Extretejo, el país maltratado

San Cucufate es una villa agraria romana que se conserva junto al pueblo alentejano de Vidigueira. Se distinguen aún sus graneros, sus bodegas y sus lagares del siglo I, cuando el Alentejo abastecía de aceite, vino y trigo a Roma desde el puerto de Setúbal. En realidad, el Alentejo ha sido la gran despensa de Portugal a lo largo de la historia. En ese punto, es una región emparentada con Extremadura.

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San Cucufate, villa romana situada en el Alentejo, cercana al pueblo de Vidigueira

Más al sur, Serpa, un municipio de 16.000 habitantes emplazado junto al Guadiana, en la calzada de Sevilla a Lisboa por Beja. Como cualquier pueblo extremeño o alentejano, en 1960, Serpa tenía el doble de habitantes: 32.000. También allí la emigración acabó con la buena salud demográfica.

Plaza principal de la localidad alentejana de Serpa

Plaza principal de la localidad alentejana de Serpa

En el siglo XVI, cuando la política y la economía del reino de Castilla pasaban por Extremadura, el Alentejo portugués concentraba el mayor número de centros urbanos del reino de Portugal. Su actividad agrícola, artesanal e industrial, sobre todo en el sector textil, era tan importante que el Alentejo contribuía con el 27% de los impuestos del Estado portugués. En ese tiempo, Serpa era una villa muy importante por su agricultura, su ganadería, su artesanía y su comercio. Hoy, destaca por sus monumentos, sus pensionistas y sus servicios.

Calle típica de  Serpa, con restos de su muralla.

Calle típica de Serpa, con restos de su muralla.

En “Historia económica de Portugal”, un tratado escrito por tres profesores universitarios lisboetas, los mapas permiten entender la fuerza económica y demográfica alentejana hasta las guerras de Restauración (1640-68) y de Sucesión(1703-13) contra España y napoleónicas (1801-1814) contra Francia.

Si comparamos, es lo mismo que sucedió en Extremadura, donde estas contiendas también hipotecaron de raíz el futuro de la región: las guerras se declaraban en Madrid, París, Londres o Lisboa, pero el campo de batalla estaba siempre en Extremadura y el Alentejo.

Esta calle de Serpa fue elegida la más bella de Portugal

Esta calle de Serpa fue elegida la más blanca de Portugal en 1987

Un dato para entender la situación demográfica: al empezar estas guerras, entre 1640 y 1649, hubo en la iglesia Matriz de Olivenza (Santa María del Castillo) 1.157 bautismos. Avanzada las guerras, entre 1660 y 1669, solo se bautizaron 286 niños. La puntilla la dieron las desamortizaciones del siglo XIX en Extremadura y en el Alentejo.

En la región de Évora, el 50% de la propiedad estaba en manos de la nobleza y el 38%, en manos eclesiásticas. La nobleza fue la gran beneficiada de la desamortización, como en Extremadura, y, también como aquí, eran terratenientes absentistas que vivían en Lisboa. El escritor portugués Nemesio Vitorino apunta que el Alentejo no era una provincia, sino una heredad, una gran finca que mandaba a Lisboa a su población aristocrática.

La llanura alentejana vista desde las inmediaciones de Viana do Alentejo

La llanura alentejana vista desde las inmediaciones de Viana do Alentejo

Con estos agravios, una región con burguesía ávida de poder habría organizado un movimiento nacionalista reivindicativo. Pero en el Alentejo ni tan siquiera son autonomistas. No cuentan con un relato regional.

Portugal, en general, es un país que llora lo que pudo haber sido y achaca su impotencia más a razones míticas que económicas. Hace unas semanas, en la librería Bertrand de Castelo Branco, los libros de historia más vendidos eran: “Portugal en la historia y en el mundo”, “Héroes en la historia de Portugal”, “Los reyes de la Reconquista portuguesa”, “Heroínas portuguesas”, “Un imperio a la deriva”, “El imperio colonial cuestionado” e historias de reyes, de reinas, de naufragios y de Viriato.

Interesante publicación sobre la "Historia económica de Portugal"

Interesante publicación sobre la “Historia económica de Portugal”

Se quejan en el Alentejo de que los fondos comunitarios, sin gobiernos autonómicos que los administren, solo han servido para financiar una vacía autovía de peaje entre Lisboa y la frontera por donde únicamente circulan grandes berlinas. Se lamentan de que la región se esté convirtiendo en un gran parque temático y turístico donde los extranjeros compran casas y tierras sin parar.

Extremadura y Alentejo, tan semejantes. Extretejo, la frontera más pobre de la antigua Unión Europea, una región con identidad propia que solo prosperó cuando estuvo unida: la Lusitania romana, el reino taifa de Badajoz o con Felipe II. Un país maltratado y resignado que quiere escribir su relato.

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Castelo Branco: un viaje entretenido

En Castelo Branco hay un centro comercial muy entretenido. Si esto no les convence para viajar, les diré que en Castelo Branco han abierto un museo de arte contemporáneo muy interesante de espectacular arquitectura e imprescindible contenido. Si siguen mostrándose remisos a esta excursión, pongo sobre la mesa el dato definitivo: en Castelo Branco abundan los restaurantes de comida buena y barata y algunos, hasta son bonitos.

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Con estas tres razones de peso, la comercial, la cultural y la gastronómica, viajar hasta Castelo Branco se convierte en una entretenida excursión, pero entonces aparecen las sorpresas que depara el camino, que ya sabemos desde Cervantes que es mucho más interesante que la posada.

Porque ir a Castelo Branco no es circular por cualquier carretera, sino recorrer la antigua ruta romana que llevaba desde Mérida hasta Coimbra y Braga, una calzada que saltaba y salta ríos mediante puentes magníficos y pasaba y pasa por ciudades romanas, que se conservan en buen estado de revista, como Idanha a Velha.

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

A Castelo Branco se va por la carretera que une Cáceres con Alcántara y el pueblo fronterizo de Piedras Albas, famosa aduana por estar alejada de casi todo y ser la escogida por los periodistas españoles que, con Manu Leguineche al frente, se adentraron en Portugal sin demasiados problemas para contar sobre el terreno la revolución del 25 de abril. Hace de eso 40 años, pero no ha cambiado lo fundamental: aunque la aduana es un edificio abandonado, la soledad sigue presidiendo esta frontera por donde pasa un coche cada mucho.

Segura, pueblo fronterizo portugués visto desde el rayano río Erjas

Segura, pueblo fronterizo portugués, visto desde el rayano río Erjas

Dejando a un lado las bellezas conocidas (retablo de Arroyo de la Luz, iglesia de Brozas, villa y puente de Alcántara), nos detendremos unos metros después de cruzar el puente fronterizo de Segura sobre el río Erjas, ya en Portugal, y nos asomaremos al paisaje. Al fondo, descubriremos un espectacular desfiladero fluvial. El Erjas baja por aquí encajonado y sus aguas traen una fuerza descomunal, sobre todo en invierno. Se puede bajar hasta el lecho del río y entretenerse paseando por la orilla y curioseando los molinos.

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Castelo Branco es una de las ciudades que más crece de Portugal. Este verano inauguraron un moderno aeródromo (en Castelo Branco está instalado un importante laboratorio de ensayos aeronáuticos). En la plaza principal está el centro de arte contemporáneo y un cómodo párking subterráneo. Podemos dejar el coche aquí para callejear buscando un lugar donde comer.

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Otra sala del CCCCB

Otra sala del CCCCB

El mejor restaurante de Casteo Branco nos sigue pareciendo Praça Velha, situado en el Largo Luis de Camoens, en la parte vieja. Es uno de los grandes de la Raya. Ambiente, servicio, cocina y precio se conjugan para conseguir que el placer de comer se convierta en una fiesta donde nada rechine. Los platos tradicionales son cocinados con un punto de aventura y sirven desde un aterciopelado de zanahoria y coco con mini pinchos de gambas marinadas, hasta una posta de bacalao en cama de puré garbanzos cubierto con tomate seco y aceite de trufa blanca.

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Pero el Praça Velha ya está consagrado y hoy buscamos un restaurante popular y barato para experimentar. Se llama Retiro do Caçador y está a un paso de la Catedral. La calle se llama Ruivo Godinho y en ella hay cuatro restaurantes sencillos. El Retiro es el más concurrido. Tiene mesas corridas. Por 1.50 euros tomamos una tonificante canja de galinha: sopa espesa de estrellitas de pasta, sabrosa de sustancia y llena de higadillos de pollo y carne. Sigue un bacalao al estilo del Retiro: bárbara fuente de bacalao con salsa y patatas fritas (10 euros). De postre: natillas, gelatina o flan.

Por la mañana, puentes y paisajes. A mediodía, arte. Tras la comida, algún libro y algún detalle en el centro comercial, situado camino de la autopista. Un viaje entretenido.

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

Una picanha en Alpalhão

Los alpalhoenses dicen buenas noches si es de noche y buenos días si es de día. Alpalhoense parece un gentilicio muy raro. Se aplica a los naturales de Alpalhão, un pueblo alentejano situado a media hora de Valencia de Alcántara. Lo de saludar parece más normal, sin embargo, eso es lo verdaderamente extraño, que la gente te diga buenos días y buenas noches. En Extremadura, a veces, sueltas un buenos días y la gente se asusta y te mira como si fueras una reliquia. En Alpalhão, o dices buenos días o a los cinco minutos, medio pueblo sabrá que anda suelto un forastero “esquisito”, o sea, extraño y ridículo, que no saluda.

Alpalhão es pequeñito (1.200 habitantes) y está situado en un punto estratégico donde se cruzan las carreteras que vienen de España, de Nisa, que es su capital municipal, de Estremoz, de Castelo Branco y de Portalegre. Sus casas son blancas, sus calles son tranquilas, sus gentes son educadas y en su restaurante más famoso sirven una de las mejores picanhas de la Raya.

En Alpalhão, hay tres restaurantes destacados: Tapada das Safras, Monte Filipe y Regata. El primero está en el campo, siguiendo por una carretera que sale del centro del pueblo. Es un complejo turístico con pretensiones, pero sin enjundia, con un sencillo y agradable restaurante luminoso, barato y decente.

Restaurante Monte Filipe, en Alpalhão

Restaurante Monte Filipe, en Alpalhão

El Monte Filipe está en un hotel moderno y bien equipado, spa incluido, situado en la salida hacia Crato y Estremoz. Es el más elegante de los tres con sus mesas de diseño, sus sillas de piel y sus modernas cristalería, vajilla y cubertería. La cocina es correcta, aunque no como para tirar cohetes, y por 15 euros cenas una açorda o sopa y una dorada, entrantes, copa de vino y postre.

De los tres restaurantes alpalhoenses, el Regata sigue siendo el más interesante para los extremeños que quieren comer a la portuguesa y no salir defraudados. Situado en el centro del pueblo, en la carretera de Nisa o Estrada das Amoreiras,, el local es sencillo, pero su servicio se esmera y cambia, entre plato y plato, la vajilla Costa Verde con historiado ribete azul y los cubiertos de buen acero.

El jefe, João Junceiro, trae aceitunas, torreznos, farinheira y chorizo frito de aperitivo y recomienda un decente vino blanco de la casa (4.5 euros). A la hora de pedir la comida, no solo basta con un plato, sino que incluso puede ser suficiente pedir media ración de cazón con “coentrada” y pan frito y otra media ración de picanha.

Picanha con su guarnición, en el restaurante Regatta de Alpalhão

Picanha con su guarnición, en el restaurante Regata de Alpalhão

El cazón con cilantro está rico e impresiona la bandeja de pan frito que ponen para acompañar el pescado. Aunque lo que de verdad merece la pena es la picanha, un corte de carne brasileño que en algunos lugares de Sudamérica es considerada la mejor parte de la ternera. Su nombre proviene de una vara llamada picanha y acabada en punta utilizada por los pastores brasileños para azuzar el ganado bovino. Con él pinchaban en la parte final del lomo de las vacas, la zona que en Extremadura llamamos rabillo de cadera.

Es una carne deliciosa, que en el Regata sirven con su tirita de grasa (tres filetes en la media ración) y una guarnición espectacular a base de arroz y plátano frito en la misma bandeja de la carne. En otra bandeja, ensalada y patatas fritas. Y en un cuenco de barro, un buen guiso de judías (feijoada).

Tras la apoteosis carnal, un abacaxi (especie de piña natural) para desengrasar, aunque también hay serradura, sericaia, etcétera para los golosos. João invita a un suave licor casero de hoja de higuera. Con dos cervezas, 32.65 euros. Da gusto acercarse a Alpalhão: te dan los buenos días, te dan las buenas noches y te dan bien de comer.

“El Cristo” de los portugueses

Hace 15 años, mi periódico de entonces, La Voz de Galicia, me envió a Extremadura para hacer un reportaje sobre una comarca que allí llamaba mucho la atención. Se trataba de tres pueblecitos, pegados a Portugal y Salamanca, situados en la esquina noroeste de la provincia de Cáceres.

En Galicia, aquellos pueblos estaban de moda porque, según había contado la Telegaita, que es como allí llaman a la tele autonómica, en los tres se hablaba gallego. Las facultades de Filología de las tres universidades de la región organizaban frecuentes excursiones a la zona y los nacionalistas del BNG estaban como locos con aquel enclave galaico de Extremadura.

Aunque mi madre es del cercano Ceclavín y yo era de Cáceres, la verdad es que no había visitado nunca los tres pueblos en cuestión, o sea, Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo.

Así que aquel viaje fue toda una sorpresa y estuvo lleno de emociones. Lo que más me sorprendió fue el orgullo con que los habitantes del Val do Xálima hablaban su fala, frente a cierta vergüenza que aún embargaba a los gallegos cuando hablaban su lengua, que, generalmente, consideraban como menos fina que el castellano.

Recuerdo que, en la escuela de Valverde del Fresno, hice una foto a una maestra que, ante sus alumnos, escribía en la pizarra: “A nosa lingua é a nosa fala”. Aunque a fala no es en absoluto gallego, por mucho que se empeñaran en Galicia, lo cierto es que esa frase es completamente gallega, la fotografía se archivó digitalmente en el periódico y, aún hoy, en La Voz de Galicia, cuando tienen que ilustrar un tema de polémica lingüística con una fotografía, echan mano del archivo y publican la de la maestra valverdeira con sus alumnos como si la escuela estuviera enclavada en A Mariña lucense o en el Barbanza coruñés.

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

En aquel viaje, me llevaron a comer a un bar que me dejó boquiabierto por lo barata y lo rica que estaba la comida. Me llamó la atención que, siendo un día de diario, estuviera lleno de portugueses. El bar se llamaba Inocencio y, hace unos días, pasé por Valverde del Fresno y lo busqué.

No es fácil dar con él. Está escondido detrás de la iglesia de Valverde, en una zona silenciosa, sin gente ni tráfico. Pero acabas encontrándolo, al igual que lo encuentran cada día decenas de portugueses. Para ellos, el Inocencio de Valverde es lo mismo que El Cristo de Elvas para los españoles.

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Vayas el día que vayas, en el Inocencio hay mayoría de comensales lusos. Se trata de un ejemplo de cómo triunfar y mantenerse en hostelería sin hacer aspavientos ni complicarse la vida. En la carta, los platos son básicos, pero seguros, sencillos, pero apetitosos: bacalao al horno, asado, con tomate o dorado, calamares fritos o a la plancha, chipirones en su tinta o en brocheta, ensaladas, carrillera, magro, albóndigas, ragut, tortilla…

Hay concesiones marisqueras a los portugueses (gambas y langostinos a la plancha), unos surtidos muy apañados de croquetas de varios rellenos (bacalao, atún, boletus), platitos de casquería variada (callos, oreja, lengua, riñones) y de sartenes de huevos con migas, con patatas y patatera o con patatas y gulas, a cada cual más rica.

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

¿Los precios? Entre los 3.25 euros de los platos de casquería y los 8.50 de las gambas a la plancha. ¿Los postres? Brocheta de fruta con chocolate caliente, chantilly y helado, crepes de chocolate y nata o de melocotón y queso, tarta de queso, helados Häagen Dazs…

Que nadie espere lujos. Es un bar correcto, de servicio atento y rápido, un bar español ruidoso y con la tele puesta para dar más marcha. Las raciones son españolas, que nadie espere un plato portugués de posta gigante de bacalao y guarniciones varias, pero está buenísimo. De aperitivo, unas aceitunas verdes, radiantes y sabrosas.

En 1998, había cola para comer. Quince años después, las colas siguen porque para los portugueses de Sabugal, Penamacor o Castelo Branco, decir Inocencio es decir placer y, además, los entienden con su medio gallego, medio portugués, medio leonés antiguo.

María João Pires: adiós a Belgais

En septiembre de 2003, viví uno de esos momentos que se suelen calificar de mágicos: la pianista María João Pires tocó una pieza de Chopin solo para mí y para un amigo fotógrafo. Lo hizo en Belgais, una quinta rodeada de olivos situada a media hora de la frontera española de Piedras Albas, en un majestuoso piano de cola Steinway Concert Grand Majestic. Once años después, la quinta de Belgais está en venta, el piano está en Brasil y la Pires vive en Salvador de Bahía.

Exterior de la quinta de Belgais

Exterior de la quinta de Belgais

La pianista María Joao Pires nació en Lisboa en 1944. A los cuatro años daba su primer concierto y a lo largo de su vida ha publicado 44 discos y tocado en los teatros, auditorios y festivales más importantes del mundo.

En 1999, la Pires decidió llevar adelante una utopía educativa y musical en la Raya, en la carretera que va de la frontera de Piedras Albas a Castelo Branco. Compró Belgais (80 hectáreas de terreno) reconstruyendo la quinta: 1.987 metros cuadrados, 23 habitaciones, varias con piano, una alberca, piscina, biblioteca, sala de grabación, auditorio…

Un grupo de visitantes, camino de un concierto en Belgais

Un grupo de visitantes, camino de un concierto en Belgais

Fundó una escuela para educar musicalmente a niños de la comarca, que, me contaba en 2003, “tienen una especial capacidad vocal desde siempre. No son voces inicialmente afinadas, sino voces con mucha potencia. Sucede algo parecido en el País Vasco, los vascos tienen voces semejantes a las de los habitantes de esta región”.

Alrededor de la alberca de Belgais se disponían las dependencias de la quinta

Alrededor de la alberca de Belgais se disponían las dependencias de la quinta

En aquellos años, María João pensaba extender su utopía al otro lado de la frontera: “Estamos en un momento de mudanza. Belgais necesita una solidificación y una consolidación antes de hablar de hacer algo en Extremadura”. Pero Belgais no se ha consolidado y el proyecto extremeño se ha olvidado.

María João Pires organizaba en Belgais unos conciertos únicos. Más que conciertos, eran fiestas musicales que costaban seis euros, empezaban el sábado en la sobremesa y acababan pasada la medianoche. Al llegar, tomabas café al fresco de la alberca, podías comprar artesanía de la zona y charlar con pianistas jóvenes y personajes venidos desde cualquier lugar del mundo. A media tarde comenzaba el concierto. Tocaban, por ejemplo, Josep Colom, ganador en 1978 del concurso de piano Paloma O’Shea y premio nacional de música en 1998, un grupo de cámara francés y la propia Pires.

La Pires, a punto de comenzar un concierto en Belgais

La Pires, a punto de comenzar un concierto en Belgais

Había descansos para beber gazpacho y comer bocadillos de carne. Después, con el público sentado en cojines o tumbado bajo la luna en una plataforma de madera que había en el jardín, María João acariciaba los nocturnos de Chopin…

Cuadros y objetos artísticos, a la venta junto a la alberca durante los descansos del concierto

Cuadros y objetos artísticos, a la venta junto a la alberca durante los descansos del concierto

Pero todo aquello se acabó. Ya no hay conciertos, ni coro de niños de la Beira Baixa, ni pianistas jóvenes formándose en Belgais. Harta de lo que ella llama coces y puntapiés del gobierno portugués, en 2006 la Pires se fue a Salvador de Bahía. “Me marcho para librarme de la decepción que he sufrido en Portugal. Me voy a Brasil para respirar tranquila”. Dicho y hecho.

Dos músicos, en Belgais preparando un concierto de música étnica

Dos músicos, en Belgais preparando un concierto de música étnica

El proyecto de Belgais siguió funcionando durante tres años dirigida por su hija. En 2009 cerró definitivamente y se convirtió en hotel rural. Aparecía en páginas hoteleras de Internet hasta hace nada. En noviembre del año pasado, Belgais era puesto a la venta en diferentes portales inmobiliarios. María João Pires pide por la quinta millón y medio de euros. Dicen que es barata y que hay muchos interesados.

En Brasil, la pianista  ha vuelto a poner en marcha su sueño de llevar la música a los más pobres. Recientemente, confesó a un periodista luso que iba a renunciar a la nacionalidad portuguesa para ser solo brasileña. La semana pasada, visitando Castelo Branco, Carlos Camoens, estudiante de Historia y responsable del centro de arte local, se quejaba amargamente: “No sé por qué nuestros artistas se enfadan con Portugal: primero Saramago y ahora, la Pires”.

Acabado su concierto, la Pires se aleja del piano aplaudida por el público

Acabado su concierto, la Pires se aleja del piano aplaudida por el público

Castelo Branco tiene arte

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

Escultura de Botero en la plaza principal de Castelo Branco

En Castelo Branco, todos los caminos llevan a la plaza principal. La plaza albicastrense era un desangelado contenedor de coches con dos gracias: el Teatro Cine Avenida, a un lado y el restaurante Kalifa, al otro. Pero en 1986, un incendio acabó con el teatro y la megaplaza pareció morir. Sin embargo, se trataba de una crisis necesaria para renacer.

La gran plaza se convirtió en trasunto de la ciudad y, al tiempo que a Castelo Branco llegaban los centros comerciales, las industrias y hasta un aeródromo, su plaza referencial vivía una transformación impensable de la mano del arquitecto catalán Josep Lluís Mateo y se convertía en un espacio peatonal rabiosamente moderno con cafés, tiendas y restaurantes luminosos y un párking subterráneo.

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Btranco

Pista de hielo bajo el Centro de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Al tiempo que la plaza se reformaba, el Teatro Cine Avenida renacía de las cenizas en el año 2002 y marcaba la nueva vocación cultural de la ciudad con una programación de primera categoría. En Castelo Branco se puede visitar el museo Cargaleiro con sus tapices y sus pinturas. El Tavares Proença Junior muestra bordados y arqueología. Las salas de Correos y de Nora (en el Teatro Cine) acogen exposiciones temporales. Y la guinda suprema, que ha coronado tres lustros de proyectos, es el Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco, el CCCCB, cuyas iniciales son un lío al confundirse con el CCCB de Barcelona y el CCB de Belem en Lisboa.

El CCCB de Castelo Branco

El CCCCB de Castelo Branco

Hoy, la inmensa plaza de Castelo Branco está presidida por un edificio fascinante que parece que va a echar a volar. Es este CCCCB, este museo de arte contemporáneo levantado por el mismo arquitecto que triunfó con la plaza: Josep Lluís Mateo.

El edificio se ha hecho a la portuguesa: lento, pero seguro. Pasaron diez años desde que encargaron el proyecto a Mateo hasta que comenzaron las obras. Este contenedor de arte fascinante merece por sí solo una visita. Pero también la merece su contenido: la colección de arte hispanoamericano de José Berardo, que tiene también obras de su propiedad en Lisboa, en el Centro Cultural de Belem, y en Bombarral.

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

Rampa interior del CCCCB de Castelo Branco

El CCCCB fue inaugurado el 13 de octubre del pasado año y desde entonces ha recibido más de 5.000 visitantes de taquilla. Cierra los lunes. El resto de la semana abre de 10 a 13 y de 14 a 18 horas. Bajo el edificio, hay una pista de patinaje sobre hielo. La entrada cuesta dos euros y cuenta con cafetería, tienda y un auditorio con capacidad para 275 personas y una acústica formidable, que fue concebido para que en él trabajara la pianista María João Pires antes de escapar del vecino Belgais al exilio cultural brasileño.

Arte latinoamericano en el CCCCB

Arte surrealista  latinoamericano en el CCCCB

Las obras expuestas en el CCCCB son una completa muestra del último arte latinoamericano. Están representados todos los países del área. Destacan las creaciones de los mejicanos Diego Rivera y Rufino Tamayo, del ecuatoriano Oswaldo Guayasamín o de la principal referencia del Modernismo uruguayo: Joaquín Torres García.

Esculturas y cuadros en el CCCB

Esculturas y cuadros en el CCCB

Paseando, ascendiendo por rampas que emocionan, admirando, salen al paso las obras del hiperrealista chileno Guillermo Muñoz o de otro hiperrealista interesante: Guillerme Muñoz Vera, retratista de la Casa Real española, cuyo cuadro “Semana Santa en Sevilla” atrapa la mirada de los visitantes españoles. Llaman la atención los contemporáneos brasileños: Adriana Varejão, Ernesto Neto, Vick Muniz o Walter Goldfarb. Culminan la colección las esculturas del colombiano Botero y un cuadro emocionante del surrealista chileno Roberto Matta.

Una de las salas de pintura del CCCCB

Una de las salas de pintura del CCCCB

Será la apuesta cultural de sus últimos alcaldes, Joaquín Morão y Luis Correia, será el empuje emprendedor de la ciudad, lo cierto es que Castelo Branco es la única población de la Beira que no ha perdido población en el último censo (39.000 habitantes, la ciudad y 56.000, el municipio). Desde octubre, es una visita cultural ineludible.

Las morcillas judías: patateras, alheiras, farinatos y farinheiras

Las morcillas sirven lo mismo para un roto que para un descosido. No hay otro embutido tan simbólico ni tan popular. Por eso, a veces ha sido prohibido como delito flagrante y a veces ha sido consumido para evitar cometer delito. La morcilla es un alimento tan representativo que se ha llegado a falsear para provocar engaño y salvar el pellejo.

Alheiras "judías" de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

Alheiras “judías” de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

En las fiestas lupercales romanas, la morcilla era el plato estrella y se consumía al tiempo que se practicaban ritos de iniciación sexual. La Iglesia prohibió las lupercales en cuanto pudo y el emperador Constantino abundó en la prohibición convirtiendo su consumo en delito. ¡Cuántos hubieran ido a la cárcel en Cáceres por haber consumido el famoso bocadillo de patatera de 180 metros preparado en la calle Moret!

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

La morcilla se convirtió, pues, en un plato clandestino sin imaginar que, mil años después, habría de ser un embutido de cuyo consumo se haría ostentación pues no había mejor manera de demostrar cristianismo viejo y alejamiento de cualquier veleidad hebraica que consumir morcilla rellena de carne de cerdo. Es en este punto donde los judíos, expulsados de España y perseguidos en toda la Península, se inventan morcillas falsas para dar el pego.

Extremadura pertenece a una región fronteriza formada por los distritos rayanos de Bragança, Guarda, Castelo Branco, Portalegre, Zamora, Salamanca y Cáceres, donde aparecen en el siglo XVI, coincidiendo con la persecución de los judíos y la llegada del pimiento de América, con el consiguiente descubrimiento del pimentón en Guadalupe… Aparecen, digo, unos embutidos rojos donde hoy suele haber carne de cerdo, pero que entonces llevaban pan, patata y carne de ave o conejo.

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Estas morcillas, exteriormente tenían toda la pinta de ser porcinas, pero se trataba de un engaño. Quienes las comían evitaban que recayera sobre ellos cualquier acusación de judaísmo, pero en realidad eran judíos que de esta manera no pecaban contra sus preceptos, al tiempo que evitaban ser perseguidos por negarse a comer cerdo.

Estas morcillas recibían el nombre de alheiras y farinheiras en Portugal, farinato en Salamanca, androjas en Zamora y, quizás también, nuestra patatera en Extremadura.

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Aunque pertenezcamos a la geografía del embutido engañoso, no hay pruebas de que la patatera fuera nunca un invento judío, pero resulta extraño que sí haya indicios de que detrás de los otros embutidos esté la mano de los judíos y detrás de nuestro embutido de patata y pimentón no haya habido nunca un intento de disimular cristianismo viejo.

Las fórmulas de este truco chacinero judío eran varias. En unos casos se añadía manteca de cerdo derretida, que no se consideraba un pecado tan flagrante. En otros, se añadía aceite de oliva. Y siempre, el pan, la patata o la harina como base de estas primeras morcillas light y sin pecado de la historia.

En Portugal, tienen claro que la farinheira y la alheira fueron inventadas por los judíos para confundir a los inquisidores. De aquellos embutidos “hebreos” portugueses, solo perdura la alheira pues la farinheira, que se elabora sobre todo en los alrededores de la Serra de San Mamede, al otro lado de la frontera de Valencia de Alcántara, ya se hace siempre con grasa de cerdo. Hay una especialidad, la farinheira de Guarda, que lleva también huesos de cerdos de la raza bisara. La alheira se prepara con carne de ave o de conejo. Las más famosas son las de Mirandela, villa de 15.000 habitantes situada en Tras-os-Montes. La alheira se ha puesto últimamente de moda en Portugal  y ya la hacen hasta de bacalao.

En Extremadura, la importancia de la patatera como embutido original es cada vez mayor, pero no suele hablarse nunca de sus posibles orígenes judaizantes, de su antiguo carácter de morcilla con truco, algo así como las gulas de surimi o el caviar sintético, pero con contenido religioso.

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Poblados ferroviarios de La Raya

En el año 1881, al tiempo que se establecía la línea del ferrocarril Madrid-Lisboa, se levantaba en una llanura situada entre Arroyo de la Luz y Malpartida de Cáceres un poblado ferroviario estratégico. La estación resultante, con su depósito de locomotoras, la charca Lancho, que la abastecía de agua, y toda la intendencia necesaria parara mantener la línea, se llamó Arroyo-Malpartida. Se había intentado instalar en tierras de Malpartida de Cáceres, pero se opusieron los propietarios de algunas tierras. El ayuntamiento de Arroyo de la Luz, que entonces se llamaba del Puerco, intentó sin éxito que la estación se levantara en su término municipal.

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

¿Pero por qué pasa el tren por Arroyo-Malpartida? Pues fue gracias a la influencia de don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, un ingeniero nacido en Valencia de Alcántara en 1817. Don Cipriano fue diputado en Cortes, Director General de Obras Públicas y director de varias compañías de ferrocarriles españoles. Se había casado con Eladia, sobrina de Espartero, que heredará los títulos y la fortuna del general. Compatibilizó la política con la enseñanza, la ciencia y el desarrollo de las obras públicas. Fue el representante español en la Comisión Internacional del Canal de Suez, fundador y presidente de la Academia de Ciencias, vicepresidente del Senado y accionista de la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1854 y 1856, ostentará el cargo de director de Obras Públicas. Será el autor de la Ley de Ferrocarriles y quien establezca definitivamente el ancho de vía español de 1.672 milímetros, los seis pies castellanos, aunque los estudios técnicos sobre la cuestión databan de 1844, cuando los anchos de vía en Europa oscilaban entre los 1.435 y los 2.134 milímetros.

Cuando se empezó a hablar de la unión entre Madrid y Lisboa por la cuenca del Tajo, se barajó en Madrid la posibilidad de que la línea ferroviaria fuera por Coria, Ceclavín y Zarza la Mayor, entrando en Portugal por Monfortinho, pero don Cipriano envió al ministro de Fomento, en 1874, una  carta de seis folios, incluyendo planos donde demostraba que el mejor trazado entre Palazuelo-Empalme (Malpartida de Plasencia) y Lisboa era a través de Valencia de Alcántara, Abrantes y Entroncamento. Tras enconadas polémicas en la prensa, ese fue el trazado aprobado.

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Se levantó así este enclave estratégico, la estación de Arroyo-Malpartida, que llegó a tener capilla, dos cines, 280 viviendas, silo, médico, escuela de mayores y de párvulos, taxidermista, carnicería, tienda de comestibles, cantina… Había un tren gratuito que salía temprano hacia Cáceres llevando a las amas de casa del poblado y a los estudiantes. Regresaba al mediodía.

Los ferroviarios causaban admiración en Arroyo y Malpartida porque tenían sueldo fijo, horario y vacaciones. En Malpartida había una canción popular que decía: “Hija, ¿quién es ese mozo?… Madre dicen que es del pueblo, pero yo no lo conozco…Tú, hija, pregúntalo porque a mí mucho me gustan los mozos de la estación”. Durante la Guerra Civil, aumentó el número de ferroviarios. No luchaban en el frente y eso provocó que muchos quisieran entrar a trabajar en la estación.

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

En los años 50, la estación de Arroyo-Malpartida llegó a tener asignadas 39 locomotoras por lo que necesitaba un gran número de trabajadores especializados. Había 900 empleados en 1960, época en que la estación llegó a tener 1.107 habitantes. Las antiguas locomotoras de vapor tenían muchas limitaciones y no podían hacer el trayecto Madrid-Frontera portuguesa sin un relevo. Las máquinas de Arroyo relevaban a las que llegaban de Madrid en Navalmoral de la Mata, llevando el tren hasta Valencia de Alcántara.

Cuando se introducen en 1967 las locomotoras diésel, que hacían grandes trayectos sin necesidad de relevos, Arroyo-Malpartida fue perdiendo actividad y personal. Los empleados se jubilaron o se formaron para atender las nuevas locomotoras, siendo trasladados a la estación de Atocha.

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

La puntilla fue la apertura el 22 de junio de 1971 de la variante de Casar de Cáceres a Cáceres. La estación de Arroyo-Malpartida perdía su importancia estratégica y el poblado  pasaba de tener 1.107 habitantes en 1960 a contar con tan solo 138 en 1975, no sobrepasando en la actualidad los 50. La variante costó 120 millones de pesetas y se construyeron 18 kilómetros de vía.

Caso muy contrario es el de Entroncamento, el otro poblado ferroviario con depósito de locomotoras situado en la línea Madrid-Lisboa, pero en el lado portugués. Entroncamento se levantó en 1864 en otra llanura donde no había absolutamente nada.

Entroncamento también creció rápidamente. En 1950, tenía 6.804 habitantes y en 2004, 20.065 . Hoy, sus casi 25.000 habitantes viven en 14 kms cuadrados, es el segundo municipio más pequeño del país y tiene más de 1.300 habitantes por kilómetro cuadrado. En 1926 fue elevado a la categoría de parroquia y en 1991 se le concedió el título de ciudad.

Entroncamento ha vivido desde su nacimiento por y para el tren. Es el punto donde coincide la línea Oporto-Lisboa con la del Tajo, que conduce hacia Castelo Branco y Covilhá. De allí parte la línea de Tomar y por Entroncamento pasan los trenes que van a Guarda, incluido el combinado Sur-Exprés-Lusitania. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

El autor del blog en la estación de Entroncamento

El autor del blog en la estación de Entroncamento

Entroncamento es una ciudad moderna que gira alrededor de la estación. Cuenta con un interesante museo ferroviario y con un cuartel militar importante. Su comercio es pujante y el mercadillo sabatino es de los principales de la región. Por la estación de Entroncamento pasan cada día decenas de trenes y miles de viajeros y el trajín ferroviario es formidable.

Al otro lado de la frontera, Arroyo-Malpartida se convirtió poco a poco en un poblado fantasma que solo despertaba de su letargo al cruzarlo cada noche el Lusitania Exprés. El Lusitania desapareció en agosto de 2012. Ahora, han puesto un tren diurno que circula entre Cáceres y Valencia de Alcántara y la ilusión ha vuelto a sus vecinos. Pero o mucho cambian las cosas o este será el último tren de Arroyo-Malpartida.

Portugal: la ruta del bacalao

El bacalao dorado ha invadido Extremadura. En Badajoz, es casi una plaga… ¡Bendita plaga! Viví en Badajoz a finales de los 70 y recuerdo que solo lo servían en un par de bares. En 2013, no hay restaurante, venta ni taberna, del Marchivirito a Doña Purita, de las casonas Alta y Baja al Bigotes, que no ofrezca en su carta un rico bacalao dorado.

cartade bacalaos

Carta rústica del restaurante O Freixo de Penha Garcia

En Badajoz, lo portugués tiene mucha presencia en la hostelería. Es común que te sirvan una cerveza Sagres, un licor Beirao, un pastel de nata, un vino Mateus o un omnipresente y exquisito café Delta. En el resto de Extremadura, la cosa cambia y, salvo el café y algunos pasteles de nata, los demás productos tienen una presencia testimonial. No sucede lo mismo con el bacalao dorado, que poco a poco va extendiéndose hacia el interior de la región.

Resulta curioso que, cuanto más cerca de la Raya, más se usa su nombre portugués, bacalao dorado, mientras que a medida que nos alejamos hacia Cáceres, Mérida o Navalmoral, se va convirtiendo en bacalao a la dorada, una estilización que no tiene mucho sentido.

Aunque el propio apelativo de bacalhau dourado también es un tanto forzado. En Portugal, se utiliza sobre todo en la Raya alentejana pegada a Extremadura: entre Marvao y Alandroal. Más allá, se conoce con el nombre portugués de toda la vida: bacalhau á Braz, aunque sobre esta cuestión hay multitud de teorías.

El bacalao deshilachado con patatas fritas paja y huevo fue inventado, según la tradición portuguesa, en Macao por un señor llamado don Braz. De hecho, un refrán popular de Macao reza así: “En Macao, casinos, mulheres y bacalhau á Bras (en el refrán es con ese)”.

Así que en Portugal, en cuanto te alejas de la frontera, el bacalhau dourado desaparece y lo comeremos á Braz en el restaurante Álvaro de Urra o en el Casa do Forno de Monsaraz. Con el nombre de á dourada, más propio de nuestra Extremadura interior, solo lo hemos encontrado en O Miradouro de Barrancos, pero ya se sabe que Barrancos es tan de aquí como Barcarrota o Berrocalejo.

Bacalao Don Pipas, en el restaurante del mismo nombre de Mourao

Bacalao Don Pipas, en el restaurante del mismo nombre de Mourao

En la Raya Norte, sirven bacalao al estilo lagareiro, con patatas asadas con piel, en O Freixo de Penha Garcia, Helana de Idanha-a-

Bacalhau ó lagareiro en O Freixo de Penha Garcia

Bacalhau ó lagareiro, en O Freixo de Penha Garcia

Nova o Santos de Portalegre. Al estilo espiritual (desmigajado con patata, zanahoria y un gratinado final al horno), es lo típico en la Raya Sur: O Pipas de Mourao o Sabores da Estrela de Estrela (Moura).

Pueden desesperarse si buscan el bacalao con huevos y patatas fritas paja en los buenos restaurantes de Évora. Y en Estremoz, uno de los enclaves gastronómicos más interesantes del Alentejo, el dourado brilla por su ausencia, pero para compensar, están el suculento bacalao frito con salsa de langostinos de la Adega do Isaias y el espectacular lomo de bacalao al carbón de A Cadeia Quinhentista.

En las capitales situadas frente a la provincia de Cáceres, tampoco es común el bacalhau dourado, pero en el considerado como mejor restaurante de Castelo Branco, Praça Velha, sirven un plato típico de la comarca: bacalhau con boroa (pan de maíz); sin salir de la capital de la Beira Baixa, también es suculento, aunque a veces no lo desalan lo suficiente, el bacalhau da casa en el Retiro do

Bacalhau da casa en el Retiro do Caçador de Castelo Branco

Bacalhau da casa, en el Retiro do Caçador de Castelo Branco

Caçador albicastrense. En el restaurante más interesante de Portalegre, el Tomba Lobos de Reguengos, camino de la Serra de San Mamede, el bacalao gratinado con espárragos merece la pena.

Como ven, no solo de bacalhau dourado vive el portugués, pero si prefiere no arriesgarse con bacalaos “complicaos” y solo le gusta el “dorao”, les recomendamos el bacalhau dourado que, en general, es considerado el mejor de la Raya. Lo sirven en A Maria, un restaurante de Alandroal. María lo prepara con huevos de corral muy amarillos, patatas caseras muy bien fritas en el momento, para que no parezcan goma de mascar, y un bacalao de primera calidad que deshilacha con cuidado. El resultado es suave, sabroso

Bacalao dorao, en A Maria de Alandroal

Bacalao “dorao”, en A Maria de Alandroal

y meloso. ¡Que aproveche!