopa espesa, que el bacalao á braz es parecido al dorado y que las migas no tienen nada que ver con las extremeñas, sino que consisten en una masa de pan con espárragos o con lo que sea. Por cierto, están muy buenas. Y siempre acompañadas con el porco preto, nuestro cerdo negro o ibérico.

Pero aunque la carta haya perdido gracia y variedad, también es verdad que han bajado los precios. Antes era barato, pero ahora lo es más. Valgan como ejemplo los postres: mousse de chocolate, pudim (flan) de huevo, molotoff y serradura a 2 euros, 50 céntimos menos que hace dos años. Y una recomendación: no se pierdan el flan y su siesta en la orilla del río Avis será más dulce.

El puente, el río, la pradera y el restaurante

El puente, el río, la pradera y el restaurante

Marvao: la cocina de Julieta

Desde 1968, hay un restaurante en Marvao que, al pasar por el puente de Portagem, te tienta con su parra refrescante a la orilla del río y sus comedores con dos ambientes: uno de moderno diseño y otro de decorado tradicional alentejano.

Terraza del restaurante Sever, junto al río del mismo nombre

Terraza del restaurante Sever, junto al río del mismo nombre

Julieta, dueña y alma de la cocina del restaurante Sever

Julieta, dueña y alma de la cocina del restaurante Sever

El restaurante se llama Sever, como el río, y lo fundó el padre de Julieta, la actual dueña. Su cocina es una de las más elaboradas de la Raya y, desde luego, escapa del sota, caballo y rey de las casas de comida de la región.

La clientela extremeña y alentejana ha bendecido este restaurante y los fines de semana son tradicionales las colas para comer.
Siempre que voy al Sever, pido alhada de caçao (9.70 euros), es decir, una sopa de cazón con aceite y cilantro que, para mí, es un paradigma de su cocina. Este plato es muy tradicional del Alentejo, pero suele resultar un tanto insulso. En el Sever es todo lo contrario: lo sirven en una fuente de barro, la mezcla de sabores del cilantro, la naranja y el pescado es deliciosa, las patatas son de calidad y están perfectamente perfumadas por los demás ingredientes y la salsa, espesa y delicada, entusiasma. Esa mezcla de la modernidad y la tradición, resumida en esta sopa de cazón, es la razón de ser de este restaurante.

Alhada de cazón preparada en el Sever

Alhada de cazón preparada en el Sever

Se puede comer en la terraza de verano si el día sale templado. Pero en el interior se está muy bien: temperatura adecuada, tele silenciada, aunque se pueden ver, que no oír, los partidos de fútbol, no hay olores ni humos, la iluminación es la precisa y, en el comedor moderno, se disfruta de cuadros conceptuales.

Comedor interior del restaurante Sever

Comedor interior del restaurante Sever

En el servicio, hay una mezcla de camareros jóvenes y veteranos, simpáticos, bilingües, atentos, campechanos y controlando los giros extremeños para que te sientas como en casa. La vajilla es inglesa, los manteles y las servilletas son de algodón blanco y la cristalería y la cubertería no desentonan.
La bodega del Sever es la segunda mejor de Portugal, según dictamen de un concurso nacional, con vinos españoles, franceses, argentinos, californianos y brasileños. Ofrece grandes whiskys de malta, oportos de categoría, coñacs franceses, viejos aguardientes y ron de siete años.

Piscina natural del río Sever, al fondo, el restaurante

Piscina natural del río Sever, al fondo, el restaurante

Un buen detalle del Sever es que el camarero se acerca con la bandeja de aperitivos, te la muestra y tú escoges lo que te apetece. No te colocan los platitos en la mesa a la fuerza, obligándote a pasar el mal trago de rechazarlos o a pagarlos aunque no los toques.
En esa bandeja vienen el pan y los aperitivos del día: ensalada de champiñones con hierbabuena y ajo (3.90), medio quesito de Nisa (2.60), patés y aceitunas.
La carta del Sever es extensa, varía para no cansar y siempre depara sorpresas. En este tiempo de otoño y caza, ofrece un arroz de liebre (10.75) en su punto y un jabalí del Alentejo estofado (10.80) que merece la pena.
Si se prefiere optar por lo socorrido, el bacalao dorado lo bordan (8.75) y el arroz de marisco para dos (32.90) tiene mucho éxito. En la cocina de Julieta hay platos especialmente conseguidos como la pierna de cordero lechal con castañas y cebollitas (17.80), las chuletas de cordero con aceite y cilantro (11.75) o el bacalao asado con aceite, ajo y patatas a murro (11.95).

La fortaleza de Marvao, vista desde el restaurante Sever

La fortaleza de Marvao, vista desde el restaurante Sever

En los postres, la tradición manda: sericaia (3.95), encharcada (3.95), pudin de castaña (3.90) o diversos dulces conventuales (3.95). Los precios mantienen el tipo. Si los comparamos con los del verano de 2009, la subida es soportable: 30 céntimos más la ración de pierna de cordero, 2.40 el arroz de marisco para dos, 10 céntimos el pudin de castaña y el queso del aperitivo. Comer en casa de Julieta merece la pena por el entorno fluvial, el servicio, el local y la cocina.

La piscina natural, vista desde el restaurante

La piscina natural, vista desde el restaurante

Saudade del Lusitania Exprés

Estación de Entroncamento. Son las 11 de la noche. El Lusitania Exprés, hoy llamado Talgo Lusitania, acaba de entrar en la vía principal. Viene de Lisboa, va camino de Madrid. Hasta el 15 de agosto de 2012, de Entroncamento iba hasta Cáceres por la línea del Tajo. Desde el 16 de agosto de ese mismo año, toma la dirección de Guarda y Salamanca.

Entre 1882 y 2012, los viajeros del tren entre Lisboa y Madrid realizaban los trámites aduaneros en Valencia de Alcántara. Desde hace año y medio, es Vilar Formoso la ciudad fronteriza donde el Lusitania se demora media hora para ajustar los detalles del cambio de país.

El 15 de agosto del año 2012 es otra fecha negra en la historia del ferrocarril cacereño. En 1985, desaparecía el mítico tren TER Ruta de la Plata. En 1995, dejaba de circular el épico talgo Luis de Camoens. Esa noche dijimos adiós al lírico Lusitania Exprés.

En el Alentejo, a la vía que une Lisboa con Madrid a través de Entroncamento, Torre das Vargens y Valencia de Alcántara siempre se la ha conocido como la línea de Cáceres. Por ella ha circulado desde 1882 el expreso de Madrid a Lisboa, el tren que utilizaba la familia real española para sus viajes desde el exilio en Estoril durante la dictadura de Franco, el tren que ha inspirado canciones a los grupos Coup de Soup y El Consorcio, el tren cuyo chacachá era el sonido que reafirmaba la armonía de lo doméstico: si lo escuchabas en las madrugadas de insomnio cacereñas, significaba que todo seguía en su sitio y te podías ir a dormir tranquilo.

Lo cierto es que Portugal siempre ha preferido relacionarse internacionalmente a través de Salamanca. La línea cacereña es históricamente deficitaria. En 1969, con la intención de promover los viajes entre Lisboa y Madrid en el TER que pasaba por Cáceres, Renfe y Comboios de Portugal decidieron dar la comida gratis a los viajeros, pero ni por esas. En la línea de Cáceres a la frontera de Valencia de Alcántara, desaparecieron el talgo diurno y el mixto vespertino, solo quedaba el Lusitania, que ya es historia.

Por Vilar Formoso pasan de madrugada dos trenes que “robaron” a los cacereños, el SurExprés de Lisboa a Hendaya, que circuló por Cáceres entre 1887 y 1895, año en que cambió las vías extremeñas por estas vías salmantinas, y ahora el Lusitania Exprés, que ya se había trasladado a Salamanca a raíz del descarrilamiento de 1998.

Pero no crean que entre Vilar Formoso, Fuentes de Oñoro y Salamanca la situación es muy boyante: en 1979 circulaban seis convoyes de viajeros, hoy solo quedan dos: el Sud Exprés y el Lusitania. Y ambos circulan a horas intempestivas.

Nos trasladamos unos kilómetros al norte de Vilar Formoso. Visitamos la estación abandonada de La Fregeneda. Por aquí pasaba la vieja línea ferroviaria que unía la localidad salmantina de Fuente de San Esteban con Oporto a través de la frontera portuguesa de Barca d’Alva. En 1986, esta línea cerró. Es la historia del ferrocarril del Oeste, repleta de cierres y supresiones.

¿Quién tiene la culpa de que por el bello puente internacional de Barca d’Alva no pase ya el ferrocarril y de la desaparición de tantos trenes? En el caso del Lusitania extremeño, se puede señalar al gobierno portugués, pero el fracaso tiene causas estructurales. Por un lado, la despoblación: en los 8 pueblos con estación que une la línea de Fuentes de Oñoro y Salamanca (126 kilómetros de vía) solo viven 19.000 personas. Entre Valencia de Alcántara y Cáceres, al lado de los 88 kilómetros de vía férrea se cuentan 15.000 posibles viajeros.

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Lo curioso es que el Estado había invertido 10 millones en mejorar la vía entre Cáceres y Valencia de Alcántara y cinco millones para eliminar los pasos a nivel. Al menos eso servirá para que a partir del 16 de septiembre circule un tren diurno entre Valencia de Alcántara y Madrid.

En la vía de La Fregeneda no hubo tanta suerte. No hace muchos años, el Surexprés se dividía en dos convoyes, uno iba hacia Oporto a través de La Fregeneda y Barca d’Alva, por una de las líneas ferroviarias, la del Duero, más bellas de Europa, el otro buscaba Lisboa a partir de Fuentes de Oñoro. Hoy, la conexión del norte ha desaparecido y sus vías podrían convertirse en una ruta verde.

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Noche cerrada en Entroncamento. El Lusitania Exprés  llega desde Lisboa. Se detiene cinco minutos. Montan un par de viajeros. El vagón restaurante está vacío. En un coche cama, alguien aparta la cortina y curiosea. Es una chica joven. Observa la inmensa playa de vías. El talgo arranca. La cortina se cierra. El convoy se aleja. En Extremadura, el Lusitania ya no es un tren, es saudade, memoria, melancolía…

El pueblo más barato de la Raya

Nisa debe de ser el único pueblo del mundo donde es más caro un churro que un café. O más cara una lubina en el mercado, a pelo, o mejor, a escama, que en el restaurante acompañada de arroz, alubias, ensalada y patatas fritas. En Nisa, tomamos un café por 0.30 euros, pero pedimos un churro, que aquí se llaman farturas, y nos costó 0.60. ¿Dónde se ha visto que un churro cueste el doble que el café?

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Tabla de precios del bar del mercado de Nisa, con el café más barato que los churros o farturas

Nisa, en fin, es el pueblo ejemplo que utiliza Botines, alcalde de Cedillo, para explicar que si tuvieran un puente, llegarían a Nisa en diez minutos, pero sin puente, tardan hora y media. Si usted se acerca a Nisa en fin de semana, debe hacerlo, pues, por la frontera Blade Runner de Cedillo, cruzando de España a Portugal entre turbinas y maquinaria hidroeléctrica.

Una vez franqueado el Tajo, puede darse una vuelta por los pueblos franceses del Alentejo. Porque esta comarca fue reconquistada en el año 1199 por el rey Sancho I, que se la donó a los templarios, que a su vez trajeron colonos franceses para repoblarla.

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Cigüeñas postizas, en la Praza da República de Nisa

Los que llegaron desde Nice, fundaron Nova Nice, que hoy es Nisa. Otros colonos viajaron desde el pueblo francés de Montauban y se instalaron en Montalvao, la primera “fregresía” tras entrar por Cedillo. Los de Toulouse levantaron Tolosa y los que venían de Arles, llamaron a su nuevo poblado Arez.

Todos los caminos que llegan a Nisa desembocan en su gigantesca plaza de la República, donde se encuentra casi todo: el cine-teatro, las tiendas de cerámica de chinitas y de quesos, la biblioteca, la oficina de turismo y los bares con sus carteles de “há caracois”, certificado de casticismo equivalente a nuestro hay gazpacho, hay paella, “os xoves temos callos”… Desde allí, penetrando en la parte vieja, vamos descubriendo casas blancas, murallas, puertas medievales, fuentes, museos, callejas, ropa tendida…

Cuentan que cuando los de National Geographic mandan fotógrafos a Portugal, los conminan a no regresar si no llevan consigo un buen surtido de fotos de ropa tendida. Pero lo típico de Nisa no es la ropa tendida, sino la ropa bordada. En la villa se manejan seis tipos de bordados tradicionales y existen tres grupos organizados de bordadoras.

Uno de ellos se reúne junto al mercado: otro de los focos de interés de Nisa. Aquí es donde los cafés cuestan la mitad que los churros y aquí es donde está enclavado el último restaurante sorpresa que hemos descubierto en la Raya.

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Cuencos con garbanzos, judías y pulpo, en el restaurante Flor do Alentejo de Nisa

Se llama Flor do Alentejo, abrió hace cuatro años, frente a la plaza de abastos de Nisa, y es de esos sitios honrados donde los entrantes no son patés de sardinas y “manteiga”, sino cuatro cuencos de barro con aceitunas y con ensaladas de pulpo, de judías pintas y de garbanzos. La honradez se manifiesta también cuando el jefe te recomienda que tomes medias raciones o reventarás.

Ponen un decente vino de Estremoz a tres euros la botella pequeña y un pan riquísimo. En la carta, lulas, chocos, choquitos, ternera y cerdo (9 euros la media ración, 13.50 la completa. Hay especialidades (6.50 la abundante media ración) como deliciosas migas con sardinas (ya saben que las migas son una rica masa de pan) o delicados pies de cerdo con tomate y patatas fritas.

Las copas de vino no son las apropiadas. Las fotos de las paredes y la vajilla son de Ikea y los postres (2 euros) merecen la pena: la mousse de chocolate es de verdad, de chocolate negro, nada de polvos de cacao, y el requesón con fresas y la tarta de la casa (nata, galleta y café) son la perdición del goloso.

Para tomar café, conviene regresar a la plaza de la República, sentarse en la terraza del Alameda y ejercer de alentejano de toda la vida. Es decir, sillas pegadas a la pared, en la mano un “jornal” de deportes o de sucesos, delante una bica y a sorber, a leer, a cabecear y a mirar francesas: unas señoras que cruzan la plaza envueltas en echarpes y gafas negras levantando la admiración de los paisanos: “Olha, là vai um francês”.