Castelo Branco: un viaje entretenido

En Castelo Branco hay un centro comercial muy entretenido. Si esto no les convence para viajar, les diré que en Castelo Branco han abierto un museo de arte contemporáneo muy interesante de espectacular arquitectura e imprescindible contenido. Si siguen mostrándose remisos a esta excursión, pongo sobre la mesa el dato definitivo: en Castelo Branco abundan los restaurantes de comida buena y barata y algunos, hasta son bonitos.

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Con estas tres razones de peso, la comercial, la cultural y la gastronómica, viajar hasta Castelo Branco se convierte en una entretenida excursión, pero entonces aparecen las sorpresas que depara el camino, que ya sabemos desde Cervantes que es mucho más interesante que la posada.

Porque ir a Castelo Branco no es circular por cualquier carretera, sino recorrer la antigua ruta romana que llevaba desde Mérida hasta Coimbra y Braga, una calzada que saltaba y salta ríos mediante puentes magníficos y pasaba y pasa por ciudades romanas, que se conservan en buen estado de revista, como Idanha a Velha.

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

A Castelo Branco se va por la carretera que une Cáceres con Alcántara y el pueblo fronterizo de Piedras Albas, famosa aduana por estar alejada de casi todo y ser la escogida por los periodistas españoles que, con Manu Leguineche al frente, se adentraron en Portugal sin demasiados problemas para contar sobre el terreno la revolución del 25 de abril. Hace de eso 40 años, pero no ha cambiado lo fundamental: aunque la aduana es un edificio abandonado, la soledad sigue presidiendo esta frontera por donde pasa un coche cada mucho.

Segura, pueblo fronterizo portugués visto desde el rayano río Erjas

Segura, pueblo fronterizo portugués, visto desde el rayano río Erjas

Dejando a un lado las bellezas conocidas (retablo de Arroyo de la Luz, iglesia de Brozas, villa y puente de Alcántara), nos detendremos unos metros después de cruzar el puente fronterizo de Segura sobre el río Erjas, ya en Portugal, y nos asomaremos al paisaje. Al fondo, descubriremos un espectacular desfiladero fluvial. El Erjas baja por aquí encajonado y sus aguas traen una fuerza descomunal, sobre todo en invierno. Se puede bajar hasta el lecho del río y entretenerse paseando por la orilla y curioseando los molinos.

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Castelo Branco es una de las ciudades que más crece de Portugal. Este verano inauguraron un moderno aeródromo (en Castelo Branco está instalado un importante laboratorio de ensayos aeronáuticos). En la plaza principal está el centro de arte contemporáneo y un cómodo párking subterráneo. Podemos dejar el coche aquí para callejear buscando un lugar donde comer.

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Otra sala del CCCCB

Otra sala del CCCCB

El mejor restaurante de Casteo Branco nos sigue pareciendo Praça Velha, situado en el Largo Luis de Camoens, en la parte vieja. Es uno de los grandes de la Raya. Ambiente, servicio, cocina y precio se conjugan para conseguir que el placer de comer se convierta en una fiesta donde nada rechine. Los platos tradicionales son cocinados con un punto de aventura y sirven desde un aterciopelado de zanahoria y coco con mini pinchos de gambas marinadas, hasta una posta de bacalao en cama de puré garbanzos cubierto con tomate seco y aceite de trufa blanca.

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Pero el Praça Velha ya está consagrado y hoy buscamos un restaurante popular y barato para experimentar. Se llama Retiro do Caçador y está a un paso de la Catedral. La calle se llama Ruivo Godinho y en ella hay cuatro restaurantes sencillos. El Retiro es el más concurrido. Tiene mesas corridas. Por 1.50 euros tomamos una tonificante canja de galinha: sopa espesa de estrellitas de pasta, sabrosa de sustancia y llena de higadillos de pollo y carne. Sigue un bacalao al estilo del Retiro: bárbara fuente de bacalao con salsa y patatas fritas (10 euros). De postre: natillas, gelatina o flan.

Por la mañana, puentes y paisajes. A mediodía, arte. Tras la comida, algún libro y algún detalle en el centro comercial, situado camino de la autopista. Un viaje entretenido.

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

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Castelo Branco tiene arte

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

En Castelo Branco, todos los caminos llevan a la plaza principal. La plaza albicastrense era un desangelado contenedor de coches con dos gracias: el Teatro Cine Avenida, a un lado y el restaurante Kalifa, al otro. Pero en 1986, un incendio acabó con el teatro y la megaplaza pareció morir. Sin embargo, se trataba de una crisis necesaria para renacer.

La gran plaza se convirtió en trasunto de la ciudad y, al tiempo que a Castelo Branco llegaban los centros comerciales, las industrias y hasta un aeródromo, su plaza referencial vivía una transformación impensable de la mano del arquitecto catalán Josep Lluís Mateo y se convertía en un espacio peatonal rabiosamente moderno con cafés, tiendas y restaurantes luminosos y un párking subterráneo.

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Btranco

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Al tiempo que la plaza se reformaba, el Teatro Cine Avenida renacía de las cenizas en el año 2002 y marcaba la nueva vocación cultural de la ciudad con una programación de primera categoría. En Castelo Branco se puede visitar el museo Cargaleiro con sus tapices y sus pinturas. El Tavares Proença Junior muestra bordados y arqueología. Las salas de Correos y de Nora (en el Teatro Cine) acogen exposiciones temporales. Y la guinda suprema, que ha coronado tres lustros de proyectos, es el Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco, el CCCCB, cuyas iniciales son un lío al confundirse con el CCCB de Barcelona y el CCB de Belem en Lisboa.

El CCCB de Castelo Branco

El CCCCB de Castelo Branco

Hoy, la inmensa plaza de Castelo Branco está presidida por un edificio fascinante que parece que va a echar a volar. Es este CCCCB, este museo de arte contemporáneo levantado por el mismo arquitecto que triunfó con la plaza: Josep Lluís Mateo.

El edificio se ha hecho a la portuguesa: lento, pero seguro. Pasaron diez años desde que encargaron el proyecto a Mateo hasta que comenzaron las obras. Este contenedor de arte fascinante merece por sí solo una visita. Pero también la merece su contenido: la colección de arte hispanoamericano de José Berardo, que tiene también obras de su propiedad en Lisboa, en el Centro Cultural de Belem, y en Bombarral.

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

El CCCCB fue inaugurado el 13 de octubre del pasado año y desde entonces ha recibido más de 5.000 visitantes de taquilla. Cierra los lunes. El resto de la semana abre de 10 a 13 y de 14 a 18 horas. Bajo el edificio, hay una pista de patinaje sobre hielo. La entrada cuesta dos euros y cuenta con cafetería, tienda y un auditorio con capacidad para 275 personas y una acústica formidable, que fue concebido para que en él trabajara la pianista María João Pires antes de escapar del vecino Belgais al exilio cultural brasileño.

Arte latinoamericano en el CCCCB

Arte surrealista  latinoamericano en el CCCCB

Las obras expuestas en el CCCCB son una completa muestra del último arte latinoamericano. Están representados todos los países del área. Destacan las creaciones de los mejicanos Diego Rivera y Rufino Tamayo, del ecuatoriano Oswaldo Guayasamín o de la principal referencia del Modernismo uruguayo: Joaquín Torres García.

Esculturas y cuadros en el CCCB

Esculturas y cuadros en el CCCB

Paseando, ascendiendo por rampas que emocionan, admirando, salen al paso las obras del hiperrealista chileno Guillermo Muñoz o de otro hiperrealista interesante: Guillerme Muñoz Vera, retratista de la Casa Real española, cuyo cuadro “Semana Santa en Sevilla” atrapa la mirada de los visitantes españoles. Llaman la atención los contemporáneos brasileños: Adriana Varejão, Ernesto Neto, Vick Muniz o Walter Goldfarb. Culminan la colección las esculturas del colombiano Botero y un cuadro emocionante del surrealista chileno Roberto Matta.

Una de las salas de pintura del CCCCB

Una de las salas de pintura del CCCCB

Será la apuesta cultural de sus últimos alcaldes, Joaquín Morão y Luis Correia, será el empuje emprendedor de la ciudad, lo cierto es que Castelo Branco es la única población de la Beira que no ha perdido población en el último censo (39.000 habitantes, la ciudad y 56.000, el municipio). Desde octubre, es una visita cultural ineludible.