Poblados ferroviarios de La Raya

En el año 1881, al tiempo que se establecía la línea del ferrocarril Madrid-Lisboa, se levantaba en una llanura situada entre Arroyo de la Luz y Malpartida de Cáceres un poblado ferroviario estratégico. La estación resultante, con su depósito de locomotoras, la charca Lancho, que la abastecía de agua, y toda la intendencia necesaria parara mantener la línea, se llamó Arroyo-Malpartida. Se había intentado instalar en tierras de Malpartida de Cáceres, pero se opusieron los propietarios de algunas tierras. El ayuntamiento de Arroyo de la Luz, que entonces se llamaba del Puerco, intentó sin éxito que la estación se levantara en su término municipal.

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

¿Pero por qué pasa el tren por Arroyo-Malpartida? Pues fue gracias a la influencia de don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, un ingeniero nacido en Valencia de Alcántara en 1817. Don Cipriano fue diputado en Cortes, Director General de Obras Públicas y director de varias compañías de ferrocarriles españoles. Se había casado con Eladia, sobrina de Espartero, que heredará los títulos y la fortuna del general. Compatibilizó la política con la enseñanza, la ciencia y el desarrollo de las obras públicas. Fue el representante español en la Comisión Internacional del Canal de Suez, fundador y presidente de la Academia de Ciencias, vicepresidente del Senado y accionista de la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1854 y 1856, ostentará el cargo de director de Obras Públicas. Será el autor de la Ley de Ferrocarriles y quien establezca definitivamente el ancho de vía español de 1.672 milímetros, los seis pies castellanos, aunque los estudios técnicos sobre la cuestión databan de 1844, cuando los anchos de vía en Europa oscilaban entre los 1.435 y los 2.134 milímetros.

Cuando se empezó a hablar de la unión entre Madrid y Lisboa por la cuenca del Tajo, se barajó en Madrid la posibilidad de que la línea ferroviaria fuera por Coria, Ceclavín y Zarza la Mayor, entrando en Portugal por Monfortinho, pero don Cipriano envió al ministro de Fomento, en 1874, una  carta de seis folios, incluyendo planos donde demostraba que el mejor trazado entre Palazuelo-Empalme (Malpartida de Plasencia) y Lisboa era a través de Valencia de Alcántara, Abrantes y Entroncamento. Tras enconadas polémicas en la prensa, ese fue el trazado aprobado.

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Se levantó así este enclave estratégico, la estación de Arroyo-Malpartida, que llegó a tener capilla, dos cines, 280 viviendas, silo, médico, escuela de mayores y de párvulos, taxidermista, carnicería, tienda de comestibles, cantina… Había un tren gratuito que salía temprano hacia Cáceres llevando a las amas de casa del poblado y a los estudiantes. Regresaba al mediodía.

Los ferroviarios causaban admiración en Arroyo y Malpartida porque tenían sueldo fijo, horario y vacaciones. En Malpartida había una canción popular que decía: “Hija, ¿quién es ese mozo?… Madre dicen que es del pueblo, pero yo no lo conozco…Tú, hija, pregúntalo porque a mí mucho me gustan los mozos de la estación”. Durante la Guerra Civil, aumentó el número de ferroviarios. No luchaban en el frente y eso provocó que muchos quisieran entrar a trabajar en la estación.

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

En los años 50, la estación de Arroyo-Malpartida llegó a tener asignadas 39 locomotoras por lo que necesitaba un gran número de trabajadores especializados. Había 900 empleados en 1960, época en que la estación llegó a tener 1.107 habitantes. Las antiguas locomotoras de vapor tenían muchas limitaciones y no podían hacer el trayecto Madrid-Frontera portuguesa sin un relevo. Las máquinas de Arroyo relevaban a las que llegaban de Madrid en Navalmoral de la Mata, llevando el tren hasta Valencia de Alcántara.

Cuando se introducen en 1967 las locomotoras diésel, que hacían grandes trayectos sin necesidad de relevos, Arroyo-Malpartida fue perdiendo actividad y personal. Los empleados se jubilaron o se formaron para atender las nuevas locomotoras, siendo trasladados a la estación de Atocha.

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

La puntilla fue la apertura el 22 de junio de 1971 de la variante de Casar de Cáceres a Cáceres. La estación de Arroyo-Malpartida perdía su importancia estratégica y el poblado  pasaba de tener 1.107 habitantes en 1960 a contar con tan solo 138 en 1975, no sobrepasando en la actualidad los 50. La variante costó 120 millones de pesetas y se construyeron 18 kilómetros de vía.

Caso muy contrario es el de Entroncamento, el otro poblado ferroviario con depósito de locomotoras situado en la línea Madrid-Lisboa, pero en el lado portugués. Entroncamento se levantó en 1864 en otra llanura donde no había absolutamente nada.

Entroncamento también creció rápidamente. En 1950, tenía 6.804 habitantes y en 2004, 20.065 . Hoy, sus casi 25.000 habitantes viven en 14 kms cuadrados, es el segundo municipio más pequeño del país y tiene más de 1.300 habitantes por kilómetro cuadrado. En 1926 fue elevado a la categoría de parroquia y en 1991 se le concedió el título de ciudad.

Entroncamento ha vivido desde su nacimiento por y para el tren. Es el punto donde coincide la línea Oporto-Lisboa con la del Tajo, que conduce hacia Castelo Branco y Covilhá. De allí parte la línea de Tomar y por Entroncamento pasan los trenes que van a Guarda, incluido el combinado Sur-Exprés-Lusitania. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

El autor del blog en la estación de Entroncamento

El autor del blog en la estación de Entroncamento

Entroncamento es una ciudad moderna que gira alrededor de la estación. Cuenta con un interesante museo ferroviario y con un cuartel militar importante. Su comercio es pujante y el mercadillo sabatino es de los principales de la región. Por la estación de Entroncamento pasan cada día decenas de trenes y miles de viajeros y el trajín ferroviario es formidable.

Al otro lado de la frontera, Arroyo-Malpartida se convirtió poco a poco en un poblado fantasma que solo despertaba de su letargo al cruzarlo cada noche el Lusitania Exprés. El Lusitania desapareció en agosto de 2012. Ahora, han puesto un tren diurno que circula entre Cáceres y Valencia de Alcántara y la ilusión ha vuelto a sus vecinos. Pero o mucho cambian las cosas o este será el último tren de Arroyo-Malpartida.

El caballo de la Raya

Un portugués es un español que soporta mejor las desgracias y es capaz de resistir lo que le echen. El arma secreta de los portugueses para resistir es la resignación y el orgullo callado. Por lo tanto, un portugués es un español resignado, pero orgulloso. O sea, un extremeño… o un gallego.

Portugueses, extremeños y gallegos compartimos otra cualidad: la valentía en situaciones extremas. No presumimos ni somos valentones de boquilla, pero si el ambiente se torna hostil y extremo, reaccionamos con la valentía de quienes no tienen nada que perder y podemos conquistar Brasil, Méjico o Perú y aclimatarnos en Luxemburgo, en Dusseldorf, en Vitoria o en Australia sin haber salido nunca antes de Belmonte, Medellín o Viana do Bolo y sin saber inglés, vasco ni alemán.

Los portugueses, los gallegos y los extremeños estamos soportando mejor la crisis que el resto de los habitantes de la Península Ibérica. La razón podemos encontrarla en el título de un libro de Alegría Pereira: “¿Quién ganará la batalla, el yo de antes o el yo depresivo?”. En el resto de España, el yo de antes era optimista y sufre con la carestía. En Extremadura, en Galicia y en Portugal, el yo de antes ya era depresivo o, cuanto menos, resistente y no se da tanta batalla.

En Portugal, hay un caballo muy admirado, es el alter real, una raza ibérica que también se cría en algunas yeguadas de Extremadura. El alter real tiene un paso alto y una gran flexión de rodillas. Su poderoso corvejón le facilita los movimientos. Posee una grupa redondeada, un cuello arqueado, musculoso, corto y erguido y es el caballo más valiente enfrentándose al toro y el preferido por los rejoneadores.

En realidad, el caballo alter real es un trasunto de los extremeños, los gallegos y los portugueses: recio, resignado, valeroso si lo colocan ante el peligro y orgulloso solo si es preciso. Y desciende, en fin, de los famosos caballos lusitanos de las orillas del Tajo, que según las leyendas griegas, eran hijos del viento.

La alter real es una raza ibérica creada en 1748 por la casa real de Braganza, tras comprar 300 yeguas españolas. Su razón de ser era tirar de los carruajes de la Corte: un caballo resistente y resignado que, cuando se vio en el aprieto de enfrentarse a un toro en una plaza, sacó la valentía y el orgullo que llevaba dentro… Como un buen extremeño, como un buen gallego, como un buen portugués…

El año 1967, se recuperó oficialmente para esta raza el nombre de caballo lusitano. Bastante antes, en 1756, la yeguada real se había instalado en Alter do Chão, a un paso de la frontera española. En su coudelaria se crían y cuidan los mejores ejemplares de caballos lusitanos y del nombre del pueblo le viene también el nombre originario a la raza: alter real.

Veleta equina de la Coudelaria de Alter do Chão

Veleta equina de la Coudelaria de Alter do Chão

Lo sucedido con este caballo híbrido es muy significativo. Cuando en 1834 abdica el rey Miguel I, se clausura la yeguada de Alter do Chão. Años después, intenta revitalizarse mezclando la sangre lusitana del caballo con aportaciones de caballos hannoverianos, normandos, pura sangre ingleses y puros árabes. Todos esos intentos fracasaron y la raza no despegó de nuevo hasta que no llegaron aportaciones de caballos españoles.

Al desaparecer la monarquía portuguesa, la yeguada corrió serio peligro, pero la salvó Ruy d’Andrade, gran autoridad ecuestre portuguesa, que fue capaz de mantener la coudelaria de Alter do Chão. En 1932, la coudelaria pasó al Ministerio de Agricultura y hoy, tras una inversión de 20 millones de euros, es un emporio equino de visita obligada para los amantes de los caballos y para los interesados en conocer esta metáfora ecuestre del carácter rayano.

A la coudelaria se llega desde Badajoz o desde Valencia de Alcántara a través de la carretera N-245, que une Alpalhão con Estremoz. Se realizan visitas guiadas por las mañanas de 10.30 a 15.30, hora portuguesa, se puede montar a caballo en sus instalaciones y cuenta con un museo y con un agradable hospedaje rural dentro del recinto.

Pero lo verdaderamente interesante es acercarse a Alter do Chão para entender la Raya a lomos de un caballo lusitano, resignado en reposo y valiente en peligro, muy extremeño, muy gallego y muy portugués.

Saudade del Lusitania Exprés

Estación de Entroncamento. Son las 11 de la noche. El Lusitania Exprés, hoy llamado Talgo Lusitania, acaba de entrar en la vía principal. Viene de Lisboa, va camino de Madrid. Hasta el 15 de agosto de 2012, de Entroncamento iba hasta Cáceres por la línea del Tajo. Desde el 16 de agosto de ese mismo año, toma la dirección de Guarda y Salamanca.

Entre 1882 y 2012, los viajeros del tren entre Lisboa y Madrid realizaban los trámites aduaneros en Valencia de Alcántara. Desde hace año y medio, es Vilar Formoso la ciudad fronteriza donde el Lusitania se demora media hora para ajustar los detalles del cambio de país.

El 15 de agosto del año 2012 es otra fecha negra en la historia del ferrocarril cacereño. En 1985, desaparecía el mítico tren TER Ruta de la Plata. En 1995, dejaba de circular el épico talgo Luis de Camoens. Esa noche dijimos adiós al lírico Lusitania Exprés.

En el Alentejo, a la vía que une Lisboa con Madrid a través de Entroncamento, Torre das Vargens y Valencia de Alcántara siempre se la ha conocido como la línea de Cáceres. Por ella ha circulado desde 1882 el expreso de Madrid a Lisboa, el tren que utilizaba la familia real española para sus viajes desde el exilio en Estoril durante la dictadura de Franco, el tren que ha inspirado canciones a los grupos Coup de Soup y El Consorcio, el tren cuyo chacachá era el sonido que reafirmaba la armonía de lo doméstico: si lo escuchabas en las madrugadas de insomnio cacereñas, significaba que todo seguía en su sitio y te podías ir a dormir tranquilo.

Lo cierto es que Portugal siempre ha preferido relacionarse internacionalmente a través de Salamanca. La línea cacereña es históricamente deficitaria. En 1969, con la intención de promover los viajes entre Lisboa y Madrid en el TER que pasaba por Cáceres, Renfe y Comboios de Portugal decidieron dar la comida gratis a los viajeros, pero ni por esas. En la línea de Cáceres a la frontera de Valencia de Alcántara, desaparecieron el talgo diurno y el mixto vespertino, solo quedaba el Lusitania, que ya es historia.

Por Vilar Formoso pasan de madrugada dos trenes que “robaron” a los cacereños, el SurExprés de Lisboa a Hendaya, que circuló por Cáceres entre 1887 y 1895, año en que cambió las vías extremeñas por estas vías salmantinas, y ahora el Lusitania Exprés, que ya se había trasladado a Salamanca a raíz del descarrilamiento de 1998.

Pero no crean que entre Vilar Formoso, Fuentes de Oñoro y Salamanca la situación es muy boyante: en 1979 circulaban seis convoyes de viajeros, hoy solo quedan dos: el Sud Exprés y el Lusitania. Y ambos circulan a horas intempestivas.

Nos trasladamos unos kilómetros al norte de Vilar Formoso. Visitamos la estación abandonada de La Fregeneda. Por aquí pasaba la vieja línea ferroviaria que unía la localidad salmantina de Fuente de San Esteban con Oporto a través de la frontera portuguesa de Barca d’Alva. En 1986, esta línea cerró. Es la historia del ferrocarril del Oeste, repleta de cierres y supresiones.

¿Quién tiene la culpa de que por el bello puente internacional de Barca d’Alva no pase ya el ferrocarril y de la desaparición de tantos trenes? En el caso del Lusitania extremeño, se puede señalar al gobierno portugués, pero el fracaso tiene causas estructurales. Por un lado, la despoblación: en los 8 pueblos con estación que une la línea de Fuentes de Oñoro y Salamanca (126 kilómetros de vía) solo viven 19.000 personas. Entre Valencia de Alcántara y Cáceres, al lado de los 88 kilómetros de vía férrea se cuentan 15.000 posibles viajeros.

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Lo curioso es que el Estado había invertido 10 millones en mejorar la vía entre Cáceres y Valencia de Alcántara y cinco millones para eliminar los pasos a nivel. Al menos eso servirá para que a partir del 16 de septiembre circule un tren diurno entre Valencia de Alcántara y Madrid.

En la vía de La Fregeneda no hubo tanta suerte. No hace muchos años, el Surexprés se dividía en dos convoyes, uno iba hacia Oporto a través de La Fregeneda y Barca d’Alva, por una de las líneas ferroviarias, la del Duero, más bellas de Europa, el otro buscaba Lisboa a partir de Fuentes de Oñoro. Hoy, la conexión del norte ha desaparecido y sus vías podrían convertirse en una ruta verde.

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Noche cerrada en Entroncamento. El Lusitania Exprés  llega desde Lisboa. Se detiene cinco minutos. Montan un par de viajeros. El vagón restaurante está vacío. En un coche cama, alguien aparta la cortina y curiosea. Es una chica joven. Observa la inmensa playa de vías. El talgo arranca. La cortina se cierra. El convoy se aleja. En Extremadura, el Lusitania ya no es un tren, es saudade, memoria, melancolía…

El pueblo más barato de la Raya

Nisa debe de ser el único pueblo del mundo donde es más caro un churro que un café. O más cara una lubina en el mercado, a pelo, o mejor, a escama, que en el restaurante acompañada de arroz, alubias, ensalada y patatas fritas. En Nisa, tomamos un café por 0.30 euros, pero pedimos un churro, que aquí se llaman farturas, y nos costó 0.60. ¿Dónde se ha visto que un churro cueste el doble que el café?

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Tabla de precios del bar del mercado de Nisa, con el café más barato que los churros o farturas

Nisa, en fin, es el pueblo ejemplo que utiliza Botines, alcalde de Cedillo, para explicar que si tuvieran un puente, llegarían a Nisa en diez minutos, pero sin puente, tardan hora y media. Si usted se acerca a Nisa en fin de semana, debe hacerlo, pues, por la frontera Blade Runner de Cedillo, cruzando de España a Portugal entre turbinas y maquinaria hidroeléctrica.

Una vez franqueado el Tajo, puede darse una vuelta por los pueblos franceses del Alentejo. Porque esta comarca fue reconquistada en el año 1199 por el rey Sancho I, que se la donó a los templarios, que a su vez trajeron colonos franceses para repoblarla.

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Cigüeñas postizas, en la Praza da República de Nisa

Los que llegaron desde Nice, fundaron Nova Nice, que hoy es Nisa. Otros colonos viajaron desde el pueblo francés de Montauban y se instalaron en Montalvao, la primera “fregresía” tras entrar por Cedillo. Los de Toulouse levantaron Tolosa y los que venían de Arles, llamaron a su nuevo poblado Arez.

Todos los caminos que llegan a Nisa desembocan en su gigantesca plaza de la República, donde se encuentra casi todo: el cine-teatro, las tiendas de cerámica de chinitas y de quesos, la biblioteca, la oficina de turismo y los bares con sus carteles de “há caracois”, certificado de casticismo equivalente a nuestro hay gazpacho, hay paella, “os xoves temos callos”… Desde allí, penetrando en la parte vieja, vamos descubriendo casas blancas, murallas, puertas medievales, fuentes, museos, callejas, ropa tendida…

Cuentan que cuando los de National Geographic mandan fotógrafos a Portugal, los conminan a no regresar si no llevan consigo un buen surtido de fotos de ropa tendida. Pero lo típico de Nisa no es la ropa tendida, sino la ropa bordada. En la villa se manejan seis tipos de bordados tradicionales y existen tres grupos organizados de bordadoras.

Uno de ellos se reúne junto al mercado: otro de los focos de interés de Nisa. Aquí es donde los cafés cuestan la mitad que los churros y aquí es donde está enclavado el último restaurante sorpresa que hemos descubierto en la Raya.

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Cuencos con garbanzos, judías y pulpo, en el restaurante Flor do Alentejo de Nisa

Se llama Flor do Alentejo, abrió hace cuatro años, frente a la plaza de abastos de Nisa, y es de esos sitios honrados donde los entrantes no son patés de sardinas y “manteiga”, sino cuatro cuencos de barro con aceitunas y con ensaladas de pulpo, de judías pintas y de garbanzos. La honradez se manifiesta también cuando el jefe te recomienda que tomes medias raciones o reventarás.

Ponen un decente vino de Estremoz a tres euros la botella pequeña y un pan riquísimo. En la carta, lulas, chocos, choquitos, ternera y cerdo (9 euros la media ración, 13.50 la completa. Hay especialidades (6.50 la abundante media ración) como deliciosas migas con sardinas (ya saben que las migas son una rica masa de pan) o delicados pies de cerdo con tomate y patatas fritas.

Las copas de vino no son las apropiadas. Las fotos de las paredes y la vajilla son de Ikea y los postres (2 euros) merecen la pena: la mousse de chocolate es de verdad, de chocolate negro, nada de polvos de cacao, y el requesón con fresas y la tarta de la casa (nata, galleta y café) son la perdición del goloso.

Para tomar café, conviene regresar a la plaza de la República, sentarse en la terraza del Alameda y ejercer de alentejano de toda la vida. Es decir, sillas pegadas a la pared, en la mano un “jornal” de deportes o de sucesos, delante una bica y a sorber, a leer, a cabecear y a mirar francesas: unas señoras que cruzan la plaza envueltas en echarpes y gafas negras levantando la admiración de los paisanos: “Olha, là vai um francês”.

Un país sin baguetes

Me gusta Portugal porque no hay baguetes. Un pueblo sin pan congelado es un pueblo civilizado. Portugal es un país de tamaño menor que, como todos los bajitos, compensa su estatura con chulería. Si los españoles apostamos como marca por la diferencia, “Spain is different”, ellos juegan a la grandeza: “Portugal nâo e un país pequeno”. Quien quiera vender en Portugal, debe jugar también a lo grande, sea una tónica: “Schweppes a melhor tónica do mundo”, sea un bizcocho: omellorbolodechocolatedomundobycbl.com.
Los extremeños, salvo los que viven en la misma frontera, miramos a Portugal un poco de lado, con cierta superioridad. Craso error: no se puede despreciar un país que tiene retretes públicos limpios y surtidos en cada aldea, que sabe conservar la arquitectura autóctona, que no come baguetes.

Retretes públicos, en Penha García

Retretes públicos, en Penha García

En Galicia sucedía algo parecido. Pero han aprendido la lección. En el estadio de Riazor, durante los Deportivo-Celta, los Riazor Blues siempre acababan cantando aquello de que de una puta y un portugués nació el primer vigués. Y en un estudio realizado por la Universidad de Vigo, se refería cómo los niños gallegos preguntaban a sus madres si los portugueses eran negros. Hoy, Galicia y Portugal están volcados mutuamente y les va bien. Solo en A Coruña se mantienen esas suspicacias sobre lo luso que aún se manifiestan en Extremadura.
Cuando voy a Portugal, me gusta alojarme en hoteles baratos de estación. Para recorrer el centro, lo mejor es dormir en el hotel Gabeiro de Entroncamento. Desde allí, parte la bella línea del Tajo, que llega hasta Vila Velha de Rodâo siempre a la orillita del río, Lisboa queda a un rato y llegas a Tomar en lo que tardas en leer O Correio da Manhá, un periódico de pocas letras y muchos santos. Para un extremeño, Entroncamento tiene el añadido sentimental de poder dar una vuelta por la estación tras la cena para ver pasar el Lusitania, el último tren que unía Extremadura con Portugal.

Puente Luis I, en Oporto

Puente Luis I, en Oporto

Pero donde de verdad disfruto es en el hotel ferroviario Poveiro de Oporto. Lisboa quizás sea más imponente, pero la ciudad portuguesa que más me gusta es Oporto, sin duda. Y qué mejor centro de operaciones que el Poveiro, un hotel digno, con habitaciones a 40 euros, donde Maria do Ceo, la dueña, sirve los desayunos y te cuenta historias que te obligan a sacar la libreta y apuntarlo todo. Maria do Ceo debe de tener 60 años, nació en las Azores, emigró a Canadá con sus padres y se maneja perfectamente en todos los idiomas importantes.
Mientras te sirve el té, aclara que este brebaje se llama té o tea en todas las lenguas decentes menos en portugués, que prefiere el vocablo cha por influencia del chino, al igual que los japoneses y los chinos llaman pâo al pan por influencia del portugués. Con ella aprendes también que las cerezas de los bombones Mon Cheri son portuguesas, de Fundâo, al otro lado de Valverde del Fresno.

Estación de Campanhá en Oporto vista desde un balcón del hotel Poveiro

Estación de Campanhá en Oporto vista desde un balcón del hotel Poveiro

Más sabio y más entretenido, te vas a la estación y allí descubres que, al tiempo que los extremeños perdíamos el Lusitania y el convoy lento, pero seguro, que unía Badajoz con Lisboa transbordando en Entroncamento, los gallegos conseguían arrancar en la última cumbre hispano-portuguesa el ‘comboio’ Celta: un tren que une Vigo y Oporto cuatro veces al día sin paradas en dos horas y cuarto. Y si el viaje es por carretera, las cajas de ahorro gallegas ya facilitan el dispositivo para circular por las autopistas portuguesas.
Los gallegos y los portugueses están unidos por la historia, por la lengua, por el ferrocarril, por los dispositivos y por el pan: en Galicia tampoco tienen buena prensa las baguetes, en los mercados venden hogazas de maíz y de centeno, como en Portugal, y hasta cuentan con panes con denominación de origen y con fiestas del pan. En Extremadura, estamos perdiendo el pan y el tren y creemos que Portugal es un sitio al otro lado de la frontera donde sirven marisco los domingos. Esto no puede seguir así.