Devotos de Cunhal y de María

Devota de la Virgen y de Cunhal, Viana do Alentejo es una de esas villas portuguesas donde las contradicciones se muestran a flor de piel. De los 34 alcaldes comunistas de Portugal, 16 lo son de municipios del Alentejo. Pero la pasión izquierdista por el fallecido líder comunista Álvaro Cunhal (en Viana no hay ni un concejal de centro derecha y gobierna el PSP) no impide una emoción profunda ante todo lo relacionado con Nuestra Señora.

Viana do Alentejo es un municipio cercano a Évora que participa de esa constante demográfica que aqueja a los pueblos alentejanos y extremeños: en 1960 tenía el doble de habitantes que hoy. En el caso de Viana, ha bajado de casi 10.000 a poco más de 5.000. La emigración, el comunismo y la Virgen convertidos en señas de identidad del Alentejo profundo.

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Viana do Alentejo es un pueblo marcado por dos monumentos: un castillo muy raro y un santuario muy particular. Ambos impresionan y te dejan un tanto descolocado. El castillo gótico, levantado en 1313, porque es pentagonal y tiene cinco torres de cuento de hadas, porque está en medio del pueblo, imponiendo su presencia poderosa, porque encierra en su interior la iglesia parroquial, edificada en el siglo XVI, con una portada manuelina que quita el hipo, y porque se puede ascender a las torres y jugar desde ella a ser un diablo cojuelo que se mete en cada uno de los patios con naranjos, en cada una de las casas blancas y acogedoras de este pueblo singular.

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Desde el castillo, se distingue a lo lejos, en medio de una inmensa pradera, una iglesia enorme. Es el santuario de Nossa Senhora de Aires, visita inexcusable para cualquier extremeño que quiera conocer de verdad el Alentejo y destino diario de cientos de romeros portugueses.

El santuario, blanco y albero, data del siglo XVIII. Pero lo importante, lo verdaderamente espectacular, lo que impresiona y, confesémoslo, acongoja bastante y te deja trastocado para el resto del día, no está en la parte principal de la iglesia, sino en los pasillos que rodean la nave y el altar.

Pasillo que rodea el altar lleno de exvotos y ofrendas a María

Pasillo que rodea el altar, lleno de exvotos y ofrendas a María

Hay que entrar en el santuario, dirigirse hacia su cabecera y entrar por una puerta, que parece dar a la sacristía. Inmediatamente, se encuentra uno inmerso en un espacio asombroso e imprevisto. De las paredes de varias salas y pasillos circulares, cuelgan miles de fotos, literalmente miles, con sus marcos de alpaca, plata o madera, fotos de militares, de niños, de parejas, de familias, de matrimonios, de abuelas, de enamorados, de universitarios, de bebés, de rejoneadores, de forcados, de soldados de las guerras coloniales…

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires en Villa Ruiva

Son retratos que van desde principios del siglo XX hasta nuestros días, fotos cuyos protagonistas se encomiendan a la Virgen en busca de protección. En vitrinas y mesas, se ofrendan a la Señora trenzas de pelo, trajes de bautismo, de comunión y de boda, uniformes militares completos, zapatos, bandas de licenciatura, capas de tuno, muñecos de cera, extremidades de cera, vísceras de cera…

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Es una de las mayores colecciones de exvotos que se pueden contemplar. Pero recorrer las estancias y los pasillos asfixiado por tanta necesidad, tanto lamento, tanto miedo al futuro y también tanta confianza en lo sobrenatural, no te deja indemne. ¿Qué sería de ese solado de bigote que se fue a la guerra de Angola, y de aquel enfermo que se iba a operar en 1918, y de aquel matrimonio que se casó y se marchó a Brasil?

Tercer milagro de la Virgen

Tercer milagro de la Virgen

Nossa Senhora dos Aires parece demasiado pequeña para tanto trabajo: no mide más de 20 centímetros. En el exterior de la iglesia, se encuentra un cobertizo donde cientos de velas chisporrotean en ofrenda. Las hay hasta de dos metros de altura. Una tienda, abierta todos los días, parece más una lección de anatomía que una boutique de objetos religiosos: en varios estantes, se ofertan al afligido riñones, hígados, corazones e intestinos de cera para que cada uno ofrezca a la Virgen una reproducción de su víscera dañada.

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Al dejar atrás Viana, uno se va con la sensación de haber entendido definitivamente el Alentejo o con la seguridad de que no lo entenderá jamás.

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos

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Poblados ferroviarios de La Raya

En el año 1881, al tiempo que se establecía la línea del ferrocarril Madrid-Lisboa, se levantaba en una llanura situada entre Arroyo de la Luz y Malpartida de Cáceres un poblado ferroviario estratégico. La estación resultante, con su depósito de locomotoras, la charca Lancho, que la abastecía de agua, y toda la intendencia necesaria parara mantener la línea, se llamó Arroyo-Malpartida. Se había intentado instalar en tierras de Malpartida de Cáceres, pero se opusieron los propietarios de algunas tierras. El ayuntamiento de Arroyo de la Luz, que entonces se llamaba del Puerco, intentó sin éxito que la estación se levantara en su término municipal.

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

¿Pero por qué pasa el tren por Arroyo-Malpartida? Pues fue gracias a la influencia de don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, un ingeniero nacido en Valencia de Alcántara en 1817. Don Cipriano fue diputado en Cortes, Director General de Obras Públicas y director de varias compañías de ferrocarriles españoles. Se había casado con Eladia, sobrina de Espartero, que heredará los títulos y la fortuna del general. Compatibilizó la política con la enseñanza, la ciencia y el desarrollo de las obras públicas. Fue el representante español en la Comisión Internacional del Canal de Suez, fundador y presidente de la Academia de Ciencias, vicepresidente del Senado y accionista de la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1854 y 1856, ostentará el cargo de director de Obras Públicas. Será el autor de la Ley de Ferrocarriles y quien establezca definitivamente el ancho de vía español de 1.672 milímetros, los seis pies castellanos, aunque los estudios técnicos sobre la cuestión databan de 1844, cuando los anchos de vía en Europa oscilaban entre los 1.435 y los 2.134 milímetros.

Cuando se empezó a hablar de la unión entre Madrid y Lisboa por la cuenca del Tajo, se barajó en Madrid la posibilidad de que la línea ferroviaria fuera por Coria, Ceclavín y Zarza la Mayor, entrando en Portugal por Monfortinho, pero don Cipriano envió al ministro de Fomento, en 1874, una  carta de seis folios, incluyendo planos donde demostraba que el mejor trazado entre Palazuelo-Empalme (Malpartida de Plasencia) y Lisboa era a través de Valencia de Alcántara, Abrantes y Entroncamento. Tras enconadas polémicas en la prensa, ese fue el trazado aprobado.

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Se levantó así este enclave estratégico, la estación de Arroyo-Malpartida, que llegó a tener capilla, dos cines, 280 viviendas, silo, médico, escuela de mayores y de párvulos, taxidermista, carnicería, tienda de comestibles, cantina… Había un tren gratuito que salía temprano hacia Cáceres llevando a las amas de casa del poblado y a los estudiantes. Regresaba al mediodía.

Los ferroviarios causaban admiración en Arroyo y Malpartida porque tenían sueldo fijo, horario y vacaciones. En Malpartida había una canción popular que decía: “Hija, ¿quién es ese mozo?… Madre dicen que es del pueblo, pero yo no lo conozco…Tú, hija, pregúntalo porque a mí mucho me gustan los mozos de la estación”. Durante la Guerra Civil, aumentó el número de ferroviarios. No luchaban en el frente y eso provocó que muchos quisieran entrar a trabajar en la estación.

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

En los años 50, la estación de Arroyo-Malpartida llegó a tener asignadas 39 locomotoras por lo que necesitaba un gran número de trabajadores especializados. Había 900 empleados en 1960, época en que la estación llegó a tener 1.107 habitantes. Las antiguas locomotoras de vapor tenían muchas limitaciones y no podían hacer el trayecto Madrid-Frontera portuguesa sin un relevo. Las máquinas de Arroyo relevaban a las que llegaban de Madrid en Navalmoral de la Mata, llevando el tren hasta Valencia de Alcántara.

Cuando se introducen en 1967 las locomotoras diésel, que hacían grandes trayectos sin necesidad de relevos, Arroyo-Malpartida fue perdiendo actividad y personal. Los empleados se jubilaron o se formaron para atender las nuevas locomotoras, siendo trasladados a la estación de Atocha.

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

La puntilla fue la apertura el 22 de junio de 1971 de la variante de Casar de Cáceres a Cáceres. La estación de Arroyo-Malpartida perdía su importancia estratégica y el poblado  pasaba de tener 1.107 habitantes en 1960 a contar con tan solo 138 en 1975, no sobrepasando en la actualidad los 50. La variante costó 120 millones de pesetas y se construyeron 18 kilómetros de vía.

Caso muy contrario es el de Entroncamento, el otro poblado ferroviario con depósito de locomotoras situado en la línea Madrid-Lisboa, pero en el lado portugués. Entroncamento se levantó en 1864 en otra llanura donde no había absolutamente nada.

Entroncamento también creció rápidamente. En 1950, tenía 6.804 habitantes y en 2004, 20.065 . Hoy, sus casi 25.000 habitantes viven en 14 kms cuadrados, es el segundo municipio más pequeño del país y tiene más de 1.300 habitantes por kilómetro cuadrado. En 1926 fue elevado a la categoría de parroquia y en 1991 se le concedió el título de ciudad.

Entroncamento ha vivido desde su nacimiento por y para el tren. Es el punto donde coincide la línea Oporto-Lisboa con la del Tajo, que conduce hacia Castelo Branco y Covilhá. De allí parte la línea de Tomar y por Entroncamento pasan los trenes que van a Guarda, incluido el combinado Sur-Exprés-Lusitania. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

El autor del blog en la estación de Entroncamento

El autor del blog en la estación de Entroncamento

Entroncamento es una ciudad moderna que gira alrededor de la estación. Cuenta con un interesante museo ferroviario y con un cuartel militar importante. Su comercio es pujante y el mercadillo sabatino es de los principales de la región. Por la estación de Entroncamento pasan cada día decenas de trenes y miles de viajeros y el trajín ferroviario es formidable.

Al otro lado de la frontera, Arroyo-Malpartida se convirtió poco a poco en un poblado fantasma que solo despertaba de su letargo al cruzarlo cada noche el Lusitania Exprés. El Lusitania desapareció en agosto de 2012. Ahora, han puesto un tren diurno que circula entre Cáceres y Valencia de Alcántara y la ilusión ha vuelto a sus vecinos. Pero o mucho cambian las cosas o este será el último tren de Arroyo-Malpartida.

Españoles y portugueses: todos belloteros

Encina bellotera y solitaria, en Aldea del Cano

Encina bellotera y solitaria, en Aldea del Cano

De niño comía bellotas y estaban ricas. Desde luego, bastante más sabrosas que las almendras y las castañas. Comía bellotas y no tenía ningún complejo. Las tomaba crudas. Mi madre me enseñó que debía comerme la parte delantera porque estaba más dulce. La parte de atrás la tiraba, sabía amarga.
No sé cuándo dejé de tomar bellotas. Seguramente, cuando salí a estudiar fuera de Extremadura, a punto de ser adolescente, y empezaron a llamarme bellotero. De manera inconsciente, debí de pasarme a la avellana o a la nuez: no sabían tan intenso, pero tenían mejor imagen.

En Extremadura nos pasa mucho eso: de manera inconsciente, renunciamos a lo nuestro por la cosa de la imagen, como si tuviera menos valor por ser de aquí. A los de Oporto, por ejemplo, los llaman tripeiros porque durante un asedio empezaron a comer callos. Y no se acomplejan, han convertido las tripas a la moda de Oporto en plato nacional y disfrutan de lo lindo atiborrándose ellos y atiborrando a los turistas con un manjar tan humilde.

Encinas y vacas, en Ceclavín, junto a la frontera portuguesa

Encinas y vacas, en Ceclavín, junto a la frontera portuguesa

Una vez se me ocurrió llevar a Galicia una botella de Cremibellota y la serví en una fiesta. Triunfó. Desbancó al Baileys. Desde entonces, cada vez que voy llevo varias botellas de ese espectacular licor cremoso y bellotero.
El otro día, descubrí en un local de comida para llevar unos caracoles criados con bellota. El lugar se llama La Parrilla, está en la avenida que sube a la estación de ferrocarril de Badajoz y anuncian en la puerta sus caracoles ibéricos de pata negra, “como siempre, criados con bellota”.

Encinares alentejanos rodeando el embalse de Alvito

Encinares alentejanos rodeando el embalse de Alvito

En Mérida hacen unos exquisitos caramelos de bellota de la Abuela Paula. Además está la oferta abundante de licor de bellota, el exquisito y popular turrón de pobre, que se consigue emparedando una bellota entre higos pasos, o el dulce de bellotas cocidas con naranja y canela que propone Juan Mari Arzak: se rajan las bellotas en la punta, se cuecen durante 25 minutos con cáscara de naranja, rama de canela y miel, se escurren y se sirven espolvoreadas de canela.

El sol se pone en los encinares de Ceclavín

El sol se pone en los encinares de Ceclavín

El tiempo de la bellota es entre octubre y enero. Como pasamos de ellas y las despreciamos, aunque nos gusten, pues no nos percatamos de que las dehesas empiezan a llenarse de este dulce fruto de la encina que durante siglos fue la base de nuestro sustento. Y la base del sustento de catalanes, vascos madrileños, asturianos, manchegos, castellanos… En España y Portugal, todos tenemos un pasado bellotero, aunque solo nos tilden a los extremeños de bellotaris y belloteros y nos achantemos por ello en lugar de proclamarlo orgullosos.

Encinas en la dehesa boyal de Ceclavín

Encinas, en la dehesa boyal de Ceclavín

Estrabón caracterizaba a los hispanos como comedores de bellotas que se alimentaban de ellas y de sus derivados, harina y pan, durante tres partes del año. San Isidoro de Sevilla especifica que antes de que los romanos nos hicieran cerealistas, la bellota nos daba la vida. En el Quijote, se habla de la Edad Dorada como un tiempo lejano en que los hombres eran felices, se alimentaban de bellotas y de miel y no había propiedad privada ni opresión de la mujer ni angustia por cultivar la tierra.
En la Universidad de Vigo han patentado un turrón de bellota que lleva, además, trufa de chocolate, nata, huevo, limón y leche condensada. En Montijo, hacen unos sabrosos bombones de bellota. En Valencia, venden harina ecológica de bellota y también hay galletas de bellota.

Ceclavín: crepúsculo en la dehesa

Ceclavín: crepúsculo en la dehesa

Asumamos nuestro carácter de belloteros y de mangurrinos, que viene a significar lo mismo. En la bellota está la esencia de Iberia, que permanece intacta en Extremadura porque aquí aún mantenemos nuestro bosque ancestral, el que asombraba a Estrabón. Reivindiquemos la bellota: convirtámosla en seña de identidad y no en motivo de vergüenza. Hoy, decir “de bellota” es decir sublime. Todos los españoles somos de bellota. Los portugueses, también. Y los extremeños, más que nadie.

Encina seca en Ceclavín: ya no dará bellotas

Encina seca, en Ceclavín: ya no dará bellotas

Un país sin baguetes

Me gusta Portugal porque no hay baguetes. Un pueblo sin pan congelado es un pueblo civilizado. Portugal es un país de tamaño menor que, como todos los bajitos, compensa su estatura con chulería. Si los españoles apostamos como marca por la diferencia, “Spain is different”, ellos juegan a la grandeza: “Portugal nâo e un país pequeno”. Quien quiera vender en Portugal, debe jugar también a lo grande, sea una tónica: “Schweppes a melhor tónica do mundo”, sea un bizcocho: omellorbolodechocolatedomundobycbl.com.
Los extremeños, salvo los que viven en la misma frontera, miramos a Portugal un poco de lado, con cierta superioridad. Craso error: no se puede despreciar un país que tiene retretes públicos limpios y surtidos en cada aldea, que sabe conservar la arquitectura autóctona, que no come baguetes.

Retretes públicos, en Penha García

Retretes públicos, en Penha García

En Galicia sucedía algo parecido. Pero han aprendido la lección. En el estadio de Riazor, durante los Deportivo-Celta, los Riazor Blues siempre acababan cantando aquello de que de una puta y un portugués nació el primer vigués. Y en un estudio realizado por la Universidad de Vigo, se refería cómo los niños gallegos preguntaban a sus madres si los portugueses eran negros. Hoy, Galicia y Portugal están volcados mutuamente y les va bien. Solo en A Coruña se mantienen esas suspicacias sobre lo luso que aún se manifiestan en Extremadura.
Cuando voy a Portugal, me gusta alojarme en hoteles baratos de estación. Para recorrer el centro, lo mejor es dormir en el hotel Gabeiro de Entroncamento. Desde allí, parte la bella línea del Tajo, que llega hasta Vila Velha de Rodâo siempre a la orillita del río, Lisboa queda a un rato y llegas a Tomar en lo que tardas en leer O Correio da Manhá, un periódico de pocas letras y muchos santos. Para un extremeño, Entroncamento tiene el añadido sentimental de poder dar una vuelta por la estación tras la cena para ver pasar el Lusitania, el último tren que unía Extremadura con Portugal.

Puente Luis I, en Oporto

Puente Luis I, en Oporto

Pero donde de verdad disfruto es en el hotel ferroviario Poveiro de Oporto. Lisboa quizás sea más imponente, pero la ciudad portuguesa que más me gusta es Oporto, sin duda. Y qué mejor centro de operaciones que el Poveiro, un hotel digno, con habitaciones a 40 euros, donde Maria do Ceo, la dueña, sirve los desayunos y te cuenta historias que te obligan a sacar la libreta y apuntarlo todo. Maria do Ceo debe de tener 60 años, nació en las Azores, emigró a Canadá con sus padres y se maneja perfectamente en todos los idiomas importantes.
Mientras te sirve el té, aclara que este brebaje se llama té o tea en todas las lenguas decentes menos en portugués, que prefiere el vocablo cha por influencia del chino, al igual que los japoneses y los chinos llaman pâo al pan por influencia del portugués. Con ella aprendes también que las cerezas de los bombones Mon Cheri son portuguesas, de Fundâo, al otro lado de Valverde del Fresno.

Estación de Campanhá en Oporto vista desde un balcón del hotel Poveiro

Estación de Campanhá en Oporto vista desde un balcón del hotel Poveiro

Más sabio y más entretenido, te vas a la estación y allí descubres que, al tiempo que los extremeños perdíamos el Lusitania y el convoy lento, pero seguro, que unía Badajoz con Lisboa transbordando en Entroncamento, los gallegos conseguían arrancar en la última cumbre hispano-portuguesa el ‘comboio’ Celta: un tren que une Vigo y Oporto cuatro veces al día sin paradas en dos horas y cuarto. Y si el viaje es por carretera, las cajas de ahorro gallegas ya facilitan el dispositivo para circular por las autopistas portuguesas.
Los gallegos y los portugueses están unidos por la historia, por la lengua, por el ferrocarril, por los dispositivos y por el pan: en Galicia tampoco tienen buena prensa las baguetes, en los mercados venden hogazas de maíz y de centeno, como en Portugal, y hasta cuentan con panes con denominación de origen y con fiestas del pan. En Extremadura, estamos perdiendo el pan y el tren y creemos que Portugal es un sitio al otro lado de la frontera donde sirven marisco los domingos. Esto no puede seguir así.