Agua y armonía en la Sierra de San Mamede

Carla es holandesa. De La Haya. Louis es de la capital. De Amsterdam. Carla vivió un tiempo en Barcelona y habla español con cierta soltura. Un buen día la invitaron unos amigos a visitarlos en Portugal. “Vivimos en la Serra de San Mamede”, precisaron. Carla empezó a buscar en el mapa y descubrió que esa sierra estaba junto a una capital de distrito llamada Portalegre y hacía frontera con dos provincias españolas llamadas Cáceres y Badajoz.

Los valles de la Sierra de San Mamede vistos desde las cabañas de Carla

Los valles de la Sierra de San Mamede vistos desde las cabañas de Carla

“Me gustó el lugar. Mis amigos me enseñaron una quinta que se vendía. Tenía una casa en estado ruinoso, pero manaba mucha agua, había un tilo muy antiguo y muy hermoso y árboles frutales sembrados hace muchos años. No era cara y la compré”, me cuenta antes de reconocer que de Cáceres solo conoce la estación de ferrocarril. “He ido allí alguna vez a recoger a mi hija, que venía en tren desde Madrid”, aclara. “Pero tenemos que ir a visitar la ciudad porque me han dicho que es la más bonita de España”, promete.

Alberca situada en la finca de Carla

Alberca situada en la finca de Carla

Carla vive en Portugal desde 2010, aunque hasta hace año y medio no acabó de reconstruir su casa en compañía de Louis. Es una típica mansión portuguesa, es decir, muy práctica para vivir: un gran porche, una pequeña piscina, un estudio para leer y trabajar, las habitaciones, la cocina acogedora…

Piscina de la casa de Carla

Piscina de la casa de Carla

Cuando descubrió el clima maravilloso del lugar, entendió que podría ser un sitio muy atractivo para los turistas. Así que habilitó otra vivienda para acoger visitantes y levantó dos cabañas de madera con sus respectivos porches orientados hacia las tierras fronterizas de Valencia de Alcántara y La Codosera.

En el porche de las cabañas de Carla reina la armonía

En el porche de las cabañas de Carla reina la armonía

Para llegar a casa de Carla hay que ascender por una carretera empinadísima y estrecha, que sale de Portalegre y te deja en medio del monte en cinco minutos. En la finca, tan cerca, tan lejos, solo se oye agua corriendo, perros ladrando y pájaros chillando.

Una de las cabañas de Carla

Una de las cabañas de Carla

Un gato alentejano visita las cabañas cuando le place. Es tan confiado como insolente. Se mete en la casa, lo curiosea todo y si lo echas, no se va. Digo que es alentejano porque es como los paisanos de la zona: algo indolente, algo valiente, algo tranquilo, algo irónico… Un alentejano no es nunca todo, siempre es algo. Están hechos a base de pizcas: un pelín de escepticismo, un puñado de misticismo, unas gotas de timidez, se espolvorea con arrojo, desconfianza, queja y lástima y ya está: el gato que me visita y el alentejano.

El gato de Carla, insolente, visita las cabañas cuando le parece bien

El gato de Carla, insolente, visita las cabañas cuando le parece bien

Por esta sierra y por esta región, las gentes son complacientes y cariñosas. Nunca molestan, no tensan ni engañan. Acogen tanto como el paisaje. Tanta laxitud es buena para vivir en sosiego, pero complica las tareas urgentes y los empeños poco comunes. Por aquí funciona lo consabido, lo tradicional… lo de siempre.

Un sosegado rincón bajo un frondoso tilo de San Mamede

Un sosegado rincón bajo un frondoso tilo de San Mamede

Carla buscaba tranquilidad, pero también eficacia. Y en ese punto, le cuesta aclimatarse. Vino con un coche con ordenador de a bordo. Se le fastidió y no hubo manera de encontrar quien se lo arreglara. Ahora quiere instalar un cartel indicador que no agreda el ecosistema de robles, agua clara y mariposas blancas. Y no hay manera. Se lo hacen de colores, de materiales refulgentes y comunes, pero no como ella quiere. Y va a tener que acercarse a Lisboa. Se lo confeccionarían en Extremadura sin problema, pero no sé qué tienen los extranjeros del Alentejo que no acaban de entender que el paraíso continúa más allá de la frontera… El paraíso y los mecánicos que arreglan ordenadores de a bordo y los rotulistas que respetan el ecosistema.

El autor del blog escribiendo esta entrada junto al gato alentejano de Carla

El autor del blog escribiendo esta entrada junto al gato alentejano de Carla

El gato ronronea mientras escribo sobre él, se pasea por mi mesa, arquea el lomo, araña la funda del ordenador, salta a un árbol, camina por una barandilla estrecha, desconfía y, al tiempo, mira con retranca y gracia provocadora. Por la Serra de San Mamede todo es así. Gatos tranquilos, extranjeros felices en su paraíso, nativos que hablan y viven en voz baja. Y un secreto, mi secreto: en verano, es el lugar más fresco a una hora de Cáceres y Badajoz. Y hay más gatos que turistas.

En la Sierra de San Mamede hay más gatos que turistas

En la Sierra de San Mamede hay más gatos que turistas

Una picanha en Alpalhão

Los alpalhoenses dicen buenas noches si es de noche y buenos días si es de día. Alpalhoense parece un gentilicio muy raro. Se aplica a los naturales de Alpalhão, un pueblo alentejano situado a media hora de Valencia de Alcántara. Lo de saludar parece más normal, sin embargo, eso es lo verdaderamente extraño, que la gente te diga buenos días y buenas noches. En Extremadura, a veces, sueltas un buenos días y la gente se asusta y te mira como si fueras una reliquia. En Alpalhão, o dices buenos días o a los cinco minutos, medio pueblo sabrá que anda suelto un forastero “esquisito”, o sea, extraño y ridículo, que no saluda.

Alpalhão es pequeñito (1.200 habitantes) y está situado en un punto estratégico donde se cruzan las carreteras que vienen de España, de Nisa, que es su capital municipal, de Estremoz, de Castelo Branco y de Portalegre. Sus casas son blancas, sus calles son tranquilas, sus gentes son educadas y en su restaurante más famoso sirven una de las mejores picanhas de la Raya.

En Alpalhão, hay tres restaurantes destacados: Tapada das Safras, Monte Filipe y Regata. El primero está en el campo, siguiendo por una carretera que sale del centro del pueblo. Es un complejo turístico con pretensiones, pero sin enjundia, con un sencillo y agradable restaurante luminoso, barato y decente.

Restaurante Monte Filipe, en Alpalhão

Restaurante Monte Filipe, en Alpalhão

El Monte Filipe está en un hotel moderno y bien equipado, spa incluido, situado en la salida hacia Crato y Estremoz. Es el más elegante de los tres con sus mesas de diseño, sus sillas de piel y sus modernas cristalería, vajilla y cubertería. La cocina es correcta, aunque no como para tirar cohetes, y por 15 euros cenas una açorda o sopa y una dorada, entrantes, copa de vino y postre.

De los tres restaurantes alpalhoenses, el Regata sigue siendo el más interesante para los extremeños que quieren comer a la portuguesa y no salir defraudados. Situado en el centro del pueblo, en la carretera de Nisa o Estrada das Amoreiras,, el local es sencillo, pero su servicio se esmera y cambia, entre plato y plato, la vajilla Costa Verde con historiado ribete azul y los cubiertos de buen acero.

El jefe, João Junceiro, trae aceitunas, torreznos, farinheira y chorizo frito de aperitivo y recomienda un decente vino blanco de la casa (4.5 euros). A la hora de pedir la comida, no solo basta con un plato, sino que incluso puede ser suficiente pedir media ración de cazón con “coentrada” y pan frito y otra media ración de picanha.

Picanha con su guarnición, en el restaurante Regatta de Alpalhão

Picanha con su guarnición, en el restaurante Regata de Alpalhão

El cazón con cilantro está rico e impresiona la bandeja de pan frito que ponen para acompañar el pescado. Aunque lo que de verdad merece la pena es la picanha, un corte de carne brasileño que en algunos lugares de Sudamérica es considerada la mejor parte de la ternera. Su nombre proviene de una vara llamada picanha y acabada en punta utilizada por los pastores brasileños para azuzar el ganado bovino. Con él pinchaban en la parte final del lomo de las vacas, la zona que en Extremadura llamamos rabillo de cadera.

Es una carne deliciosa, que en el Regata sirven con su tirita de grasa (tres filetes en la media ración) y una guarnición espectacular a base de arroz y plátano frito en la misma bandeja de la carne. En otra bandeja, ensalada y patatas fritas. Y en un cuenco de barro, un buen guiso de judías (feijoada).

Tras la apoteosis carnal, un abacaxi (especie de piña natural) para desengrasar, aunque también hay serradura, sericaia, etcétera para los golosos. João invita a un suave licor casero de hoja de higuera. Con dos cervezas, 32.65 euros. Da gusto acercarse a Alpalhão: te dan los buenos días, te dan las buenas noches y te dan bien de comer.

Las morcillas judías: patateras, alheiras, farinatos y farinheiras

Las morcillas sirven lo mismo para un roto que para un descosido. No hay otro embutido tan simbólico ni tan popular. Por eso, a veces ha sido prohibido como delito flagrante y a veces ha sido consumido para evitar cometer delito. La morcilla es un alimento tan representativo que se ha llegado a falsear para provocar engaño y salvar el pellejo.

Alheiras "judías" de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

Alheiras “judías” de Mirandela expuestas en un escaparate de Viseu

En las fiestas lupercales romanas, la morcilla era el plato estrella y se consumía al tiempo que se practicaban ritos de iniciación sexual. La Iglesia prohibió las lupercales en cuanto pudo y el emperador Constantino abundó en la prohibición convirtiendo su consumo en delito. ¡Cuántos hubieran ido a la cárcel en Cáceres por haber consumido el famoso bocadillo de patatera de 180 metros preparado en la calle Moret!

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

Mirobrigenses o farinatos paseando por la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo

La morcilla se convirtió, pues, en un plato clandestino sin imaginar que, mil años después, habría de ser un embutido de cuyo consumo se haría ostentación pues no había mejor manera de demostrar cristianismo viejo y alejamiento de cualquier veleidad hebraica que consumir morcilla rellena de carne de cerdo. Es en este punto donde los judíos, expulsados de España y perseguidos en toda la Península, se inventan morcillas falsas para dar el pego.

Extremadura pertenece a una región fronteriza formada por los distritos rayanos de Bragança, Guarda, Castelo Branco, Portalegre, Zamora, Salamanca y Cáceres, donde aparecen en el siglo XVI, coincidiendo con la persecución de los judíos y la llegada del pimiento de América, con el consiguiente descubrimiento del pimentón en Guadalupe… Aparecen, digo, unos embutidos rojos donde hoy suele haber carne de cerdo, pero que entonces llevaban pan, patata y carne de ave o conejo.

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Diversos aperitivos en el restaurante O Álvaro de Urra, junto a Portalegre. Destaca el plato de farinheira frita y y chorizo

Estas morcillas, exteriormente tenían toda la pinta de ser porcinas, pero se trataba de un engaño. Quienes las comían evitaban que recayera sobre ellos cualquier acusación de judaísmo, pero en realidad eran judíos que de esta manera no pecaban contra sus preceptos, al tiempo que evitaban ser perseguidos por negarse a comer cerdo.

Estas morcillas recibían el nombre de alheiras y farinheiras en Portugal, farinato en Salamanca, androjas en Zamora y, quizás también, nuestra patatera en Extremadura.

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Muralla de Ciudad Rodrigo, capital del farinato salmantino

Aunque pertenezcamos a la geografía del embutido engañoso, no hay pruebas de que la patatera fuera nunca un invento judío, pero resulta extraño que sí haya indicios de que detrás de los otros embutidos esté la mano de los judíos y detrás de nuestro embutido de patata y pimentón no haya habido nunca un intento de disimular cristianismo viejo.

Las fórmulas de este truco chacinero judío eran varias. En unos casos se añadía manteca de cerdo derretida, que no se consideraba un pecado tan flagrante. En otros, se añadía aceite de oliva. Y siempre, el pan, la patata o la harina como base de estas primeras morcillas light y sin pecado de la historia.

En Portugal, tienen claro que la farinheira y la alheira fueron inventadas por los judíos para confundir a los inquisidores. De aquellos embutidos “hebreos” portugueses, solo perdura la alheira pues la farinheira, que se elabora sobre todo en los alrededores de la Serra de San Mamede, al otro lado de la frontera de Valencia de Alcántara, ya se hace siempre con grasa de cerdo. Hay una especialidad, la farinheira de Guarda, que lleva también huesos de cerdos de la raza bisara. La alheira se prepara con carne de ave o de conejo. Las más famosas son las de Mirandela, villa de 15.000 habitantes situada en Tras-os-Montes. La alheira se ha puesto últimamente de moda en Portugal  y ya la hacen hasta de bacalao.

En Extremadura, la importancia de la patatera como embutido original es cada vez mayor, pero no suele hablarse nunca de sus posibles orígenes judaizantes, de su antiguo carácter de morcilla con truco, algo así como las gulas de surimi o el caviar sintético, pero con contenido religioso.

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Otra visión de la plaza Mayor de Ciudad Rodrigo o ciudad del farinato

Poblados ferroviarios de La Raya

En el año 1881, al tiempo que se establecía la línea del ferrocarril Madrid-Lisboa, se levantaba en una llanura situada entre Arroyo de la Luz y Malpartida de Cáceres un poblado ferroviario estratégico. La estación resultante, con su depósito de locomotoras, la charca Lancho, que la abastecía de agua, y toda la intendencia necesaria parara mantener la línea, se llamó Arroyo-Malpartida. Se había intentado instalar en tierras de Malpartida de Cáceres, pero se opusieron los propietarios de algunas tierras. El ayuntamiento de Arroyo de la Luz, que entonces se llamaba del Puerco, intentó sin éxito que la estación se levantara en su término municipal.

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

Vías y viviendas casi sin vida en la estación rayana de Arroyo-Malpartida

¿Pero por qué pasa el tren por Arroyo-Malpartida? Pues fue gracias a la influencia de don Cipriano Segundo Montesino, Duque de la Victoria, un ingeniero nacido en Valencia de Alcántara en 1817. Don Cipriano fue diputado en Cortes, Director General de Obras Públicas y director de varias compañías de ferrocarriles españoles. Se había casado con Eladia, sobrina de Espartero, que heredará los títulos y la fortuna del general. Compatibilizó la política con la enseñanza, la ciencia y el desarrollo de las obras públicas. Fue el representante español en la Comisión Internacional del Canal de Suez, fundador y presidente de la Academia de Ciencias, vicepresidente del Senado y accionista de la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1854 y 1856, ostentará el cargo de director de Obras Públicas. Será el autor de la Ley de Ferrocarriles y quien establezca definitivamente el ancho de vía español de 1.672 milímetros, los seis pies castellanos, aunque los estudios técnicos sobre la cuestión databan de 1844, cuando los anchos de vía en Europa oscilaban entre los 1.435 y los 2.134 milímetros.

Cuando se empezó a hablar de la unión entre Madrid y Lisboa por la cuenca del Tajo, se barajó en Madrid la posibilidad de que la línea ferroviaria fuera por Coria, Ceclavín y Zarza la Mayor, entrando en Portugal por Monfortinho, pero don Cipriano envió al ministro de Fomento, en 1874, una  carta de seis folios, incluyendo planos donde demostraba que el mejor trazado entre Palazuelo-Empalme (Malpartida de Plasencia) y Lisboa era a través de Valencia de Alcántara, Abrantes y Entroncamento. Tras enconadas polémicas en la prensa, ese fue el trazado aprobado.

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Vías y antiguo silo del trigo de la estación de Arroyo-Malpartida

Se levantó así este enclave estratégico, la estación de Arroyo-Malpartida, que llegó a tener capilla, dos cines, 280 viviendas, silo, médico, escuela de mayores y de párvulos, taxidermista, carnicería, tienda de comestibles, cantina… Había un tren gratuito que salía temprano hacia Cáceres llevando a las amas de casa del poblado y a los estudiantes. Regresaba al mediodía.

Los ferroviarios causaban admiración en Arroyo y Malpartida porque tenían sueldo fijo, horario y vacaciones. En Malpartida había una canción popular que decía: “Hija, ¿quién es ese mozo?… Madre dicen que es del pueblo, pero yo no lo conozco…Tú, hija, pregúntalo porque a mí mucho me gustan los mozos de la estación”. Durante la Guerra Civil, aumentó el número de ferroviarios. No luchaban en el frente y eso provocó que muchos quisieran entrar a trabajar en la estación.

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

Pabellones de viviendas deshabitadas en la estación de Arroyo-Malpartida

En los años 50, la estación de Arroyo-Malpartida llegó a tener asignadas 39 locomotoras por lo que necesitaba un gran número de trabajadores especializados. Había 900 empleados en 1960, época en que la estación llegó a tener 1.107 habitantes. Las antiguas locomotoras de vapor tenían muchas limitaciones y no podían hacer el trayecto Madrid-Frontera portuguesa sin un relevo. Las máquinas de Arroyo relevaban a las que llegaban de Madrid en Navalmoral de la Mata, llevando el tren hasta Valencia de Alcántara.

Cuando se introducen en 1967 las locomotoras diésel, que hacían grandes trayectos sin necesidad de relevos, Arroyo-Malpartida fue perdiendo actividad y personal. Los empleados se jubilaron o se formaron para atender las nuevas locomotoras, siendo trasladados a la estación de Atocha.

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

Cantina de la estación de Arroyo-Malpartida

La puntilla fue la apertura el 22 de junio de 1971 de la variante de Casar de Cáceres a Cáceres. La estación de Arroyo-Malpartida perdía su importancia estratégica y el poblado  pasaba de tener 1.107 habitantes en 1960 a contar con tan solo 138 en 1975, no sobrepasando en la actualidad los 50. La variante costó 120 millones de pesetas y se construyeron 18 kilómetros de vía.

Caso muy contrario es el de Entroncamento, el otro poblado ferroviario con depósito de locomotoras situado en la línea Madrid-Lisboa, pero en el lado portugués. Entroncamento se levantó en 1864 en otra llanura donde no había absolutamente nada.

Entroncamento también creció rápidamente. En 1950, tenía 6.804 habitantes y en 2004, 20.065 . Hoy, sus casi 25.000 habitantes viven en 14 kms cuadrados, es el segundo municipio más pequeño del país y tiene más de 1.300 habitantes por kilómetro cuadrado. En 1926 fue elevado a la categoría de parroquia y en 1991 se le concedió el título de ciudad.

Entroncamento ha vivido desde su nacimiento por y para el tren. Es el punto donde coincide la línea Oporto-Lisboa con la del Tajo, que conduce hacia Castelo Branco y Covilhá. De allí parte la línea de Tomar y por Entroncamento pasan los trenes que van a Guarda, incluido el combinado Sur-Exprés-Lusitania. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

El autor del blog en la estación de Entroncamento

El autor del blog en la estación de Entroncamento

Entroncamento es una ciudad moderna que gira alrededor de la estación. Cuenta con un interesante museo ferroviario y con un cuartel militar importante. Su comercio es pujante y el mercadillo sabatino es de los principales de la región. Por la estación de Entroncamento pasan cada día decenas de trenes y miles de viajeros y el trajín ferroviario es formidable.

Al otro lado de la frontera, Arroyo-Malpartida se convirtió poco a poco en un poblado fantasma que solo despertaba de su letargo al cruzarlo cada noche el Lusitania Exprés. El Lusitania desapareció en agosto de 2012. Ahora, han puesto un tren diurno que circula entre Cáceres y Valencia de Alcántara y la ilusión ha vuelto a sus vecinos. Pero o mucho cambian las cosas o este será el último tren de Arroyo-Malpartida.

El caballo de la Raya

Un portugués es un español que soporta mejor las desgracias y es capaz de resistir lo que le echen. El arma secreta de los portugueses para resistir es la resignación y el orgullo callado. Por lo tanto, un portugués es un español resignado, pero orgulloso. O sea, un extremeño… o un gallego.

Portugueses, extremeños y gallegos compartimos otra cualidad: la valentía en situaciones extremas. No presumimos ni somos valentones de boquilla, pero si el ambiente se torna hostil y extremo, reaccionamos con la valentía de quienes no tienen nada que perder y podemos conquistar Brasil, Méjico o Perú y aclimatarnos en Luxemburgo, en Dusseldorf, en Vitoria o en Australia sin haber salido nunca antes de Belmonte, Medellín o Viana do Bolo y sin saber inglés, vasco ni alemán.

Los portugueses, los gallegos y los extremeños estamos soportando mejor la crisis que el resto de los habitantes de la Península Ibérica. La razón podemos encontrarla en el título de un libro de Alegría Pereira: “¿Quién ganará la batalla, el yo de antes o el yo depresivo?”. En el resto de España, el yo de antes era optimista y sufre con la carestía. En Extremadura, en Galicia y en Portugal, el yo de antes ya era depresivo o, cuanto menos, resistente y no se da tanta batalla.

En Portugal, hay un caballo muy admirado, es el alter real, una raza ibérica que también se cría en algunas yeguadas de Extremadura. El alter real tiene un paso alto y una gran flexión de rodillas. Su poderoso corvejón le facilita los movimientos. Posee una grupa redondeada, un cuello arqueado, musculoso, corto y erguido y es el caballo más valiente enfrentándose al toro y el preferido por los rejoneadores.

En realidad, el caballo alter real es un trasunto de los extremeños, los gallegos y los portugueses: recio, resignado, valeroso si lo colocan ante el peligro y orgulloso solo si es preciso. Y desciende, en fin, de los famosos caballos lusitanos de las orillas del Tajo, que según las leyendas griegas, eran hijos del viento.

La alter real es una raza ibérica creada en 1748 por la casa real de Braganza, tras comprar 300 yeguas españolas. Su razón de ser era tirar de los carruajes de la Corte: un caballo resistente y resignado que, cuando se vio en el aprieto de enfrentarse a un toro en una plaza, sacó la valentía y el orgullo que llevaba dentro… Como un buen extremeño, como un buen gallego, como un buen portugués…

El año 1967, se recuperó oficialmente para esta raza el nombre de caballo lusitano. Bastante antes, en 1756, la yeguada real se había instalado en Alter do Chão, a un paso de la frontera española. En su coudelaria se crían y cuidan los mejores ejemplares de caballos lusitanos y del nombre del pueblo le viene también el nombre originario a la raza: alter real.

Veleta equina de la Coudelaria de Alter do Chão

Veleta equina de la Coudelaria de Alter do Chão

Lo sucedido con este caballo híbrido es muy significativo. Cuando en 1834 abdica el rey Miguel I, se clausura la yeguada de Alter do Chão. Años después, intenta revitalizarse mezclando la sangre lusitana del caballo con aportaciones de caballos hannoverianos, normandos, pura sangre ingleses y puros árabes. Todos esos intentos fracasaron y la raza no despegó de nuevo hasta que no llegaron aportaciones de caballos españoles.

Al desaparecer la monarquía portuguesa, la yeguada corrió serio peligro, pero la salvó Ruy d’Andrade, gran autoridad ecuestre portuguesa, que fue capaz de mantener la coudelaria de Alter do Chão. En 1932, la coudelaria pasó al Ministerio de Agricultura y hoy, tras una inversión de 20 millones de euros, es un emporio equino de visita obligada para los amantes de los caballos y para los interesados en conocer esta metáfora ecuestre del carácter rayano.

A la coudelaria se llega desde Badajoz o desde Valencia de Alcántara a través de la carretera N-245, que une Alpalhão con Estremoz. Se realizan visitas guiadas por las mañanas de 10.30 a 15.30, hora portuguesa, se puede montar a caballo en sus instalaciones y cuenta con un museo y con un agradable hospedaje rural dentro del recinto.

Pero lo verdaderamente interesante es acercarse a Alter do Chão para entender la Raya a lomos de un caballo lusitano, resignado en reposo y valiente en peligro, muy extremeño, muy gallego y muy portugués.

Saudade del Lusitania Exprés

Estación de Entroncamento. Son las 11 de la noche. El Lusitania Exprés, hoy llamado Talgo Lusitania, acaba de entrar en la vía principal. Viene de Lisboa, va camino de Madrid. Hasta el 15 de agosto de 2012, de Entroncamento iba hasta Cáceres por la línea del Tajo. Desde el 16 de agosto de ese mismo año, toma la dirección de Guarda y Salamanca.

Entre 1882 y 2012, los viajeros del tren entre Lisboa y Madrid realizaban los trámites aduaneros en Valencia de Alcántara. Desde hace año y medio, es Vilar Formoso la ciudad fronteriza donde el Lusitania se demora media hora para ajustar los detalles del cambio de país.

El 15 de agosto del año 2012 es otra fecha negra en la historia del ferrocarril cacereño. En 1985, desaparecía el mítico tren TER Ruta de la Plata. En 1995, dejaba de circular el épico talgo Luis de Camoens. Esa noche dijimos adiós al lírico Lusitania Exprés.

En el Alentejo, a la vía que une Lisboa con Madrid a través de Entroncamento, Torre das Vargens y Valencia de Alcántara siempre se la ha conocido como la línea de Cáceres. Por ella ha circulado desde 1882 el expreso de Madrid a Lisboa, el tren que utilizaba la familia real española para sus viajes desde el exilio en Estoril durante la dictadura de Franco, el tren que ha inspirado canciones a los grupos Coup de Soup y El Consorcio, el tren cuyo chacachá era el sonido que reafirmaba la armonía de lo doméstico: si lo escuchabas en las madrugadas de insomnio cacereñas, significaba que todo seguía en su sitio y te podías ir a dormir tranquilo.

Lo cierto es que Portugal siempre ha preferido relacionarse internacionalmente a través de Salamanca. La línea cacereña es históricamente deficitaria. En 1969, con la intención de promover los viajes entre Lisboa y Madrid en el TER que pasaba por Cáceres, Renfe y Comboios de Portugal decidieron dar la comida gratis a los viajeros, pero ni por esas. En la línea de Cáceres a la frontera de Valencia de Alcántara, desaparecieron el talgo diurno y el mixto vespertino, solo quedaba el Lusitania, que ya es historia.

Por Vilar Formoso pasan de madrugada dos trenes que “robaron” a los cacereños, el SurExprés de Lisboa a Hendaya, que circuló por Cáceres entre 1887 y 1895, año en que cambió las vías extremeñas por estas vías salmantinas, y ahora el Lusitania Exprés, que ya se había trasladado a Salamanca a raíz del descarrilamiento de 1998.

Pero no crean que entre Vilar Formoso, Fuentes de Oñoro y Salamanca la situación es muy boyante: en 1979 circulaban seis convoyes de viajeros, hoy solo quedan dos: el Sud Exprés y el Lusitania. Y ambos circulan a horas intempestivas.

Nos trasladamos unos kilómetros al norte de Vilar Formoso. Visitamos la estación abandonada de La Fregeneda. Por aquí pasaba la vieja línea ferroviaria que unía la localidad salmantina de Fuente de San Esteban con Oporto a través de la frontera portuguesa de Barca d’Alva. En 1986, esta línea cerró. Es la historia del ferrocarril del Oeste, repleta de cierres y supresiones.

¿Quién tiene la culpa de que por el bello puente internacional de Barca d’Alva no pase ya el ferrocarril y de la desaparición de tantos trenes? En el caso del Lusitania extremeño, se puede señalar al gobierno portugués, pero el fracaso tiene causas estructurales. Por un lado, la despoblación: en los 8 pueblos con estación que une la línea de Fuentes de Oñoro y Salamanca (126 kilómetros de vía) solo viven 19.000 personas. Entre Valencia de Alcántara y Cáceres, al lado de los 88 kilómetros de vía férrea se cuentan 15.000 posibles viajeros.

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Estación de Herreruela, en ruinas entre Cáceres y Valencia de Alcántara

Lo curioso es que el Estado había invertido 10 millones en mejorar la vía entre Cáceres y Valencia de Alcántara y cinco millones para eliminar los pasos a nivel. Al menos eso servirá para que a partir del 16 de septiembre circule un tren diurno entre Valencia de Alcántara y Madrid.

En la vía de La Fregeneda no hubo tanta suerte. No hace muchos años, el Surexprés se dividía en dos convoyes, uno iba hacia Oporto a través de La Fregeneda y Barca d’Alva, por una de las líneas ferroviarias, la del Duero, más bellas de Europa, el otro buscaba Lisboa a partir de Fuentes de Oñoro. Hoy, la conexión del norte ha desaparecido y sus vías podrían convertirse en una ruta verde.

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Estación de Peso da Regua, en la línea del Duero

Noche cerrada en Entroncamento. El Lusitania Exprés  llega desde Lisboa. Se detiene cinco minutos. Montan un par de viajeros. El vagón restaurante está vacío. En un coche cama, alguien aparta la cortina y curiosea. Es una chica joven. Observa la inmensa playa de vías. El talgo arranca. La cortina se cierra. El convoy se aleja. En Extremadura, el Lusitania ya no es un tren, es saudade, memoria, melancolía…