Las bragas verdes de Viriato

La gamberrada más estúpida que he hecho en mi vida ha sido colgarle unas bragas verdes en la mano a Viriato. Sucedió en Zamora, enfrente de la Diputación, yo tenía 15 años, estudiaba interno y reaccionaba contra la ciudad donde me internaban atacando su símbolo más querido: el caudillo lusitano Viriato. En Zamora había otro héroe local, Vellido Dolfos, el que mató al rey Sancho clavándole un venablo por la espalda, pero claro, Vellido era un traidor, Viriato, un traicionado y, entre uno y otro, los zamoranos lo tuvieron claro a la hora de escoger icono local y erigirle una estatua hace 110 años.

Para los niños españoles de los tiempos de Franco, el traidor por antonomasia no era el de siempre, o sea, Judas Iscariote, sino tres fascinerosos llamados Audax, Ditalkón y Minuro, lugartenientes de Viriato a los que Roma convenció para que le cortaran la cabeza en el año 139 antes de Cristo. ¿Pero dónde le cortaron la cabeza, dónde se fraguó la traición, es más: tienen los zamoranos alguna razón de peso para apropiarse de Viriato?

En España, hay tres personajes cuya nacencia se disputan unos y otros: Cristóbal Colón, Valle Inclán, que era un cachondo y añadió leña al fuego apuntando que nació en un barco, en medio de la ría de Arousa, y Viriato. Para los eruditos de Zamora, nació en Torrefresneda, comarca de Sayago. Para el erudito alemán Schulte, vino al mundo en la Sierra de la Estrella. Para los eruditos portugueses, pudiera ser de Viseu. En Santa Cruz de la Sierra le han puesto una lápida. Para la serie Hispania, nació en Coria. Para el programa Un país en la mochila, es de Guijo de Santa Bárbara. Y no faltan estudiosos que lo hacen turolense, valenciano, alentejano atlántico, medio de Huelva medio de Badajoz, de Verín o del mismísimo Grimaldo, junto a Cañaveral.

Si para crear un nacionalismo de la nada es preciso buscarse un héroe, Extremadura y el Alentejo lo tienen y es más importante que el gallego Breogán y el catalán Wilfred el Pilós juntos: ¡Viriato!

La culpa de tanta pasión lusitana la tienen Franco y Salazar, que convirtieron a Viriato en símbolo patriótico de las dictaduras de España y Portugal consiguiendo que para los niños de entonces Viriato significara lo que Cristiano y Messi significan para los niños de hoy. Y lo que se cree en la infancia ya se cree para siempre, aunque en Portugal, a partir de 1968, con las guerras coloniales, Viriato desapareciera de los libros de texto no fuera a dar alas a los independentistas de Angola y Mozambique.

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Las ciudades que más se creen lo de Viriato son la portuguesa Viseu y la castellana Zamora. En ambas hay estatuas en su honor, colegios con su nombre, clubes de fútbol y frentes futboleros ultras llamados Viriato… En Viseu, hay farmacia Viriato, teatro Viriato y un pastel llamado Viriato. En Zamora, el caudillo lusitano aparece incluso en el escudo de la ciudad.

Hace nada, en Viseu, desapareció la estatua de Viriato y Portugal entero se movilizó al entender que se trataba de un atentado terrible contra las esencias de la patria. Y es que con Viriato no se juega salvo si eres del pueblo cacereño de Guijo de Santa Bárbara. Por allí llegó Labordeta con su país en la mochila y le dijeron que Viriato era de allí, que había estudiado en la Academia Militar de Toledo, que les había dado para el pelo a los romanos y que estos se lo cargaron prometiendo dinero a unos traidores que fueron a buscarlo a una chabola, le cortaron la cabeza y se la llevaron a los romanos en una bolsa de plástico.

Con plástico o sin plástico, lo cierto es que en Guijo llevan siete años montando unas fiestas viriatas de aquí te espero, defienden ante quien sea que el caudillo lusitano nació en el campamento celta de Pimesaíllo y no le han levantado una estatua, así ni se la roban ni le cuelgan bragas, pero le han puesto una calle y son quienes más partido le sacan a un guerrero legendario que es de todas partes y de ninguna.

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Saudade del Lusitania Exprés

Estación de Entroncamento. Son las 11 de la noche. El Lusitania Exprés, hoy llamado Talgo Lusitania, acaba de entrar en la vía principal. Viene de Lisboa, va camino de Madrid. Hasta el 15 de agosto de 2012, de Entroncamento iba hasta Cáceres por la línea del Tajo. Desde el 16 de agosto de ese mismo año, toma la dirección de Guarda y Salamanca.

Entre 1882 y 2012, los viajeros del tren entre Lisboa y Madrid realizaban los trámites aduaneros en Valencia de Alcántara. Desde hace año y medio, es Vilar Formoso la ciudad fronteriza donde el Lusitania se demora media hora para ajustar los detalles del cambio de país.

El 15 de agosto del año 2012 es otra fecha negra en la historia del ferrocarril cacereño. En 1985, desaparecía el mítico tren TER Ruta de la Plata. En 1995, dejaba de circular el épico talgo Luis de Camoens. Esa noche dijimos adiós al lírico Lusitania Exprés.

En el Alentejo, a la vía que une Lisboa con Madrid a través de Entroncamento, Torre das Vargens y Valencia de Alcántara siempre se la ha conocido como la línea de Cáceres. Por ella ha circulado desde 1882 el expreso de Madrid a Lisboa, el tren que utilizaba la familia real española para sus viajes desde el exilio en Estoril durante la dictadura de Franco, el tren que ha inspirado canciones a los grupos Coup de Soup y El Consorcio, el tren cuyo chacachá era el sonido que reafirmaba la armonía de lo doméstico: si lo escuchabas en las madrugadas de insomnio cacereñas, significaba que todo seguía en su sitio y te podías ir a dormir tranquilo.

Lo cierto es que Portugal siempre ha preferido relacionarse internacionalmente a través de Salamanca. La línea cacereña es históricamente deficitaria. En 1969, con la intención de promover los viajes entre Lisboa y Madrid en el TER que pasaba por Cáceres, Renfe y Comboios de Portugal decidieron dar la comida gratis a los viajeros, pero ni por esas. En la línea de Cáceres a la frontera de Valencia de Alcántara, desaparecieron el talgo diurno y el mixto vespertino, solo quedaba el Lusitania, que ya es historia.

Por Vilar Formoso pasan de madrugada dos trenes que “robaron” a los cacereños, el SurExprés de Lisboa a Hendaya, que circuló por Cáceres entre 1887 y 1895, año en que cambió las vías extremeñas por estas vías salmantinas, y ahora el Lusitania Exprés, que ya se había trasladado a Salamanca a raíz del descarrilamiento de 1998.

Pero no crean que entre Vilar Formoso, Fuentes de Oñoro y Salamanca la situación es muy boyante: en 1979 circulaban seis convoyes de viajeros, hoy solo quedan dos: el Sud Exprés y el Lusitania. Y ambos circulan a horas intempestivas.

Nos trasladamos unos kilómetros al norte de Vilar Formoso. Visitamos la estación abandonada de La Fregeneda. Por aquí pasaba la vieja línea ferroviaria que unía la localidad salmantina de Fuente de San Esteban con Oporto a través de la frontera portuguesa de Barca d’Alva. En 1986, esta línea cerró. Es la historia del ferrocarril del Oeste, repleta de cierres y supresiones.

¿Quién tiene la culpa de que por el bello puente internacional de Barca d’Alva no pase ya el ferrocarril y de la desaparición de tantos trenes? En el caso del Lusitania extremeño, se puede señalar al gobierno portugués, pero el fracaso tiene causas estructurales. Por un lado, la despoblación: en los 8 pueblos con estación que une la línea de Fuentes de Oñoro y Salamanca (126 kilómetros de vía) solo viven 19.000 personas. Entre Valencia de Alcántara y Cáceres, al lado de los 88 kilómetros de vía férrea se cuentan 15.000 posibles viajeros.

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Lo curioso es que el Estado había invertido 10 millones en mejorar la vía entre Cáceres y Valencia de Alcántara y cinco millones para eliminar los pasos a nivel. Al menos eso servirá para que a partir del 16 de septiembre circule un tren diurno entre Valencia de Alcántara y Madrid.

En la vía de La Fregeneda no hubo tanta suerte. No hace muchos años, el Surexprés se dividía en dos convoyes, uno iba hacia Oporto a través de La Fregeneda y Barca d’Alva, por una de las líneas ferroviarias, la del Duero, más bellas de Europa, el otro buscaba Lisboa a partir de Fuentes de Oñoro. Hoy, la conexión del norte ha desaparecido y sus vías podrían convertirse en una ruta verde.

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Noche cerrada en Entroncamento. El Lusitania Exprés  llega desde Lisboa. Se detiene cinco minutos. Montan un par de viajeros. El vagón restaurante está vacío. En un coche cama, alguien aparta la cortina y curiosea. Es una chica joven. Observa la inmensa playa de vías. El talgo arranca. La cortina se cierra. El convoy se aleja. En Extremadura, el Lusitania ya no es un tren, es saudade, memoria, melancolía…

O Mudo de Badajoz

Varios lectores me han pedido que suba al blog una historia que publiqué en la contra del diario HOY el 14 de agosto de 2006. Es una aventura muy fronteriza y uno de los episodios más curiosos que he conocido sobre la Guerra Civil. La subo tal y como se publicó cuando se cumplía el 70 aniversario de la toma de Badajoz por las tropas de Franco:
Esta historia comenzó hoy hace 70 años en Badajoz. La cuenta Francisco Pilo en su libro «Ellos lo vivieron». Es una de las peripecias más conmovedoras y novelescas de la Guerra Civil en La Frontera. El protagonista se llamaba José Merchán Luengo y vivió callado durante casi 40 años, haciéndose el mudo. Interesados por su aventura, hemos seguido su pista por Badajoz y Portugal.

14 de agosto de 1936. El día anterior, las tropas nacionales han llegado a Badajoz, han tomado posiciones en el barrio de San Roque y se han iniciado las escaramuzas. Esa mañana, a las nueve, la artillería abre fuego sobre la ciudad desde el Cerro Gordo. Media hora después, la aviación bombardea. A las 10,30 horas comienza el ataque por tierra.

Puerta de Palmas de Badajoz, donde vigilaba José Merchán el 14 de abril de 1936

Puerta de Palmas de Badajoz, donde vigilaba José Merchán el 14 de abril de 1936

Las maniobras envolventes han dejado abierto el sector Oeste, permitiendo la huida por la Puerta de Palmas: las tropas de Franco saben que si se deja una salida al enemigo, éste combate con menos desesperación. El mando republicano también conoce ese detalle psicológico y coloca en la Puerta de Palmas un piquete para que nadie escape. Contradictoriamente, varios gerifaltes huirán por ese lugar a las 10.30 horas. Entre los vigilantes está un joven de 26 años. Se llama José Merchán Luengo.

José es uno de los 6.000 defensores de Badajoz. Viste mono miliciano y pasadas las dos de la tarde, cuando los 2.500 efectivos del teniente coronel Yagüe entran por el baluarte de San Juan y la Puerta Pilar, entiende que la suerte está echada y huye por el Puente de Palmas. Por allí y por el vado de La Molineta escapan entre 2.500 y 3.000 pacenses buscando la seguridad de Portugal o subiendo hacia Alburquerque.

Puente de Palmas, por él huye José de Badajoz

Puente de Palmas, por él huye José de Badajoz

José emprende una vertiginosa carrera por los cerros de la finca Casa Blanca, de la familia Villalobos. Cruza a Portugal por las

inmediaciones de la frontera de Lopo. Va con otros compañeros, pero se queda atrás y tras unas peñas observa cómo la policía portuguesa los detiene y los devuelve a Badajoz. Se esconde. A la mañana siguiente intenta acercarse a Campo Mayor, donde tiene conocidos, pero la policía patrulla la zona y toma el camino de Ouguela.

Viejo contrabandista recordando en Ouguela los tiempos de O Mudo

Viejo contrabandista recordando en Ouguela los tiempos de O Mudo

Encuentra un hombre muerto y coge sus ropas. Según otras versiones, pudo haberlo matado, pero a Pilo siempre se lo negó. «Yo le decía que llevaría alguna navajina y él decía que no y se enfadaba», contaba el escritor. Se interna en Portugal. Trabaja en lo que puede. Llega a Oporto. Intenta escapar en barco, pero no lo consigue. Vagabundea por los muelles de Matosinhos, donde empieza a trabajar. En 1945 se casa con una portuguesa. En 1975, muerto Franco, se jubila y regresa a Badajoz.

El Duero, en Oporto, camino de su desembocadura

El Duero, en Oporto, camino de su desembocadura

Pero lo más sorprendente es que, durante todos esos años, se hace el mudo, no dice ni una palabra para que no se descubra su identidad española y no lo deporten. A Pilo le contó que cogía la bicicleta y se iba al campo a dar voces para no volverse loco.

Al volver a Badajoz en tren, nada más salir de la estación, entra en el bar Cárdenas, pide en voz alta un chato de vino y su mujer, anonadada, se desvanece. Cuando conocimos esta historia recorrimos los escenarios de la aventura. En la centenaria peluquería de Pepe el Nervio aún recordaban los hechos y se los habían oído narrar a Juan Cárdenas, hermano de Luis Cárdenas, dueño del bar, que contaba el momento en que José, conocido en Oporto como ‘O Mudo’, pidió el chato de vino y la sorpresa de su mujer.

Cais de Oporto, desde el puente Luis I

Cais de Oporto, desde el puente Luis I

José Merchán no tenía hijos. Volvió a Oporto, enviudó y regresó definitivamente a Badajoz. Los últimos años de su vida fue muy popular en la avenida Carolina Coronado, en el barrio de la Estación y en el bar Morales. Luis Morales, su dueño, lo rememoraba una mañana de febrero mientras paseaba frente a la estación: «Aquel hombre vestía pellica, visera y capa. Jugaba mucho a las máquinas y aquí lo llamaban El Portugués»… Pero era de Badajoz y vivió 40 años callado porque tenía miedo.