Monforte, el país de los Moura

En medio de la llanura alentejana, se yergue Monforte. Es una villa estratégica, situada sobre un promontorio en el que confluyen siete carreteras, que vienen de Elvas, Borba, Estremoz, Fronteira, Alter do Chão, Portalegre y Arronches, convirtiendo Monforte en capital de esta comarca alentejana marcada por las dehesas, las planicies, los toros bravos y los caballos lusitanos.

Aunque lo que hace de Monforte una referencia de españoles y portugueses no es ser un cruce de caminos, sino su carácter de capital del rejoneo portugués por haber nacido en ella la dinastía de los Moura.

Una mujer pasa por una calle de Monforte, junto a una fachada plagada de carteles de rejoneo

Una mujer pasa por una calle de Monforte, junto a una fachada plagada de carteles de rejoneo

De esas siete carreteras que empatan en Monforte, hay una especialmente simbólica. Va al municipio de Alter do Chão y une, en fin, la capital de los rejoneadores portugueses con la capital de los caballos lusitanos. Justo en esa carretera, a pocos kilómetros de Monforte y tomando una senda a la derecha, se llega a la Quinta de Santo António, donde la familia Moura reside, entrena y cría su ganado y sus caballos.

La dinastía de los Moura es larga y variada. João, el patriarca, nació en Monforte en 1960. Con 14 años debutaba con caballos y público en la legendaria plaza lisboeta de Campo Pequenho. Dos años después, en 1976, se estrenaba en la plaza de toros de Las Ventas, para tomar la alternativa en Santarem, otra de las más importantes plazas de Portugal, el 11 de junio de 1978. Su hijo Miguel nació en 1996, también en Monforte y también se dedica al rejoneo. Con 17 años, su padre le daba la alternativa en Las Ventas al tiempo que se retiraba.

Además del padre y el hijo rejoneadores, está el pequeño Miguel Moura, que es torero. La familia no acaba aquí. Hay un primo rejoneador: Paulo Queitano, que a su vez, tiene un hijo torero: João Moura Queitano. A ellos hay que añadir otro sobrino con el que no contábamos y que nos apunta un caballero en una terraza de la plaza principal de Monforte: Antonio Benito Moura.

En Monforte, los Moura son el orgullo local. La población está plagada de carteles anunciando la presencia de los toreros y rejoneadores de la familia en las diferentes plazas de España y Portugal. La plaza de toros de la localidad se llama João Moura Pai y se levanta en el pueblo un Centro de Interpretación de la Tauromaquia.

El año pasado, João Moura hijo subió a Facebook unas imágenes en las que se veían varios perros de presa atacando a una vaquilla. Las fotos causaron una gran indignación en Portugal y el joven rejoneador fue denunciado a las autoridades. Facebook retiró las imágenes, pero las fotos han quedado como un baldón que en Monforte han tomado casi como un ataque a las esencias del pueblo y se irritan y defienden si se les menciona el caso.

En la oficina de Turismo, informan detalladamente de cuantas vicisitudes rodean a la saga local de rejoneadores y detallan cómo llegar hasta su finca. En el restaurante O Caçador, famoso por su arroz y sus alubias con liebre, se podían contar 50 carteles de corridas en las que han intervenido los Moura.

Hay otros restaurantes más elegantes y modernos, pero también con platos tradicionales como el porco preto.

Monforte tiene 3.200 habitantes y, como cualquier otro municipio alentejano o extremeño, en 1960, tenía más del doble: 7.300. Más allá del rejoneo, paseando por su casco antiguo, se puede visitar el museo municipal, la torre del reloj, los restos del castillo, el palacio municipal del XVII o la capilla de los huesos, adosada a la iglesia parroquial, con decenas de cráneos y huesos incrustados en sus paredes y tan inquietante como otras capillas semejantes de Campo Maior y Évora.

Anuncios

El mundo contra Extremadura

Hace unos meses, se celebró en Barcelona un congreso titulado “España contra Cataluña”. Y no seré yo quien lleve la contraria. España, entendida como la monarquía absoluta, los cortesanos egoístas y la alta burguesía acaparadora, ha actuado muchas veces en contra de Cataluña, de Galicia, de Murcia, de Canarias…

No digo nada de Extremadura porque si aquí tuviéramos que montar un congreso de queja y reivindicación, deberíamos titularlo “El mundo contra Extremadura”.

Puente de Palmas de Badajoz

Puente de Palmas de Badajoz

Extremadura fue un reino aftasí próspero y culto hace mil años, pero se lo cargaron los almorávides en 1086 y los cristianos en 1230. La región vivió un tiempo de cierta prosperidad hasta el siglo XVII, pero luego, entre 1640 y 1713, se convirtió en un horrible campo de batalla: Madrid y Lisboa se declaraban la guerra, pero los ejércitos luchaban en Extremadura, incluidos los de Carlos de Austria y el mariscal Barwick: el mundo se peleaba aquí, devastaba aquí e impedía cualquier intento de instalar aquí industria o comercio. La propia nobleza local escapaba a la Corte y arrendaba sus tierras o las dedicaba a la ganadería sin cultivarlas.

Catedral de Badajoz

Catedral de Badajoz

En el siglo XVIII, los ilustrados de Madrid empiezan a fijarse en esa tierra depauperada y despoblada, maltratada por la guerra y llamada Extremadura. Se escriben memoriales en los que se explica que los latifundios y la Mesta (dirigida por la nobleza centralista) han maltratado la región, llegando la Mesta a provocar incendios legales para tener más pastos.

Las epidemias, heladas, plagas de langosta, inundaciones y terremotos se han cebado con Extremadura sin que desde Madrid se haya procurado socorro ni beneficencia. Los 14.000 moriscos expulsados de Extremadura han retrasado su agricultura sin remisión, acabado con su comercio y cercenado su artesanía. En la región hay menos habitantes que 200 años atrás, la nobleza se ha marchado y no hay ni burguesía industrial, ni gremios influyentes ni instituciones universitarias. ¿Cómo iba a haber nada de esto en una región que era un campo de batalla por decisión de “España”?

Subida a la Alcazaba de Badajoz

Subida a la Alcazaba de Badajoz

Estos memoriales provocan un primer proyecto de reforma agraria que prepara Olavide, pero la Inquisición y la jerarquía recelan de ese intento de repartir tierras entre los necesitados y Olavide ha de huir antes de que lo detengan y procesen. Muere Carlos III y se acaban las buenas intenciones.

El siglo XIX empieza como había empezado el XVIII: el mundo contra Extremadura. Franceses e ingleses se dan estopa aquí ayudados por españoles, portugueses y mercenarios varios. Esos años de guerra marcarán la primera mitad del siglo, unidos a la fiebre amarilla, el cólera y el hambre. Conclusión: seguíamos teniendo medio millón de habitantes, como durante el siglo XVI.

Interior de la Alcazaba de Badajoz

Interior de la Alcazaba de Badajoz

Quedaban algunos consuelos: las tierras de monasterios como Guadalupe eran un emporio económico y los ayuntamientos tenían tierras comunales cuyas rentas permitían atender los servicios públicos, crear pósitos para prestar dinero y, además, se podían repartir tierras. Pero todo eso se acaba, lo decide Madrid, o sea, España. Tres desamortizaciones (Godoy, Mendizábal y Madoz) entregan baratitas esas tierras de monasterios y ayuntamientos a la aristocracia y a la alta burguesía españolas, que no las cultivan, sino que cortan los árboles, venden la madera y dedican las fincas a pastos.

Los campesinos extremeños se convertirán en jornaleros explotados por las grandes fortunas de España o emigrarán. Y acaba el XIX casi peor que empezó: sin revolución industrial, sin tierras comunales, sin instituciones de ayuda y beneficencia… La reacción es una revolución agraria, la contra reacción es una Guerra Civil. El resultado final: la emigración del 30% de la población a las regiones más industriales, sí, esas del congreso de España contra… Regiones donde las cajas de ahorro, también las extremeñas, están obligadas a prestar dinero a bajo interés para favorecer el desarrollo industrial y donde se deben establecer obligatoriamente las fábricas.

Badajoz: Puerta de Palmas

Badajoz: Puerta de Palmas

Esta es la historia resumida de Extremadura y por esta razón somos los últimos de la fila, ya sea en desarrollo industrial o en el informe Pisa. No me digan que no hay base para organizar un congreso científico titulado “El mundo contra Extremadura”.

Una picanha en Alpalhão

Los alpalhoenses dicen buenas noches si es de noche y buenos días si es de día. Alpalhoense parece un gentilicio muy raro. Se aplica a los naturales de Alpalhão, un pueblo alentejano situado a media hora de Valencia de Alcántara. Lo de saludar parece más normal, sin embargo, eso es lo verdaderamente extraño, que la gente te diga buenos días y buenas noches. En Extremadura, a veces, sueltas un buenos días y la gente se asusta y te mira como si fueras una reliquia. En Alpalhão, o dices buenos días o a los cinco minutos, medio pueblo sabrá que anda suelto un forastero “esquisito”, o sea, extraño y ridículo, que no saluda.

Alpalhão es pequeñito (1.200 habitantes) y está situado en un punto estratégico donde se cruzan las carreteras que vienen de España, de Nisa, que es su capital municipal, de Estremoz, de Castelo Branco y de Portalegre. Sus casas son blancas, sus calles son tranquilas, sus gentes son educadas y en su restaurante más famoso sirven una de las mejores picanhas de la Raya.

En Alpalhão, hay tres restaurantes destacados: Tapada das Safras, Monte Filipe y Regata. El primero está en el campo, siguiendo por una carretera que sale del centro del pueblo. Es un complejo turístico con pretensiones, pero sin enjundia, con un sencillo y agradable restaurante luminoso, barato y decente.

Restaurante Monte Filipe, en Alpalhão

Restaurante Monte Filipe, en Alpalhão

El Monte Filipe está en un hotel moderno y bien equipado, spa incluido, situado en la salida hacia Crato y Estremoz. Es el más elegante de los tres con sus mesas de diseño, sus sillas de piel y sus modernas cristalería, vajilla y cubertería. La cocina es correcta, aunque no como para tirar cohetes, y por 15 euros cenas una açorda o sopa y una dorada, entrantes, copa de vino y postre.

De los tres restaurantes alpalhoenses, el Regata sigue siendo el más interesante para los extremeños que quieren comer a la portuguesa y no salir defraudados. Situado en el centro del pueblo, en la carretera de Nisa o Estrada das Amoreiras,, el local es sencillo, pero su servicio se esmera y cambia, entre plato y plato, la vajilla Costa Verde con historiado ribete azul y los cubiertos de buen acero.

El jefe, João Junceiro, trae aceitunas, torreznos, farinheira y chorizo frito de aperitivo y recomienda un decente vino blanco de la casa (4.5 euros). A la hora de pedir la comida, no solo basta con un plato, sino que incluso puede ser suficiente pedir media ración de cazón con “coentrada” y pan frito y otra media ración de picanha.

Picanha con su guarnición, en el restaurante Regatta de Alpalhão

Picanha con su guarnición, en el restaurante Regata de Alpalhão

El cazón con cilantro está rico e impresiona la bandeja de pan frito que ponen para acompañar el pescado. Aunque lo que de verdad merece la pena es la picanha, un corte de carne brasileño que en algunos lugares de Sudamérica es considerada la mejor parte de la ternera. Su nombre proviene de una vara llamada picanha y acabada en punta utilizada por los pastores brasileños para azuzar el ganado bovino. Con él pinchaban en la parte final del lomo de las vacas, la zona que en Extremadura llamamos rabillo de cadera.

Es una carne deliciosa, que en el Regata sirven con su tirita de grasa (tres filetes en la media ración) y una guarnición espectacular a base de arroz y plátano frito en la misma bandeja de la carne. En otra bandeja, ensalada y patatas fritas. Y en un cuenco de barro, un buen guiso de judías (feijoada).

Tras la apoteosis carnal, un abacaxi (especie de piña natural) para desengrasar, aunque también hay serradura, sericaia, etcétera para los golosos. João invita a un suave licor casero de hoja de higuera. Con dos cervezas, 32.65 euros. Da gusto acercarse a Alpalhão: te dan los buenos días, te dan las buenas noches y te dan bien de comer.

La Raya portuguesa en el norte de África (II): La venganza desembarca en Asilah.

 

Tánger queda a cinco horas de Extremadura. Tras un cómodo viaje por autovía hasta Tarifa, hay que embarcar en un ferry, que, en 35 minutos de travesía, más unos 20 minutos para zarpar y atracar, te deja en el puerto de Tánger. El billete, si no se lleva el coche, cuesta 65.70 euros ida y vuelta. El cruce del Estrecho es rápido y agradable. El barco tiene cómodos sillones, dos cafeterías, tienda y el único engorro de que hay que sellar el pasaporte en el viaje de ida a Marruecos y eso obliga a guardar largas colas.

Puerto y playa de Tánger

Puerto y playa de Tánger

Tánger es una ciudad de un millón de habitantes que se ha desarrollado formidablemente en los últimos años. Este antiguo enclave portugués fue despreciado durante años por la monarquía alauita por haber sido un protectorado internacional y por su multiculturalismo, más occidental que africano. Esto la convertía en una ciudad poco magrebí. La subida al trono de Mohamed VI ha cambiado sustancialmente la situación. El nuevo rey de Marruecos parece más práctico y menos lleno de prejuicios. Ha entendido el enorme potencial de la ciudad marroquí más cercana a Europa y, en pocos años, la inversión en la zona se ha multiplicado.
En la última década, se ha inaugurado el puerto franco Tánger Med, se han construido modernas autopistas, se ha levantado una fantástica estación de ferrocarril, al tiempo que comenzaban las obras del tren de gran velocidad LGV que unirá Tánger con Casablanca y Rabat. El aeropuerto se ha convertido en una base de vuelos low cost y el turismo se ha multiplicado considerablemente.

La medina de Tánger, a vista de pájaro

La medina de Tánger, a vista de pájaro

Cuando en 1471 Tánger fue, por fin, portugués, la ciudad ya gozaba de una envidiable situación como puerto fundamental del Mediterráneo y puerta de entrada en África. La derrota portuguesa ante sus muros, que contábamos en una entrega anterior en este blog, había convertido Tánger en una obsesión de la corona portuguesa. El sucesor de Eduardo, el rey Alfonso V de Portugal, no paró hasta vengar la derrota sufrida por sus tíos ante las murallas de Tánger. Durante años, preparó la nueva expedición contra el norte de África con una cautela, un sigilo y una dedicación cuya ausencia había propiciado el anterior fracaso. Al igual que sucediera antes de la conquista de Ceuta, Alfonso V envió a la ciudad de Asilah o Arcila, situada unos 25 kilómetros al sur de Tánger, a dos espías.Estos se hicieron pasar por mercaderes en busca de negocio, pero, en realidad, se dedicaron a estudiar la defensa amurallada de Asilah y a fijar los mejores puntos para fondear las naves portuguesas durante el necesario desembarco de las tropas en el norte de África.

Vista desde la muralla de la playa y fondeadero de Asilah

Vista desde la muralla de la playa y fondeadero de Asilah

Por fin, el 20 de agosto de de 1471, una flota formada por 500 navíos y 30.000 hombres zarpaba de Lisboa. Tras fondear en Lagos, la ciudad de Asilah era conquistada el 24 de agosto de 1471 por las tropas del rey Alfonso V, que iba con el ejército en compañía de su hijo Juan. El caíd de Asilah intentó rendirse, pero los soldados prefirieron vengar la humillación de Tánger y escogieron antes la sangre que el tratado de rendición. Entraron a cuchillo en la ciudad, mataron a 2.000 personas y apresaron a 5.000. Después, Asilah fue fortificada con torres y murallas, que aún se conservan. También se construyó una empalizada para evitar la sorpresa ocurrida en Tánger, donde fueron atacados desde el interior por las guerrillas de las cabilas.

Muralla portuguesa de Asilah

Muralla portuguesa de Asilah

El siguiente paso era conquistar Tánger y convertirla en la capital de la raya fronteriza de Portugal en África. El empeño fue sencillo. Ante las noticias que traían los refugiados, que huían de la masacre de Asilah, los tangerinos abandonaron en masa la población temiendo lo que se les venía encima. Cuatro días después, las tropas portuguesas ocupaban Tánger sin encontrar prácticamente resistencia.

Calleja de la medina de Tánger

Calleja de la medina de Tánger

La ciudad fue portuguesa hasta 1661, cuando fue entregada al futuro rey de Inglaterra, Carlos II, como dote por su boda con la infanta portuguesa Catalina de Braganza. Aquella raya africana de Portugal desaparecería finalmente cuando Asilah fue reconquistada por el sultán Moulay Ismael en 1691. Ceuta había dejado de ser portuguesa al decidir seguir perteneciendo a la corona española tras la guerra de restauración e independencia de Portugal contra España.
Hoy, Asilah es una bonita ciudad turística muy visitada por españoles, que son su principal clientela. De hecho, muchas de sus casas antiguas, ya restauradas, han sido compradas por ciudadanos del otro lado del Estrecho. La huella portuguesa solo se mantiene en las murallas y en la historia.

Adarve e interior de la fortaleza de Asilah

Adarve e interior de la fortaleza de Asilah

La medina, blanca y azul y tan cuidada que parece una impostada postal turística, está llena de bonitos comercios y galerías de arte. En las afueras de la muralla, una larga calle está llena de terrazas y restaurantes. Escogemos uno de ellos, típico y barato y muy local, aunque no resulte atractivo por su aspecto: es el restaurante Al Manar. El jefe es un viejecito simpático con los clientes, pero muy cascarrabias con los cazaclientes de los otros restaurantes de la zona, que intentan llevarse a los turistas en la misma puerta del Al Manar. En este restaurante sirven una abundante bandeja de fritura de pescado fresco por 120 dirhams (11 euros).

Típico plato de pescado, con su punto de sofisticación, de la zona de Asilah y Tánger

Típico plato de pescado, con su punto de sofisticación, de la zona de Asilah y Tánger

Esta zona de África siguió cambiando de manos con el paso de los años. Asilah fue ocupada por España entre 1911 y 1956. Mientras tanto, los ingleses abandonaban Tánger en 1684 al constatar que no eran capaces de sacarle rendimiento comercial: pretendían establecer negocios con el interior del país, pero el hostigamiento de los muyaidines del sultán Moulay Ismael lo impedía y dejaron la ciudad, que pasó a formar parte del impero del sultán marroquí hasta 1906. Ese año, en la Conferencia de Algeciras, los 12 países europeos con intereses en Marruecos deciden convertir Tánger en un protectorado internacional. La ciudad se convierte en un nido de espías, escritores y artistas… Pero eso se lo contaremos en la siguiente entrega de este viaje histórico y turístico por la Raya portuguesa del norte de África.

La Raya portuguesa en el norte de África: La conquista de Ceuta

La medina de Asilah o Arcila es blanca y azul. Parece una medina de postal. Una medina de colores pastel para que los turistas la fotografíen. No ves puestos cutres ni tienes encuentros inquietantes. Todo parece tan de película o de anuncio de colonia que de pronto, en una esquina, te encuentras con Andreu Buenafuente y su familia y aquello parece el rodaje de un spot sobre Maroclandia, el país de la felicidad dulzona.

La medina de Asilah está llena de estudios de pintores

La medina de Asilah está llena de estudios de artistas

El popular presentador español de televisión Andreu Buenafuente paseando con su familia por la medina de Asilah

El popular presentador español de televisión Andreu Buenafuente paseando con su familia por la medina de Asilah

El encanto de Marruecos son precisamente las medinas abigarradas y poco pasteleras, esos comerciantes y personajes que parecen salidos de una película de espías o de criminales y te hacen sospechar que en cualquier esquina te van a acuchillar, cuando lo único que hacen es saludarte con cariño, llamarte Antonio o María, independientemente de cuál sea tu nombre verdadero, e indicarte el camino hacia la parte más bella del zoco o la kasbah.

Las casas de la medina de Asilah están reformadas y muchas han sido compradas por españoles

Las casas de la medina de Asilah están reformadas y muchas han sido compradas por españoles

Pero Asilah es diferente. Y la razón, como casi siempre, estriba en una mezcla de caciquismo y política que le ha venido muy bien a esta pequeña ciudad marítima del norte de Marruecos para convertirse en un pueblo de turistas y fotografías. Resulta que un ministro de Cultura marroquí era de Asilah y dedicó una parte de sus presupuestos a poner su pueblo como los chorros del oro. Así que llegas a Asilah en tren desde Tánger (32 dirhams el billete de ida y vuelta en Segunda y 40 minutos de viaje en trenes cómodos, aunque no absolutamente limpios), coges un taxi por 20 dirhams hasta la medina y ya puedes preparar tarjetas para tu cámara o gigas libres para tu teléfono porque te vas a hartar de hacer fotos. ¡Ah, un dirham equivale a 0’11 euros! O sea, que pueden redondear para conseguir una equivalencia sencilla: diez dirhams, un euro.

La medina de Asilah es azul y blanca y los puestos callejeros tienen gusto estético

La medina de Asilah es azul y blanca y abundan los grafitis estéticos

Hoy hemos venido a Asilah porque esta pequeña ciudad marroquí también es Raya. Concretamente, aquí estuvo la Raya portuguesa en África. Esta es una historia no muy conocida en España, donde solemos creer que el norte de África siempre fue español y que Ceuta, Tánger y demás nos han pertenecido desde antiguo. Pero los europeos que primero se fijaron en esta zona del mundo fueron los portugueses.

Puesto de babuchas en la medina de Asilah, donde el comercio también es selecto y delicado

Puesto de babuchas en la medina de Asilah, donde el comercio también es selecto y delicado

Asilah fue la última ciudad portuguesa de la Raya africana. Pasó a manos del sultán Mulay Ismael en 1691, ocupándola luego España entre 1911 y 1956. De Portugal, conserva las murallas y algunas fortificaciones. De España, los turistas innumerables y la facilidad de los nativos para expresarse en castellano.

Los carritos de venta de zumo de naranjas recién exprimidas son comunes en Marruecos, también en Asilah

Los carritos de venta de zumo de naranjas recién exprimidas son comunes en Marruecos, también en Asilah

Pero las ciudades que realmente atrajeron a Portugal hacia el norte de Marruecos fueron Tánger y Ceuta. Estos dos enclaves tenían una importancia fundamental en el comercio a finales de la Edad Media. Tánger era con Marsella, Barcelona, Génova y Venecia uno de los cinco puertos más importantes del Mediterráneo y Ceuta era un enclave comercial de primer orden desde el que se controlaba el mercado de oro procedente de Sudán.

Vista del puerto de Tánger desde la terraza del hotel Dar Chams Tanja

Vista del puerto de Tánger desde la terraza del hotel Dar Chams Tanja

Portugal, el reino más antiguo de la Península, ya había acabado su guerra de Reconquista y deseaba seguir extendiéndose. Por esta razón, el rey Juan I decidió iniciar una aventura africana de la que esperaba conseguir beneficios interesantes.

Preparó en primer lugar la conquista de Ceuta. Y lo hizo de manera rigurosa, pormenorizada y sin prisas. Envió a la ciudad a dos espías disfrazados de mercaderes. Estuvo años preparando la expedición en secreto. Decidió ir él en persona y esto atrajo a toda la nobleza portuguesa, que se embarcó personalmente en la empresa.

Puerta de entrada desde el Atlántico a la muralla de Tánger

Puerta de entrada desde el Atlántico a la muralla de Tánger

El 21 de agosto de 1415, el rey Juan I, acompañado de sus cuatro hijos, los infantes Eduardo, Pedro, Enrique y Fernando, al mando de 200 embarcaciones y 50.000 soldados, conquistó Ceuta con cierta facilidad. Pero faltaba dominar la otra perla norteafricana, la del lado occidental del Estrecho de Gibraltar: Tánger. Hubo que esperar al sucesor de Juan, su hijo Eduardo I, que decidió continuar la empresa africana del padre. Pero la facilidad de la conquista de Ceuta lo llevó a confiarse. Esta vez no preparó la expedición con tiempo, tampoco envió espías que informaran de las defensas de la ciudad. Es más, él decidió no ir y con ello, la nobleza también se retrajo y enviaron menos tropas y menos pertrechadas.

Vista de la muralla de Tánger en su flanco marítimo

Vista de la muralla de Tánger en su flanco marítimo

Al mando de la expedición estuvieron sus hermanos. El infante Enrique atacó Tánger desde Ceuta y el infante don Fernando atacó desde el mar, desembarcando frente a las murallas tangerinas. Pero esta vez, la empresa se complicó. Desde la fortaleza de Tánger la resistencia fue muy dura y las tropas que llegaron de Ceuta fueron atacadas desde el interior del país por partidas de guerreros magrebíes de las cabilas.

Vista de la muralla de Tánger en el flanco que da al puerto

Vista de la muralla de Tánger en el flanco que da al puerto

Los portugueses se vieron conminados a firmar un tratado de rendición o a ser destrozados por los soldados del Magreb. Firmaron y el pacto consistió en que devolverían Ceuta a cambio de poder regresar sanos y salvos a Portugal. Como prenda y garantía, los portugueses dejaron en Tánger al infante don Fernando y los portugueses se llevaron al hijo del gobernador de Tánger. No se sabe qué sucedió con el hijo del gobernador, pero sí se sabe que don Fernando murió en Fez en 1443 desesperado porque Portugal no devolvió Ceuta: el rey quería, pero ni el Papa Eugenio IV ni la nobleza lusa lo permitieron.

Portugal quedaba marcada por aquella primera aventura africana y la monarquía portuguesa quedaba emplazada para vengar la derrota de Tánger y la muerte de don Fernando. En ese punto es cuando entra en liza la ciudad de Asilah y el rey Alfonso V de Portugal, que ampliará la Raya portuguesa en el norte de África. Pero eso se lo contaremos en el siguiente capítulo.

Tangerinos sentados en lo alto de la Kasbah, con las murallas a sus espaldas,, contemplando la Peninsula, desde donde llegaban sus conquistadores

Tangerinos sentados en lo alto de la Kasbah, con las murallas a sus espaldas,, contemplando la Península, desde donde llegaban sus conquistadores

Las bragas verdes de Viriato

La gamberrada más estúpida que he hecho en mi vida ha sido colgarle unas bragas verdes en la mano a Viriato. Sucedió en Zamora, enfrente de la Diputación, yo tenía 15 años, estudiaba interno y reaccionaba contra la ciudad donde me internaban atacando su símbolo más querido: el caudillo lusitano Viriato. En Zamora había otro héroe local, Vellido Dolfos, el que mató al rey Sancho clavándole un venablo por la espalda, pero claro, Vellido era un traidor, Viriato, un traicionado y, entre uno y otro, los zamoranos lo tuvieron claro a la hora de escoger icono local y erigirle una estatua hace 110 años.

Para los niños españoles de los tiempos de Franco, el traidor por antonomasia no era el de siempre, o sea, Judas Iscariote, sino tres fascinerosos llamados Audax, Ditalkón y Minuro, lugartenientes de Viriato a los que Roma convenció para que le cortaran la cabeza en el año 139 antes de Cristo. ¿Pero dónde le cortaron la cabeza, dónde se fraguó la traición, es más: tienen los zamoranos alguna razón de peso para apropiarse de Viriato?

En España, hay tres personajes cuya nacencia se disputan unos y otros: Cristóbal Colón, Valle Inclán, que era un cachondo y añadió leña al fuego apuntando que nació en un barco, en medio de la ría de Arousa, y Viriato. Para los eruditos de Zamora, nació en Torrefresneda, comarca de Sayago. Para el erudito alemán Schulte, vino al mundo en la Sierra de la Estrella. Para los eruditos portugueses, pudiera ser de Viseu. En Santa Cruz de la Sierra le han puesto una lápida. Para la serie Hispania, nació en Coria. Para el programa Un país en la mochila, es de Guijo de Santa Bárbara. Y no faltan estudiosos que lo hacen turolense, valenciano, alentejano atlántico, medio de Huelva medio de Badajoz, de Verín o del mismísimo Grimaldo, junto a Cañaveral.

Si para crear un nacionalismo de la nada es preciso buscarse un héroe, Extremadura y el Alentejo lo tienen y es más importante que el gallego Breogán y el catalán Wilfred el Pilós juntos: ¡Viriato!

La culpa de tanta pasión lusitana la tienen Franco y Salazar, que convirtieron a Viriato en símbolo patriótico de las dictaduras de España y Portugal consiguiendo que para los niños de entonces Viriato significara lo que Cristiano y Messi significan para los niños de hoy. Y lo que se cree en la infancia ya se cree para siempre, aunque en Portugal, a partir de 1968, con las guerras coloniales, Viriato desapareciera de los libros de texto no fuera a dar alas a los independentistas de Angola y Mozambique.

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Las ciudades que más se creen lo de Viriato son la portuguesa Viseu y la castellana Zamora. En ambas hay estatuas en su honor, colegios con su nombre, clubes de fútbol y frentes futboleros ultras llamados Viriato… En Viseu, hay farmacia Viriato, teatro Viriato y un pastel llamado Viriato. En Zamora, el caudillo lusitano aparece incluso en el escudo de la ciudad.

Hace nada, en Viseu, desapareció la estatua de Viriato y Portugal entero se movilizó al entender que se trataba de un atentado terrible contra las esencias de la patria. Y es que con Viriato no se juega salvo si eres del pueblo cacereño de Guijo de Santa Bárbara. Por allí llegó Labordeta con su país en la mochila y le dijeron que Viriato era de allí, que había estudiado en la Academia Militar de Toledo, que les había dado para el pelo a los romanos y que estos se lo cargaron prometiendo dinero a unos traidores que fueron a buscarlo a una chabola, le cortaron la cabeza y se la llevaron a los romanos en una bolsa de plástico.

Con plástico o sin plástico, lo cierto es que en Guijo llevan siete años montando unas fiestas viriatas de aquí te espero, defienden ante quien sea que el caudillo lusitano nació en el campamento celta de Pimesaíllo y no le han levantado una estatua, así ni se la roban ni le cuelgan bragas, pero le han puesto una calle y son quienes más partido le sacan a un guerrero legendario que es de todas partes y de ninguna.

Las morcillas judías: patateras, alheiras, farinatos y farinheiras

Las morcillas sirven lo mismo para un roto que para un descosido. No hay otro embutido tan simbólico ni tan popular. Por eso, a veces ha sido prohibido como delito flagrante y a veces ha sido consumido para evitar cometer delito. La morcilla es un alimento tan representativo que se ha llegado a falsear para provocar engaño y salvar el pellejo.

Alheiras "judías" de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

Alheiras “judías” de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

En las fiestas lupercales romanas, la morcilla era el plato estrella y se consumía al tiempo que se practicaban ritos de iniciación sexual. La Iglesia prohibió las lupercales en cuanto pudo y el emperador Constantino abundó en la prohibición convirtiendo su consumo en delito. ¡Cuántos hubieran ido a la cárcel en Cáceres por haber consumido el famoso bocadillo de patatera de 180 metros preparado en la calle Moret!

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

La morcilla se convirtió, pues, en un plato clandestino sin imaginar que, mil años después, habría de ser un embutido de cuyo consumo se haría ostentación pues no había mejor manera de demostrar cristianismo viejo y alejamiento de cualquier veleidad hebraica que consumir morcilla rellena de carne de cerdo. Es en este punto donde los judíos, expulsados de España y perseguidos en toda la Península, se inventan morcillas falsas para dar el pego.

Extremadura pertenece a una región fronteriza formada por los distritos rayanos de Bragança, Guarda, Castelo Branco, Portalegre, Zamora, Salamanca y Cáceres, donde aparecen en el siglo XVI, coincidiendo con la persecución de los judíos y la llegada del pimiento de América, con el consiguiente descubrimiento del pimentón en Guadalupe… Aparecen, digo, unos embutidos rojos donde hoy suele haber carne de cerdo, pero que entonces llevaban pan, patata y carne de ave o conejo.

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Estas morcillas, exteriormente tenían toda la pinta de ser porcinas, pero se trataba de un engaño. Quienes las comían evitaban que recayera sobre ellos cualquier acusación de judaísmo, pero en realidad eran judíos que de esta manera no pecaban contra sus preceptos, al tiempo que evitaban ser perseguidos por negarse a comer cerdo.

Estas morcillas recibían el nombre de alheiras y farinheiras en Portugal, farinato en Salamanca, androjas en Zamora y, quizás también, nuestra patatera en Extremadura.

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Aunque pertenezcamos a la geografía del embutido engañoso, no hay pruebas de que la patatera fuera nunca un invento judío, pero resulta extraño que sí haya indicios de que detrás de los otros embutidos esté la mano de los judíos y detrás de nuestro embutido de patata y pimentón no haya habido nunca un intento de disimular cristianismo viejo.

Las fórmulas de este truco chacinero judío eran varias. En unos casos se añadía manteca de cerdo derretida, que no se consideraba un pecado tan flagrante. En otros, se añadía aceite de oliva. Y siempre, el pan, la patata o la harina como base de estas primeras morcillas light y sin pecado de la historia.

En Portugal, tienen claro que la farinheira y la alheira fueron inventadas por los judíos para confundir a los inquisidores. De aquellos embutidos “hebreos” portugueses, solo perdura la alheira pues la farinheira, que se elabora sobre todo en los alrededores de la Serra de San Mamede, al otro lado de la frontera de Valencia de Alcántara, ya se hace siempre con grasa de cerdo. Hay una especialidad, la farinheira de Guarda, que lleva también huesos de cerdos de la raza bisara. La alheira se prepara con carne de ave o de conejo. Las más famosas son las de Mirandela, villa de 15.000 habitantes situada en Tras-os-Montes. La alheira se ha puesto últimamente de moda en Portugal  y ya la hacen hasta de bacalao.

En Extremadura, la importancia de la patatera como embutido original es cada vez mayor, pero no suele hablarse nunca de sus posibles orígenes judaizantes, de su antiguo carácter de morcilla con truco, algo así como las gulas de surimi o el caviar sintético, pero con contenido religioso.

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Poblados ferroviarios de La Raya

En el año 1881, al tiempo que se establecía la línea del ferrocarril Madrid-Lisboa, se levantaba en una llanura situada entre Arroyo de la Luz y Malpartida de Cáceres un poblado ferroviario estratégico. La estación resultante, con su depósito de locomotoras, la charca Lancho, que la abastecía de agua, y toda la intendencia necesaria parara mantener la línea, se llamó Arroyo-Malpartida. Se había intentado instalar en tierras de Malpartida de Cáceres, pero se opusieron los propietarios de algunas tierras. El ayuntamiento de Arroyo de la Luz, que entonces se llamaba del Puerco, intentó sin éxito que la estación se levantara en su término municipal.

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

¿Pero por qué pasa el tren por Arroyo-Malpartida? Pues fue gracias a la influencia de don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, un ingeniero nacido en Valencia de Alcántara en 1817. Don Cipriano fue diputado en Cortes, Director General de Obras Públicas y director de varias compañías de ferrocarriles españoles. Se había casado con Eladia, sobrina de Espartero, que heredará los títulos y la fortuna del general. Compatibilizó la política con la enseñanza, la ciencia y el desarrollo de las obras públicas. Fue el representante español en la Comisión Internacional del Canal de Suez, fundador y presidente de la Academia de Ciencias, vicepresidente del Senado y accionista de la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1854 y 1856, ostentará el cargo de director de Obras Públicas. Será el autor de la Ley de Ferrocarriles y quien establezca definitivamente el ancho de vía español de 1.672 milímetros, los seis pies castellanos, aunque los estudios técnicos sobre la cuestión databan de 1844, cuando los anchos de vía en Europa oscilaban entre los 1.435 y los 2.134 milímetros.

Cuando se empezó a hablar de la unión entre Madrid y Lisboa por la cuenca del Tajo, se barajó en Madrid la posibilidad de que la línea ferroviaria fuera por Coria, Ceclavín y Zarza la Mayor, entrando en Portugal por Monfortinho, pero don Cipriano envió al ministro de Fomento, en 1874, una  carta de seis folios, incluyendo planos donde demostraba que el mejor trazado entre Palazuelo-Empalme (Malpartida de Plasencia) y Lisboa era a través de Valencia de Alcántara, Abrantes y Entroncamento. Tras enconadas polémicas en la prensa, ese fue el trazado aprobado.

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Se levantó así este enclave estratégico, la estación de Arroyo-Malpartida, que llegó a tener capilla, dos cines, 280 viviendas, silo, médico, escuela de mayores y de párvulos, taxidermista, carnicería, tienda de comestibles, cantina… Había un tren gratuito que salía temprano hacia Cáceres llevando a las amas de casa del poblado y a los estudiantes. Regresaba al mediodía.

Los ferroviarios causaban admiración en Arroyo y Malpartida porque tenían sueldo fijo, horario y vacaciones. En Malpartida había una canción popular que decía: “Hija, ¿quién es ese mozo?… Madre dicen que es del pueblo, pero yo no lo conozco…Tú, hija, pregúntalo porque a mí mucho me gustan los mozos de la estación”. Durante la Guerra Civil, aumentó el número de ferroviarios. No luchaban en el frente y eso provocó que muchos quisieran entrar a trabajar en la estación.

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

En los años 50, la estación de Arroyo-Malpartida llegó a tener asignadas 39 locomotoras por lo que necesitaba un gran número de trabajadores especializados. Había 900 empleados en 1960, época en que la estación llegó a tener 1.107 habitantes. Las antiguas locomotoras de vapor tenían muchas limitaciones y no podían hacer el trayecto Madrid-Frontera portuguesa sin un relevo. Las máquinas de Arroyo relevaban a las que llegaban de Madrid en Navalmoral de la Mata, llevando el tren hasta Valencia de Alcántara.

Cuando se introducen en 1967 las locomotoras diésel, que hacían grandes trayectos sin necesidad de relevos, Arroyo-Malpartida fue perdiendo actividad y personal. Los empleados se jubilaron o se formaron para atender las nuevas locomotoras, siendo trasladados a la estación de Atocha.

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

La puntilla fue la apertura el 22 de junio de 1971 de la variante de Casar de Cáceres a Cáceres. La estación de Arroyo-Malpartida perdía su importancia estratégica y el poblado  pasaba de tener 1.107 habitantes en 1960 a contar con tan solo 138 en 1975, no sobrepasando en la actualidad los 50. La variante costó 120 millones de pesetas y se construyeron 18 kilómetros de vía.

Caso muy contrario es el de Entroncamento, el otro poblado ferroviario con depósito de locomotoras situado en la línea Madrid-Lisboa, pero en el lado portugués. Entroncamento se levantó en 1864 en otra llanura donde no había absolutamente nada.

Entroncamento también creció rápidamente. En 1950, tenía 6.804 habitantes y en 2004, 20.065 . Hoy, sus casi 25.000 habitantes viven en 14 kms cuadrados, es el segundo municipio más pequeño del país y tiene más de 1.300 habitantes por kilómetro cuadrado. En 1926 fue elevado a la categoría de parroquia y en 1991 se le concedió el título de ciudad.

Entroncamento ha vivido desde su nacimiento por y para el tren. Es el punto donde coincide la línea Oporto-Lisboa con la del Tajo, que conduce hacia Castelo Branco y Covilhá. De allí parte la línea de Tomar y por Entroncamento pasan los trenes que van a Guarda, incluido el combinado Sur-Exprés-Lusitania. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

El autor del blog en la estación de Entroncamento

El autor del blog en la estación de Entroncamento

Entroncamento es una ciudad moderna que gira alrededor de la estación. Cuenta con un interesante museo ferroviario y con un cuartel militar importante. Su comercio es pujante y el mercadillo sabatino es de los principales de la región. Por la estación de Entroncamento pasan cada día decenas de trenes y miles de viajeros y el trajín ferroviario es formidable.

Al otro lado de la frontera, Arroyo-Malpartida se convirtió poco a poco en un poblado fantasma que solo despertaba de su letargo al cruzarlo cada noche el Lusitania Exprés. El Lusitania desapareció en agosto de 2012. Ahora, han puesto un tren diurno que circula entre Cáceres y Valencia de Alcántara y la ilusión ha vuelto a sus vecinos. Pero o mucho cambian las cosas o este será el último tren de Arroyo-Malpartida.

Españoles y portugueses: todos belloteros

Encina bellotera y solitaria, en Aldea del Cano

Encina bellotera y solitaria, en Aldea del Cano

De niño comía bellotas y estaban ricas. Desde luego, bastante más sabrosas que las almendras y las castañas. Comía bellotas y no tenía ningún complejo. Las tomaba crudas. Mi madre me enseñó que debía comerme la parte delantera porque estaba más dulce. La parte de atrás la tiraba, sabía amarga.
No sé cuándo dejé de tomar bellotas. Seguramente, cuando salí a estudiar fuera de Extremadura, a punto de ser adolescente, y empezaron a llamarme bellotero. De manera inconsciente, debí de pasarme a la avellana o a la nuez: no sabían tan intenso, pero tenían mejor imagen.

En Extremadura nos pasa mucho eso: de manera inconsciente, renunciamos a lo nuestro por la cosa de la imagen, como si tuviera menos valor por ser de aquí. A los de Oporto, por ejemplo, los llaman tripeiros porque durante un asedio empezaron a comer callos. Y no se acomplejan, han convertido las tripas a la moda de Oporto en plato nacional y disfrutan de lo lindo atiborrándose ellos y atiborrando a los turistas con un manjar tan humilde.

Encinas y vacas, en Ceclavín, junto a la frontera portuguesa

Encinas y vacas, en Ceclavín, junto a la frontera portuguesa

Una vez se me ocurrió llevar a Galicia una botella de Cremibellota y la serví en una fiesta. Triunfó. Desbancó al Baileys. Desde entonces, cada vez que voy llevo varias botellas de ese espectacular licor cremoso y bellotero.
El otro día, descubrí en un local de comida para llevar unos caracoles criados con bellota. El lugar se llama La Parrilla, está en la avenida que sube a la estación de ferrocarril de Badajoz y anuncian en la puerta sus caracoles ibéricos de pata negra, “como siempre, criados con bellota”.

Encinares alentejanos rodeando el embalse de Alvito

Encinares alentejanos rodeando el embalse de Alvito

En Mérida hacen unos exquisitos caramelos de bellota de la Abuela Paula. Además está la oferta abundante de licor de bellota, el exquisito y popular turrón de pobre, que se consigue emparedando una bellota entre higos pasos, o el dulce de bellotas cocidas con naranja y canela que propone Juan Mari Arzak: se rajan las bellotas en la punta, se cuecen durante 25 minutos con cáscara de naranja, rama de canela y miel, se escurren y se sirven espolvoreadas de canela.

El sol se pone en los encinares de Ceclavín

El sol se pone en los encinares de Ceclavín

El tiempo de la bellota es entre octubre y enero. Como pasamos de ellas y las despreciamos, aunque nos gusten, pues no nos percatamos de que las dehesas empiezan a llenarse de este dulce fruto de la encina que durante siglos fue la base de nuestro sustento. Y la base del sustento de catalanes, vascos madrileños, asturianos, manchegos, castellanos… En España y Portugal, todos tenemos un pasado bellotero, aunque solo nos tilden a los extremeños de bellotaris y belloteros y nos achantemos por ello en lugar de proclamarlo orgullosos.

Encinas en la dehesa boyal de Ceclavín

Encinas, en la dehesa boyal de Ceclavín

Estrabón caracterizaba a los hispanos como comedores de bellotas que se alimentaban de ellas y de sus derivados, harina y pan, durante tres partes del año. San Isidoro de Sevilla especifica que antes de que los romanos nos hicieran cerealistas, la bellota nos daba la vida. En el Quijote, se habla de la Edad Dorada como un tiempo lejano en que los hombres eran felices, se alimentaban de bellotas y de miel y no había propiedad privada ni opresión de la mujer ni angustia por cultivar la tierra.
En la Universidad de Vigo han patentado un turrón de bellota que lleva, además, trufa de chocolate, nata, huevo, limón y leche condensada. En Montijo, hacen unos sabrosos bombones de bellota. En Valencia, venden harina ecológica de bellota y también hay galletas de bellota.

Ceclavín: crepúsculo en la dehesa

Ceclavín: crepúsculo en la dehesa

Asumamos nuestro carácter de belloteros y de mangurrinos, que viene a significar lo mismo. En la bellota está la esencia de Iberia, que permanece intacta en Extremadura porque aquí aún mantenemos nuestro bosque ancestral, el que asombraba a Estrabón. Reivindiquemos la bellota: convirtámosla en seña de identidad y no en motivo de vergüenza. Hoy, decir “de bellota” es decir sublime. Todos los españoles somos de bellota. Los portugueses, también. Y los extremeños, más que nadie.

Encina seca en Ceclavín: ya no dará bellotas

Encina seca, en Ceclavín: ya no dará bellotas

El pueblo más barato de la Raya

Nisa debe de ser el único pueblo del mundo donde es más caro un churro que un café. O más cara una lubina en el mercado, a pelo, o mejor, a escama, que en el restaurante acompañada de arroz, alubias, ensalada y patatas fritas. En Nisa, tomamos un café por 0.30 euros, pero pedimos un churro, que aquí se llaman farturas, y nos costó 0.60. ¿Dónde se ha visto que un churro cueste el doble que el café?

Image

Tabla de precios del bar del mercado de Nisa, con el café más barato que los churros o farturas

Nisa, en fin, es el pueblo ejemplo que utiliza Botines, alcalde de Cedillo, para explicar que si tuvieran un puente, llegarían a Nisa en diez minutos, pero sin puente, tardan hora y media. Si usted se acerca a Nisa en fin de semana, debe hacerlo, pues, por la frontera Blade Runner de Cedillo, cruzando de España a Portugal entre turbinas y maquinaria hidroeléctrica.

Una vez franqueado el Tajo, puede darse una vuelta por los pueblos franceses del Alentejo. Porque esta comarca fue reconquistada en el año 1199 por el rey Sancho I, que se la donó a los templarios, que a su vez trajeron colonos franceses para repoblarla.

Image

Cigüeñas postizas, en la Praza da República de Nisa

Los que llegaron desde Nice, fundaron Nova Nice, que hoy es Nisa. Otros colonos viajaron desde el pueblo francés de Montauban y se instalaron en Montalvao, la primera “fregresía” tras entrar por Cedillo. Los de Toulouse levantaron Tolosa y los que venían de Arles, llamaron a su nuevo poblado Arez.

Todos los caminos que llegan a Nisa desembocan en su gigantesca plaza de la República, donde se encuentra casi todo: el cine-teatro, las tiendas de cerámica de chinitas y de quesos, la biblioteca, la oficina de turismo y los bares con sus carteles de “há caracois”, certificado de casticismo equivalente a nuestro hay gazpacho, hay paella, “os xoves temos callos”… Desde allí, penetrando en la parte vieja, vamos descubriendo casas blancas, murallas, puertas medievales, fuentes, museos, callejas, ropa tendida…

Cuentan que cuando los de National Geographic mandan fotógrafos a Portugal, los conminan a no regresar si no llevan consigo un buen surtido de fotos de ropa tendida. Pero lo típico de Nisa no es la ropa tendida, sino la ropa bordada. En la villa se manejan seis tipos de bordados tradicionales y existen tres grupos organizados de bordadoras.

Uno de ellos se reúne junto al mercado: otro de los focos de interés de Nisa. Aquí es donde los cafés cuestan la mitad que los churros y aquí es donde está enclavado el último restaurante sorpresa que hemos descubierto en la Raya.

Image

Cuencos con garbanzos, judías y pulpo, en el restaurante Flor do Alentejo de Nisa

Se llama Flor do Alentejo, abrió hace cuatro años, frente a la plaza de abastos de Nisa, y es de esos sitios honrados donde los entrantes no son patés de sardinas y “manteiga”, sino cuatro cuencos de barro con aceitunas y con ensaladas de pulpo, de judías pintas y de garbanzos. La honradez se manifiesta también cuando el jefe te recomienda que tomes medias raciones o reventarás.

Ponen un decente vino de Estremoz a tres euros la botella pequeña y un pan riquísimo. En la carta, lulas, chocos, choquitos, ternera y cerdo (9 euros la media ración, 13.50 la completa. Hay especialidades (6.50 la abundante media ración) como deliciosas migas con sardinas (ya saben que las migas son una rica masa de pan) o delicados pies de cerdo con tomate y patatas fritas.

Las copas de vino no son las apropiadas. Las fotos de las paredes y la vajilla son de Ikea y los postres (2 euros) merecen la pena: la mousse de chocolate es de verdad, de chocolate negro, nada de polvos de cacao, y el requesón con fresas y la tarta de la casa (nata, galleta y café) son la perdición del goloso.

Para tomar café, conviene regresar a la plaza de la República, sentarse en la terraza del Alameda y ejercer de alentejano de toda la vida. Es decir, sillas pegadas a la pared, en la mano un “jornal” de deportes o de sucesos, delante una bica y a sorber, a leer, a cabecear y a mirar francesas: unas señoras que cruzan la plaza envueltas en echarpes y gafas negras levantando la admiración de los paisanos: “Olha, là vai um francês”.