“El Cristo” de los portugueses

Hace 15 años, mi periódico de entonces, La Voz de Galicia, me envió a Extremadura para hacer un reportaje sobre una comarca que allí llamaba mucho la atención. Se trataba de tres pueblecitos, pegados a Portugal y Salamanca, situados en la esquina noroeste de la provincia de Cáceres.

En Galicia, aquellos pueblos estaban de moda porque, según había contado la Telegaita, que es como allí llaman a la tele autonómica, en los tres se hablaba gallego. Las facultades de Filología de las tres universidades de la región organizaban frecuentes excursiones a la zona y los nacionalistas del BNG estaban como locos con aquel enclave galaico de Extremadura.

Aunque mi madre es del cercano Ceclavín y yo era de Cáceres, la verdad es que no había visitado nunca los tres pueblos en cuestión, o sea, Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo.

Así que aquel viaje fue toda una sorpresa y estuvo lleno de emociones. Lo que más me sorprendió fue el orgullo con que los habitantes del Val do Xálima hablaban su fala, frente a cierta vergüenza que aún embargaba a los gallegos cuando hablaban su lengua, que, generalmente, consideraban como menos fina que el castellano.

Recuerdo que, en la escuela de Valverde del Fresno, hice una foto a una maestra que, ante sus alumnos, escribía en la pizarra: “A nosa lingua é a nosa fala”. Aunque a fala no es en absoluto gallego, por mucho que se empeñaran en Galicia, lo cierto es que esa frase es completamente gallega, la fotografía se archivó digitalmente en el periódico y, aún hoy, en La Voz de Galicia, cuando tienen que ilustrar un tema de polémica lingüística con una fotografía, echan mano del archivo y publican la de la maestra valverdeira con sus alumnos como si la escuela estuviera enclavada en A Mariña lucense o en el Barbanza coruñés.

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

Un cliente sale del bar Inocencio en Valverde del Fresno

En aquel viaje, me llevaron a comer a un bar que me dejó boquiabierto por lo barata y lo rica que estaba la comida. Me llamó la atención que, siendo un día de diario, estuviera lleno de portugueses. El bar se llamaba Inocencio y, hace unos días, pasé por Valverde del Fresno y lo busqué.

No es fácil dar con él. Está escondido detrás de la iglesia de Valverde, en una zona silenciosa, sin gente ni tráfico. Pero acabas encontrándolo, al igual que lo encuentran cada día decenas de portugueses. Para ellos, el Inocencio de Valverde es lo mismo que El Cristo de Elvas para los españoles.

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Bacalao al horno, uno de los platos más característicos y sabrosos del Inocencio

Vayas el día que vayas, en el Inocencio hay mayoría de comensales lusos. Se trata de un ejemplo de cómo triunfar y mantenerse en hostelería sin hacer aspavientos ni complicarse la vida. En la carta, los platos son básicos, pero seguros, sencillos, pero apetitosos: bacalao al horno, asado, con tomate o dorado, calamares fritos o a la plancha, chipirones en su tinta o en brocheta, ensaladas, carrillera, magro, albóndigas, ragut, tortilla…

Hay concesiones marisqueras a los portugueses (gambas y langostinos a la plancha), unos surtidos muy apañados de croquetas de varios rellenos (bacalao, atún, boletus), platitos de casquería variada (callos, oreja, lengua, riñones) y de sartenes de huevos con migas, con patatas y patatera o con patatas y gulas, a cada cual más rica.

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

Sartén de huevos con patatas y gulas servida en el Inocencio

¿Los precios? Entre los 3.25 euros de los platos de casquería y los 8.50 de las gambas a la plancha. ¿Los postres? Brocheta de fruta con chocolate caliente, chantilly y helado, crepes de chocolate y nata o de melocotón y queso, tarta de queso, helados Häagen Dazs…

Que nadie espere lujos. Es un bar correcto, de servicio atento y rápido, un bar español ruidoso y con la tele puesta para dar más marcha. Las raciones son españolas, que nadie espere un plato portugués de posta gigante de bacalao y guarniciones varias, pero está buenísimo. De aperitivo, unas aceitunas verdes, radiantes y sabrosas.

En 1998, había cola para comer. Quince años después, las colas siguen porque para los portugueses de Sabugal, Penamacor o Castelo Branco, decir Inocencio es decir placer y, además, los entienden con su medio gallego, medio portugués, medio leonés antiguo.

Anuncios

Las morcillas judías: patateras, alheiras, farinatos y farinheiras

Las morcillas sirven lo mismo para un roto que para un descosido. No hay otro embutido tan simbólico ni tan popular. Por eso, a veces ha sido prohibido como delito flagrante y a veces ha sido consumido para evitar cometer delito. La morcilla es un alimento tan representativo que se ha llegado a falsear para provocar engaño y salvar el pellejo.

Alheiras "judías" de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

Alheiras “judías” de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

En las fiestas lupercales romanas, la morcilla era el plato estrella y se consumía al tiempo que se practicaban ritos de iniciación sexual. La Iglesia prohibió las lupercales en cuanto pudo y el emperador Constantino abundó en la prohibición convirtiendo su consumo en delito. ¡Cuántos hubieran ido a la cárcel en Cáceres por haber consumido el famoso bocadillo de patatera de 180 metros preparado en la calle Moret!

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

La morcilla se convirtió, pues, en un plato clandestino sin imaginar que, mil años después, habría de ser un embutido de cuyo consumo se haría ostentación pues no había mejor manera de demostrar cristianismo viejo y alejamiento de cualquier veleidad hebraica que consumir morcilla rellena de carne de cerdo. Es en este punto donde los judíos, expulsados de España y perseguidos en toda la Península, se inventan morcillas falsas para dar el pego.

Extremadura pertenece a una región fronteriza formada por los distritos rayanos de Bragança, Guarda, Castelo Branco, Portalegre, Zamora, Salamanca y Cáceres, donde aparecen en el siglo XVI, coincidiendo con la persecución de los judíos y la llegada del pimiento de América, con el consiguiente descubrimiento del pimentón en Guadalupe… Aparecen, digo, unos embutidos rojos donde hoy suele haber carne de cerdo, pero que entonces llevaban pan, patata y carne de ave o conejo.

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Estas morcillas, exteriormente tenían toda la pinta de ser porcinas, pero se trataba de un engaño. Quienes las comían evitaban que recayera sobre ellos cualquier acusación de judaísmo, pero en realidad eran judíos que de esta manera no pecaban contra sus preceptos, al tiempo que evitaban ser perseguidos por negarse a comer cerdo.

Estas morcillas recibían el nombre de alheiras y farinheiras en Portugal, farinato en Salamanca, androjas en Zamora y, quizás también, nuestra patatera en Extremadura.

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Aunque pertenezcamos a la geografía del embutido engañoso, no hay pruebas de que la patatera fuera nunca un invento judío, pero resulta extraño que sí haya indicios de que detrás de los otros embutidos esté la mano de los judíos y detrás de nuestro embutido de patata y pimentón no haya habido nunca un intento de disimular cristianismo viejo.

Las fórmulas de este truco chacinero judío eran varias. En unos casos se añadía manteca de cerdo derretida, que no se consideraba un pecado tan flagrante. En otros, se añadía aceite de oliva. Y siempre, el pan, la patata o la harina como base de estas primeras morcillas light y sin pecado de la historia.

En Portugal, tienen claro que la farinheira y la alheira fueron inventadas por los judíos para confundir a los inquisidores. De aquellos embutidos “hebreos” portugueses, solo perdura la alheira pues la farinheira, que se elabora sobre todo en los alrededores de la Serra de San Mamede, al otro lado de la frontera de Valencia de Alcántara, ya se hace siempre con grasa de cerdo. Hay una especialidad, la farinheira de Guarda, que lleva también huesos de cerdos de la raza bisara. La alheira se prepara con carne de ave o de conejo. Las más famosas son las de Mirandela, villa de 15.000 habitantes situada en Tras-os-Montes. La alheira se ha puesto últimamente de moda en Portugal  y ya la hacen hasta de bacalao.

En Extremadura, la importancia de la patatera como embutido original es cada vez mayor, pero no suele hablarse nunca de sus posibles orígenes judaizantes, de su antiguo carácter de morcilla con truco, algo así como las gulas de surimi o el caviar sintético, pero con contenido religioso.

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Saudade del Lusitania Exprés

Estación de Entroncamento. Son las 11 de la noche. El Lusitania Exprés, hoy llamado Talgo Lusitania, acaba de entrar en la vía principal. Viene de Lisboa, va camino de Madrid. Hasta el 15 de agosto de 2012, de Entroncamento iba hasta Cáceres por la línea del Tajo. Desde el 16 de agosto de ese mismo año, toma la dirección de Guarda y Salamanca.

Entre 1882 y 2012, los viajeros del tren entre Lisboa y Madrid realizaban los trámites aduaneros en Valencia de Alcántara. Desde hace año y medio, es Vilar Formoso la ciudad fronteriza donde el Lusitania se demora media hora para ajustar los detalles del cambio de país.

El 15 de agosto del año 2012 es otra fecha negra en la historia del ferrocarril cacereño. En 1985, desaparecía el mítico tren TER Ruta de la Plata. En 1995, dejaba de circular el épico talgo Luis de Camoens. Esa noche dijimos adiós al lírico Lusitania Exprés.

En el Alentejo, a la vía que une Lisboa con Madrid a través de Entroncamento, Torre das Vargens y Valencia de Alcántara siempre se la ha conocido como la línea de Cáceres. Por ella ha circulado desde 1882 el expreso de Madrid a Lisboa, el tren que utilizaba la familia real española para sus viajes desde el exilio en Estoril durante la dictadura de Franco, el tren que ha inspirado canciones a los grupos Coup de Soup y El Consorcio, el tren cuyo chacachá era el sonido que reafirmaba la armonía de lo doméstico: si lo escuchabas en las madrugadas de insomnio cacereñas, significaba que todo seguía en su sitio y te podías ir a dormir tranquilo.

Lo cierto es que Portugal siempre ha preferido relacionarse internacionalmente a través de Salamanca. La línea cacereña es históricamente deficitaria. En 1969, con la intención de promover los viajes entre Lisboa y Madrid en el TER que pasaba por Cáceres, Renfe y Comboios de Portugal decidieron dar la comida gratis a los viajeros, pero ni por esas. En la línea de Cáceres a la frontera de Valencia de Alcántara, desaparecieron el talgo diurno y el mixto vespertino, solo quedaba el Lusitania, que ya es historia.

Por Vilar Formoso pasan de madrugada dos trenes que “robaron” a los cacereños, el SurExprés de Lisboa a Hendaya, que circuló por Cáceres entre 1887 y 1895, año en que cambió las vías extremeñas por estas vías salmantinas, y ahora el Lusitania Exprés, que ya se había trasladado a Salamanca a raíz del descarrilamiento de 1998.

Pero no crean que entre Vilar Formoso, Fuentes de Oñoro y Salamanca la situación es muy boyante: en 1979 circulaban seis convoyes de viajeros, hoy solo quedan dos: el Sud Exprés y el Lusitania. Y ambos circulan a horas intempestivas.

Nos trasladamos unos kilómetros al norte de Vilar Formoso. Visitamos la estación abandonada de La Fregeneda. Por aquí pasaba la vieja línea ferroviaria que unía la localidad salmantina de Fuente de San Esteban con Oporto a través de la frontera portuguesa de Barca d’Alva. En 1986, esta línea cerró. Es la historia del ferrocarril del Oeste, repleta de cierres y supresiones.

¿Quién tiene la culpa de que por el bello puente internacional de Barca d’Alva no pase ya el ferrocarril y de la desaparición de tantos trenes? En el caso del Lusitania extremeño, se puede señalar al gobierno portugués, pero el fracaso tiene causas estructurales. Por un lado, la despoblación: en los 8 pueblos con estación que une la línea de Fuentes de Oñoro y Salamanca (126 kilómetros de vía) solo viven 19.000 personas. Entre Valencia de Alcántara y Cáceres, al lado de los 88 kilómetros de vía férrea se cuentan 15.000 posibles viajeros.

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Lo curioso es que el Estado había invertido 10 millones en mejorar la vía entre Cáceres y Valencia de Alcántara y cinco millones para eliminar los pasos a nivel. Al menos eso servirá para que a partir del 16 de septiembre circule un tren diurno entre Valencia de Alcántara y Madrid.

En la vía de La Fregeneda no hubo tanta suerte. No hace muchos años, el Surexprés se dividía en dos convoyes, uno iba hacia Oporto a través de La Fregeneda y Barca d’Alva, por una de las líneas ferroviarias, la del Duero, más bellas de Europa, el otro buscaba Lisboa a partir de Fuentes de Oñoro. Hoy, la conexión del norte ha desaparecido y sus vías podrían convertirse en una ruta verde.

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Noche cerrada en Entroncamento. El Lusitania Exprés  llega desde Lisboa. Se detiene cinco minutos. Montan un par de viajeros. El vagón restaurante está vacío. En un coche cama, alguien aparta la cortina y curiosea. Es una chica joven. Observa la inmensa playa de vías. El talgo arranca. La cortina se cierra. El convoy se aleja. En Extremadura, el Lusitania ya no es un tren, es saudade, memoria, melancolía…

Mercadillos de la frontera

Fuentes de Oñoro. Años 70. La cantinera de la estación de ferrocarril estrena coche cada año. Se lo regala la empresa Viuda de Solano en agradecimiento a las cantidades ingentes de pastillas de café con leche que vende a los viajeros. El carnicero del pueblo también marcha viento en popa: vende pies de cerdo a toneladas. Se los traen de Corea congelados en trailers para que los portugueses puedan preparar sus pezinhos con coentrada, uno de los platos nacionales lusos, que cocinan especialmente bien en el restaurante Sao Rosas de Estremoz. Otro comerciante de Fuentes de Oñoro que hace su agosto todo el año es el farmacéutico. Su producto estrella: el Ceregumil, un revitalizador que le llega en vagones de tren repletos del milagroso producto.

portalegre1 copia

Mercadillo de Portalegre

A los portugueses, les gustan mucho los caramelos, los reconstituyentes, los pies de cerdo y los mercadillos. Los tres primeros productos los han comprado mucho en España. En cuestión de mercadillos, ellos son los maestros.

Fuentes de Oñoro está en la raya de Salamanca con el distrito de Guarda. Al otro lado de la frontera queda el pueblo hermano de Vilar Formoso. A los extremeños del sur, estas dos localidades les dicen más bien poco. Para los del norte son la referencia de sus compras fundamentales: de allí traían el ajuar de las bodas, la vajilla de los días de fiesta y el café de cada mañana. Ahora equipan allí a sus hijos para el cole.

Desde hace muchos años, en la última semana de cada mes aparecen en las farolas y en las panaderías de los pueblos y ciudades de Cáceres folios escritos anunciando el viaje obligatorio al mercadillo del primer sábado de mes en Fuentes de Oñoro. El autocar sale a las seis de la mañana de Cáceres y regresa bien entrada la noche. Pero el esfuerzo merece la pena: tres kilómetros de puestos esperan al viajero extremeño para tentarlo con marcas falsas, capas recias, botas a medida y todo tipo de embutidos, quesos, semillas, gorros y gallinas de raza.

sousel 039 copia

Churrera en el mercadillo de Sousel

Fuentes de Oñoro y Vilar Formoso son dos pueblos paralelos que han corrido suerte dispar tras la eliminación de las fronteras. A principios de los 80, ambas localidades vivían un tiempo de esplendor económico gracias al comercio, el contrabando y las aduanas. Hoy, Fuentes de Oñoro languidece agonizante y Vilar Formoso crece espléndida y vital con sus calles llenas de hoteles, comercios y pastelerías.

Resulta llamativo lo que sucede con la autovía que une Lisboa y Oporto con Europa sin interrupción excepto en Fuentes de Oñoro. Al llegar a esta localidad, los cuatro carriles desaparecen y hay que recorrer el pueblo para volver a coger la autovía ya en Portugal. Es una sinrazón basada en esa creencia de que si los coches pasan por el centro de las ciudades, los viajeros paran a comprar. Fuentes de Oñoro es un ejemplo evidente de lo contrario: la villa languidece y los conductores sufren la mentecata decisión de no enlazar las autovías en la frontera. El pasado mes de junio se dieron por fin los últimos pasos para construir los cinco kilómetros que faltan en el tramo español.

portalegre6 copia

Puesto de lencería en el mercadillo de Portalegre

Lo que no ha decaído en este tiempo es el mercadillo portugués, un paraíso de las marcas falsas similar al que se celebra en Portalegre. El de Vilar Formoso es famoso por las zapatillas deportivas de primeras marcas a un precio que oscila entre los 20 y los 40 euros. En estas fechas de principio de curso, lo que más preocupa al consumidor en Extremadura es el equipamiento escolar. Los extremeños del sur se acercarán a Portalegre el tercer domingo de septiembre. Los del norte irán el primer sábado de octubre a Vilar Formoso. Si en los años 70, eran los españoles de Fuentes de Oñoro quienes se hacían de oro vendiendo caramelos, reconstituyentes y pies de cerdo de verdad, ahora son los portugueses de Vilar Formoso y Portalegre quienes se forran a base de vender Nike, Adidas y Puma… de mentira.