Agua y armonía en la Sierra de San Mamede

Carla es holandesa. De La Haya. Louis es de la capital. De Amsterdam. Carla vivió un tiempo en Barcelona y habla español con cierta soltura. Un buen día la invitaron unos amigos a visitarlos en Portugal. “Vivimos en la Serra de San Mamede”, precisaron. Carla empezó a buscar en el mapa y descubrió que esa sierra estaba junto a una capital de distrito llamada Portalegre y hacía frontera con dos provincias españolas llamadas Cáceres y Badajoz.

Los valles de la Sierra de San Mamede vistos desde las cabañas de Carla

Los valles de la Sierra de San Mamede vistos desde las cabañas de Carla

“Me gustó el lugar. Mis amigos me enseñaron una quinta que se vendía. Tenía una casa en estado ruinoso, pero manaba mucha agua, había un tilo muy antiguo y muy hermoso y árboles frutales sembrados hace muchos años. No era cara y la compré”, me cuenta antes de reconocer que de Cáceres solo conoce la estación de ferrocarril. “He ido allí alguna vez a recoger a mi hija, que venía en tren desde Madrid”, aclara. “Pero tenemos que ir a visitar la ciudad porque me han dicho que es la más bonita de España”, promete.

Alberca situada en la finca de Carla

Alberca situada en la finca de Carla

Carla vive en Portugal desde 2010, aunque hasta hace año y medio no acabó de reconstruir su casa en compañía de Louis. Es una típica mansión portuguesa, es decir, muy práctica para vivir: un gran porche, una pequeña piscina, un estudio para leer y trabajar, las habitaciones, la cocina acogedora…

Piscina de la casa de Carla

Piscina de la casa de Carla

Cuando descubrió el clima maravilloso del lugar, entendió que podría ser un sitio muy atractivo para los turistas. Así que habilitó otra vivienda para acoger visitantes y levantó dos cabañas de madera con sus respectivos porches orientados hacia las tierras fronterizas de Valencia de Alcántara y La Codosera.

En el porche de las cabañas de Carla reina la armonía

En el porche de las cabañas de Carla reina la armonía

Para llegar a casa de Carla hay que ascender por una carretera empinadísima y estrecha, que sale de Portalegre y te deja en medio del monte en cinco minutos. En la finca, tan cerca, tan lejos, solo se oye agua corriendo, perros ladrando y pájaros chillando.

Una de las cabañas de Carla

Una de las cabañas de Carla

Un gato alentejano visita las cabañas cuando le place. Es tan confiado como insolente. Se mete en la casa, lo curiosea todo y si lo echas, no se va. Digo que es alentejano porque es como los paisanos de la zona: algo indolente, algo valiente, algo tranquilo, algo irónico… Un alentejano no es nunca todo, siempre es algo. Están hechos a base de pizcas: un pelín de escepticismo, un puñado de misticismo, unas gotas de timidez, se espolvorea con arrojo, desconfianza, queja y lástima y ya está: el gato que me visita y el alentejano.

El gato de Carla, insolente, visita las cabañas cuando le parece bien

El gato de Carla, insolente, visita las cabañas cuando le parece bien

Por esta sierra y por esta región, las gentes son complacientes y cariñosas. Nunca molestan, no tensan ni engañan. Acogen tanto como el paisaje. Tanta laxitud es buena para vivir en sosiego, pero complica las tareas urgentes y los empeños poco comunes. Por aquí funciona lo consabido, lo tradicional… lo de siempre.

Un sosegado rincón bajo un frondoso tilo de San Mamede

Un sosegado rincón bajo un frondoso tilo de San Mamede

Carla buscaba tranquilidad, pero también eficacia. Y en ese punto, le cuesta aclimatarse. Vino con un coche con ordenador de a bordo. Se le fastidió y no hubo manera de encontrar quien se lo arreglara. Ahora quiere instalar un cartel indicador que no agreda el ecosistema de robles, agua clara y mariposas blancas. Y no hay manera. Se lo hacen de colores, de materiales refulgentes y comunes, pero no como ella quiere. Y va a tener que acercarse a Lisboa. Se lo confeccionarían en Extremadura sin problema, pero no sé qué tienen los extranjeros del Alentejo que no acaban de entender que el paraíso continúa más allá de la frontera… El paraíso y los mecánicos que arreglan ordenadores de a bordo y los rotulistas que respetan el ecosistema.

El autor del blog escribiendo esta entrada junto al gato alentejano de Carla

El autor del blog escribiendo esta entrada junto al gato alentejano de Carla

El gato ronronea mientras escribo sobre él, se pasea por mi mesa, arquea el lomo, araña la funda del ordenador, salta a un árbol, camina por una barandilla estrecha, desconfía y, al tiempo, mira con retranca y gracia provocadora. Por la Serra de San Mamede todo es así. Gatos tranquilos, extranjeros felices en su paraíso, nativos que hablan y viven en voz baja. Y un secreto, mi secreto: en verano, es el lugar más fresco a una hora de Cáceres y Badajoz. Y hay más gatos que turistas.

En la Sierra de San Mamede hay más gatos que turistas

En la Sierra de San Mamede hay más gatos que turistas

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Castelo Branco: un viaje entretenido

En Castelo Branco hay un centro comercial muy entretenido. Si esto no les convence para viajar, les diré que en Castelo Branco han abierto un museo de arte contemporáneo muy interesante de espectacular arquitectura e imprescindible contenido. Si siguen mostrándose remisos a esta excursión, pongo sobre la mesa el dato definitivo: en Castelo Branco abundan los restaurantes de comida buena y barata y algunos, hasta son bonitos.

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Plaza principal de Castelo Branco con una escultura de Botero en primer plano

Con estas tres razones de peso, la comercial, la cultural y la gastronómica, viajar hasta Castelo Branco se convierte en una entretenida excursión, pero entonces aparecen las sorpresas que depara el camino, que ya sabemos desde Cervantes que es mucho más interesante que la posada.

Porque ir a Castelo Branco no es circular por cualquier carretera, sino recorrer la antigua ruta romana que llevaba desde Mérida hasta Coimbra y Braga, una calzada que saltaba y salta ríos mediante puentes magníficos y pasaba y pasa por ciudades romanas, que se conservan en buen estado de revista, como Idanha a Velha.

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Puente romano fronterizo sobre el río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

A Castelo Branco se va por la carretera que une Cáceres con Alcántara y el pueblo fronterizo de Piedras Albas, famosa aduana por estar alejada de casi todo y ser la escogida por los periodistas españoles que, con Manu Leguineche al frente, se adentraron en Portugal sin demasiados problemas para contar sobre el terreno la revolución del 25 de abril. Hace de eso 40 años, pero no ha cambiado lo fundamental: aunque la aduana es un edificio abandonado, la soledad sigue presidiendo esta frontera por donde pasa un coche cada mucho.

Segura, pueblo fronterizo portugués visto desde el rayano río Erjas

Segura, pueblo fronterizo portugués, visto desde el rayano río Erjas

Dejando a un lado las bellezas conocidas (retablo de Arroyo de la Luz, iglesia de Brozas, villa y puente de Alcántara), nos detendremos unos metros después de cruzar el puente fronterizo de Segura sobre el río Erjas, ya en Portugal, y nos asomaremos al paisaje. Al fondo, descubriremos un espectacular desfiladero fluvial. El Erjas baja por aquí encajonado y sus aguas traen una fuerza descomunal, sobre todo en invierno. Se puede bajar hasta el lecho del río y entretenerse paseando por la orilla y curioseando los molinos.

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Desfiladero fronterizo del río Erjas, entre Piedras Albas y Segura

Castelo Branco es una de las ciudades que más crece de Portugal. Este verano inauguraron un moderno aeródromo (en Castelo Branco está instalado un importante laboratorio de ensayos aeronáuticos). En la plaza principal está el centro de arte contemporáneo y un cómodo párking subterráneo. Podemos dejar el coche aquí para callejear buscando un lugar donde comer.

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Museo de Arte Contemporáneo de Castelo Branco

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Sala del Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco (CCCCB)

Otra sala del CCCCB

Otra sala del CCCCB

El mejor restaurante de Casteo Branco nos sigue pareciendo Praça Velha, situado en el Largo Luis de Camoens, en la parte vieja. Es uno de los grandes de la Raya. Ambiente, servicio, cocina y precio se conjugan para conseguir que el placer de comer se convierta en una fiesta donde nada rechine. Los platos tradicionales son cocinados con un punto de aventura y sirven desde un aterciopelado de zanahoria y coco con mini pinchos de gambas marinadas, hasta una posta de bacalao en cama de puré garbanzos cubierto con tomate seco y aceite de trufa blanca.

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Bacalao servido en el restaurante Retiro do Caçador de Castelo Branco

Pero el Praça Velha ya está consagrado y hoy buscamos un restaurante popular y barato para experimentar. Se llama Retiro do Caçador y está a un paso de la Catedral. La calle se llama Ruivo Godinho y en ella hay cuatro restaurantes sencillos. El Retiro es el más concurrido. Tiene mesas corridas. Por 1.50 euros tomamos una tonificante canja de galinha: sopa espesa de estrellitas de pasta, sabrosa de sustancia y llena de higadillos de pollo y carne. Sigue un bacalao al estilo del Retiro: bárbara fuente de bacalao con salsa y patatas fritas (10 euros). De postre: natillas, gelatina o flan.

Por la mañana, puentes y paisajes. A mediodía, arte. Tras la comida, algún libro y algún detalle en el centro comercial, situado camino de la autopista. Un viaje entretenido.

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

Obras de arte en el CCCCB de Castelo Branco

Isabel del Alentejo, una heroína de Ouguela

En Ouguela, hoy, viven señoras mayores que a mediodía escuchan a toda pastilla una emisora religiosa donde hablan del Papa Francisco. Hace 600 años, quienes andaban por aquí eran delincuentes perdonados por el rey de Portugal siempre que se vinieran a vivir a esta villa fortaleza que defendía la frontera de los españoles.

España vista desde las murallas de Ouguela. Al fondo, a la izquierda, se distingue la silueta del castillo de Alburquerque

España vista desde las murallas de Ouguela. Al fondo, a la izquierda, se distingue la silueta del castillo de Alburquerque

Ouguela queda a un paso de Aburquerque por una carretera transfronteriza que cruza la Raya Seca y soporta muy poco tráfico. Está a cinco minutos de Campo Mayor y es una visita obligada para los amantes de la historia, de los castillos, de los paisajes, de la fotografía, de la tranquilidad, de la frontera, de las leyendas… Ouguela es un precioso pueblo metido en un castillo medieval, levantado por el rey don Dinís, uno de los más poderosos de la historia de Portugal, y protegido por una posterior muralla, construida en el siglo XV por el rey Don Juan I, el mismo que concedió a la villa el privilegio de ser “couto de homiziados” o espacio franco para determinados delincuentes.

Singular motocarro estacionado en la plaza de armas de la fortaleza de Ouguela

Singular motocarro estacionado en la plaza de armas de la fortaleza de Ouguela

Para rematar su poderío fronterizo, el rey Juan IV, durante la guerra de independencia de Castilla, dotó a Ouguela de unos baluartes y un sistema defensivo de puertas esquinadas que acabaron de convertirla en pieza fundamental del entramado defensivo portugués. Y ahí comenzaron las hazañas bélicas legendarias, que han convertido Ouguela en un símbolo del heroísmo portugués frente al enemigo de siempre, es decir, España, al igual que nosotros hemos fraguado nuestras leyendas épicas frente al vecino francés.

Puerta esquinada de la fortaleza de Ouguela

Puerta esquinada de la fortaleza de Ouguela

Para entender la importancia de Ouguela en el imaginario colectivo y legendario portugués, hay que decir que de aquí es y aquí demostró su valor la Agustina de Aragón del país vecino, aunque en este caso se llamaría Isabel del Alentejo (su nombre real era Isabel Pereira). Todo comenzó la noche del 9 de abril del año 1644. Una fuerza de 1.000 caballeros y 1.500 infantes españoles llegados desde Badajoz había invadido el Alentejo al mando del marqués de Torrecusa.

Entre las plazas a conquistar para someter la región, destacaba Ouguela con sus flamantes baluartes recién levantados. Para guiar a los españoles en el ataque, se ofreció un traidor portugués llamado João Rodrigues de Oliveira, que a cambio de pasarse a los españoles, había recibido el cargo de gobernador de Villar del Rey. Como ven, esta historia tiene los ingredientes fundamentales para levantar el ánimo de un país: un traidor malvado, una heroína del pueblo y, naturalmente, un final feliz.

Una señora arregla las macetas de su casa en el patio de armas de la fortaleza de Ouguela

Una señora arregla las macetas de su casa en el patio de armas de la fortaleza de Ouguela

Porque resultó que, mientras Rodrigues el Traicionero marchaba sobre la plaza al frente de 1.200 soldados escogidos de entre la tropa de Torrecusa, cuatro soldados portugueses, que andaban robando ganado por la noche para alimentar a sus correligionarios, se percataron del movimiento de infantes y caballeros y se mezclaron con la retaguardia de la columna, a sabiendas de que de noche todos los gatos son pardos. En cuanto se enteraron de los planes del ataque, salieron corriendo hacia Ouguela por atajos y avisaron al gobernador, que preparó con tiempo la defensa de la villa.

Otra puerta de acceso a la fortaleza fronteriza de Ouguela

Otra puerta de acceso, también esquinada, a la fortaleza fronteriza de Ouguela

El capitán Pascoal, que así se llamaba el gobernador, contaba con 45 soldados más los vecinos del pueblo. Pero entre ellos estaba Isabel del Alentejo, que peleó en las trincheras, repartió pólvora y balas y fue herida por un disparo, pero se repuso en un instante, arengó a los defensores, luchó aún con más brío y consiguió levantar el ánimo de los sitiados, que impidieron que el traidor Rodrigues dinamitara las puertas de la fortaleza y entre Isabel y los 45 soldados acabaron rechazando a los 1.200 españoles. De aquel tiempo, quedan en pie la fortaleza y la casa del gobernador, recientemente restaurada. Y aquellas guerras se han convertido en proyectos conjuntos entre Alburquerque y Ouguela para crear un área museológica que ligue los dos castillos con senderos, investigaciones y actividades.

Monforte, el país de los Moura

En medio de la llanura alentejana, se yergue Monforte. Es una villa estratégica, situada sobre un promontorio en el que confluyen siete carreteras, que vienen de Elvas, Borba, Estremoz, Fronteira, Alter do Chão, Portalegre y Arronches, convirtiendo Monforte en capital de esta comarca alentejana marcada por las dehesas, las planicies, los toros bravos y los caballos lusitanos.

Aunque lo que hace de Monforte una referencia de españoles y portugueses no es ser un cruce de caminos, sino su carácter de capital del rejoneo portugués por haber nacido en ella la dinastía de los Moura.

Una mujer pasa por una calle de Monforte, junto a una fachada plagada de carteles de rejoneo

Una mujer pasa por una calle de Monforte, junto a una fachada plagada de carteles de rejoneo

De esas siete carreteras que empatan en Monforte, hay una especialmente simbólica. Va al municipio de Alter do Chão y une, en fin, la capital de los rejoneadores portugueses con la capital de los caballos lusitanos. Justo en esa carretera, a pocos kilómetros de Monforte y tomando una senda a la derecha, se llega a la Quinta de Santo António, donde la familia Moura reside, entrena y cría su ganado y sus caballos.

La dinastía de los Moura es larga y variada. João, el patriarca, nació en Monforte en 1960. Con 14 años debutaba con caballos y público en la legendaria plaza lisboeta de Campo Pequenho. Dos años después, en 1976, se estrenaba en la plaza de toros de Las Ventas, para tomar la alternativa en Santarem, otra de las más importantes plazas de Portugal, el 11 de junio de 1978. Su hijo Miguel nació en 1996, también en Monforte y también se dedica al rejoneo. Con 17 años, su padre le daba la alternativa en Las Ventas al tiempo que se retiraba.

Además del padre y el hijo rejoneadores, está el pequeño Miguel Moura, que es torero. La familia no acaba aquí. Hay un primo rejoneador: Paulo Queitano, que a su vez, tiene un hijo torero: João Moura Queitano. A ellos hay que añadir otro sobrino con el que no contábamos y que nos apunta un caballero en una terraza de la plaza principal de Monforte: Antonio Benito Moura.

En Monforte, los Moura son el orgullo local. La población está plagada de carteles anunciando la presencia de los toreros y rejoneadores de la familia en las diferentes plazas de España y Portugal. La plaza de toros de la localidad se llama João Moura Pai y se levanta en el pueblo un Centro de Interpretación de la Tauromaquia.

El año pasado, João Moura hijo subió a Facebook unas imágenes en las que se veían varios perros de presa atacando a una vaquilla. Las fotos causaron una gran indignación en Portugal y el joven rejoneador fue denunciado a las autoridades. Facebook retiró las imágenes, pero las fotos han quedado como un baldón que en Monforte han tomado casi como un ataque a las esencias del pueblo y se irritan y defienden si se les menciona el caso.

En la oficina de Turismo, informan detalladamente de cuantas vicisitudes rodean a la saga local de rejoneadores y detallan cómo llegar hasta su finca. En el restaurante O Caçador, famoso por su arroz y sus alubias con liebre, se podían contar 50 carteles de corridas en las que han intervenido los Moura.

Hay otros restaurantes más elegantes y modernos, pero también con platos tradicionales como el porco preto.

Monforte tiene 3.200 habitantes y, como cualquier otro municipio alentejano o extremeño, en 1960, tenía más del doble: 7.300. Más allá del rejoneo, paseando por su casco antiguo, se puede visitar el museo municipal, la torre del reloj, los restos del castillo, el palacio municipal del XVII o la capilla de los huesos, adosada a la iglesia parroquial, con decenas de cráneos y huesos incrustados en sus paredes y tan inquietante como otras capillas semejantes de Campo Maior y Évora.

La Raya portuguesa en el norte de África (II): La venganza desembarca en Asilah.

 

Tánger queda a cinco horas de Extremadura. Tras un cómodo viaje por autovía hasta Tarifa, hay que embarcar en un ferry, que, en 35 minutos de travesía, más unos 20 minutos para zarpar y atracar, te deja en el puerto de Tánger. El billete, si no se lleva el coche, cuesta 65.70 euros ida y vuelta. El cruce del Estrecho es rápido y agradable. El barco tiene cómodos sillones, dos cafeterías, tienda y el único engorro de que hay que sellar el pasaporte en el viaje de ida a Marruecos y eso obliga a guardar largas colas.

Puerto y playa de Tánger

Puerto y playa de Tánger

Tánger es una ciudad de un millón de habitantes que se ha desarrollado formidablemente en los últimos años. Este antiguo enclave portugués fue despreciado durante años por la monarquía alauita por haber sido un protectorado internacional y por su multiculturalismo, más occidental que africano. Esto la convertía en una ciudad poco magrebí. La subida al trono de Mohamed VI ha cambiado sustancialmente la situación. El nuevo rey de Marruecos parece más práctico y menos lleno de prejuicios. Ha entendido el enorme potencial de la ciudad marroquí más cercana a Europa y, en pocos años, la inversión en la zona se ha multiplicado.
En la última década, se ha inaugurado el puerto franco Tánger Med, se han construido modernas autopistas, se ha levantado una fantástica estación de ferrocarril, al tiempo que comenzaban las obras del tren de gran velocidad LGV que unirá Tánger con Casablanca y Rabat. El aeropuerto se ha convertido en una base de vuelos low cost y el turismo se ha multiplicado considerablemente.

La medina de Tánger, a vista de pájaro

La medina de Tánger, a vista de pájaro

Cuando en 1471 Tánger fue, por fin, portugués, la ciudad ya gozaba de una envidiable situación como puerto fundamental del Mediterráneo y puerta de entrada en África. La derrota portuguesa ante sus muros, que contábamos en una entrega anterior en este blog, había convertido Tánger en una obsesión de la corona portuguesa. El sucesor de Eduardo, el rey Alfonso V de Portugal, no paró hasta vengar la derrota sufrida por sus tíos ante las murallas de Tánger. Durante años, preparó la nueva expedición contra el norte de África con una cautela, un sigilo y una dedicación cuya ausencia había propiciado el anterior fracaso. Al igual que sucediera antes de la conquista de Ceuta, Alfonso V envió a la ciudad de Asilah o Arcila, situada unos 25 kilómetros al sur de Tánger, a dos espías.Estos se hicieron pasar por mercaderes en busca de negocio, pero, en realidad, se dedicaron a estudiar la defensa amurallada de Asilah y a fijar los mejores puntos para fondear las naves portuguesas durante el necesario desembarco de las tropas en el norte de África.

Vista desde la muralla de la playa y fondeadero de Asilah

Vista desde la muralla de la playa y fondeadero de Asilah

Por fin, el 20 de agosto de de 1471, una flota formada por 500 navíos y 30.000 hombres zarpaba de Lisboa. Tras fondear en Lagos, la ciudad de Asilah era conquistada el 24 de agosto de 1471 por las tropas del rey Alfonso V, que iba con el ejército en compañía de su hijo Juan. El caíd de Asilah intentó rendirse, pero los soldados prefirieron vengar la humillación de Tánger y escogieron antes la sangre que el tratado de rendición. Entraron a cuchillo en la ciudad, mataron a 2.000 personas y apresaron a 5.000. Después, Asilah fue fortificada con torres y murallas, que aún se conservan. También se construyó una empalizada para evitar la sorpresa ocurrida en Tánger, donde fueron atacados desde el interior por las guerrillas de las cabilas.

Muralla portuguesa de Asilah

Muralla portuguesa de Asilah

El siguiente paso era conquistar Tánger y convertirla en la capital de la raya fronteriza de Portugal en África. El empeño fue sencillo. Ante las noticias que traían los refugiados, que huían de la masacre de Asilah, los tangerinos abandonaron en masa la población temiendo lo que se les venía encima. Cuatro días después, las tropas portuguesas ocupaban Tánger sin encontrar prácticamente resistencia.

Calleja de la medina de Tánger

Calleja de la medina de Tánger

La ciudad fue portuguesa hasta 1661, cuando fue entregada al futuro rey de Inglaterra, Carlos II, como dote por su boda con la infanta portuguesa Catalina de Braganza. Aquella raya africana de Portugal desaparecería finalmente cuando Asilah fue reconquistada por el sultán Moulay Ismael en 1691. Ceuta había dejado de ser portuguesa al decidir seguir perteneciendo a la corona española tras la guerra de restauración e independencia de Portugal contra España.
Hoy, Asilah es una bonita ciudad turística muy visitada por españoles, que son su principal clientela. De hecho, muchas de sus casas antiguas, ya restauradas, han sido compradas por ciudadanos del otro lado del Estrecho. La huella portuguesa solo se mantiene en las murallas y en la historia.

Adarve e interior de la fortaleza de Asilah

Adarve e interior de la fortaleza de Asilah

La medina, blanca y azul y tan cuidada que parece una impostada postal turística, está llena de bonitos comercios y galerías de arte. En las afueras de la muralla, una larga calle está llena de terrazas y restaurantes. Escogemos uno de ellos, típico y barato y muy local, aunque no resulte atractivo por su aspecto: es el restaurante Al Manar. El jefe es un viejecito simpático con los clientes, pero muy cascarrabias con los cazaclientes de los otros restaurantes de la zona, que intentan llevarse a los turistas en la misma puerta del Al Manar. En este restaurante sirven una abundante bandeja de fritura de pescado fresco por 120 dirhams (11 euros).

Típico plato de pescado, con su punto de sofisticación, de la zona de Asilah y Tánger

Típico plato de pescado, con su punto de sofisticación, de la zona de Asilah y Tánger

Esta zona de África siguió cambiando de manos con el paso de los años. Asilah fue ocupada por España entre 1911 y 1956. Mientras tanto, los ingleses abandonaban Tánger en 1684 al constatar que no eran capaces de sacarle rendimiento comercial: pretendían establecer negocios con el interior del país, pero el hostigamiento de los muyaidines del sultán Moulay Ismael lo impedía y dejaron la ciudad, que pasó a formar parte del impero del sultán marroquí hasta 1906. Ese año, en la Conferencia de Algeciras, los 12 países europeos con intereses en Marruecos deciden convertir Tánger en un protectorado internacional. La ciudad se convierte en un nido de espías, escritores y artistas… Pero eso se lo contaremos en la siguiente entrega de este viaje histórico y turístico por la Raya portuguesa del norte de África.

Las plazas de toros más antiguas están en la Raya

La Raya es el epicentro histórico de la arquitectura taurina peninsular. A uno y a otro lado de la frontera, entre Extremadura y el Alentejo, se sitúan las plazas de toros más antiguas de la Península: Puebla de Sancho Pérez, datada a mediados del siglo XIV, y Sousel, que fue construida en 1725.

Grada y albero de la plaza de toros de Sousel, la más antigua de Portugal

Grada y arena de la plaza de toros de Sousel, la más antigua de Portugal

Sousel es un pueblecito que cumple con todo lo que se espera de un enclave alentejano: está sobre un cerro, sus casas son blancas, sus iglesias, más blancas aún, pero con el añadido cromático de algún azulejo, abundan los cafés y arriba, en lo alto, a falta de castillo, hay una pousada y una plaza de toros.

La plaza de toros de Sousel fue construida en 1725

La plaza de toros de Sousel fue construida en 1725

Como el coso queda tan a trasmano y tan al final de una cuesta interminable, allí solo se celebra una corrida al año, la de la romería de la Virgen el lunes de Pascua. En las demás fiestas del año, traen una plaza portátil y la colocan en el centro del pueblo, que nadie pueda decir que no va a los toros porque se cansa.

El Alentejo es la región más taurina de Portugal, donde pastan las mejores ganaderías, nacen los grandes rejoneadores y se levantan la mitad de las plazas de toros del país. En todo Portugal hay 70 cosos. Solo en el Alentejo contamos 36.

En la plaza de Sousel, alejada del casco urbano,l solo se celebran corridas el día de la Virgen, el resto del año, instalan una portátil en el pueblo

En la plaza de Sousel, alejada del casco urbano, solo se celebran corridas el día de la Virgen, el resto del año, instalan una portátil en el pueblo

Si en el lado extremeño encontramos plazas con tanta solera como las de La Parra, del siglo XVI, Fuente del Maestre (1828), Almendralejo (1843), Zafra (1844) o Cáceres (1846) y otras levantadas antes de que acabara el XIX, caso de las de Barcarrota, Olivenza, Jerez, Plasencia, Alburquerque y Azuaga (1892). En el lado alentejano, y justo al lado de la frontera, no nos van a la zaga en cuanto a plazas históricas: Arronches (1894), Assumar (1861) o Santa Eulalia (1895).

Dos turistas portuguesas visitan las cuadras de la plaza de Sousel

Dos turistas portuguesas visitan las cuadras de la plaza de Sousel

En Extremadura hay 57 plazas de toros. Si sumamos las alentejanas, nos salen 93 plazas situadas en el entorno de La Raya, a las que se podrían sumar algunas de las seis que alberga la Beira, fronteriza con el norte extremeño.

Para visitar la plaza de Sousel, hay que pedir la llave en la Pousada, que queda enfrente. Es un coso muy sencillo y rural, encalado y con algunos dibujos de toque naif como el que anuncia la cuadra de mulillas. Tiene la ventaja de que, si la corrida aburre, desde las 1.400 localidades se disfruta de unas vistas impresionantes de la llanura alentejana.

En el graderío de Sousel caben 1.400 espectadores

En el graderío de Sousel caben 1.400 espectadores

En esto de las plazas de toros peninsulares, también hay círculos elitistas y polémicas históricas. El otro día estuvimos en la plaza de toros de Almadén, que con su arquitectura hexagonal, sus viviendas y su hotel es una de las más interesantes del país. La plaza de Almadén, levantada en 1765, forma parte de la Unión de Plazas Históricas de España, un coto cerrado, aunque últimamente parece empezar a abrirse, formado, además, por las plazas de Almagro, Zalamea la Real, Toro, Tarazona, Santa Cruz de Mudela, Aranjuez, Campofrío, Béjar, Lima, Puerto de Santa María, Rasines (Cantabria) y Azuaga. Llama la atención que plazas históricas como las de Miranda del Castañar, Tembleque o Riaza, además de muchas extremeñas y portuguesas, no formen parte de esta asociación.

Puerta de cuadrillas de la plaza de Sousel

Puerta de cuadrillas de la plaza de Sousel

En sus estatutos incluyen estas condiciones para ser considerada plaza histórica: que no sea una plaza mayor y que no se construyera junto a una ermita. Lo curioso es que estas condiciones no las cumplen algunas de las admitidas en la asociación: Almagro, plaza pública, o Santa Cruz de Mudela, situada junto a un santuario.

Fachada del centro de Sousel

Fachada del centro de Sousel

Pero dejemos a un lado estas polémicas engorrosas y, mientras recorremos las calles de Sousel, quedémonos con el dato cierto: las plazas rayanas de Extremadura y el Alentejo son las más antiguas de España y de Portugal y constituyen un patrimonio arquitectónico único.

Puerta de las cuadras de la plaza de toros de Sousel

Puerta de las cuadras de la plaza de toros de Sousel

“El Cristo” de los portugueses

Hace 15 años, mi periódico de entonces, La Voz de Galicia, me envió a Extremadura para hacer un reportaje sobre una comarca que allí llamaba mucho la atención. Se trataba de tres pueblecitos, pegados a Portugal y Salamanca, situados en la esquina noroeste de la provincia de Cáceres.

En Galicia, aquellos pueblos estaban de moda porque, según había contado la Telegaita, que es como allí llaman a la tele autonómica, en los tres se hablaba gallego. Las facultades de Filología de las tres universidades de la región organizaban frecuentes excursiones a la zona y los nacionalistas del BNG estaban como locos con aquel enclave galaico de Extremadura.

Aunque mi madre es del cercano Ceclavín y yo era de Cáceres, la verdad es que no había visitado nunca los tres pueblos en cuestión, o sea, Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo.

Así que aquel viaje fue toda una sorpresa y estuvo lleno de emociones. Lo que más me sorprendió fue el orgullo con que los habitantes del Val do Xálima hablaban su fala, frente a cierta vergüenza que aún embargaba a los gallegos cuando hablaban su lengua, que, generalmente, consideraban como menos fina que el castellano.

Recuerdo que, en la escuela de Valverde del Fresno, hice una foto a una maestra que, ante sus alumnos, escribía en la pizarra: “A nosa lingua é a nosa fala”. Aunque a fala no es en absoluto gallego, por mucho que se empeñaran en Galicia, lo cierto es que esa frase es completamente gallega, la fotografía se archivó digitalmente en el periódico y, aún hoy, en La Voz de Galicia, cuando tienen que ilustrar un tema de polémica lingüística con una fotografía, echan mano del archivo y publican la de la maestra valverdeira con sus alumnos como si la escuela estuviera enclavada en A Mariña lucense o en el Barbanza coruñés.

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

En aquel viaje, me llevaron a comer a un bar que me dejó boquiabierto por lo barata y lo rica que estaba la comida. Me llamó la atención que, siendo un día de diario, estuviera lleno de portugueses. El bar se llamaba Inocencio y, hace unos días, pasé por Valverde del Fresno y lo busqué.

No es fácil dar con él. Está escondido detrás de la iglesia de Valverde, en una zona silenciosa, sin gente ni tráfico. Pero acabas encontrándolo, al igual que lo encuentran cada día decenas de portugueses. Para ellos, el Inocencio de Valverde es lo mismo que El Cristo de Elvas para los españoles.

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Vayas el día que vayas, en el Inocencio hay mayoría de comensales lusos. Se trata de un ejemplo de cómo triunfar y mantenerse en hostelería sin hacer aspavientos ni complicarse la vida. En la carta, los platos son básicos, pero seguros, sencillos, pero apetitosos: bacalao al horno, asado, con tomate o dorado, calamares fritos o a la plancha, chipirones en su tinta o en brocheta, ensaladas, carrillera, magro, albóndigas, ragut, tortilla…

Hay concesiones marisqueras a los portugueses (gambas y langostinos a la plancha), unos surtidos muy apañados de croquetas de varios rellenos (bacalao, atún, boletus), platitos de casquería variada (callos, oreja, lengua, riñones) y de sartenes de huevos con migas, con patatas y patatera o con patatas y gulas, a cada cual más rica.

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

¿Los precios? Entre los 3.25 euros de los platos de casquería y los 8.50 de las gambas a la plancha. ¿Los postres? Brocheta de fruta con chocolate caliente, chantilly y helado, crepes de chocolate y nata o de melocotón y queso, tarta de queso, helados Häagen Dazs…

Que nadie espere lujos. Es un bar correcto, de servicio atento y rápido, un bar español ruidoso y con la tele puesta para dar más marcha. Las raciones son españolas, que nadie espere un plato portugués de posta gigante de bacalao y guarniciones varias, pero está buenísimo. De aperitivo, unas aceitunas verdes, radiantes y sabrosas.

En 1998, había cola para comer. Quince años después, las colas siguen porque para los portugueses de Sabugal, Penamacor o Castelo Branco, decir Inocencio es decir placer y, además, los entienden con su medio gallego, medio portugués, medio leonés antiguo.

Las bragas verdes de Viriato

La gamberrada más estúpida que he hecho en mi vida ha sido colgarle unas bragas verdes en la mano a Viriato. Sucedió en Zamora, enfrente de la Diputación, yo tenía 15 años, estudiaba interno y reaccionaba contra la ciudad donde me internaban atacando su símbolo más querido: el caudillo lusitano Viriato. En Zamora había otro héroe local, Vellido Dolfos, el que mató al rey Sancho clavándole un venablo por la espalda, pero claro, Vellido era un traidor, Viriato, un traicionado y, entre uno y otro, los zamoranos lo tuvieron claro a la hora de escoger icono local y erigirle una estatua hace 110 años.

Para los niños españoles de los tiempos de Franco, el traidor por antonomasia no era el de siempre, o sea, Judas Iscariote, sino tres fascinerosos llamados Audax, Ditalkón y Minuro, lugartenientes de Viriato a los que Roma convenció para que le cortaran la cabeza en el año 139 antes de Cristo. ¿Pero dónde le cortaron la cabeza, dónde se fraguó la traición, es más: tienen los zamoranos alguna razón de peso para apropiarse de Viriato?

En España, hay tres personajes cuya nacencia se disputan unos y otros: Cristóbal Colón, Valle Inclán, que era un cachondo y añadió leña al fuego apuntando que nació en un barco, en medio de la ría de Arousa, y Viriato. Para los eruditos de Zamora, nació en Torrefresneda, comarca de Sayago. Para el erudito alemán Schulte, vino al mundo en la Sierra de la Estrella. Para los eruditos portugueses, pudiera ser de Viseu. En Santa Cruz de la Sierra le han puesto una lápida. Para la serie Hispania, nació en Coria. Para el programa Un país en la mochila, es de Guijo de Santa Bárbara. Y no faltan estudiosos que lo hacen turolense, valenciano, alentejano atlántico, medio de Huelva medio de Badajoz, de Verín o del mismísimo Grimaldo, junto a Cañaveral.

Si para crear un nacionalismo de la nada es preciso buscarse un héroe, Extremadura y el Alentejo lo tienen y es más importante que el gallego Breogán y el catalán Wilfred el Pilós juntos: ¡Viriato!

La culpa de tanta pasión lusitana la tienen Franco y Salazar, que convirtieron a Viriato en símbolo patriótico de las dictaduras de España y Portugal consiguiendo que para los niños de entonces Viriato significara lo que Cristiano y Messi significan para los niños de hoy. Y lo que se cree en la infancia ya se cree para siempre, aunque en Portugal, a partir de 1968, con las guerras coloniales, Viriato desapareciera de los libros de texto no fuera a dar alas a los independentistas de Angola y Mozambique.

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Pasteles típicos de Viseu llamados viriatos

Las ciudades que más se creen lo de Viriato son la portuguesa Viseu y la castellana Zamora. En ambas hay estatuas en su honor, colegios con su nombre, clubes de fútbol y frentes futboleros ultras llamados Viriato… En Viseu, hay farmacia Viriato, teatro Viriato y un pastel llamado Viriato. En Zamora, el caudillo lusitano aparece incluso en el escudo de la ciudad.

Hace nada, en Viseu, desapareció la estatua de Viriato y Portugal entero se movilizó al entender que se trataba de un atentado terrible contra las esencias de la patria. Y es que con Viriato no se juega salvo si eres del pueblo cacereño de Guijo de Santa Bárbara. Por allí llegó Labordeta con su país en la mochila y le dijeron que Viriato era de allí, que había estudiado en la Academia Militar de Toledo, que les había dado para el pelo a los romanos y que estos se lo cargaron prometiendo dinero a unos traidores que fueron a buscarlo a una chabola, le cortaron la cabeza y se la llevaron a los romanos en una bolsa de plástico.

Con plástico o sin plástico, lo cierto es que en Guijo llevan siete años montando unas fiestas viriatas de aquí te espero, defienden ante quien sea que el caudillo lusitano nació en el campamento celta de Pimesaíllo y no le han levantado una estatua, así ni se la roban ni le cuelgan bragas, pero le han puesto una calle y son quienes más partido le sacan a un guerrero legendario que es de todas partes y de ninguna.

Persiguiendo al diablo en Veracruz de Marmelar

En Vidigueira, nadie quiere hablar del tema. Hemos entrado en Portugal por la frontera de Villanueva del Fresno y preguntamos por Veracruz de Marmelar, el pueblo de los prodigios, pero la gente no suelta palabra y nos rehúye hasta que una mujer se apiada, nos indica el camino y nos avisa en portuñol: “Cada vez que veo esa cruz, fico arrepiada”. Nos explica que los prodigios que buscamos son exorcismos provocados por una reliquia, por un fragmento de la cruz de Cristo.

Iglesia de Veracruz de Marmelar: imponente, sólida y fundada por la orden de Malta

Iglesia de Veracruz de Marmelar: imponente, sólida y fundada por la orden de Malta

El pueblo de los prodigios está en un alto, pero cuesta tanto dar con él que también estamos al borde del arrepío. Al fin, tras mil vueltas por los contornos, una aldea blanca y sencilla se yergue ante nosotros y en lo alto, la iglesia: imponente, sólida y con la cruz de Malta sobre la puerta.

El monasterio se construyó en el siglo XIII sobre una iglesia visigótica del siglo VII y fue donado a la Orden de San Juan de Jerusalén, de Malta o del Hospital. En su interior, atesora pinturas, esculturas, orfebrería y mobiliario de gran valor. Y, sobre todo, guarda un fragmento de la santa cruz en un cofre-relicario medieval único en Europa. Pero, ¡maldita sea!, con tantas vueltas y revueltas, hemos llegado tarde y la iglesia está cerrada.

Un anciano que pasa y escucha nuestro ¡maldita sea! se acerca, se persigna y menea la cabeza afeándonos el juramento. Le contamos nuestro problema y nos da la solución: “Vaya por esta calle y en la tercera puerta vive la señora que tiene la llave de la iglesia”.

Tras golpear varias veces en el llamador, se escuchan ruidos, corren unos cerrojos y aparece una viejecita desconfiada con pañoleta y ropa oscura. Dice que está cansada, que no tiene ganas de abrirnos la iglesia, pero se va y vuelve con un gran cuadro. Es una reproducción fotográfica de la reliquia del lignum crucis, que el rey luso Alfonso IV y el prior de la orden de Malta, Álvaro Gonçalves Pereira, llevaron a la batalla del Salado, atribuyéndosele gran influencia en la victoria sobre las tropas musulmanas.

Teresa muestra una foto del lignum crucis de Veracruz a la puerta de su casa

Teresa muestra una foto del lignum crucis de Veracruz a la puerta de su casa

La señora se llama Teresa y hace tres veces la señal de la cruz mientras nos explica que esa reliquia, e incluso ese cuadro, cura a quien tiene el diablo dentro. Narra después prodigios como el de un ladrón de Vidigueira, que se ahorcó al enterarse de que habían culpado y encerrado a otro por su fechoría, pero la cruz, que también es algo así como una máquina de la verdad, descubrió que el preso era inocente. Teresa describe emocionada a los endemoniados que venían a Veracruz de Marmelar con camisa de fuerza para que la cruz los curara de su locura.

Fue en los años 80 cuando Veracruz se convirtió en un pueblo famoso. Era una celebridad secreta, que iba de boca en oído, una recomendación clandestina para que los endemoniados o desquiciados de los contornos curaran sus males. Según Teresa, la fama de la cruz llegaba hasta la zona de Valencia de Mombuey, Oliva de la Frontera y Villanueva del Fresno, desde donde llegaban algunos poseídos con sus familias por ver si expulsaban al demonio.

La clave del asunto, más que la cruz, era un cura párroco: el padre Antonio Sequeira, más conocido como Silveiro y nacido en Sousel, el pueblo con la plaza de toros más antigua de Portugal.

Teresa explica los detalles de los prodigios y exorcismos sucedidos en Veracruz de Marmelar

Teresa explica los detalles de los prodigios y exorcismos sucedidos en Veracruz de Marmelar

Un estudio realizado por la Universidad de Évora en 2009 sobre la relación entre religión y medicina, contiene relatos de dos cocineras, una limpiadora, un jubilado y un electricista que ladraban y comían como perros hasta ser exorcizados en Veracruz. También analiza los casos de Ilidio Pombo, de Amieira, y Joao Caeiro, de Alqueva, que tenían el diablo en el cuerpo y se lo quitaron en Veracruz.

El padre Sequeira murió, los exorcismos perdieron fama y la iglesia ha dado instrucciones para esconder los milagros, pero Teresa asegura que por Veracruz siguen apareciendo de vez en cuando extraños personajes que “fican arrepiados” ante la cruz. Son exorcismos clandestinos en una aldea perdida en Portugal, pero cercana a Extremadura.

Devotos de Cunhal y de María

Devota de la Virgen y de Cunhal, Viana do Alentejo es una de esas villas portuguesas donde las contradicciones se muestran a flor de piel. De los 34 alcaldes comunistas de Portugal, 16 lo son de municipios del Alentejo. Pero la pasión izquierdista por el fallecido líder comunista Álvaro Cunhal (en Viana no hay ni un concejal de centro derecha y gobierna el PSP) no impide una emoción profunda ante todo lo relacionado con Nuestra Señora.

Viana do Alentejo es un municipio cercano a Évora que participa de esa constante demográfica que aqueja a los pueblos alentejanos y extremeños: en 1960 tenía el doble de habitantes que hoy. En el caso de Viana, ha bajado de casi 10.000 a poco más de 5.000. La emigración, el comunismo y la Virgen convertidos en señas de identidad del Alentejo profundo.

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Castillo de Viana do Alentejo, con la iglesia en su interior

Viana do Alentejo es un pueblo marcado por dos monumentos: un castillo muy raro y un santuario muy particular. Ambos impresionan y te dejan un tanto descolocado. El castillo gótico, levantado en 1313, porque es pentagonal y tiene cinco torres de cuento de hadas, porque está en medio del pueblo, imponiendo su presencia poderosa, porque encierra en su interior la iglesia parroquial, edificada en el siglo XVI, con una portada manuelina que quita el hipo, y porque se puede ascender a las torres y jugar desde ella a ser un diablo cojuelo que se mete en cada uno de los patios con naranjos, en cada una de las casas blancas y acogedoras de este pueblo singular.

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Santuario de Nossa Senhora de Aires

Desde el castillo, se distingue a lo lejos, en medio de una inmensa pradera, una iglesia enorme. Es el santuario de Nossa Senhora de Aires, visita inexcusable para cualquier extremeño que quiera conocer de verdad el Alentejo y destino diario de cientos de romeros portugueses.

El santuario, blanco y albero, data del siglo XVIII. Pero lo importante, lo verdaderamente espectacular, lo que impresiona y, confesémoslo, acongoja bastante y te deja trastocado para el resto del día, no está en la parte principal de la iglesia, sino en los pasillos que rodean la nave y el altar.

Pasillo que rodea el altar lleno de exvotos y ofrendas a María

Pasillo que rodea el altar, lleno de exvotos y ofrendas a María

Hay que entrar en el santuario, dirigirse hacia su cabecera y entrar por una puerta, que parece dar a la sacristía. Inmediatamente, se encuentra uno inmerso en un espacio asombroso e imprevisto. De las paredes de varias salas y pasillos circulares, cuelgan miles de fotos, literalmente miles, con sus marcos de alpaca, plata o madera, fotos de militares, de niños, de parejas, de familias, de matrimonios, de abuelas, de enamorados, de universitarios, de bebés, de rejoneadores, de forcados, de soldados de las guerras coloniales…

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires

Dibujo sobre un milagro obrado por Nossa Senhora de Aires en Villa Ruiva

Son retratos que van desde principios del siglo XX hasta nuestros días, fotos cuyos protagonistas se encomiendan a la Virgen en busca de protección. En vitrinas y mesas, se ofrendan a la Señora trenzas de pelo, trajes de bautismo, de comunión y de boda, uniformes militares completos, zapatos, bandas de licenciatura, capas de tuno, muñecos de cera, extremidades de cera, vísceras de cera…

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Otro milagro mariano, esta vez en la villa alentejana de Cuba

Es una de las mayores colecciones de exvotos que se pueden contemplar. Pero recorrer las estancias y los pasillos asfixiado por tanta necesidad, tanto lamento, tanto miedo al futuro y también tanta confianza en lo sobrenatural, no te deja indemne. ¿Qué sería de ese solado de bigote que se fue a la guerra de Angola, y de aquel enfermo que se iba a operar en 1918, y de aquel matrimonio que se casó y se marchó a Brasil?

Tercer milagro de la Virgen

Tercer milagro de la Virgen

Nossa Senhora dos Aires parece demasiado pequeña para tanto trabajo: no mide más de 20 centímetros. En el exterior de la iglesia, se encuentra un cobertizo donde cientos de velas chisporrotean en ofrenda. Las hay hasta de dos metros de altura. Una tienda, abierta todos los días, parece más una lección de anatomía que una boutique de objetos religiosos: en varios estantes, se ofertan al afligido riñones, hígados, corazones e intestinos de cera para que cada uno ofrezca a la Virgen una reproducción de su víscera dañada.

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Más exvotos, en el pasillo semicircular, tras el altar

Al dejar atrás Viana, uno se va con la sensación de haber entendido definitivamente el Alentejo o con la seguridad de que no lo entenderá jamás.

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos

Otro pasillo, con ofrendas y exvotos