Colón nació en el Alentejo

Cristóbal Colón no era genovés ni catalán, ni tampoco hijo de una familia de judíos conversos de Plasencia. Cristóbal Colón era de Cuba. Pero no de la Cuba de Fidel, sino de otra que queda ahí cerca, de un pueblecito de 3.300 habitantes llamado Cuba y situado al otro lado de la frontera extremeña, en el Alentejo más profundo y sorprendente.

Dos jubilados descansan bajo un naranjo en el pueblo alentejano de Cuba

Dos jubilados descansan bajo un naranjo en el pueblo alentejano de Cuba

Llegamos a Cuba desde Beja por una pista parcheada y estrecha, que invita a preguntarse qué demonios ha hecho Portugal con los fondos europeos. Cuando le planteamos esta cuestión a los cubanos, nos piden dos cosas: que no indaguemos mucho sobre la carretera, no vaya a ser que los de la troika comunitaria aprieten aún más las tuercas.

La otra petición tiene que ver con el demonio. “Aquí, ni se menciona”, nos avisan. Resulta que en el Terreiro da Fonte cubano, se abría el Pozo de los Demonios. Actualmente está cegado, pero su maldición persiste. Durante siglos, los cubanos se santiguaban (y se santiguan) al pasar junto a él para que no se los llevaran los diablos y los malos espíritus. A finales del siglo XIX, el ayuntamiento de Beja mandó excavar el pozo y se encontraron varios cadáveres. Pertenecían a ciudadanos de la zona desaparecidos en extrañas circunstancias.

Un ciclista deja su bicicleta en la puerta del mercado de abastos de Cuba

Un ciclista deja su bicicleta en la puerta del mercado de abastos de Cuba

Así que dejamos en paz al demonio y nos centramos en investigar el origen cubano de Cristóbal Colón. Primera pista: hamburguesería del pueblo. En lugar de anunciar la súper búrguer con bacon y queso, tiene un cartel sobre la puerta con un dibujo del descubridor y la siguiente leyenda: “O portugués Cristovão Colombo, agente secreto do Rei Dom João II, nasceu na vila de Cuba”.

Hamburguesería colombina en Cuba

Hamburguesería colombina en Cuba

Segunda pista: restaurante Casa de Monte Pedral, el más lujoso de la villa. En el patio, una estatua de Colón con una indígena a sus pies y en la pared del jardín, una placa anunciando la buena nueva por partida doble: “Cristovão Colombo nasceu aquí, nasceu en Cuba”. En otro cartel, más ortodoxo, la lista de platos: “Açorda de alho de bacalhau, feijoada de secretos, arroz de lebre, migas de azeitonas…”.

Restaurante de Cuba con su patio colombino

Restaurante de Cuba con su patio colombino

Llama la atención tanta iconografía colombina si se tiene en cuenta que ningún pintor ni escultor vio en vida al descubridor de América. Pero eso no es óbice para que una solemne estatua de Colón presida el puerto de Barcelona o la plaza principal de Cuba. En este pueblo alentejano hay un centro de interpretación sobre don Cristóbal y la guinda simbólica del movimiento reivindicativo fue el estreno en el pueblo, en el año 2007, de la película “Cristóbal Colón, el enigma”, del gran cineasta portugués Manoel de Oliveira.

Cuba se llama así por el santuario sagrado de Caaba, en La Meca, o por unas grandes cubas que se encontraron  en el pueblo los soldados de Sancho II al reconquistárselo a los moros. En portugués antiguo, coba significa torre. El caso es que esta palabra solo existía en portugués, ya sea como sustantivo o como topónimo, antes de que Colón llegase a América y bautizase la isla más grande de su descubrimiento con el nombre de su hipotético pueblo natal: Cuba.

Estatua de Colón en el patio del restaurante más lujoso de Cuba

Estatua de Colón en el patio del restaurante más lujoso de Cuba

El origen alentejano de Colón se basa en las investigaciones del historiador Mascarenhas Barreto, que, a partir de diferentes documentos, sostiene que Colón nació en Cuba en 1448, siendo hijo ilegítimo del infante Don Fernando, duque de Beja y Viseu, y de Isabel Zarco, hija del navegante João Gonçalves Zarco. Su nombre verdadero habría sido Salvador Fernandes Zarco. Lo de Cristóbal Colón sería un seudónimo o código de guerra, CC, que significaría espía al servicio de Juan II.

Estatua de Cristóbal Colón en la plaza principal de Cuba

Estatua de Cristóbal Colón en la plaza principal de Cuba

Finalmente, están los topónimos. No solo el de la isla de Cuba, sino los de otros pueblos alentejanos, que el descubridor fue dejando en los nuevos territorios: Guadiana, Mourão (junto a Villanueva del Fresno), Santa Luzia (Elvas), Vera Cruz (el pueblo de los exorcismos), São Bartolomeu (famoso por su mirador).

Cubano o no, Colón se ha convertido en el principal atractivo turístico de este pueblo alentejano, que antes era famoso por sus demonios y ahora lo es por su espía-almirante.

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Las morcillas judías: patateras, alheiras, farinatos y farinheiras

Las morcillas sirven lo mismo para un roto que para un descosido. No hay otro embutido tan simbólico ni tan popular. Por eso, a veces ha sido prohibido como delito flagrante y a veces ha sido consumido para evitar cometer delito. La morcilla es un alimento tan representativo que se ha llegado a falsear para provocar engaño y salvar el pellejo.

Alheiras "judías" de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

Alheiras “judías” de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

En las fiestas lupercales romanas, la morcilla era el plato estrella y se consumía al tiempo que se practicaban ritos de iniciación sexual. La Iglesia prohibió las lupercales en cuanto pudo y el emperador Constantino abundó en la prohibición convirtiendo su consumo en delito. ¡Cuántos hubieran ido a la cárcel en Cáceres por haber consumido el famoso bocadillo de patatera de 180 metros preparado en la calle Moret!

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

La morcilla se convirtió, pues, en un plato clandestino sin imaginar que, mil años después, habría de ser un embutido de cuyo consumo se haría ostentación pues no había mejor manera de demostrar cristianismo viejo y alejamiento de cualquier veleidad hebraica que consumir morcilla rellena de carne de cerdo. Es en este punto donde los judíos, expulsados de España y perseguidos en toda la Península, se inventan morcillas falsas para dar el pego.

Extremadura pertenece a una región fronteriza formada por los distritos rayanos de Bragança, Guarda, Castelo Branco, Portalegre, Zamora, Salamanca y Cáceres, donde aparecen en el siglo XVI, coincidiendo con la persecución de los judíos y la llegada del pimiento de América, con el consiguiente descubrimiento del pimentón en Guadalupe… Aparecen, digo, unos embutidos rojos donde hoy suele haber carne de cerdo, pero que entonces llevaban pan, patata y carne de ave o conejo.

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Estas morcillas, exteriormente tenían toda la pinta de ser porcinas, pero se trataba de un engaño. Quienes las comían evitaban que recayera sobre ellos cualquier acusación de judaísmo, pero en realidad eran judíos que de esta manera no pecaban contra sus preceptos, al tiempo que evitaban ser perseguidos por negarse a comer cerdo.

Estas morcillas recibían el nombre de alheiras y farinheiras en Portugal, farinato en Salamanca, androjas en Zamora y, quizás también, nuestra patatera en Extremadura.

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Aunque pertenezcamos a la geografía del embutido engañoso, no hay pruebas de que la patatera fuera nunca un invento judío, pero resulta extraño que sí haya indicios de que detrás de los otros embutidos esté la mano de los judíos y detrás de nuestro embutido de patata y pimentón no haya habido nunca un intento de disimular cristianismo viejo.

Las fórmulas de este truco chacinero judío eran varias. En unos casos se añadía manteca de cerdo derretida, que no se consideraba un pecado tan flagrante. En otros, se añadía aceite de oliva. Y siempre, el pan, la patata o la harina como base de estas primeras morcillas light y sin pecado de la historia.

En Portugal, tienen claro que la farinheira y la alheira fueron inventadas por los judíos para confundir a los inquisidores. De aquellos embutidos “hebreos” portugueses, solo perdura la alheira pues la farinheira, que se elabora sobre todo en los alrededores de la Serra de San Mamede, al otro lado de la frontera de Valencia de Alcántara, ya se hace siempre con grasa de cerdo. Hay una especialidad, la farinheira de Guarda, que lleva también huesos de cerdos de la raza bisara. La alheira se prepara con carne de ave o de conejo. Las más famosas son las de Mirandela, villa de 15.000 habitantes situada en Tras-os-Montes. La alheira se ha puesto últimamente de moda en Portugal  y ya la hacen hasta de bacalao.

En Extremadura, la importancia de la patatera como embutido original es cada vez mayor, pero no suele hablarse nunca de sus posibles orígenes judaizantes, de su antiguo carácter de morcilla con truco, algo así como las gulas de surimi o el caviar sintético, pero con contenido religioso.

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Los marranos clandestinos de Belmonte

A media hora de la frontera, Belmonte, el pueblo más hebreo de Portugal. No hemos venido buscando juderías encantadoras ni montajes más o menos históricos para entretener al turista. Venimos buscando judíos de verdad, judíos descendientes de los que huyeron de Extremadura en 1492, judíos que conservan sus costumbres, su tienda kosher y su sinagoga.

Encrucijada céntrica en Belmonte

Encrucijada céntrica, en Belmonte

Estamos en Belmonte, a un paso de la frontera extremeña de Valverde del Fresno, donde vive la segunda comunidad judía de Portugal tras la de Lisboa. Son 140 hebreos que se reúnen en una sinagoga, levantada en el año 1996, y que han conservado su fe y sus ritos en la clandestinidad desde hace más de 500 años.

Belmonte es un pueblo muy agradable que cuenta con varios museos dedicados al aceite, al descubridor de Brasil, Álvares Cabral, que nació aquí, o al ecosistema del río Zezere. Cuenta con varios restaurantes populares donde sirven por 9 euros un contundente arroz de pato con postre y bebida incluidos y tiene una iglesia románica del XIII y una villa romana.

Pero lo más interesante es la historia de sus judíos clandestinos, descendientes de los extremeños del norte de la región expulsado en 1492 por los Reyes Católicos y perseguidos también por la Corona portuguesa a partir de 1496.

En la región de la Beira, donde está enclavado Belmonte, la Inquisición ajustició a 1.175 judíos entre ellos alguno con el apellido Cáceres, que denotaba su origen. Sus nombres aparecen inscritos en un panel en el Museo Judaico de Belmonte. Murieron quemados por no renegar de su fe. La mayoría, sin embargo, se hicieron cristianos, aunque mantuvieron sus creencias en la clandestinidad y por ello recibieron el apelativo insultante de marranos, aunque modernamente se les llama criptojudíos.

Dos jóvenes contemplan un panel del Museo Judaico de Belmonte

Dos jóvenes contemplan un panel del Museo Judaico de Belmonte

La Inquisición los persiguió por todo Portugal. Pero no llegó a Belmonte por ser un pueblo alejado de casi todo y porque sus judíos eran humildes y no merecía la pena el esfuerzo para después apropiarse de tan pocos bienes.

Regina Pinto, responsable del Museo Judaico de Belmonte, explica que las familias hebreas del pueblo iban a misa, se casaban entre ellos por el rito católico y llevaban una vida semejante a la de los cristianos. Pero en los domicilios, las madres guardaban las tradiciones y al llegar a casa, todo cambiaba.

En la noche del viernes encendían una vela y cerraban ventanas y cortinas. Tras casarse en la iglesia, se casaban en sus casas por el rito judío. Muchos habitantes de Belmonte se definen como judíos de religión cristiana y no aciertan a entender por qué aún hoy, cada viernes, encienden velas y cierran las contraventanas de sus casas.

El caso de los judíos clandestinos de Belmonte estuvo escondido hasta que, en 1917, un ingeniero de minas judío y polaco llamado Samuel Schwartz descubrió las extrañas costumbres de los habitantes de este pueblo, investigó y descubrió que eran descendientes de criptojudíos extremeños y portugueses perseguidos por la primera Inquisición. Publicó un libro, “New Christians in Portugal in the 20th Century” que dio a conocer este singular caso al mundo entero.

Estrella de David con objetos hebreos en el Museo Judaico de Belmonte

Estrella de David con objetos hebreos, en el Museo Judaico de Belmonte

La comunidad judía de Londres, tras conocer el libro de Schwartz, envió un comisionado llamado Lucien Wolf para que llevara al judaísmo normativo a los criptojudíos de Belmonte, pero no lo consiguió. Ellos se sienten a veces judíos y a veces cristianos. Se saben diferentes. los curas de Belmonte los ven como unos judíos muy raros que a la vez son feligreses cristianos.

Funcionarios estatales de Israel han venido a verlos para promover en Belmonte la enseñanza judía e incluso animarlos a emigrar a Israel, pero se han negado. Prefieren seguir siendo lo que son: medio extremeños, medio portugueses, medio judíos, medio cristianos, gentes de frontera, habitantes de La Raya, un país que nunca se acaba.